Historia, Cultura y Sustentabilidad Individual.

CONTENIDO CIENCIA Y CULTURA

Por Hugo Rodríguez Barroso

Para asociar a la cultura con la Sustentabilidad Individual es conveniente que como personas e individuos aspiremos a cultivarnos, a fortalecer y ampliar nuestra cultura, para hacer frente a los desafíos que están presentes en nuestra esfera individual, en nuestra comunidad, el país y en el mundo entero.

Sin cultura no existe el futuro promisorio; y menos la posibilidad de conciencia para salir avante en tiempos de complejidad y dificultad histórica. Sin duda que el elemento clave para crear, impulsar, fomentar y expandir nuestra cultura, es recurrir con frecuencia a nuestra historia nacional y universal. Remitirnos a ella debiese ser una costumbre.

La historia además nos fija términos de referencia generales y parámetros para que, en el transcurso de nuestra vida y nuestro tiempo, evitemos repetir los errores que han impactado el ámbito político, económico, social, educativo y ambiental, así como nuestra esfera individual y familiar. La historia, de conocerla cada cuál, podría convertirse en una herramienta sumamente poderosa para enfrentar los riesgos, problemas, desgastes, complejidades y adversidades en la vida.

Observemos el nivel de desarticulación que guarda nuestra época con la historia, al grado de constatar que en la mayoría de los gobiernos, gabinetes de administración pública, consejos empresariales, comités obreros, campesinos y sociales en general (además de muchos otros cuerpos de alta dirección, de mando o gerenciales), no existe un grupo asesor que nos refiera a la historia o a hechos históricos concretos. No conocemos nuestro pasado.

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En la civilización moderna somos desentendidos de la historia y por lo tanto omisos en conocimiento. Olvidamos el pasado, tapamos el ayer, escondemos los antecedentes, como si ello nos provocara vergüenza o arrepentimiento.

Ciertamente han sido varios los casos de alta vergüenza que hemos vivido como raza humana, pero debemos aceptar que ocurrieron y que lamentablemente esa genética social la guarda consigo la humanidad: que precisamente por ello, debemos cambiar.

Es decir, a lo largo de la historia, se registraron eventos de poca sensibilidad y solidaridad hacia los demás, que generaron desorden, conflictos, opresión, injusticia, guerras, incluso barbarie. Pero debido a esto es que, el recurrir a la historia, debiese ser una práctica de sobrevivencia social y de evolución humana, constante y consistente, congruente y responsable. Pues como queda claro, no debemos caer en todo aquello que ha generado tiempos grises y difíciles para la humanidad.

Y así, aceptemos que, uno de los primeros pasos para encaminarnos a la Sustentabilidad Individual es regresar a nuestra historia, entenderla, asumirla y luego aprovechar nuestra cultura regional y universal para fortalecerla, para impregnarla con ese toque individual, familiar y grupal que todos, como ciudadanos del mundo podemos darle. Para que sea más sólida, más auténtica, más mexicana.

La Sustentabilidad Individual pues, no existe sin historia ni cultura.

Las grandes civilizaciones no se hacen al azar. Ni por casualidad. Sin la suma de todos no hay nada. Seamos honestos, responsables, justos y humanos. Y recordemos que valores, educación y cultura no son sinónimos de escolaridad – eso es otra cosa, cuando el campesino más modesto puede ser el sabio por excelencia y el individuo doctorado lo contrario por la falta de lo primordial:

la humildad y luego de eso, más humanidad.

En este sentido surge la conveniencia de plantear las condiciones para los niños, jóvenes y para las mujeres, como grupos vulnerables de la sociedad, en cuanto al entorno desfavorable que muchas veces padecen. Que no es para menos el salir a librar batallas diarias tan solo por interactuar con individuos que desconocen los principios básicos de convivencia y de respeto a los demás.

Es de sobra aceptado que vivimos tiempos difíciles y que el futuro para los niños, jóvenes y mujeres es cada vez más incierto. Como lo es para el Planeta. Porque el sistema económico mismo los ve como un número más, como masa inerte movida por esa fuerza continua y constante “f” que es el consumismo. Y que para que perdure, los lleva a vivir una vida artificial, virtual, en la irrealidad, en la ficción, en el sueño de los que esperan por siempre la fortuna proveniente del azar, del dinero pedido en “los tres deseos”, la vida fácil y mágica, aun cuando en su cotidianeidad y vida diaria, la vivan en forma diametralmente opuesta.

En esta época moderna y de los grandes avances tecnológicos, a las personas no se nos ve como personas, por las propias personas. Y pero peor aún, cada uno de nosotros, hemos concedido a ello, puesto que nuestras carencias individuales, familiares y espirituales las hemos sustituido por el consumismo absurdo, desmedido que daña a nuestro Planeta.

El consumismo es hoy el refugio de la incomprensión misma en la que caemos todos por igual, pero en especial los grupos vulnerables de la sociedad por la manipulación que sufren y desinformación de la que son presas. Puesto que los medios así lo propagan, los falsos líderes, aquellos dedicados a la farándula o al deporte mercenario y hasta los políticos.

No obstante, en el hecho de recurrir a nuestra historia está la vacuna, el antídoto a la ignorancia y autocomplacencia. La historia nos hace regresar a la conciencia y así a la cultura.

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En esta época moderna y de los grandes avances tecnológicos, a las personas no se nos ve como personas, por las propias personas. Y pero peor aún, cada uno de nosotros, hemos concedido a ello, puesto que nuestras carencias individuales, familiares y espirituales las hemos sustituido por el consumismo absurdo, desmedido que daña a nuestro Planeta.

Hugo Rodríguez Barroso

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