¿Cómo te relacionas con él? La mayoría de nosotros pensamos que hay dos opciones. La primera esa idea antigua: Dios es un tirano despiadado cuya ira hay que aplacar constantemente con un buen comportamiento y con sacrificios.
Y luego tenemos el concepto moderno de Dios: una fuerza espiritual a la que tenemos acceso en cualquier momento, sin tener que dar explicaciones. No obstante, Marcos nos cuenta una historia que muestra que acercarse a Dios significa algo totalmente distinto:
Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido.
De hecho, muy pronto se enteró de su llegada una mujer que tenía una niña poseída por un espíritu maligno, así que fue y se arrojó a sus pies. Esta mujer era extranjera, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara al demonio que tenía su hija. (Marcos 7:24-26)
La historia comienza con la misteriosa declaración de que Jesús fue a la región de Tiro y no quería que nadie lo supiera. ¿Qué está pasando? Jesús había estado todo el tiempo actuando en provincias judías, y como ese ministerio atraía a grandes multitudes, estaba agotado.
Así que Jesús dejó las provincias judías y fue a territorio gentil, Tiro, con el fin de descansar.
Pero no sirve de nada. Una mujer se entera de que ha llegado y valientemente se abre camino hacia Jesús. Aunque es sirofenicia, como Tiro está cerca de Judea conocía las costumbres judías Sabe que no tiene ninguna de los requisitos religiosos, morales y culturales para acercarse a un rabí judío; es sirofenicia, gentil, pagana y su hija tiene un espíritu inmundo.
Sabe que, según las pautas de la época, es impura y por lo tanto no puede acercarse a ningún judío devoto, mucho menos a un rabí.
Pero a ella no le importa. Entra en la casa sin que la hayan invitado, se arrodilla y empieza a suplicar a Jesús que expulse fuera el demonio que tiene su hija. El verbo rogar está en presente progresivo: continúa rogando. Nadie ni nada puede pararla. En el capítulo 15 del Evangelio de Mateo, en la narración paralela, los discípulos instan a Jesús a que la eche. Pero ella le está suplicando a Jesús, y no va a aceptar un no por respuesta.
¿Sabes por qué es así de atrevida? En este mundo hay cobardes, hay gente normal, hay héroes; y luego, están los padres. Cuando hablamos de los padres no hay escala de cobardía a valentía que valga; si tu hija está en peligro, haces lo que sea para salvarla. No importa que en el día a día seas tímido o lanzado: tu personalidad da igual. No te lo piensas dos veces, haces lo que haga falta. De esta manera, no es sorprendente que esta madre desesperada esté dispuesta a superar todas esas barreras.
¿Así que cuál es la respuesta de Jesús a esta mujer que se encuentra en el suelo suplicando? La historia continúa: «Deja que primero se sacien los hijos replicó Jesús- porque no está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros (Marcos 7:27)
A primera vista, parece un insulto. Vivimos en una sociedad en la que nos gustan los perros, pero en el Nuevo Testamento la mayoría de los perros eran carroñeros: salvajes, sucios, indecorosos. En esa sociedad no les gustaban los perros y llamar a alguien perro era un insulto terrible. En la época de Jesús. los judíos con frecuencia llamaban «perros» a los gentiles, ya que eran «‘inmundos».
Entonces, lo que le dice Jesús, ¿es tan solo un insulto? No, es una parábola. La palabra parábola significa «‘metáfora» «semejanza», y es lo que Jesús utiliza en esta ocasión. Una de las claves para entenderlo bien es que la palabra que Jesús emplea para decir «‘perros» es una palabra poco común.
Utiliza un diminutivo, un término que, en realidad, significa «cachorritos». Recuerda: la mujer es madre. Jesús le está diciendo: «Sabes cómo comen la familias: primero, los hijos comen a la mesa; y después, las mascotas también. Está mal romper ese orden. Los cachorritos no deben comer de la mesa antes de que lo hagan los hijos».
Si observamos la narración de Mateo de este episodio, ofrece una versión más larga de la respuesta de Jesús explicando su significado: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Jesús había centrado su ministerio en Israel por todo tipo de razones».
