EL ORGULLO: FUENTE DE TODOS LOS MALES “El orgullo crece con presteza igual que otras malas hierbas. Puede vivir en cualquier suelo. Prolifera en el corazón natural, brota sin siembra, crece sin riego e incluso se arraiga muy fácilmente en el corazón renovado cuando Satanás desparrama ahí un puñado de su semilla”.Con esa metáfora, Charles Haddon Spurgeon en el siglo XIX, define el orgullo, desde una perspectiva teológica. El orgullo espiritual no es un sentimiento que edifique, es, a decir de Jonathan Edwards, “la principal fuente de todos los males que introduce para obstaculizar y entorpecer la obra de Dios”.1

Es por lo tanto una trampa de Satanás para impedir que una persona con apetito de Dios conozca de Él y crezca en el conocimiento de su palabra. Es así mismo, piedra de tropiezo para quienes ya están en el camino de la verdad.
Siguiendo a Jonathan Edwards, considerado el teólogo estadounidense más importante del siglo XVIII, cito: “Debido a su naturaleza, el orgullo espiritual es el más secreto de todos los pecados. No hay otro asunto en el corazón que sea más engañoso e inescrutable y no hay otro pecado en el mundo en el que los hombres tengan tanta confianza”.
Pareciera que la intención subyacente es precisamente esa, no permitirnos identificar el orgullo que se coloca en el corazón, ni siquiera tener sospecha de que se está cometiendo falta. Asegura Edwards que “no hay pecado que se le parezca más al diablo que este por su secretismo y naturaleza, por aparecer en muchas formas que pasan desapercibidas e insospechadas”.2
Yo agregaría que este pecado es hechura suya.
Ningún cristiano por convicción debe darle cabida al orgullo. Aunque se sabe que te toma por asalto, camina sigilosamente y nubla el entendimiento. Sin pedir permiso se instala haciéndote creer que te asiste la razón siempre. Alimenta toda clase de sentimientos y emociones asociados al orgullo para robarte la calma.
Si quisiéramos describir gráficamente al orgullo, diríamos que es una línea muy delgada que a veces se torna invisible, pero no por eso menos dañina. Porque no solo te roba la paz de muchas formas: ansiedad, ofensa, ira, altanería… puede llegar a destruirte, pero sobre todo, alejarte de Dios. Pretender ocupar un lugar, como el diablo, que no te corresponde.
Cuando leemos en la Biblia:
“El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce?
Jeremías 17:9.
Dios nos está poniendo en alerta porque nuestro corazón puede ser fácilmente engañado e inducido. El orgullo espiritual envuelve el corazón adoptando muchas formas y figuras, por eso el teólogo estadounidense asegura que es fuente de todos los males.
Es muy difícil de discernir por su misma naturaleza. Razón por la que debemos estar atentos constantemente en nuestro corazón, todos los días, si es posible, en cada acto, conducta, intención, comportamiento, en lo que hablamos; cuando vemos los logros de los demás; si nos ofendemos fácilmente; si estamos padeciendo enfermedad y la usamos para manipular a otros, para atraer la atención; cuando buscamos siempre ser el centro; cuando descalificamos a un hermano en Cristo que conoce más de la voluntad de Dios que nosotros mismos.
Precisamente ahí debemos clamar a Dios por ayuda, para que nos abra los ojos del entendimiento, para que nos ayude a discernir y nos muestre que estamos siendo engañados, para no caer en ninguno de los pecados que van de la mano del orgullo: “la soberbia, altivez, “arrogancia, vanidad, presunción, engreimiento, petulancia, ínfulas, suficiencia, endiosamiento, pedantería, exceso de estimación propia”(similares del orgullo, RAE).
