Plática entre un mendigo y un millonario.

CONTENIDO CUENTO & NARRACIÓN

El mendigo dice: ¿Para qué trabaja tanto si cuando muera no se va a llevar nada? Al final todos vamos pal´ mismo hoyo. Sin nada venimos, y si nada nos vamos. 

Usted habla muy bien. – le responde el millonario. 

Claro. Aquí donde me ve, yo tengo mis estudios. No tendré plata, pero algo de cultura tengo; por eso a mí no me engañan…  

¿Y quién le ha dicho que cuando muere no se lleva nada? Preguntó el rico. De acuerdo a como yo lo veo es cierto que todos nos vamos como venimos, pero… ¿sabe?. Todos nos llevamos lo vivido, lo recorrido; nos llevamos la satisfacción de lo disfrutado. 

Ustedes los ricos siempre quieren más y más. – dijo el mendigo. Son como un barril sin fondo, siempre quieren más y más. 

El millonario le dice: 

En el fondo usted y yo somos muy parecidos. 

¿Cómo así? Preguntó el mendigo.

Los dos nos dedicamos a lo que nos gusta. A usted le gusta mendigar, a mí me gusta hacer mis negocios. Usted encuentra tranquilidad en la pobreza, yo encuentro tranquilidad en la riqueza. 

Usteded todo lo ven trabajo y trabajo. 

El millonario le dice: ¿Qué te hace pensar que me mato trabajando?  Somos iguales mi querido amigo, solo estamos en caminos diferentes… 

No lo creo. – dijo el mendigo. Mire, yo no tengo nada, pero vivo tranquilo. En cambio, ustedes siempre se tienen que andar cuidándose de que no les roben…

Usted piensa mucho, mi amigo. – Mire, salvo la muerte, nada es seguro. ¿Usted cree que por ser mendigo está más seguro?

La realidad es que ni siquiera usted está seguro porque puede dormir debajo de un puente y en la madrugada vienen unos malandros y le hacen cualquier cosa… ¿o usted cree por ser pobre ya está seguro? Somos iguales mi amigo, ni yo soy mejor que usted, ni usted es mejor que yo.

La única diferencia entre nosotros es que jugamos juegos diferente, después, somos iguales, vamos pal mismo destino y cada quien se llevará lo vivido… 

Es falso eso de que cuando mueres no te llevas nada. Es cierto, no nos llevamos nada material, pero nos llevamos la satisfacción de lo vivido.

Si uno muere, uno tiene que morir en su ley, habiendo hecho su voluntad. Le voy a decir algo más: parece mentira, pero los más egoístas son las personas que tienen pobreza mental porque, fíjese, ellos no hacen nada porque cuando mueran no se llevan nada.

HUMILDAD

La antigua palabra latina humilis —humilde— deriva de humus, “tierra”.

Significaba estar abajo, en un peldaño inferior del escalafón, sin privilegios ni pedigrí.

No haber nacido arriba, arrogantes. El cristianismo dignificó el concepto, y en su imaginario se convirtió en la virtud opuesta a la soberbia:

“Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra”.

El cielo estará, después de todo, entre el barro. No olvidemos que el humus o mantillo, en términos geológicos, es la capa que enriquece la naturaleza, la fertiliza y la hace crecer.

La humildad también puede ser fértil, como conciencia de la propia ignorancia, de nuestros desastres, tropiezos y tonterías, como apertura a aprender.

Las limitaciones nos hacen humanos —otra palabra de la misma familia—. Nada germina en piedra sólida, mientras la tierra frágil alimenta el cultivo y la cultura […]. 

Sin humildad, el yo ocupa todo el espacio disponible y solo ve al prójimo como objeto o como enemigo.

Se conoce el carácter de alguien observando cómo trata en el día a día a la gente corriente, a quienes no son poderosos y no pueden favorecerle. Para ponernos en el lugar de otros, la vanidad debe bajarse del pedestal.

Como escribió C. S. Lewis, no es humilde quien piensa de sí mismo que es poca cosa, sino quien piensa poco en sí mismo»

Por Irene Vallejo Autora de «El infinito en un junco»

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