Fue enviado a Israel para mostrar que era el cumplimiento de las promesas que aparecen en las Escrituras, el cumplimiento de los profetas, sacerdotes y reyes, el cumplimiento del templo. No obstante, después de resucitar, de inmediato les dijo a los discípulos: «Id por todas las naciones». De este modo, sus palabras no son el insulto que en un principio parecían. Lo que le dice a la sirofenicia es: Por favor, entiéndelo, pero existe un orden. Primero iré a Israel; después, a los gentiles (otras naciones). Sin embargo, esta madre le contesta con una respuesta sorprendente: -Si. Señor respondió la mujer- , pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos. Jesús le dijo: -Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija. Cuando ella llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama. El demonio va había salido de ella. (Marcos 7:28-30)
La mujer dice en otras palabras: Si, Señor: Pero los cachorritos también comen de la mesa y yo he venido a por lo mío. Jesús le ha contado una parábola en la que le ha lanzado tanto un desafío como una oferta, y ella lo capta. Responde al desafío: «Vale, lo entiendo. No soy de Israel, no adoro al Dios de los israelitas.
Por lo tanto, no tengo sitio en la mesa. Lo acepto» ¿No es increíble? No se ofende, no defiende sus derechos. Dice: «Está bien. Puede que no tenga sitio en la mesa; sin embargo, en la mesa hay más que suficiente para todo el mundo y yo necesito mi parte ahora». Está manteniendo un pulso con Jesús de una forma totalmente respetuosa -, y no va a aceptar un no por respuesta.
Me encanta lo que esta mujer hace.
En las culturas occidentales no existe nada parecido a este tipo de asertividad. Solo reivindicamos nuestros derechos. No sabemos luchar a no ser que estemos defendiendo nuestros derechos nuestra dignidad y nuestra bondad diciendo: «Esto es lo que se me debe.»
Pero esta mujer no está haciendo eso. Ella está pidiendo aunque carece de derechos, algo a lo que no estamos nada acostumbrados. Es como si estuviera diciendo: «Señor, no te digo que me des lo que me merezco en base a mi bondad; lo que digo es que me des lo que no merezco en base a tu bondad. Y lo necesito ahora» Aceptar el desafío ¿Ves lo increíble que es que la mujer reconozca y acepte tanto el desafío como la oferta que ese desafío encierra?
Una buena traducción de la contestación de Jesús sería «Qué respuesta!» Otras posibles traducciones serían «Una respuesta maravillosa, increíble».
Jesús contesta su petición y sana a su hija. En su estudio de Marcos, el erudito bíblico James Edwards lo explica de manera maravillosa: Parece que ella entiende el propósito del Mesías de Israel mucho mejor que el pueblo de Israel. Su valor y persistencia son un testimonio de su confianza en las riquezas y la abundancia de Jesús: su provisión para los discípulos e Israel era lo suficientemente abundante como para que también hubiera para alguien como ella […]. ¡Qué ironía! Jesús busca por todos los medios enseñar a sus discípulos elegidos, pero son torpes y están atónitos; Jesús no parece tener intención de hablar con aquella mujer pagana, y después de una sola frase, ella entiende la misión de Jesús él la alaba (…].
;Cómo es posible? Esta mujer es la primera persona en Marcos que escucha y entiende una parábola de Jesús (…]. El hecho de que responda a Jesús haciendo referencia a la parábola, es decir en los términos en los que Jesús se dirige a ella, indica que es la primera persona en el Evangelio que escucha la palabra que Jesús tiene para ella.
De modo similar, Martín Lutero estaba asombrado impresionado con este encuentro, ya que es el evangelio en estado puro.
Esta mujer entendió el evangelio, que dice que eres mucho peor de lo que pensabas, pero al mismo tiempo eres más amado y aceptado de lo que nunca llegaste a imaginar.
Por una parte, no es demasiado orgullosa como para aceptar lo que el evangelio dice acerca de sus limitaciones. Acepta el desafío de Jesús. No se da la vuelta y dice: «; ¿Cómo te atreves a hablarme así por no ser judía? ¡No tengo por qué aguantarlo!»
Pero, por otra parte, la mujer tampoco insulta a Dios mostrándose demasiado desmoralizada como para poder aceptar su oferta. No sé si lo habías pensado alguna vez, pero existen dos maneras de no aceptar a Jesús como salvador.
Una es por ser demasiado orgulloso y tener un complejo de superioridad; es decir, no aceptar el desafío.
