El Sueño De Leonora

Por Xatziri García Arano

Los sueños son importantes, ¿alguna vez has escuchado la frase que dice “el amor mueve al mundo”?

Bueno… los sueños son su combustible, permiteme contarte una historia de cómo el sueño de alguien puede cambiar la vida de muchos. 

Era un día como cualquier otro, cálido y dulce, los pajaritos cantaban la misma melodía con la que Leonora había crecido, era una canción que le recordaba su niñez, esos días en casa de la abuela, sin preocupaciones mientras alimentaba a las gallinas y a los cerdos que se criaban.

Leonora había crecido en un rancho junto a su abuela, una mujer dura pero de buen de corazón, que no había tenido otro remedio que cuidarla ya que sus padres nunca regresaron.

Hubo muchas historias alrededor de su desaparición, que si los habían emboscado los invasores extranjeros, o que el esposo había matado a la esposa en un arranque de celos y había huido, no sin antes deshacerse del cuerpo.

Lo cierto es que el padre había ido a la guerra, cabo del ejército y su madre, al saber que su amado esposo jamás regresaría, perdió la mente y termino ahorcándose en el ciruelo de la casa de la abuela de Leonora, la encontraron una mañana de madrugada cuando salían a ordeñar las vacas, los chalanes.

De esta manera, Doña Catita, no había tenido más remedio que quedarse con la pequeña de seis años a su cargo, era lo único que le recordaba a su hijo, el cabo del ejército.

Leonora, hecha ya una hermosa mujer, ahora criaba a sus hijos en el pueblo, a unos 60 kilómetros del rancho de Doña Catita, quien aun vivía ahí con 90 años de edad.

En ese día no había nada diferente, todo sucedía de manera cotidiana, mientras preparaba la comida escucho una voz que le decía “¿Vas a seguirme o continuarás negando tu naturaleza?” Esta voz, sonó tan fuerte que la asustó, no supo qué responderle, esa voz que estaba segura no era la primera vez que escuchaba. 

Desde ese momento, Leonora no pudo dejar de pensar en esa pregunta, pero, había cosas que hacer, atender a los niños cuando regresaran de la escuela y a su esposo, así que decidió no prestar mucha atención, por ahora.

Todos los días, los niños de Leonora y su esposo, Don Julio, un hombre muy respetado en la comunidad, asistían a la escuela del pueblo, donde Valiente, el hijo mayor de la pareja se destacaba academicamente, era un jovencito con una naturaleza curiosa y con una memoria envidiable. 

Un muchacho con noble corazón, fuertes convicciones, y muy testarudo. 

Don Julio, había llegado un día al pueblo, nadie sabe de dónde pero parecía ser hombre honesto así que nadie pregunto, ya que fue quien puso la primera tienda del lugar, ganandose el respeto de la comunidad.

Un día Leonora caminaba por la calle donde se encontraba la tienda junto a Doña Catita, cuando el joven Julio la vio, inventándose la excusa mas tonta posible para acercarse a ella, había quedado prendado de sus ojos azules, heredados por su padre, el cabo del ejército y su abuelo Macario, difunto esposo de Doña Catita. 

Don Julio solía decir que los ojos de Leonora era como podía saber que existía un Dios, la miraba y podía ver en ellos el cielo, su cielo.

Él la amaba profundamente, hubiera querido vivir para siempre con tal de nunca dejar de mirarlos.

Por esa razón fue bueno que Don Julio partiera de este mundo primero que ella, nadie podría imaginar la reacción del esposo si la hubiera perdido antes, así que el pueblo decía que fue un acto de misericordia de Dios para Don Julio quien se fue de este mundo a la edad de 70 años, mirando fijamente a su cielo, los ojos de su Leonora. 

Eran ya las 4 de la tarde cuando los niños atravesaron la puerta de madera de la entrada de la pequeña casa, corriendo y brincando, venían con hambre, estos niños eran la luz de ese hogar.

La madre, Leonora, los sentó y les dio de comer a los 4 pequeños. Valiente de 12 años, llevaba ese nombre en honor al abuelo, el cabo del ejército, ya que estando en combate había demostrado ser tan valiente que miro a la muerte a los ojos, bueno, eso decían sus compañeros de armas; Emilio, era el segundo hijo, con solo 10 años de edad les daba dolores de cabeza a sus padres; Elena, la dulce pequeña de 7 años y por último, Julia la bebe de la casa, tenía 4 años.  

Esa tarde Leonora pensaba en la pregunta ¿vas a seguirme o continuaras negando tu naturaleza? 

– ¡¿Que querrá decir!? se preguntaba,

– ¡¿Que querrá decir!? se volvía a preguntar con cierto grado de tristeza por no poder entender del todo. 

El tiempo pasa y no perdona, aunque siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien.

Leonora miraba por la ventana mientras tomaba una taza de café, suspiraba y pensaba en sus años vividos, ¿qué querría decir esa voz? Parecía cada vez más cercana, era como si pudiera tocar esa voz, tan dulce y suave como un susurro. 

A la mañana siguiente todo se había esfumado, Leonora dormía plácidamente en su cama, era como si sólo hubiera cerrado sus ojos, seguía siendo hermosa aunque su piel estaba fría esbozaba una sonrisa de oreja a oreja.

Valiente la miraba, estupefacto, nunca pensó en este momento, amaba a su madre pero tenía tiempo sin verla, había salido muy joven a conocer el mundo y a hacerle honor a su abuelo, el cabo del ejercito, que había olvidado las interminables conversaciones con su madre y los sueños que soñaban juntos, el sueño de Leonora.  

Fue así, como Valiente recordaba el día en que enterraban a su madre; 

el corazón nunca olvida el lugar donde dejó sus mejores latidos. 

Hacia mucho calor y no podía moverse, Valiente se preguntaba qué había hecho tan mal para merecer esto, había olvidado el sueño de Leonora y de pronto escucho esa voz acusadora.

VOZ ACUSADORA: En realidad, todo lo hiciste mal

VALIENTE: ¿De qué hablas? Hice todo lo mejor que pude, me esforcé, logre llegar muy alto, hubo un momento en que tuve todo y a manos llenas, no me falto hacer nada.

