PERFECTO, A SU IMAGEN Y SEMEJANZA.

Por Xatziri Garcia Arano

CONTENIDO CRISTIANO

Nuestro mundo está lleno de “títulos” que nos dicen quién es una persona, aunque no necesariamente tiene que ser un título profesional, puede ser algo un poco más convencional esposo(a), papá, mamá, hijo(a), hermano(a), etc…

Los títulos también pueden referirse a nuestro grado académico, licenciado(a), ingeniero(a), maestro(a), doctor(a), o pueden referirse a nuestra posición jerárquica dentro de una empresa, jefe, gerente, etc, o en nuestro hogar, aquellas personas que tienen hermanos entenderán lo que significa ser el mayor o el menor.

Los títulos, incluso, nos dicen quiénes somos dependiendo del lugar en donde podamos comprar, es decir, entre mayor nivel adquisitivo, puedes ir a determinada tienda departamental o de conveniencia, y comprar determinados productos con mayor o menor estatus, según el precio y su mercadotecnia. Lo mismo ocurre con la manera en que te ejercitas, el lugar dónde lo haces, lo que comes, el carro que manejas, la escuela a la que asisten tus hijos, y la lista continúa, en pocas palabras, un estilo de vida.

Vivimos en un mundo donde valemos lo que podemos pagar, que dice que nuestro valor depende de lo que puedo comprar o no. En dónde lo compro y de quién soy en la sociedad. Incluso, es más complejo, valemos por cómo nos vemos, por cómo nos vestimos, y por cuán cuidados están o no nuestros cuerpos.

Esto contribuye a que sea fácil perder nuestra identidad y que luchemos por conseguir estándares de vida, que no necesariamente son los correctos para nosotros, y que incluso pueden poner nuestra integridad física, emocional y espiritual en peligro.

Las redes sociales contribuyen mucho a un mundo donde se alaba la perfección en la vida de las personas. Todos hemos subido fotos donde nos vemos bien, presumiendo un estándar de vida, pero en realidad estos sólo son momentos específicos de un todo, no reflejan nuestra realidad, o al menos, no en su totalidad.

En un mundo lleno de mentiras, ¿cómo puedo saber quién soy en realidad? Es decir, si mi identidad depende de quién dicen que soy, pero no encajo del todo en eso que dicen, aunque me esfuerce tremendamente por hacerlo significa que ¿dejo de ser?

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Puede leerse un poco extremo, pero te puedo decir que los pensamientos irracionales son eso, irracionales, sin sentido, confusos, justo como el enemigo te ha hecho creer.

El hecho de que no encajes en los estándares, nunca significará que dejas de ser, solo significará la oportunidad para descubrir quién eres en realidad.

Echa un vistazo a lo que dice Dios:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. (Es importante resaltar que hombre se refiere a la especie humana, no al género). ¿Qué quiere decir esto? Que fuiste hecho a la imagen y semejanza de Dios. Y ¿cómo es Dios? ¡Él simplemente es perfecto!

Génesis 1:25

O sea que ¿yo soy perfecto? ¡Así es! Eres perfecto. Hecho a la imagen y semejanza de Dios. Ojo, esto no quiere decir que no debas cambiar malos hábitos y costumbres que dañan a otros y a ti mismo, solo quiere decir que eres perfecto en su amor, que no hay nada que puedas hacer o dejar de hacer para ser más amado o menos por Dios, ya que eres su reflejo; eres su imagen en la tierra, ¿cómo podría el mismo creador odiar o no amar a su creación perfecta?

Es por esto que Jesús decía:

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

Por eso debemos esforzarnos en ser más como Él; para que todo aquel que se cruce en nuestro camino, creyente o no creyente, pueda conocer la verdadera naturaleza de Dios; sin argumentos teológicos ni religiosos, sino sólo su amor, pero esto es una historia para otro día.

Lo importante es entender quién soy en Dios, Juan dijo esto en Juan 1:12” Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Esto quiere decir que, si tú aceptaste a Cristo en tu corazón, eres hijo de Dios, perfecto a su imagen y semejanza. Tú no eres el sueldo que ganas o los muchos o pocos talentos que puedas tener, tú solamente eres un hijo de Dios, perfecto en su amor.  pero esto es una historia para otro día.

Señor, al recordar el amor que sientes por mí, solo cierro mis ojos para alabarte y darte gracias. Gracias por ayudarme en medio de mis dificultades.

Tú me has dado vida nueva y haz hecho renacer en mí la esperanza.

Tu cálida voz me guía por buenos senderos, pues Tú eres el Buen Pastor.

Tú me conoces Señor, conoces mi nombre y estás dispuesto a dejarlo todo por rescatarme cuando me veo descarrilado. Nunca me sueltes de tu mano.

Eres la puerta del amor, la que debo atravesar con la bandera de la bondad.            

Esta día Ven y calma la sed de mi corazón de tenerte y lléname de tu compasión.

No quiero tener miedo de abrirte las puertas de mi corazón.

Confío en tu protección que me aleja de los peligros y angustias que asechan al alma.

En el nombre poderoso de Jesucristo, Amen.

¡ Hola Bienvenido !

Xatziri Garcia Arano

Te invito a leer otro artículo con el titulo:

La importancia de pastorear el corazón de nuestros hijos.

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