Dame Hijo Mío Tu Corazón.

Y aconteció andando el tiempo que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera y decayó su semblante.

Génesis 4:3-5

Los dos hijos de Adán y Eva se dedicaban a la agricultura. Abel criaba rebaños de ovejas y Caín cultivaba la tierra. Este era el trabajo más común en los tiempos antiguos.

Caín como era de esperarse ofreció al Señor los primeros frutos de su trabajo, (fruto de la tierra). Mientras que Abel ofreció el primogénito de sus ovejas.

Aún y cuándo las dos eran ofrendas de lo mejor, Dios no aceptó las dos ofrendas con el mismo agrado, sólo le complació la ofrenda de Abel, pues la de Caín no la aceptó.
Aún y cuándo las dos eran ofrendas de lo mejor, Dios no aceptó las dos ofrendas con el mismo agrado, sólo le complació la ofrenda de Abel, pues la de Caín no la aceptó.

Muchos piensan que Dios aceptó la ofrenda de Abel, porque era una ofrenda de sangre (oveja o cabra). Mientras que la ofrenda de Caín fue rechazada porque eran frutos de la tierra, sin involucrar sangre. Y solo un sacrificio de sangre podía complacer a Dios.

Pero esto no era lo realmente importante, lo que importaba era que la ofrenda fuera acompañada de “FE”. En los libros de los Hebreos, se nos explica:

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas, y aun muerto hablaba por ella.

Hebreos 11:4 RVR 1960

Con esto podemos ver que la ofrenda de Caín representaba el esfuerzo de una religión sin vida, pero lo que realmente vio Dios en Abel fue su corazón lleno de fe y amor por complacerlo.

– Al principio un cordero fue sacrificado por un hombre.

– Después en la Pascua un cordero fue sacrificado por familia

– En el día de la Expiación un cordero era sacrificado por una nación.

– Y finalmente, con la venida de Jesús hubo un único cordero que quitó el pecado del mundo (Juan 1:29)

 JESÚS FUE Y ES EL ÚNICO SACRIFICIO PERFECTO DE DIOS

¿Cómo vas a presentar tu presentar tu ofrenda a Dios? ¿con un corazón lleno de fe? ¿pensando sólo en agradarle como lo hizo Abel?

¿vas a presentar una ofrenda esforzada, religiosa, sin vida?

AMADO DIOS

Me acerco hasta Ti y hoy más que todos los días mi corazón se engrandece de bondad y fortaleza, porque me siento muy feliz por tu amor, por tu paz, por tu presencia y por tus bendiciones. Te amo y siento que nunca quiero fallarte.

Gracias padre celestial por cuidar de mí, de mi familia y por todo aquello que Tú nos brindas sin límite ni reparo: gracias amado Dios por el agua, por el aire, por nuestros alimentos, por la salud y por tus maravillosas promesas.

Gracias también por esta nueva semana. Te pido que pongas tu sagrada luz sobre nosotros y nos cubras con tu bendición. A Ti elevo esta oración para que haya gozo, esperanza y paz en nuestras vidas.

Señor, empieza una nueva semana y hoy yo, lleno de fe y esperanza la pongo en tus manos. Te pido que nos guíes con tu misericordia, nos ampares con tu sabiduría y nos ayudes a cumplir con nuestras obligaciones y actividades de la mejor manera posible.

Por favor tómanos de la mano, ayúdanos a abrir caminos, a multiplicar las alegrías, a restar las tristezas, a alcanzar nuestros anhelos y construir una vida mejor en cada nuevo día. Gracias Padre santo por todo lo que me das, pues Tú mejor que nadie conoces las cosas que necesito y todo me lo entregas en el momento preciso y por las razones adecuadas.

Te pido también por aquellos que sufren, que están tristes o que enfrentan enfermedad. Por favor derrama tu bendición sobre el mundo y alivia las penas de esta humanidad que hoy te necesita más que nunca.

Amado Dios, en este instante me lleno de fe en Ti y te doy gracias por escuchar mi oración. Te pido que en esta semana que empieza seas luz en mi mente y sabiduría en cada una de mis decisiones. Abríganos en tu manto y líbranos siempre de todo mal, Amén.

Por Ma. Guanajuato González Castañales.

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Mariant Peña Nava

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