
Cómo Glorificar a Dios
Según, todas las ramas de la teología cristiana, el propósito principal de la vida, es glorificar a Dios. Eso significa, que, de todos los propósitos que pudiera tener nuestro sufrimiento, el primero, aunque quizá, el más difícil de captar, es la Gloria de Dios.
Hay una cantidad sorprendente de pasajes Bíblicos que conectan las palabras sufrimiento y gloria.
Pablo, dice repetidamente que, nuestros sufrimientos preparan para nosotros, una gloria eterna (Ro 8:17-18, 2 Co 4:17) Pedro, agrega que nuestros sufrimientos aumentarán nuestro gozo en nuestra gloria futura (1P 4:13).
Luego, en Efesios 3:13, Pablo, dice a sus lectores, que su encarcelamiento y sus sufrimientos, son para la gloria de ellos.
Finalmente, en 1 Pedro 1:6-7, el apóstol, explica por qué sus lectores “han tenido que sufrir diversas pruebas”.
Explica, que así, también la Fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas, demostrará que digna aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele, nuestros sufrimientos, si se manejan correctamente, le dan gloria al Señor.
Muchas de las iglesias más populares de hoy, enseñan que Dios, te hará feliz, te dará salud, y te prosperará para beneficio personal.
Si aceptamos esa perspectiva, podemos considerar ofensivo, escuchar a alguien decir que las tragedias y el mal, pueden ser para glorificar a Dios. Y, de hecho, decírselo a alguien que está viendo a su madre o a su hijo, morir de cáncer. Sería confuso y cruel.
En su libro Reflexiones sobre los Salmos, C.S. Lewis, confiesa, que a pesar de que ya era cristiano, por muchos años estuvo confundido y avergonzado por los llamados de Dios a glorificarle y alabarle; a contarle a otros sobre Su grandeza, y a regocijarse en Sus excelencias.
Lewis, señaló que, entre los humanos, ese deseo de ser alabado, era considerado algo completamente repudiable. “Todos repudiamos al hombre que exige que se le reconozca continuamente su propia virtud, inteligencia, encanto.
Sin embargo, Lewis, comenzó a pensar cómo la alabanza y la gloria funcionaban de otra manera. Notó, que cuando decimos que una obra de arte es admirable, no queremos decir que, “merece” elogios en la forma en que un buen estudiante merece una buena nota. Más bien, nos referimos a que la obra de arte exige admiración, porque, es la única “respuesta adecuada o apropiada”, y que, si no le damos ese elogio, “seremos estúpidos, insensibles y grandes fracasados, pues, nos habremos perdido de algo” Y por supuesto, concluyó entonces, que, “Dios sería, por Su propia naturaleza, el único Objeto digno por Su belleza suprema, y porque satisface plenamente”.
A partir de ahí, Lewis razona, que Dios nos ordena que lo glorifiquemos, porque es la única forma de encontrar el descanso, la satisfacción y el gozo, para los cuales, fuimos creados. Él, nos llama a hacerlo, no sólo porque es lo correcto, sino también, porque lo necesitamos.
El salmista nos dice que “agradable y apropiada es la alabanza (Sal 1:47). Glorificar a Dios, es apropiado. No sólo se ajusta a la realidad, debido a que Dios es infinita y supremamente digno de alabanza, sino que, apropiado. Toda la belleza que hemos buscado en el arte, en los rostros, o en diferentes lugares, comparado al amor que hemos buscado en los brazos de otras personas, sólo está plenamente presente en Dios mismo.
Así que, toda acción en la que reconozcamos Su gloria; ya sea a través de la oración, el canto, la obediencia o la esperanza, le estamos dando a Dios lo que le corresponde y cumpliendo nuestro propósito.
EL DIOS DE GLORIA.
Gran parte de la Fe y la práctica cristiana, depende del concepto de la Gloria de Dios. Pero, ¿a qué se refiere? Es algo que los libros de teología, tratan de definir, pero, no lo logran del todo. Creo que es porque, la gloria de Dios, es en realidad, la magnitud combinada de todos los atributos y cualidades de Dios. La gloria de Dios, se refiere a lo que podríamos llamar, su infinita trascendencia. Él, no es un Dios “domesticado”. Uno que puedas controlar; Él, no es alguien que siempre se pueda comprender o esperar comprender. Dios, va más allá de nuestra comprensión, y es uno de los aspectos del Dios bíblico que más le desagrada a la gente moderna.