Y la otra manera es por un complejo de inferioridad, estar tan ensimismado en uno mismo que uno dice: «Soy tan horrible que Dios no puede amarme». Es decir, no aceptar su ofrecimiento. John Newton, un pastor cristiano, escribió una vez una carta a un hombre que estaba muy deprimido.
Esto es lo que le dijo: ¿Dices que te sientes abrumado por la culpa y porque no te sientes digno? Haces bien en recordar la maldad que hay dentro de ti; sin embargo, haces mal en dejar que eso te afecte como te está afectando, y te controle como te está controlando.
Dices que es difícil entender cómo un Dios santo acepta a una persona tan terrible como tú. Al decir eso, demuestras que no solo tienes una pobre opinión de ti, que es correcto, sino que también tienes una pobre opinión de la persona, la obra y las promesas del Redentor; lo cual es incorrecto. Te quejas del pecado, pero miro tus quejas. Y están tan llenas de autojustificación, incredulidad, orgullo e impaciencia, que no son mucho mejor que los pecados más terribles de los que te quejas.
El negarse a buscarle, a perseguir su gracia, a aceptarla, a contentarse en ella es una manera de rechazar el amor de Dios igual a decir «Soy demasiado bueno para ello».
Una de las oraciones más hermosas que se han escrito en inglés es la oración de acercamiento a la Cena del Señor, escrita por Thomas Cranmer, que aparece en el primer Libro de Oración Común; se basa en esta historia de Marcos y, durante siglos, millones de personas la han hecho suya:
Nosotros no nos acercamos a esta tu mesa. Señor misericordioso, confiados en nuestra rectitud, sino en tus muchas y grandes misericordias. No somos dignos ni aun de recoger las migajas de debajo de tu mesa.
Mas tu eres el mismo Señor, siempre misericordioso por naturaleza. Cada vez que alguien ora esta oración, Cranmer le invita a ponerse en la piel de esta mujer y acercarse a Jesús con valentía, con determinación a pesar de saberse carente de todo derecho, para aceptar tanto la oferta como el desafío de la misericordia infinita de Dios.
Aceptar el regalo La mujer sirofenicia se acercó a Jesús con valentía, por su propia iniciativa. Sabía lo que quería y estaba decidida a conseguirlo. A veces, sin embargo, cuando nos acercamos a Jesús seguimos una trayectoria totalmente diferente; a veces nuestro primer encuentro con él parece casi accidental. Pero, de cualquier manera, Jesús nos conoce y nos da lo que necesitamos.
Tan pronto como Jesús se va de Tiro, Marcos escribe lo siguiente: Luego regresó Jesús de la región de Tiro y se dirigió por Sidón al mar de Galilea, internándose en la región de Decápolis.
Allí le llevaron un sordo tartamudo, y le suplicaban que pusiera la mano sobre él. Jesús lo apartó de la multitud para estar a solas con él, le puso los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva.
Luego, mirando al cielo, suspiró profundamente y le dijo: «¡Efatà!» (que significa: ¡Abrete!).
Con esto, se le abrieron los oídos al hombre, se le destrabó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo prohibía, tanto más lo seguían propagando.
La gente estaba sumamente asombrada, y decía: «Todo lo hace bien. Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» (Marcos 7:31-37)
Jesús hace una serie de cosas con el hombre sordomudo: lo toma a solas, le mete los dedos en los oídos, entonces le toca la lengua, toma su propia saliva y la pone en la lengua del hombre, mira hacia arriba, suspira y dice: «; Abrete! Puede que pienses:
«Típico. Jesús está haciendo los típicos rituales de un milagrero» Pero no es así. Recuerda que en cada uno de los milagros que hemos presenciado, como cuando calmó la tormenta, cuando resucitó a la hija de Jairo y cuando sanó a la hija de la sirofenicia, no hay ni aspavientos con los brazos, ni ningún hechizo, conjuros.
Es obvio que Jesús no tiene que realizar ningún ritual para reunir su poder. Lo que significa que Jesús hace todo esto no porque él lo necesite, sino porque el hombre lo necesita.
La respuesta de Jesús a la petición de la mujer es enigmática, críptica e incluso áspera. Con el sordomudo Jesús se comporta de manera extremadamente dulce. En el capítulo 11 del Evangelio de Juan, después de que Lázaro haya muerto, va a las dos hermanas Marta y María. Marta dice: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto», y Jesús la reprende.