VOZ ACUSADORA: ¿Eso crees?

VALIENTES: ¿Qué quieres decir con eso?

VOZ ACUSADORA: Bueno… ¿y dónde esta todo y todos de los que hablas? ¿Dónde están esas cosas que tuviste a manos llenas? El poder… ¿Puedes hacer algo con ello ahora?

VALIENTE: Pero… 

VOZ ACUSADORA: ¿Lo ves? ¿Quién recuerda esas cosas aparte de ti? ¿Tus hijos, tu esposa, tus amigos? Estas aquí solo, solo con tus recuerdos.

VALIENTES: Ellos me aman, soy su padre…

VOZ ACUSADORA: Dime entonces algo de su corazón, ¿cuáles son sus sueños, gustos, temores?

VALIENTE: Yo… yo… no lo sé

VOZ ACUSADORA: Es verdad, no conoces a nadie… Sólo estabas interesado en ti mismo y tus logros… ¿Qué diría Leonora de todo esto?  Dejame pensar… ¡Oh claro! ¿A quién le importa? Olvidaste su sueño y esta muerta, igual que tu.

VALIENTE: Es verdad, ella esta muerta, tal vez pronto podré volver  a verla.

VOZ ACUSADORA: No creo que ha dónde tu vas la veas. ¿Acaso estas creyendo? Espera… lo veo en tus ojos, crees que tu… jajaja… ¿tu mereces librarte de esto? ¿Crees que iras al cielo? 

Veamos, eres egoísta y orgulloso, sólo por mencionar algunas, nunca amaste a tu esposa ni supiste cuidar su corazón, ella enfermo y enfermo a todos los que estaban a su alrededor.

Bien la oí decir que olvidaste tu destino, olvidaste el sueño de Leonora. No te preocupes, yo te ayudaré a no olvidarlo, aquí en esta cama ya no puedes cumplir nada.

La vos acusadora lo dijo con cierto aire sarcástico, hizo que la piel de Valiente se enchinara, no recordaba su destino y sintió temor al recodar que tenía un destino sin cumplir.  

Tuvo temor de cerrar sus ojos y ver a su madre preguntarle por su sueño, lagrimas corrieron por sus mejillas al recordar sus hermosos ojos azules que brillaban cuando soñaban juntos, sueños que ahora no podía cumplir postrado en una cama de hospital.

Y así fue como entendió que la vida no solo eran placeres mundanos, como acumular cosas o ser algo o alguien, sino que se trataba de corazones sanados, amados y restaurados.

La vida era más allá que una cama de hospital, era una aventura que valía la pena vivir, que no había errores o aciertos, sino experiencias que nos permiten crecer y encontrar la felicidad, nuestra felicidad. 

Y se preguntó… ¿Cómo no lo vi antes? ¿Cómo no lo entendí aquella noche en que me llamaste por mi nombre con tu suave murmullo? Ahora solo espero tu misericordia, la que dice que todo obra para mi bien.

Pero ¿en qué estoy pensando? Claro que aun puedo caminar hacia mi destino, estoy vivo y puedo respirar, aun hay tiempo. 

Todas las mañanas Frida y Diego llegan a mi ventana, desayunan y murmuran entre ellos para terminar mirándome inquisidoramente, cómo preguntando en qué momento me atreveré a hacerlo, es como si me invitaran a volar a su lado y descubrir la vida, la vida que esta destinada para mi, la vida que Dios imagino para mi. 

Entonces me levanto lentamente de la cama y abro mis alas, ya nada me pesa y puedo escuchar el sonido de mi voz gritando ¡libertad! Mientras recorro el cielo azul, tan profundo como los ojos de mi Leonora, libre y fuerte como cuando era joven, siempre Valiente. 

Crónicas Bíblicas: Los Obreros De La Viña.

Parte 2

Mateo 20

Es significativo que le dio instrucciones al mayordomo para que pagara a los trabajadores en orden inverso. El contexto inmediato indica que esta es la clave para entender el significado de la parábola, y en breve veremos por qué.

Pero por ahora,observe que los hombres en el frente de la línea habían trabajado solo una hora. Los que estaban al final de la línea habían trabajado doce.

Sin embargo, al mayordomo comenzar a distribuir la paga, los que había trabajado por menos tiempo «recibieron cada uno un denario». Ellos recibieron el salario de un día completo en la escala salarial de un soldado a cambio de solo una hora de mano de obra no calificada.

Deben de haberse sentido extremadamente agradecidos por la generosidad del dueño de la viña.

Sin duda, los hombres al final de la fila se les estarían haciendo la boca agua. Según sus cálculos, el propietario de la viña se había comprometido apagar un denario la hora.

Deben haber asumido que en el momento en que llegara a ellos, iban a recibir doce días de salario.Hay una elipsis en este punto de la narración de la historia de Jesús.

Él no describe en realidad cómo se les pagó a los grupo de las tres, el mediodía y las nueve de la mañana, pero la implicación clara es que también recibieron cada uno un denario.Los versículos 10 al 12 continúan: «Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo:Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día ¿Es esto justo?¿Qué les había prometido darles el hacendado? «Un denario al día» por una pequeña fracción de esto, ya que él no estaba en posición para negociar.

Si no trabajaba, tal vez no comería ese día. Además, era feroz la competencia por los puestos de trabajo temporales. El señor de la viña en la parábola de Jesús fue inusualmente generoso al ofrecerles a los jornaleros un denario completo para un día de trabajo.

Era un salario honorable, mucho más de lo que los trabajadores temporales normalmente recibirían por mano de obra no especializada.

Naturalmente, el grupo que comenzó temprano en la mañana estuvo de acuerdo sin discusión con los términos y se puso a trabajar.

A la tercera hora (9:00 am), el hacendado volvió al mercado. La parábola lo retrata como un hombre amable y generoso, no abusivo o aprovechador. Así que tal vez él no necesitaba estos trabajadores adicionales, sino que sintió compasión a causa de la extrema necesidad de ellos.

Todavía había muchos en el mercado que estaban sin trabajo. Estaban allí ociosos, no porque no quisieran trabajar, sino porque nadie aún los había contratado. Esta vez el propietario de la tierra no negocia ninguna cantidad especifica antes de contratar a los trabajadores y los envía a su viña.