Siempre, estamos diciendo: “No puedo creer en un Dios que haga esto” o “No puedo creer en un Dios que juzgue a las personas”.
Una de las cosas que esto podría estar indicando, es que no deseamos a un Dios glorioso, a uno que esté más allá de nuestra comprensión. La Gloria de Dios, también habla de Su suprema importancia. La palabra hebrea para “gloria”, es Kabod, que significa, “peso”. Literalmente, el peso de Dios.
Afortunadamente, tenemos una palabra en castellano, que tiene el mismo rango léxico, y que funciona de la misma manera la palabra material.
La materia, significa lo opuesto a lo inmaterial; algo sólido, algo sustancial; pero, también puede indicar, “importancia”. Por lo tanto, cuando la Biblia dice que Dios es glorioso, significa, que debe importar, y realmente importa, más que nada más o cualquier otra persona. Y, si algo te importa más que Dios, no estarás reconociendo su Gloria; estás dándole gloria a otra cosa.
Cuando se publicó la trilogía de El señor de los anillos, en la década de 1950, la autora llamada, Rhona Fierate, se le pregunta sobre el capítulo en el que el anillo, se destruye en el río de lava; el señor oscuro, se derrumba y se derrite con él. Ella considera, que este poder irrebatible y abrumador, fuera aniquilado por la destrucción de un objeto tan pequeño. Tolkien, respondió que, en el centro de la trama, estaba el esfuerzo del señor oscuro para magnificar y maximizar su poder, colocando gran parte de él, en el anillo.
Ella, escribió, El anillo de Sauron, es sólo uno de los varios míticos ejemplos de colocar la vida, o el poder, en algún objeto externo; quedando así expuesto a la captura o destrucción con resultados desastrosos para uno mismo.
La autora, se refiere a algo como esto, una cosa es amar a alguien y obtener mucha alegría de la relación; pero, si esa persona, termina su relación contigo, y quieres suicidarte, significa que le has dado a esa persona demasiada gloria; demasiado peso en tu vida. Quizás, hayas pensado: “Si esa persona me ama, entonces, sé que soy alguien”. Pero, si esa persona te abandona, colapsas, porque le has atribuido más gloria y honor que a Dios.
Si algo te importa más que Dios, te estás colocando a ti mismo, y colocando tu corazón, en algo externo. Sólo tendrás una vida segura, cuando Dios sea lo que más te importe, es decir, cuando le des la gloria.
Hay una cosa más que decir sobre la Gloria de Dios: Es su esplendor y su belleza.
La palabra para “gloria” en el Antiguo Testamento, significa importancia y la palabra para “gloria” en el Nuevo Testamento (la palabra griega dosa) significa “alabanza y asombro, luminosidad, brillantez o belleza”.
Jonathan Edwards, dijo una vez: “Dios, no sólo es glorificado cuando vemos Su Gloria, sino también, cuando nos regocijamos en ella”.
No es suficiente decir: “Supongo que Él es Dios, así que, me tengo que sujetar”. Tienes que ver su belleza. Glorificar a Dios, no significa sólo porque tienes que hacerlo, significa, obedecerlo porque quieres hacerlo, porque te sientes atraído por Él, porque te deleitas en Él.
Es lo que C.S. Lewis entendió y explicó tan bien en su capítulo sobre la alabanza. Necesitamos belleza, hacemos todo lo posible para ponernos frente a lugares hermosos, rodearnos de música hermosa, pasar el rato con gente hermosa. Pero, esto, nos dejará vacíos si no aprendemos a ver todas estas cosas como afluentes, y a Dios mismo, como la fuente de todo.
Así que, reconocer a Dios como glorioso, no es sólo admitir Su infinita incomprensibilidad y convertirlo en lo que más importa, sino que, también implica trabajar con tu corazón para que puedas verlo como lo más agradable y hermoso que existe.