Hay que decir, que son muchas más las caras del orgullo: vanagloria, jactancia, altanería, magnanimidad, burla, y egoísmo. Yo agregaría, desprecio. Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu. Prov.16:18
Dios siempre tiene cuidado de sus hijos y constantemente nos advierte sobre las trampas del orgullo. Una de ellas es precisamente la soberbia y sus consecuencias, tal como se lee en el proverbio arriba citado. Nótese: después de la soberbia sobreviene el quebrantamiento y después de la altivez de espíritu la caída, la ruina, el derrumbamiento. Es pues, trágico.3
La pregunta inmediata sería ¿Cómo detectar un pecado derivado del orgullo si se mueve en total secrecía? ¿Cómo identificarlo si tenemos conductas aprendidas del mundo ya muy normalizadas, en el entendido de que el orgullo es considerado un sentimiento de satisfacción por los logros personales alcanzados, o por el reconocimiento de las propias cualidades, o de la pertenencias obtenidas o incluso, por las relaciones y por el ámbito social en el que nos desenvolvemos?
Vale anotar aquí que en algunas áreas del conocimiento el orgullo presenta dualidad en su definición, pues se dice que es positivo cuando casa con esa expresión de la sociedad de “estar orgulloso de uno mismo” y se corresponde precisamente con la definición de la RAE: es un “sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades, méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida”.
Pero también se considera falso, negativo, desadaptativo e incluso patológico. La misma RAE enumera una serie de emociones negativas asociadas al orgullo que ya anotamos arriba. En otro campo semántico, en la psicología humanista, se sostiene que “el orgullo no explica adecuadamente la experiencia de nadie y, si surge, siempre es una fachada falsa diseñada para proteger un yo infravalorado”.4
Lo cierto es que es una emoción compleja, pero en lo espiritual, poniendo la mirada en sus efectos, podemos discernir con la ayuda de Dios, la presencia del orgullo, de alguno de sus rostros, fundamentalmente en el ministerio. El lenguaje corporal puede ser un indicador para identificar que existe por ahí, en algún lugar de tu corazón, una de sus raíces.
Es tan común que permea toda actividad humana y cuando reconoces presunción en tu corazón, por ejemplo, posiblemente hallarás en una capa más abajo, vanidad, y si profundizas aún más, seguro encontrarás arrogancia, o desprecio o idolatría de ti mismo, qué sé yo, pero en el fondo, habrá, en lo oculto, una raíz del orgullo.
Hace unos días publiqué en mi historia de Facebook un pensamiento relacionado con el orgullo del mismo Spurgeon que dice:
“El orgullo nació con nosotros y no morirá ni una hora antes que nosotros”
Parafraseando a Spurgeon, no morirá fácilmente porque, como él bien lo define, es una mala hierba que se enraiza y crece casi de manera imperceptible. Resulta muy difícil de erradicar. Pero, sobre todo, de identificar, de discernir de manera personal, es camaleónico.
Jonathan Edwards, nos alerta: “Recuerda que el orgullo es la peor víbora que hay en el corazón, el mayor perturbador de la paz del alma y de la (…) comunión con Cristo: fue el primer pecado cometido, y yace en lo más bajo de los cimientos de todo el edificio de Satanás, y es desarraigado con la mayor dificultad, y es el más oculto, secreto y engañoso de todos los deseos, y a menudo se arrastra sigilosamente (…) a veces, bajo el disfraz de la misma humildad”.
Dicho esto es fácil entender que el orgullo siempre va a estar presente, en mayor o menor medida, es epidémico, se alimenta de cualquier cosa, y es, al mismo tiempo, abominable:
Abominación es a Jehová, todo altivo de corazón; (Prov. 16:5).
Prov. 16:5
Es lo que Dios más aborrece. Su opuesto, la humildad, puede considerarse el antídoto del orgullo, tenemos que cultivarla en cada momento, en cada paso que demos, pues es una virtud que nos acerca más a Dios, pero, hay que reconocer que “es escurridiza”. A diferencia del orgullo, la humildad no se arraiga, se nos escapa de las manos fácilmente.
Es bueno saber que en las sagradas escrituras encontramos una palabra, un verso que nos guía, nos muestra la salida, nos da luz. El Apóstol Pablo, ruega:
Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.
Efesios .4:1,2
No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad. Y que cada uno considere a los demás mejores que él mismo. (Fil. 2:3-4).