Todo lo que dice es: «os daré lo que sea justo» (Mateo 20.4). «Y ellos fueron». Deben haberlo conocido como un hombre de honor y le tomaron su palabra, a pesar de que los términos eran vagos. Ya con tres horas en la jornada laboral sin perspectivas de trabajo, no estuvieron en una posición de negociación. Ellos tenían que tomar cualquier cosa que pudieran conseguir. «Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo» (v. 5).

El continuó volviendo al mercado a intervalos regulares, al mediodía y a las tres de la tarde, buscando a todo el que pudiera trabajar en su viña. La jornada de trabajo prácticamente había pasado cuando el versículo seis dice que él fue una vez más «cerca de la hora undécima» (5:00 pm).

A solo una hora más en la jornada de trabajo, todavía encontró más trabajadores a la espera. Estos eran hombres persistentes que habían estado esperando todo el día, estaban tan ansiosos por un trabajo que aún no se habían dado por vencidos.

Sin duda, después de un día de infructuosa espera, estos hombres estaban totalmente desanimados, pensando que no serían capaces de proporcionar algún sustento para sus familias ese día. Una vez más, no hay que confundir la inactividad de ellos con indolencia.

Cuando el dueño les dijo: «¿Por qué estáis aquí todo el día desocupado?». ellos respondieron: «Porque nadie nos ha contratado». Tal vez eran mayores. más débiles o de alguna forma menos calificados para el trabajo duro en el campo.

El hacendado les contrató en el acto con los mismos términos imprecisos que había utilizado con el grupo de las nueve de la mañana: «Id (Mateo 20.2). No solo era que un salario justo; era inusualmente generoso para trabajadores de salario mínimo. Esto es lo que felizmente acordaron. Sin embargo, estaban resentidos contra el dueño. La palabra traducida «murmuraban» en el texto griego es egogguzon.

Es onomatopéyica: la palabra misma forma un sonido que evoca su significado. Suena como una denuncia o queja. Ellos murmuraban en voz baja, quejándose de la paga que recibieron. Cuando el propietario de la tierra oyó la queja, le contestó a uno de ellos: «Amigo, no te hago agravio; ¡no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ; No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?» (Mateo 20.13-15). La expresión «tienes tú envidia» habla de los celos.

Pero seamos sinceros: los celos son un aspecto intrínseco de la naturaleza humana caída. Casi todo el mundo en el final de esta fila de pago probablemente habría sentido un poco de resentimiento.

Después de todo, estos hombres habían trabajado las doce horas del día, la mayor parte bajo el calor del sol, mientras que los trabajadores contratados a las cinco de la tarde comenzaron a trabajar bajo una brisa fresca en el crepúsculo y trabajaron solo una hora.

Pero no podemos perder de vista el hecho de que cuando se contrató al grupo de las seis de la mañana, ellos estuvieron muy contentos con la oferta de un denario al día. Ellos comenzaron la jornada de trabajo de muy buen humor, encantados de que el propietario de la tierra fuera extremadamente generoso con ellos. Él les estaba ofreciendo más del salario que razonablemente podían esperar.

¿Qué ha cambiado el estado de ánimo de ellos tan drásticamente? Solo que alguien menos merecedor (o así lo creían) era tratado con más generosidad. Al instante se sintieron maltratados, envidiando la buena suerte de la otra persona.

Toda la actitud de ellos cambió. No podían soportar la idea que otros trabajadores recibieran el mismo salario sin trabajar tan duro como ellos lo hicieron. De repente, la gratitud y admiración de ellos por la generosidad extrema del hacendado dieron paso al amargo resentimiento. Los obreros de la hora undécima, por supuesto, estaban en éxtasis. Ellos entendieron mejor que nadie cuán gentilmente había sido tratados (cp. Lucas 7.40-48).

El proverbio Ahora mire el contexto inmediato de esta parábola y note que tanto el prólogo como el epilogo son un simple proverbio: «Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros» (Mateo 19.30). (La separación entre Mateo capítulo 19 y 20 es una interrupción artificial.

El último versículo del capítulo 19 en realidad introduce la parábola que sigue). Entonces el mismo proverbio se repite al final de la parábola: «Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros» (Mateo 20.16).

Un eco del refrán también se encuentra en la parábola en sí, en esa frase clave en Mateo 20.8, donde el dueño instruye al mayordomo cómo pagar a los trabajadores sus salarios: «Llama a los obreros y págalas el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros».

Jesús utilizó variaciones de este mismo proverbio en otras ocasiones. La encontramos, por ejemplo, en Lucas 13.30: «Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros»; y en Marcos 10.31: «Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros».

El proverbio es también una especie de enigma. ;Qué significa? No está diciendo exactamente lo mismo que Marcos 9.35: «Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos». O en Marcos 10.43-44: «El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos».

Estos versículos realzan la humildad y el sacrificio. Son imperativos: mandatos que nos dan instrucciones para ser siervos humildes en lugar de buscar protagonismo y poder. Pero el proverbio que aparece en esta parábola está en indicativo, una simple declaración de un hecho: «Los primeros serán postreros, y los postreros, primeros». ¿Qué significa esto y cómo funciona?

En una carrera a pie, por ejemplo, la única manera de que los últimos sean los primeros y los primeros sean últimos es que todo el mundo termine la carrera al mismo tiempo. Si todo el mundo cruza la línea de la meta exactamente en el mismo instante, los primeros son últimos y los últimos son los primeros. Todo el mundo termina empatado.

Esta, por supuesto, es precisamente el asunto que Jesús estaba mostrando en la parábola. Los contratados primero y los últimos todos obtuvieron exactamente el mismo salario. Todos ellos, desde el primero hasta el último, tuvieron todos los beneficios de la generosidad del propietario de la tierra a partes iguales. ¿Qué lección espiritual se encuentra en esta historia?

El punto

La lección es muy simple: la historia es un cuadro preciso de la soberana gracia salvadora de Dios. Ya que los pecadores son completamente indignos y las riquezas de la gracia de Dios son inagotables, todos los creyentes reciben una cuota infinita y eterna de su misericordia y bondad, aunque nadie realmente se lo merece. «En quien [todos] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Efesios 1.7). El «nos resucitó [juntos], y asimismo nos hizo sentar [juntos] en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (2.6-7). Esto habla de todos los que son redimidos.

