
Estamos acostumbrados a manejar los conflictos conforme a nuestras creencias. Incluso tenemos la indudable habilidad de luchar por nuestros derechos con uñas y dientes.
Nuestros derechos son inmutables y tenemos la tendencia natural a darlo todo por ellos,inclusive nuestras vidas.
A lo largo de la historia de la humanidad, nos hemos enfrentado a movimientos que han luchado por los derechos de los más desfavorecidos, inclusive se han librado guerras en aras de esa libertad, pero ¿qué sucedería si lo resolviéramos a la manera de Jesús?

Alguna vez te has preguntado ¿cómo Jesús lo resolvería? Recordemos que cuando nuestro Señor estuvo en la tierra, su pueblo estaba sometido al imperio romano, y que la inconformidad de la ciudadanía crecía día con día. Había rebeldes hebreos llamados zelotes, radicales que luchaban por la libertad del pueblo judío, luchaban por sus derechos.
En ninguno de los evangelios se menciona que Jesús incitara algún tipo de revuelta por los derechos del pueblo judío. Jamás hace alusión a ir contra la autoridad establecida.
Por lo tanto, dice una de las frases más famosas:
“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” (Mateo 22:21, RVR60)
Siguiendo este orden, ¿qué es lo que nos hace creer que debemos luchar y resolver nuestros conflictos de identidad a través de la guerra o la lucha contra determinados estratos de la sociedad? Nuestro ego.
Este ego es lo que nos hace creer que no podemos dejarnos de nadie, que tenemos la razón y, por lo tanto, merecemos esa validación.
No quiero decir que estas luchas sociales no sean importantes y no ayuden a mejorar. Estoy consciente que por esas luchas hoy, como mujer, puedo votar y tener derecho a una educación. Sin embargo, si siguiéramos los planes de Dios, esas luchas no hubieran sido necesarias.
Pero ¿cómo resolver un conflicto de acuerdo con las enseñanzas de nuestro Señor? Lo primero que debemos hacer es orar por guía, no está mal callar. Creemos que, si no respondemos a nuestros agresores,no estamos defendiendo nuestros derechos. Y estamos permitiendo que pasen por encima de ellos, muchas veces lo mejor es callar.
Recuerda que una persona herida tendrá la tendencia a herir a otros, así que, la primera cosa por hacer es orar por sabiduría, muchas veces esta sabiduría se traduce en callar.
El siguiente paso es “no engancharse”, esto quiere decir, que no sigas la corriente del pleito, no pelees, no discutas, solo escucha con paciencia.
Una vez que la persona haya terminado de exponer su problema, puedes hacer peguntas, recuerda siempre guardar la calma. Las preguntas no van encaminadas a herir, las preguntas te servirán de guía para conocer su estado emocional ¿podrías decir algo como “lamento que te sientas de esa manera? ¿cómo crees que podría apoyarte?”
Sé que en medio de una discusión es difícil, pero recuerda que el Espíritu Santo habita en ti y Él te da la sabiduría, solo actúa con base en lo que oraste, así funciona la fe.
Trata de llegar a un acuerdo. Recuerda que, cediendo pierdes, podrías ganar mucho más de lo que imaginas sí te das la oportunidad de no ganar una discusión que solo alimentará tu ego, pero, si de perderla para ganar paz y para ver milagros a tu alrededor, que de otra manera no habrías experimentado.
Por último, recuerda que quién pelea por ti es Dios, no hay nada que pase en tu vida sin que Él no lo sepa. Él sabe de esa injusticia, de esa pelea o desacuerdo en el que pareciera que tú sales perdiendo.
Pero, recuerda lo que dice:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (RVR60)
Romanos 8:28 RVR1960
Tu Padre celestial jamás permitirá que pasen por encima de ti, sin un propósito en el cual tú saldrás beneficiado de alguna manera sobrenatural.
Él jamás permitirá la injusticia, pero ciertamente la usará para formarte. Puede ser que eso que catalogas como una injusticia, en realidad sea la bendición que te acerque más a tu propósito.
Jehová es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia.
Salmo 103:6 RVR 1960
Créeme, cuando necesites luchar, Dios te lo hará saber e inclusive abrirá las puertas que estaban cerradas para llevarte al lugar que Él tiene destinado para ti.


AMADO DIOS
Señor mío y Dios mío, al iniciar este bello día vengo delante de Ti para darte gracias por permitirme ver y disfrutar de otro amanecer rodeado de tu amor, de tu bondad y de tu provisión.
Gracias Señor por todas las cosas maravillosas que Tú haces en mi vida, gracias por el hogar que protegió mi sueño y el sueño de mi familia, gracias por el pan que hay en nuestra mesa y gracias porque sabemos que Tú siempre estás a nuestro lado guiándonos por aquel bello camino que desde hace tiempo preparaste especialmente para nosotros.
Amado Dios, en esta mañana quiero entregarte mi vida, la vida de mis seres queridos y todas nuestras ilusiones. Te suplico que nos mantengas a salvo del peligro que asecha, de las personas malintencionadas y de todo aquello que pretenda perjudicar nuestro bienestar.
Por favor danos la fuerza y la sabiduría para poder lograr cada una de las metas que nos hemos planteado y danos la capacidad para luchar y perseverar ante las pruebas, las injusticias y las dificultades.
Ilumina nuestros corazones para que seamos capaces de amar y entender a nuestros semejantes, incluso a aquellos que nos han hecho daño y permítenos ser un humilde instrumento de tu obra, para así, tomar las mejores decisiones en beneficio de todos.
Padre celestial, Tú eres mi refugio, mi consuelo, mi guía y mi autentica fortaleza, solo en Ti encuentro la paz que mi alma precisa y sé que bajo tu amparo, de nada habré de temer.
Amado Dios, te alabo y te bendigo en este nuevo día que apenas empieza, te agradezco por cada persona con la que voy a compartir y por todo aquello que Tú has preparado especialmente para mí. Por favor dame tu mano, ayúdame a ir siempre hacia adelante y en tu compañía, poder avanzar hacia destinos de bienestar, alegría, abundancia y bendición, Amén.
Por Ma. Guanajuato González Castañales.