Entonces aparece María y dice: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto», y Jesús llora con ella.
Las mismas palabras, pero no la misma respuesta. ;¿Por qué? Porque Jesús siempre te da lo que necesitas y además sabe mejor que tú qué es lo que necesitas.
Es el Consejero Admirable. Jesús se identifica de manera profunda con este hombre. Todo el proceso de tocarle orejas, la boca, es lenguaje de signos. Jesús le está diciendo: «Pongámonos ahí; no tengas miedo, yo voy a hacer algo para solucionar tu problema; ahora, miremos hacia a Dios».
Se adentra en el mundo cognitivo del hombre y usa el lenguaje no verbal, un lenguaje que él podía entender. Mira cómo lo separa de la multitud; ¿no sería mejor que todo el mundo lo viese?
Pero imagina a este hombre en su infancia. Seguro que siempre lo miraban como a un bicho raro.
Está sordo y, por eso, no puede hablar correctamente. Imagina cómo se han burlado de él durante toda la vida. Jesús lo sabe y se niega a convertir aquello en un espectáculo.
Se identifica con él en el plano emocional. No obstante, hay una identificación aún mayor, ya que hay un momento en el Jesús deja escapar un suspiro profundo. Una traducción mejor sería: «él gimió.» Un gemido es una expresión de dolor. ¿Por qué estaría Jesús sintiendo dolor?
Quizás fuese porque estaba unido emocionalmente al hombre, que ha vivido la marginación y el rechazo. Pero está a punto de sanarle. ¿Por qué Jesús no le sonría y le dice: «Ahora verás lo que voy a hacer por ti?
Lo que ocurre es que se está dando una identificación aún más profunda. Sanar a este hombre tiene un coste. Marcos así lo señala con la palabra que utiliza para «sordo y que hablaba con dificultad».
Emplea una palabra griega, moglilalos que solo se usa una vez más en toda la Biblia, en Isaías 35:5. Es una palabra poco común y Marcos no la usaría a menos que quisiera establecer una conexión con Isaías 35. El profeta Isaías dice acerca del Mesías:
«Sed fuertes, no tengáis miedo. Vuestro Dios vendrá […] con retribución divina vendrá a salvaros. Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo» (Isaías 35:4-6).
Lo que dice Marcos es: ¿Veis cómo se abren los ojos de los ciegos? ¿Veis que los sordos oyen, oís la lengua del mundo gritando de alegría?
Dios ha venido como Isaías prometía; Dios ha venido a salvarte. Jesucristo es Dios que ha venido a rescatarte. Jesús es el Rey.
Hay algo más sobre lo que Marcos quiere que reflexionen sus lectores. Isaías dice que el Mesías vendría a salvarnos «con retribución divina».
Sin embargo, Jesús no está atacando a la gente. No saca su espada. No ha tomado una posición de poder; sino que está repartiendo poder. No ha conquistado el mundo; sino que está sirviendo al mundo.
¿Dónde está la retribución de Dios?
Y la respuesta es que no vino a traer la retribución de Dios, sino a llevarla sobre sí. En la cruz, Jesús se identificó por completo con nosotros. En la cruz, el Hijo de Dios fue rechazado, expulsado de la mesa sin probar migaja, para que aquellos de nosotros que no éramos hijos de Dios fuésemos adoptados y aceptados en la familia de Dios.
Dicho de otro modo, el Hijo se convirtió en perro para que los cachorrillos pudiesen llegar a ser hijos e hijas que se sientan a la mesa.
Ahora sabes por qué puedes acercarte a Jesús porque Él se identificó con nosotros de ese modo tan radical. El Hijo se hizo perro que nosotros los perros pudiésemos acercarnos a la mesa, se hizo mudo para que nuestras lenguas cobraran vida para llamarle Rey.
No te automargines pensando que no puedes ser sanado. No seas orgulloso pensando que lo que el evangelio dice tus limitaciones no es verdad.
No te desmoralices pensando que el amor de Dios del que el evangelio habla no puede ser para ti.
Las primicia de dar a Di♡s el 1er lugar .
Me gustaMe gusta
Las primicia de dar a Di♡s el 1er lugar .
Me gustaLe gusta a 1 persona