Es la buena voluntad del Padre darles el reino (Lucas 12.32) a todos ellos y en igual abundancia. El ladrón moribundo que se arrepintió en sus últimos momento sentró en el paraíso, donde está disfrutando de la vida eterna y la comunión eterna con Cristo lo mismo que Pedro, Jacobo y Juan, quienes literalmente dieron sus vidas en servicio del Salvador.

El propietario de la tierra en la parábola representa a Dios. El viñedo es el reino, la esfera del gobierno de Dios. Los trabajadores son los creyentes, personas que entran en el servicio del Rey. El día de trabajo es su vida.

La noche es la eternidad. El mayordomo, tal vez, representa a Jesucristo, a quien le ha sido todo el juicio. El denario representa la vida eterna. Advertencia: esta paga no es algo que los trabajadores se han ganado.

No se les da a ellos como un salario mínimo en un intercambio justo por el trabajo realizado. Es demasiado para eso. Más bien, esta representa un don de gracia, un don espléndido que supera la mejor recompensa que jamás podría merecer cualquier día de trabajo.

Así que este es el punto: si usted es un creyente genuino, recibirá todos los beneficios de la gracia inconmensurable de Dios, al igual que todos los demás en el reino de Dios. Su lugar en el cielo no es un tiempo compartido donde el acceso se determina por cuánto tiempo pasó haciendo la obra del Señor.

Las bendiciones de la redención no se reparten en cuotas sobre la base de los logros personales. El perdón no se mide por el peso de nuestras buenas acciones en contra de nuestros pecados, ni es parcialmente retenido si hemos pecado demasiado tiempo o demasiado mal.

Todo el que entra en el reino recibe la abundancia plena de la gracia, la misericordia y el perdón de Dios. Esto es verdad, no importa el tiempo que haya trabajado en el reino de Dios. Esto es verdad, sin importar lo difícil o lo fácil que sean sus circunstancias.

Es cierto si su servicio fue mínimo o máximo; si muere como un mártir en la flor de la vida o lleva una vida bastante tranquila y muere de viejo.

Es verdad si viene a Cristo en la adolescencia o si se arrepiente verdaderamente de sus pecados al final de una vida libertina. Cuando esta vida terrenal termina, si usted es un creyente, va a estar con Cristo, al igual que el ladrón en la cruz (Lucas 23.43); al igual que el apóstol Pablo (2 Corintios 5.8); y al igual que cualquier otro santo que ha muerto desde entonces.

El cielo no es una recompensa por el servicio durante mucho tiempo por el trabajo duro. Algunas personas sirven a Cristo toda su vida y otras por un tiempo muy corto. Todos nosotros entramos en la misma vida eterna. Todos vamos a recibir las mismas bendiciones espirituales en el cielo.

Si esto parece poco equitativo, recuerde que es mucho más de lo que cualquiera de nosotros se merece. Los beneficios del reino son los mismos para todo el mundo, porque en el primer lugar somos redimidos solo por la gracia de Dios, y nada más.

Esta es realmente una buena noticia para usted y para mí; nosotros no tenemos que ganarnos nuestro camino al reino. El cielo no se basa en nuestros méritos. El propósito ¿Por qué Jesús ideó esta parábola en este contexto? Los sucesos que Mateo relata antes y después de la parábola responden esta pregunta.

Nuestro Señor presentó esta analogía principalmente para el beneficio de sus doce discípulos inmediatamente después de su conversación con el joven rico. Este joven con gran riqueza e influencia había llegado hasta Jesús para preguntarle: «Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?» (Mateo19.16).

El posiblemente pensaba que sería alabado porque claramente creía que había cumplido todos los deberes espirituales y que su vida estaba en orden. Ciertamente parecía un prospecto evangelístico prometedor. Pero en lugar de simplemente darle las buenas nuevas del evangelio, Jesús lo retó en cuanto a su obediencia a la ley. Cuando el joven insistió: «Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?» (Mateo 19.20), Jesús le dijo que vendiera todas sus posesiones, las diera a los pobres y lo siguiera.

Este era un sacrificio que el joven no estaba dispuesto a hacer. Jesús por lo tanto mostró el hecho de que el joven rico amaba más a su posesiones de lo que amaba a Dios o a su prójimo. En otras palabras, a pesar de que afirmó haber cumplido la totalidad de la ley de Dios, él estaba violando el primero y el segundo más grande mandamientos (Mateo 22.37-40).

Pero el hombre no reconocía esto. No dispuesto a enfrentar su pecado y arrepentirse, «se fue triste» (Mateo 19.22). Los discípulos se sorprendieron cuando Jesús claramente parecía poner obstáculos en el camino del joven rico en vez de animarlo. Ellos estaban desconcertados: «¿Quién, pues, podrá ser salvo?» (v. 25).

La respuesta de Jesús hace hincapié en el hecho de que la salvación es obra de Dios, no algo que algún pecador puede lograr por sí mismo: «Para los hombres esto es imposible; más para Dios todo es posible» (v. 26). Así que los discípulos estaban pensando acerca de la imposibilidad de merecer el favor de Dios.

Estaban, sin duda, examinando sus propios corazones. A diferencia del rico, de hecho, ellos habían dejado todo para seguir a Cristo (v.27).

Estaban buscando alguna garantía de Cristo mismo de que el sacrificio de ellos no era en vano. Esto es lo que promovió esta parábola. Cuando el joven rico se alejó, fue Pedro quien habló en nombre de todos los discípulos y dijo: «He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?» (v. 27).

Continuara…

Audio Crónicas: Los Rasgos de Excelencia De la Mujer.

Por John MacArthur

VOICEOVER

Judy Tapia Cerezo

NOTICIAS DEL REINO

TU PERIÓDICO DIGITAL

3 Alimentos Que No Te permiten Perder Grasa Abdominal.

¿Sabías que hay tres alimentos que no te permiten perder esa grasa abdominal?

