…cualquier hombre o institución que trate de despojarme de mi dignidad, fracasará…
Nelson Mandela
La dignidad, ha sido definida como “Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden…”

Nelson Mandela, abogado, fue el primer mandatario negro que encabezó el Poder Ejecutivo, y el primero en resultar elegido por sufragio universal en su país, Estuvo encarcelado durante 27 años, primero en laisla Robbeny después en las prisiones dePollsmoory de Víctor Verster. Campañas internacionales abogaron por su liberación, y fue excarcelado en 1990 en medio de una convulsión social en Sudáfrica.
A través de la historia el hombre ha luchado para que se le respecte su dignidad y esto para hacerse respetar del más fuerte o de injerencias arbitrarias en su vida por parte de autoridades.
La dignidad de las personas es de las más vulnerables dentro de la sociedad, en las familias y en las personas. Esto se debe a estereotipos de género, discriminación y a matices pluriculturales heredadas del pasado, salvo honrosas excepciones por parte de personas quienes han sabido respetar la dignidad de su semejante como valor supremo.
En este sentido Sor Juana Inés de la cruz, dijo: “no estudio para saber más sino para ignorar menos”. Así, cuando se transgrede la dignidad de otra persona es señal de carencia afectiva, educativa y de desvalorización de derechos humanos., entonces hay que estudiar como elevar la dignidad tal grado de visibilizarla. Esto nos permitirá entender la dignidad desde la práctica., sin embargo, lo que existe es un falta de conocimiento de lo que implica la dignidad y por ello existen los múltiples problemas entre personas.
La pérdida de la dignidad en la persona por no reconocerle sus derechos la invisibiliza como ya dijimos y la ridiculiza frente a otros a tal grado que subsiste el que más poder tiene.
Es muy fácil desconocer la dignidad y difícil reconocerla por múltiples circunstancias entre las cuales se pueden encontrar; la lucha de poder, la soberbia, la arrogancia, el menosprecio. La lucha por reconocer la propia dignidad es inevitable, a Mandela, como leímos le costó años de cárcel. Al final, también, se reconoció la dignidad de su pueblo.
La dignidad de una persona es un tema poco comprendido y practicado aún por intelectuales, como ya lo dijimos, desconocemos el valor de un ser humano.
Tal vez dignifiquemos la dignidad de la mujer que llamamos madre, pero nos comportamos groseros con otra mujer llamada esposa; hija, compañera de trabajo, la trabajadora doméstica, entre otras. También ocurre con la dignidad del hombre llamado padre, pero, nos comportamos violando la dignidad de otro ser ajeno a mi propia familia llamado padre, esposo, trabajador, menospreciando su dignidad con desdén y desprecio.
De lo anterior se puede afirmar que las personas no estamos exentas de sufrir un atentado a nuestra dignidad en cualquier momento. Este atentado a la dignidad de la persona es tan grave entre los individuos.
Como entre las naciones, por ello, surgieron acuerdos y esfuerzos para establecer internacionalmente el respeto a la dignidad de los derechos de los niños, mediante la Convención de los Derechos del Niño; el respeto a la dignidad de las personas con discapacidad, a través de la Convención de las Personas con Discapacidad., la atención de la dignidad que merece la vejez, por medio de la Convención de las Personas Adultas Mayores. El reconocimiento de la dignidad de la mujer para fortalecer sus derechos patentados en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención de Belém do Pará.
En general, el reconocimiento de la dignidad humana que establece la Convención Americana de los Derechos humanos, entre otros tratados internacionales, surgen porque en los gobiernos internos se ha violentado la dignidad de la persona, por lo que surgen estos instrumentos como contrapeso al poder arbitrario del hombre o de los gobiernos.
De esta forma es innegable y visible que entre los seres humanos existe la dureza de corazón de unos contra otros y sin justificación alguna lastima la dignidad y de esta forma aparece la violencia de todo tipo por medio del maltrato, la humillación, la degradación, la discriminación, la desaparición de personas, la tortura, entre otros .
En este orden de ideas las ciencias han tratado de encontrar las causas de ese comportamiento arbitrario, por ejemplo, la criminología ha tratado de explicar que su origen se debe a factores sociales, psicológicos, demográficos, genéticos llegándose a concebir dentro del campo de la neurociencia y neuroderecho que según en palabras del Doctor Gerardo Laveaga Rendón, del Instituto Nacional de Ciencias Penales en México, “es una ciencia que está a la vuelta de la esquina para ser implementada”, y la referida neurociencia justifica que todo radica en el cerebro al presentarse deficiencias neuronales en las personas. De esta forma se cuestiona así, si el delincuente pudo haber tenido otra opción para no haber realizado la conducta ilícita que se le reprocha.