Son muchos los rostros del orgullo y en la Biblia están claramente catalogados, porque Dios sabe su origen maligno. Por citar algunos:
A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia…1Timoteo. 6:17
“Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y nadie más”Isaías. 47:10.
(…) El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo1Cor. 8:1,2
“¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo (Gál. 1:10).
“(…) Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Sgo. 4:6).
“¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la
mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Luc.22:27).
“y les encanta ocupar los mejores asientos en las cenas y sentarse en las primeras
sillas de las sinagogas” (Mt.23:6).
Volviendo al orgullo espiritual, el Apóstol Pablo combatió ese espíritu con suficiente carácter y sabiduría entre los corintios pues estaba convencido de que era un sentimiento frívolo y superficial que los inducía a otros males como el individualismo, los celos, la envidia.5 Sentimientos que no permiten ningún tipo de cuestionamiento honesto y te alejan de Dios.
Lo cierto es que no podemos como cristianos vanagloriarnos de nada, porque sabemos, sin lugar a equívocos, que todo viene desde lo alto. Los dones, los talentos, lo que poseemos aquí en el mundo, que si la casa, el trabajo, la belleza física –si la hubiera–, lo que comemos, todo no es dado por la gracia de Dios, por su favor inmerecido y a Él debemos agradecerle, alabarle, honrarlo, colocándolo en primer lugar en todo, pues es el sitio que le corresponde.
El mismo Pablo reconoció: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. (2 Cor. 12:7).
Dios nos habla a través de la Biblia. Si necesitamos guianza, discernimiento, sabiduría, dominio propio, basta con pedirlo en oración, acercándonos a su presencia. Reconociendo que todo viene de Él; por su gracia divina hemos recibido desde lo alto toda buena dádiva. Es pues necesario ser humildes de corazón, venir a menos para que, al igual que Pablo, el poder de Cristo crezca en nosotros y se fortalezca nuestro espíritu para no ser engañados.
Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.Sgo.4:6,7
Bibliografía:
1y 2El Enemigo Silencioso del Cristiano: el Orgullo Espiritual por Jonathan Edwards
3https://www.google.com/search?q=el+orgullo+estudio+biblico+del+expositor&rlz 4https://en.wikipedia.org/wiki/Pride 5https://www.spurgeongems.org/schs1271.pdf


AMADO DIOS
La frescura de la mañana y el trinar de las aves nos anuncian que el último día del mes de febrero ha llegado.
Soy muy feliz y tengo cientos de motivos para agradecerte. Gracias Señor por tu inmenso amor, por tu amparo y porque Tú siempre estás a mi lado colmando mis días de paz, ilusión y alegría.
Señor, en este día también te doy gracias porque durante todo el mes de febrero me protegiste, me diste fuerza y sabiduría, me acompañaste en mis triunfos y me abrazaste en la tristeza. Es hermoso vivir con la seguridad que da tu compañía; te pido que nunca te apartes de mí, pues en cada instante yo necesito más de tu presencia.
Me levanto a vivir este día con fe y optimismo. Te pido que renueves mi corazón con tu poder y que me ayudes a vivir con un propósito. Por favor perdona mis errores y dame la sabiduría necesaria para actuar conforme a tu voluntad y poder alcanzar mis metas y anhelos.
Te pido también, amado Dios, que mires mi vida y la vida de mi familia. Te suplico que visites nuestro hogar y lo llenes de paz, salud, entendimiento y amor. Por favor escucha nuestras suplicas y ayúdanos a solucionar nuestros problemas, alcanzar la calma y vivir en dicha y prosperidad.
Padre celestial, en este día también quiero ofrecerte todas nuestras actividades y nuestras luchas en el mes de marzo. Por favor ilumina nuestra mente y nuestro corazón y permítenos ser un instrumento de tu obra. Ayúdanos a caminar cada día más cerca de Ti.
Señor, gracias por escuchar nuestra oración y por rodearnos con tu amor. En febrero viví cambios, tuve éxitos y muchas lecciones aprendidas, por todo te doy gracias y pongo este nuevo día y todo el mes de marzo en tus manos, Nombre de Jesús.🙏🏻 Amén.
Ma Guanajuato González Castañales.