Muchas veces me preguntan mis pacientes ¿por qué si hacen ejercicio y toman agua, no pierdo peso? Yo les comento, pero ¿cuántos carbohidratos comes diarios?

Generalmente las personas consumen carbohidratos refinados en exceso, galletas, donas, pasteles, helado, etc. Consumen más de 50 gr de carbohidratos. Esto quiere decir que se están excediendo de lo que el hígado necesita y lo que sobra lo convierte en grasa. 

Sí necesitamos carbohidratos, pero buenos como: los garbanzos, lentejas, arroz etc. pero la porción de tu plato tiene que ser la cuarta parte y lo que resta de proteínas: carne, pollo, huevo, queso y también de grasa: aguacate, aceite de oliva, etc. 

Haciendo esto ya no le meterás más carbohidratos de los que no necesita tu cuerpo y empezaras a perder la grasa acumulada en las partes no deseadas.

Si deseas saber más sobre el tema tengo un curso grabado en línea: ¿Deja de contar calorías y llega a tu peso ideal? En academia.sociedadiluminada.com

Ahora mencionara tres alimentos que tu pensarías que no tiene exceso de carbohidratos:

1) Yogurt de sabor: un solo envase pequeño de 6oz tiene como 26 g de azúcar, además contiene almidón modificado de alimentos.

El almidón modificado es un aditivo. 

Cuando uno compra que yogurt que nos dice sabor, esto significa azúcar añadida. La cual nos proporciona un exceso de carbohidratos que se van a convertir en grasa en nuestro abdomen. Por lo que yo recomiendo comprar un yogur natural sin azúcar añadida, ni 

endulzantes artificiales, pues éstos te pueden alterar la tiroides.

El natural sí tiene sus beneficios, ya que tiene proteínas y probióticos.

2) Barras de granola: Aunque parecen naturales contienen varios tipos de azúcar. Puedes comparar este tipo de barras, casi como una barra de caramelo.

¿Cómo podemos analizar esta etiqueta de una barra? Tenemos28.6 gramos de carbohidratos si, en la dieta 3 X 1 hay que solo consumir 50gramos de carbohidratos al día. Esto es mucho y no tiene ningún valor nutricional. Pues sólo contiene azúcar en exceso, la cual se convertirá en grasa abdominal.

3) El jugo natural de naranja en realidad es azúcar líquido. Lo pasteurizan eliminando los nutrientes que deberían protegerte del azúcar de la fruta. Así que, sin antioxidantes. A menos que los añadan de nuevo. Beber el jugo de naranja o manzana es muy parecido a tomar refresco, ósea 12 cucharadas de azúcar.

Un vaso de jugo de naranja tiene 23g de carbohidratos.

Te invito que siempre leas las etiquetas de lo que compras. Para que no te dejes engañar con leyendas como light, que le quitan grasa y le ponen azúcar.

Somos Valiosos.

Imagínate que vas en un tren, estás empezando una nueva aventura, un nuevo destino, tal vez estás sintiendo algo de nervios ya que no sabes que es lo que viene para ti en ese nuevo lugar, estás pasando por diferentes escenarios, ves árboles, montañas, etc y deteniéndote  en diferentes estaciones, pero estoy segura que no te bajarás hasta que alcances tu destino final del viaje, por eso compraste un ticket de tren.

Sabes así es tu vida con Dios, tus ojos deben estar enfocados en Jesús y yo estoy segura que tú no quieres bajarte de este tren hasta que no veas todo lo que Dios tiene para ti, con tus ojos enfocados en Él y en lo que Él dice de ti.

La vida es creada con propósitos, y tú fuiste creado, creada con propósitos, no eres un error, no eres un problema, tú eres la solución a un problema.

Nuestro valor no tiene nada que ver con lo que otras personas piensan de nosotros, no esta basado en nuestras circunstancias, familia, estado socio económico, etc.

Nuestro valor lo ha definido Jesucristo.

Puedes reflejarte en sus ojos, puedes descubrir su amor, puedes sentir su abrazo y puedes verte tal como Dios te ve, pero es necesario en este tren de la vida, todos los días acudir al lugar de la verdad, a la palabra de Dios que te deja ver quién verdaderamente eres, hijo(a) amado(a) del Rey.

¡Eres hijo(a)! ¡Qué maravilloso regalo! Recibimos a Jesús, confesamos nuestra necesidad de Él, recibimos su perdón y ahora el nos llama hijos de Dios. Te dejo este versículo para que puedas ver con tus propios ojos que lo que te escribo es verdad.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

Juan 1:12

Sabes al recibir a Cristo entendí que soy amada con un amor eterno, con el paso del tiempo mis ojos espirituales se han abierto cada día más, he entendido que no soy rechazada,realmente soy aceptada en el Amado, no soy víctima de las circunstancias, más bien soy victoriosa en cada una de ellas ya que Él va conmigo,  para muchos no fui calificada para hacer lo que Dios me llamó a hacer, de hecho muchos siguen pensando que no soy calificada, pero para Él soy especial tesoro.

Jesús me ha llenado de propósito, he entendido que la verdadera belleza no se mide en los kilos que peso, sino en lo que Dios dice de mí, cada crítica y burla que recibí cuando era niña por usar lentes, tener dientes chuecos, tener sobrepeso, etc, sólo sirvieron de plataforma para subir un escalón y levantarme para valorar cada parte de mi cuerpo. 

Sé que el verdadero amor existe y lo descubrí al ver la belleza de la cruz, al saber del poder de la resurrección, Cristo me hace reflejarme en sus ojos para entender que soy valiosa, que soy hija de un Rey que entregó todo por amor. ¡Aleluya!

¿Cuál es tu historia? ¿Te han criticado? ¿Te han herido tanto qué piensas que no vales? ¿Te has menospreciado? ¿Te has comparado? ¿Has creído que tu voz no cuenta? ¿Te han llenado tanto de dudas que te es difícil creer? 

Hoy escribo estas palabras ya que quiero que sepas,  tu voz cuenta, tu vida vale, eres especial tesoro para Dios, esa es la verdad, somos valiosos para Él.

Jesús derramó su sangre por ti y por mi, por lo tanto podemos vernos como lo que somos, valiosos, valiosas, muchos han creído que no lo son, es tiempo de amar y abrazar a la persona que ves reflejada en el espejo.