La realidad de todo esto es que la arbitrariedad a la dignidad es algo tan real y silencioso que se practica cotidianamente e incluso se ha llegado a normalizar dentro de la vida común.
Ahora bien, hagamos la siguiente interrogante; ¿Cómo sería y cómo funcionaría la sociedad si se respetara la dignidad humana? Respondiendo sinceramente creo que se superaría la obra literaria “un mundo feliz” del inglés Aldous Leonard Huxley. Sería una sociedad con una alta autoestima, no existiría angustia ni depresión, ni suicidios, ni mucho menos el mundo de las adicciones, sin embargo de algo si estamos seguros de que cuando deja de existir el respeto a la dignidad se acumula resentimiento y odio de la victima agredida en su dignidad.
Por lo anterior es preciso preguntarnos ¿Cómo es el sentir y comportamiento que tiene una persona afectada en su dignidad? Diremos que adquiere la calidad de agraviada, es decir, aquella que reciente la agresión del victimario; éste, es el ejecutor, la persona que lastima que hiere de distintas formas., la victima reciente la afectación en su honor reputación, decoro, sentimientos y se le envilece. La victima ya no es la misma, aunque se le repare el daño.
Un ejemplo que puede ilustrar lo anterior, expuesto fue lo acontecido con los 43 normalistas desaparecidos, en Ayotzinapa, cuyos responsables fueron liberados tiempo después en virtud de que se atentó en contra de su dignidad ya que en un primer momento se desconoció su dignidad de personas inocentes y mediante actos de tortura fueron compelidos a aceptar su responsabilidad, así como este ejemplo, así se puede trastocar la dignidad de las personas en cualquier momento.
Por otro lado, la omisión en el cumplimiento de nuestras obligaciones también puede afectar la dignidad de las personas. Si el omiso incumple con la obligación de respetar la dignidad se le exigirá ese respeto de cara a la justicia, pues no hay otra forma hablando legalmente., contrario a lo anterior sería cumplir las obligaciones que nacen dentro del matrimonio; la paternidad, la guarda y custodia entre otros. Lo cierto es que muchísimas personas deambulan por el mundo cubiertas bajo la sombra del anonimato, afectando y siendo afectadas en su dignidad.
En la actualidad es posible hablar de juicios de reparación del daño por la violación a la dignidad, sin embargo, no todos tienen la capacidad económica ni el tiempo para iniciar tal juicio. Las personas se quedan como dice el dicho “cada quien se queda con su golpe”.
Muchos se quedan sin saber que hacer o si saben, no intentan iniciar un juicio de reparación del daño por la afectación a esa dignidad, ya sea contra el Estado o contra un particular, por muchas razones; falta de economía, falta de voluntad o porque el daño se vuelve irreversible que no queda el ánimo para iniciar ninguna acción en contra del agresor sin dejar de mencionar la revictimización.
El atentado contra la dignidad existe, pero lo hacemos invisible, en una sociedad donde simulamos que toda va bien y cantamos como lo hiciera el canta autor mexicano José José, diciendo: “…disimula haz como si no pasara nada…”. Vivimos así, aparentando, pensamos que todo está bien, pero no, cada persona sufre en silencio el atentado a su dignidad.
Por ejemplo; la mujer que vive inmersa dentro de un contexto de violencia desarrolla tal adaptación que desconoce si se le está afectando su dignidad; la madre que recibe malos tratos por parte de sus hijos y/o de su esposo y que no denuncia por temor a perderlos, tiene que invisibilizar la violencia a su dignidad “por amor”, sin que se haya entendido la autoconciencia del valor y el respeto de una persona por el simple hecho de serlo.
Es difícil mas no imposible concienciar a la humanidad para que respete la dignidad de otras personas y elevar el verdadero valor humano como una forma de comprensión al transitar la efímera existencia en forma feliz y armoniosa. Solo así podremos descubrir que podemos explorar y explotar las bondades del ser humano que vive dentro de nosotros.


Queda prohibido llorar sin aprender, levantarte un día sin saber qué hacer, tener miedo a tus recuerdos.
Queda prohibido no sonreír a los problemas, acompañarte en tu dolor y la lucha por ti, tus sueños y tu felicidad, abandonarlo todo por miedo, y no convertir en realidad tus sueños.
Queda prohibido no demostrar tu amor, hacer que alguien pague por tu mal humor.
Queda prohibido dejar a tus amigos,no intentar comprender lo que vivieron juntos, llamarles solo cuando los necesitas y olvidar a toda la gente que te ama.
Queda prohibido no vivir tu vida con una actitud positiva,no pensar en que podemos ser mejores, no sentir que sin ti este mundo no sería igual y que el amor puede ser lo que sea que le permitimos ser.








