METÁFORA DEL DESIERTO: LA PRUEBA
El desierto en las sagradas escrituras es un concepto que en lo espiritual hace referencia a un periodo de prueba, de purificación y de crecimiento o de preparación para la transición. El número 40 se asocia al tiempo que se requiere en el desierto para la transformación y el cambio, para la elevación a un estado espiritual.

En hebreo midh-bár, es el término para desierto que significa tierra poco poblada, sin cultivar. En el Diccionario de Interpretación de la Biblia se lee que el desierto es consecuencia de la ruptura del equilibrio ecológico entre el suelo, el clima y la vegetación debido a la tala de árboles; y, con la “desaparición del arbolado, el suelo quedó desprovisto de sombra y de un sistema de raíces que lo sujetara, y se vió expuesto a la acción destructora del calor abrasador del verano y al azote de las lluvias invernales: el sol coció la tierra, el viento la arrastró, los cambios extremos de temperatura la cuartearon y la lluvia se llevó la capa fértil”.1
La prueba espiritual es una metáfora del desierto. Un periodo de soledad, de duda desafiante, de aislamiento en un terreno inhóspito en el que te encuentras en condiciones devastadoras. Solo tú, sin nadie, frente a tí mismo, a tu propio espejo, de cara a tus debilidades, confrontándote con tus concupiscencias y con las tentaciones del mundo tatuadas en tu piel como algo cotidiano, sin temor alguno. Viendo lo que dejaste de sembrar y de cultivar por omisión o decisión propia, rompiendo tu propio equilibrio: dejando tu tierra estéril.
Es muy común escuchar a personas que viven una situación complicada, que pareciera no tener fin ni solución alguna, decir que están viviendo un desierto. Esta imagen puede tener su origen en el éxodo del pueblo de Israel cuando fue liberado de la exclavitud que vivía en Egipto. En su travesía hacía la tierra prometida los israelitas tuvieron que pasar desiertos al otro lado del mar Rojo, cuarenta años de su existencia, de un desierto a otro, los de: Sur, Sin, Sinaí, Parán y Zin.
Vale destacar lo que dice el diccionario antes citado, al respecto: “Los israelitas no hubiesen podido sobrevivir en estas áridas regiones sin la protección de Dios, por lo que Moisés les dijo en las llanuras de Moab: “Cuídate de que no vayas a olvidar a Jehová tu Dios […] que te sacó de la casa de esclavos; que te hizo andar por el desierto grande e inspirador de temor, con serpientes venenosas y escorpiones y con suelo sediento que no tiene agua; […] que te alimentó con maná…, el cual no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y a fin de ponerte a prueba para hacerte bien en tus días posteriores”. 2
Los párrafos anteriores se leen y escuchan fuerte, pero Jesús mismo fue llevado al desierto:
Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Mt. 3:16-17.
En este pasaje del bautismo de Jesús de Nazaret tenemos que hacer un alto, porque “vemos por primera vez en el NT la manifestación de la Santísima Trinidad: el Hijo sale del agua, el Espíritu Santo se aparece bajo la forma de una paloma, y el padre, hace oír su voz desde el Cielo…”3
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
Mateo 4
Llama la atención que después de haber sido bautizado, fue el Espíritu de Dios quien lo llevó al desierto para ser tentado, término que en griego: peirázein, significa prueba. Dice M.H. que sería tentado por el diablo y solo por el diablo, no por sus concupiscencias como cualquier persona en el mundo: tentada, atraída y seducida por [el deseo carnal y pecaminoso]. La naturaleza humana del Hijo de Dios fue preservada de la corrupción, desde que fue concebido carecía de concupiscencia por la acción santificante del Espíritu.
El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Lc.1:35. R.V.60
Jesús fue puesto a prueba después de haber ayunado 40 días y 40 noches. Al final de ese periodo tuvo hambre. En esa condición fue tentado por el diablo:
“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Mt.4:3. Satanás trató de tentarlo con lo que más necesitaba su cuerpo en ese momento: alimento; pero su espíritu había sido fortalecido para confrontar la prueba. También fue tentado para hacerlo dudar de ser hijo de Dios.