Es tiempo de seguir en este tren de la vida viéndote de la manera correcta, y sabes al verte de esa manera, podrás ver la vida y a otras personas a través de la belleza.

¡Amén!

Padre te doy gracias por abrazarme y por aceptarme en tu familia, puedo decir confiadamente que soy tu hijo (a), gracias por enviar a Jesús, gracias por darme una nueva vida. 

Padre oro para que la verdad me guíe en todo momento, hoy desecho la mentira que no soy valioso (a) hoy creo fielmente en tu verdad que me hace libre, soy tu hijo (a) y puedo vivir en esa libertad. 

En el nombre de Jesús amén. Lo creo.

¡Hola Bienvenida!

ARIADNA TRUJILLO MÉNDEZ

Pareces Una Alumna

Por Inma Gómez

“Pareces una ALUMNA…hija!

Para ser PROFESOR hay que VALER.

No todos los que queremos, PODEMOS ni debemos ser profesores.

La labor DOCENTE es especialmente delicada y trascendental como para no IMPLICARSE y comprometerse al cien por cien. 

Se trata de:

1️⃣SENTIR la energía de un montón de corazones al entrar en el AULA.

2️⃣APRENDER de ellos a la vez que les FORMAS.

3️⃣CONECTAR con sus intereses, sus inquietudes, ESCUCHANDO atentamente. 

4️⃣ENTRENAR las habilidades necesarias para convertirte en su LÍDER confiable.

5️⃣PONERTE como reto, ser ejemplo de AUTENTICIDAD.

6️⃣AMAR AMAR Y AMAR  lo que haces

7️⃣SER muy PACIENTE y perseverante, atentos a su evolución.

Para mí lo más FÁCIL, pero a la vez el GRAN reto es CONECTAR emocionalmente con ellos. 

Al principio me costó.

Me ENCANTABA la docencia, pero me faltaba experiencia. 

No tardé en darme cuenta que ser CERCANA, intentar LIDERAR de manera horizontal, incluso ser camaleónica para ACORTAR distancias emocionales, eran claves en el PROCESO.

Por eso, a pesar de algunas miradas amenazantes, practico la SIMBIOSIS vistiendo muy juvenil. 

Una profesión eminentemente HUMANA, es VITAL que sea por VOCACIÓN. Si no te COMPROMETES y lo AMAS, BUSCA otra cosa… por ellos y por TI.

Qué opinas? Te leo!

No Pierdas La Conexión Con Dios

En Un Mundo Distraído

Hace poco hablando con gran amigo mío, Dios lo utilizó para recordarme, que en Dios está mi verdadera y real esencia. Que lejos de él, solo soy una figura abstracta y lejana de lo que Dios quiere para mi vida. Y espero que las siguientes líneas te bendigan, tanto como lo hizo conmigo.

En el mundo actual, donde abundan las distracciones y las tentaciones, es fácil alejarse de Dios y perder nuestra verdadera esencia como hijos suyos. Muchas veces, nos dejamos llevar por las preocupaciones del día a día, las ambiciones y los placeres temporales. Olvidando que nuestra verdadera razón de ser es vivir para la gloria de Dios.

¡Anda, pon la mano en tu pecho, hazlo!  

¿Sientes esos latidos?

Cada latido, es una señal, una manifestación física de la fidelidad y amor de Dios en nuestras vidas. Y tú y yo como creyentes, debemos anhelar vivir esta vida por Él, para Él y en Él.

En Jeremías 2:13, Dios nos advierte: «Porque dos males han hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua».

Cuando nos apartamos de Dios y buscamos saciar nuestra sed espiritual con cosas mundanas y vacías. Terminamos por perder nuestra fuerza, nuestro coraje y nuestra esencia como cristianos. Leemos:

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

2 Timoteo 1:7

Cuando nos alejamos de Dios, perdemos ese espíritu de poder que nos da la confianza para enfrentar cualquier adversidad, el amor que nos impulsa a servir a los demás, y el dominio propio que nos ayuda a mantenernos firmes en la fe.

El alejarnos de Dios, apagará el fuego dentro de nosotros.  Y después de un tiempo, el celo por Dios podría llegar a ser solo una memoria distante.

En el Salmo 16:11, se nos recuerda:

Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre. 

Salmo 16:11

Sólo cuándo estamos cerca de Dios, podemos experimentar la plenitud de gozo que sólo Él puede ofrecer. Si nos alejamos de Él, perdemos ese gozo, nos sumergimos en la desesperación y la desesperanza, que es solo lo que el mundo nos ofrece.

Por eso, es importante que cada día nos acerquemos más a Dios, que busquemos su presencia en la oración: En la lectura de su palabra y en la comunión con otros creyentes. Solo así, podremos mantener nuestra esencia y nuestro coraje para vivir una vida que glorifique a Dios en todo lo que hacemos.

Mateo 5:16, Jesús nos dice:

«Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos».

Mateo 5:16

Recordemos que nuestra verdadera misión en este mundo es ser luz para aquellos que nos rodean, mostrando el amor, la gracia de Dios a través de nuestras acciones y palabras.

En resumen, si nos alejamos de Dios, perderemos nuestra esencia y nuestro coraje para vivir para su gloria. Mantengámonos cerca de Él, confiando en su poder, su amor y su gracia, para que podamos ser testigos vivos de su obra en nuestras vidas. 

¡Que nuestra luz brille siempre para la gloria de Dios!

Cada Vez Nos Conformamos Más Con Mucho Menos…

Con relaciones laborales menos DIGNAS, con relaciones amorosas menos AUTENTICAS, incluso, con menos LIBERTAD.

VERBALIZAMOS la resignación diciendo:

“Es lo que hay”, “no se puede hacer otra cosa”, “ya no tengo edad ni ganas”, “para qué quiero más!”, “yo no soy ambicioso”…

Para mí, conformarse es ADAPTARSE a “lo que hay”, entendiendo que “lo que hay no puede ser de otro modo”. Y eso, la mayoría de las veces, es FALSO.

No soy defensora del positivismo tóxico donde sentirse “sin ganas” en algún momento se INTERPRETE como un “pecado”, pero CONFORMARSE me parece una forma lenta y silenciosa de “ir muriendo emocionalmente”.