Pero qué dijo Jesús: “Él respondió…: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Sabía de quién era Hijo, estaba totalmente convencido de ello.
Toda prueba puede ser superada declarando la palabra de Dios. En este pasaje, Jesús honra la Escritura y nos deja ejemplo. Así mismo nos enseña que el ayuno en total abstinencia de alimentos, suprimiendo las necesidades del cuerpo, nos lleva a una comunión con Dios en un alto nivel de espiritualidad para enfrentar y superar la prueba. “Algunas tentaciones, señala MH, son abiertamente malas; y no son para ser simplemente resistidas, sino para ser rechazadas de inmediato”.4
Seremos probados como el oro: con fuego; así está escrito. Superada la prueba en el aislamiento, en la soledad, en el vacío que sentimos por la ausencia de la voz de Dios en el proceso; en el silencio que nos permite escuchar los sonidos de nuestro interior; en esa prueba que habrá de forjar nuestro carácter y alimentar nuestro espíritu para entonces y sólo entonces, reencontrarnos con nosotros mismos y sobre todo con Dios para ser purificados en ese desierto y transformados o bien preparados para el propósito divino, como Jesús, justo antes de iniciar su ministerio.
No sé de qué Egipto tienes que liberarte. De qué cadenas estés atado. Pero quiero que sepas que hay esperanza de encontrar la tierra prometida. Sembremos árboles que atrapen la luz del sol y nos den frutos y nos den sombra y atraigan la lluvia y con el alimento del cielo, no maná sino palabra divina, tejamos las raíces que nos sostendrán para que nuestra tierra encuentre el equilibrio y se vuelva fértil de la mano del Creador porque Torre Fuerte es Dios.
(…)nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza;
Rom. 5:3-5
Bibliografía
1 The Interpreter’s Dictionary of the Bible, edición de G. A. Buttrick, 1962, vol.1, pág. 828.
2 https://www.bibliatodo.com/Diccionario-biblico/desierto
3 Henry, Matthew. Biblia de Estudio Ampliada, ed. CLIE, 2a.ed.p.1365
4 Henry Matthew, p. 1366


AMADO DIOS
Los primeros rayos de sol asoman y el trinar de las aves nos anuncia que un nuevo lunes ha llegado. Gracias por la dicha de poder despertar a esta nueva semana, gracias también por tu amor y por toda tu bondad.
Te doy gracias Señor porque a cada instante puedo sentir tu presencia en mi senda y te veo a Ti reflejado en cada una de mis bendiciones: en la alegría, en la salud, en mi hogar y en mis logros.
Padre eterno, en tus manos encomiendo mi vida y la vida de mi familia en esta semana que inicia. Por favor ilumínanos, guíanos y permite que cada cosa que hagamos salga bien. Que nada ni nadie robe nuestra paz interior ni nuestras sonrisas.
Señor, por favor Abrázanos con tu amor y danos sabiduría en cada uno de nuestros actos, fe para poder alcanzar aquello que nos propongamos y fuerza de voluntad para comprender que tus planes son perfectos, y que aquello que hoy parece una difícil prueba, muy pronto habrá de convertirse en una señal fehaciente de tu amor y tu bondad.
Amado Dios, Tú conoces nuestras vidas, nuestras ilusiones y también nuestras angustias. Por favor mira nuestros propósitos y ayúdanos a alcanzar aquello por lo que tanto te clamamos.
Por favor consuela a quien este acongojado, acompaña al solitario, sana al enfermo y devuelve la ilusión al desesperanzado. Amado Dios, por favor sé ese bello campo de verdes prados y frescas aguas donde podemos encontrar paz y reposo.
Padre, por favor orienta cada uno de nuestros pensamientos en esta semana. Ayúdanos a ser felices, permite que nuestros actos sean agradables para Ti, bendice con tu amor todas nuestras entradas y salidas y dirige nuestros pasos para que así, nos lleves a destinos de paz, éxito, plenitud y bienestar,
Nombre de Jesús. Amén.
Por Ma. Guanajuato González Castañales.