EL combustible que alimenta esa DESIDIA es:

1️⃣La SUMISIÓN a lo marcado por la moda, el mercado o la política.

2️⃣El MIEDO a fracasar si lo intentamos.

3️⃣El RECHAZO a la búsqueda de la propia singularidad y auto realización.

4️⃣Entender el CAMBIO como una utopía.

5️⃣TEMOR a cualquier forma de compromiso, ya sea política, social o religiosa.

6️⃣APATIA o falta de interés e indiferencia ante circunstancias que puedan afectar a su vida personal o profesional. 

En los años 50, Asch realizó diferentes experimentos para estudiar el carácter gregario humano. 

Según este y otros psicólogos, las causas del conformismo se basaban en que:

“Unas  personas concedían más fiabilidad al juicio de otros que al propio y otras, pese a pensar que están equivocadas, seguían la opinión del grupo para sentirse aceptados”.

Ser capaz de INDIGNARSE, discrepar , imaginar un MUNDO o una vida mejor y luchar por ello, te MANTIENE vivo.

Yo comparo el conformismo con la comida basura, momentáneamente te SATISFACE, pero a la larga te acaba “matando”.

El conformismo es el carcelero de la libertad, el enemigo del crecimiento

John F. kennedy.

Qué opinas? Te leo!!

Crónica Bíblica: ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios?

En ninguna manera

Por John MacArthur

Una lección acerca de la justicia

Y la gracia ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En de ninguna manera -Romanos 9.14 ¿Alguna vez ha pensado en el fuerte contraste entre Judas Iscariote y el ladrón en la cruz? Uno era un discípulo cercano de Jesucristo e invirtió tres años de su vida en la mejor y más intensa instrucción religiosa disponible en cualquier lugar.

Sin embargo, perdió su alma para siempre. El otro era un endurecido criminal de toda la vida que todavía se burlaba de todo lo santo, mientras moría por sus crímenes. Pero él fue directamente al paraíso para la diferencia entre estos dos hombres no podría ser más pronunciada ni podían finalizar las historias de sus vidas de manera más sorprendente. Judas

era un discípulo de Cristo en el círculo más cercano de los doce. Predicó. evangelizó, ministró e incluso se le dio poder de «sanar enfermedades» (Lucas 9.1).

Parecía un modelo de discípulo. Cuando Jesús predijo que uno de los doce lo traicionaría, nadie señaló con sospecha a Judas. Confiaban tanto en él que los otros discípulos lo habían hecho su tesorero (Juan 13.29). Ellos evidentemente no vieron nada en su carácter o actitud que pareciera cuestionable, mucho menos diabólico. Pero él traicionó a Cristo, puso fin a su propia vida miserable mediante el suicidio y entró en la condenación eterna cargado de culpa horrible.

Las palabras de Cristo acerca de él en Marcos 14.21 son escalofriantes: «¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido». El ladrón en la cruz, por el contrario, era un criminal de carrera, un malhechor lo bastante peligroso que había sido condenado a morir en la forma más lenta y más dolorosa de pena capital conocida.

Se le llama un «ladrón» en Mateo 27.38, usando una palabra griega que significa un bandido o un salteador de caminos. Él estaba siendo crucificado con un malhechor lo bastante peligroso que había sido condenado a morir en la forma más lenta y más dolorosa de pena capital conocida.

Se le llama un Mateo 27.38, usando una palabra griega que significa un a salteador de caminos. Él estaba siendo crucificado con un compañero. Ambos fueron originalmente programados para ser ejecutados junto con Barrabás, un insurrecto y asesino (Lucas 23.19). Todo eso indica que él era parte de una pandilla de despiadados rufianes que robaban con violencia y vivían sin ley, sino según sus propias pasiones. Él era claramente despiadado, miserable y agresivo, ya que, en las primeras horas de la crucifixión, tanto él como su compañero de delitos se burlaron y maldijeron a Jesús junto con la multitud (Mateo 27.44).

Pero viendo ese ladrón a Jesús morir en silencio, «angustiado […] afligido, no abrió su boca; como corderofue llevado al matadero»(Isaías 53.7), el criminal endurecido tuvo un notable cambio de último minuto de corazón. Literalmente en los últimos instantes de su miserable vida terrenal, confesó su pecado (Lucas 23.41); pronunció una sencilla oración:

«Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (v. 42) y entró ese mismo día en el paraíso (v. 43), vestido de justicia perfecta, sin toda su pesada culpa y completamente pagada por Cristo.

Los que piensan que el cielo es una recompensa por hacer el bien podrían protestar que esto era lanzar la justicia por la ventana. El ladrón no había hecho absolutamente nada para merecer el cielo.

Si es posible perdonar a un hombre de forma tan completa en los últimos momentos de una vida miserable   de grave pecado, no sería también adecuado para que un de traición como el de Judas fuera cancelado (o mitigado) sobre la base de cualquier buena obra que había hecho mientras siguió a Cristo por tres años Las personas de vez en cuando plantean cuestiones por el estilo.

La Internet está llena de comentarios y artículos que dan a entender que Judas fue tratado injustamente o juzgado con demasiada severidad. El propio Judas parecía ser la clase de persona que se mantiene al tanto de tales asuntos. Por ejemplo, él protestó cuando María ungió los pies de Jesús con un perfume costoso.

Él conocía el valor exacto del ungüento (igual a un año de salario) y se quejó: «¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?» (Juan 12.5). Sin duda, también habría pensado que la gracia que Jesús mostró al ladrón era demasiado exagerada.

Las personas que han dedicado sus vidas a la religión a veces parecen resentirse cuando Dios se acerca y bondadosamente redime a alguien a quien ellas consideran indigno del favor divino. Lo que necesitamos tener en cuenta es que todas las personas son totalmente indignas.

Nadie merece el favor de Dios. Todos somos pecadores culpables que merecemos nada más que la condenación. Nadie que ha pecado tiene derecho a alguna justa reclamación de la bondad de Dios.

En cambio, Dios tiene todo el derecho de mostrar misericordia y compasión a quien Él quiera (Éxodo 33.19).

Por otra parte, cuando Él muestra misericordia siempre lo hace en rica abundancia. Como le dijo a Moisés, El es «¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares,que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado» (34.6-7).

Las personas que protestan que Dios es injusto cuando Él muestra la gracia a las personas que menos se la merecen, simplemente no entienden el principio de la gracia. La justicia plena significaría la muerte inmediata de todos los pecadores, porque «la paga del pecado es muerte» (Romanos 6.23).

La verdad es que realmente no queremos lo que es «justo». Todos necesitamos con urgencia la gracia y la misericordia. Por otro lado, la gracia no es injusta, porque Cristo hizo plena expiación por los pecados de aquellos que confían en El, y de esta manera volvió la justicia a su favor.

«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1.9, énfasis añadido).

Debido a que Cristo tomó sobre sí mismo el castigo del pecado, Dios puede justificar a pecadores creyentes (incluso pecadores notorios como el ladrón en la cruz) sin comprometer su propia justicia.

«Él sea [a la vez] el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Romanos 3.26). Si Dios muestra misericordia a un vil ladrón en sus estertores de muerte al tiempo que condena a alguien con una trayectoria religiosa como Judas, «¿qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera» (Romanos 9.14). Dios «de quien quiere, tiene misericordia» (v. 18).

La misericordia de Dios nunca se debe considerar como una recompensa por las buenas obras. El cielo no es un premio para las personas que se lo merecen. Dios «justifica al impio» (Romanos 4.5).

La gracia es, por definición, inmerecida. Pero no es injusta. No trate de someter la gracia de Dios a las nociones infantiles sobre el juego limpio y la equidad. Nadie puede reclamarle algo a la misericordia de Dios.

Él es perfectamente libre para dispensar su gracia como le parezca adecuado. Así le dijo a Moisés: «Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca» (Romanos 9.15). En Mateo 20.1-15, Jesús narra una parábola que ilustra estos principios.

Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.

Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupado? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibirán lo que sea justo.

Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págalas el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 

Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?

Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti ¡No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Tal como todas las parábolas, esta tiene como objetivo enseñar una profunda verdad espiritual.

Jesús no está considerando leyes justas de trabajo, salario mínimo, equidad en nuestras relaciones comerciales cualquier otro principio terrenal. Él está describiendo cómo funciona la gracia en la esfera donde gobierna Dios.

Esta parábola pertenece al ministerio tardío de Cristo, cuando Él estaba ministrando en Perea, al este del río Jordán, frente a Jericó. Esta fue la misma región en la que el ministerio de Juan el Bautista había florecido. Jesús se había retirado allí después de que algunos jefes de los fariseos trataron de prenderle (Juan 10.39-40).

Las semanas que pasó en Perea fueron de las más fructíferas de su ministerio terrenal. La zona era un desierto estéril, pero una multitud vino a escuchar a Jesús de toda Galilea y Judea. «Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo queJuan dijo de éste, era verdad. Y muchos creyeron en él alli» (vv. 41-42).  La parábola de la viña nos presenta a «un hombre, padre de familia».

La palabra en el texto griego es oikodespotes (de oikos, que significa «casa», y despotes, que significa «gobernante»).

Cuando este señor de la casa pregunta: «¿No me es licito hacer lo que quiero con lo mío?» indica que el dinero que se pagó a los trabajadores pertenecía a él (Mateo 20.15). El versículo 8 lo llama «el señor de la viña» y que era una finca de tamaño considerable para requerir tantos trabajadores para ayudar con la cosecha. Así que este era un hombre de gran influencia y riqueza.

Las multitudes escuchando a Jesús estaban muy familiarizadas con los viñedos. Vastas regiones de Israel estaban cubiertas de vides bien ordenadas que crecían en terrazas.

La tierra de Israel tiene dos tipos de tierras agrícolas: llanuras y laderas de montañas. Las mesetas y áreas planas extensas eran utilizadas para el cultivo de granos o el pastoreo de ganado, y las laderas más empinadas eran hábilmente preparadas en terrazas para la plantación de viñedos.

Este era un trabajo difícil porque las terrazas tenían que ser afirmadas con piedras, que había que llevar y colocar en su lugar a mano.

Cualquier tierra buena para sembrar que se requería también tenía que ser llevada por las laderas empinadas sobre los hombros de los hombres o con bestias de carga. Las uvas eran plantadas en la primavera y podadas durante el verano. La cosecha era una temporada muy corta cerca del final de septiembre. La temporada de lluvias comenzaba inmediatamente después de esto.

Así que el tiempo de la cosecha era agitado, porque la cosecha tenía que recogerse antes de que llegaran las lluvias. El propietario necesita ayuda adicional durante la cosecha. Por lo tanto, se fue al mercado para contratar a jornaleros.

Este era el lugar más público en el pueblo, y servía de lugar de reunión para los trabajadores cuya única esperanza de empleo era el trabajo temporal no calificado. El versículo uno dice que el propietario de la tierra salió temprano en la mañana, sin duda, antes de las seis de la mañana, cuando comenzaba la

jornada de trabajo de doce horas. Los salarios de los jornaleros eran notoriamente más bajos que el estándar para un empleado a tiempo completo o sirviente doméstico, que era alrededor de un denario al día.

El denario era una moneda romana de plata que contenía poco menos de cuatro gramos de plata. Era la paga de un día típico de un soldado que servia en el ejército romano, y era un salario digno. (El nombre denario deriva de una palabra latina que significa «diez», debido a que el valor original de la moneda era equivalente al valor de diez asnos) Claro que un peón común y sin habilidades especiales podría ser contratado por una pequeña fracción de esto, ya que él no estaba en posición para también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo (Mateo 20.7).

En otra parte, Jesús afirma: «El obrero es digno de su salario» (Lucas 10.7;1 Timoteo 5.18). Este era un principio estricto de la ley de Moisés: «No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana» (Levítico 19.13).

Esta regla se aplicaba en particular a los pobres y jornaleros: «No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado»(Deuteronomio24.14-15).

Este hacendado era un hombre honorable, fiel a los preceptos de la ley deDios, y «cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros» (Mateo 20.8, énfasis añadido).

Continuara…

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