Audio Crónica: SARA Parte 2

Por Jhon Macarthur

VOICEOVER

MariCarmen Lozada Armesto

Audio Crónicas: Sara, La Esposa de Abraham Parte 1

POR JOHN MACARTHUR

VOIECOVER

MARIANT PEÑA NAVA

TU PERIÓDICO DIGITAL

Dominio Y Control Mundial: La Guerra Del Peloponeso

Por Pedro Baños

Nada es grande ni pequeño salvo por comparación.

JONATHAN SWIFT

En un constante estado de comparación en que, para que un Estado predomine, el de al lado debe ser inferior, es lógico que exista una estrategia para debilitar y empobrecer al vecino y/o enemigo que ha tocado en suerte.

A lo largo de la historia han sido muchos los procedimientos a los que los Estados han recurrido para mantener así su estatus. Un ejemplo palmario es la aplicación de la Doctrina Monroe.

Se invocó por primera vez a finales de la década de 1840 y fue a partir de 1850 cuando empezó a tomar sentido, llevándose a la práctica a finales del siglo XIX y principios del XX con acciones como la apropiación del canal de Panamá y la guerra de Cuba.

El objetivo no era otro que extender la influencia por el continente americano a la vez que se buscaba debilitar los imperios europeos no aliados, ya en decadencia, y que constituían el verdadero enemigo de Estados Unidos.

Por su parte, Gran Bretaña entró en la Primera Guerra Mundial, entre otros motivos, porque Alemania había construido una formidable flota que ponía en riesgo el dominio británico de los mares, algo que Londres no se podía permitir pues afectaba directamente a su preponderancia en el comercio marítimo.

Así lo entendía Bernhard Bülow, quien opinaba que, antes de la Primera Guerra Mundial, Inglaterra tenía dos motivos de inquietud, uno industrial y otro colonial, que obligaban a los ingleses a mirar a Alemania como su competidora y su rival. La oposición que encontró España para entrar en la Unión Europea por parte de Francia era una maniobra encaminada a mantener la posición de primacía francesa en Europa respecto a los productos agrícolas.

A los franceses les preocupaba que España les hiciera sombra con productos más competitivos al entrar en el mercado común y no tener aranceles.

Aunque no prosperó, se observa claramente una relación de vecindad en la que Francia quería seguir predominando económicamente.

En nuestros días, Estados Unidos considera que su vecino molesto es México. A Washington le interesa una cierta estabilidad del país vecino, pero no que evolucione tanto que llegue a convertirse en un fuerte competidor.

México, con 125 millones de habitantes (a los que hay que añadir otros 35 millones de mexicanos o de origen mexicano que viven en Estados Unidos) tiene una tasa de crecimiento demográfico de un 50 % superior a la estadounidense,puede convertirse en pocos años en una de las diez economías más potentes del mundo, pasando de la manufactura a la producción industrial de alta tecnología, y encima con grandes reservas de petróleo y un floreciente turismo.

Por si fuera poco, los salarios en México llegan a ser diez veces inferiores a los estadounidenses, según sus diferentes sectores, por lo que la competencia es feroz.

Esta puede ser la razón de que el actual presidente norteamericano, Joe Biden, haya anunciado cambios en las relaciones comerciales entre ambos países. No se ha de olvidar el siempre excluyente nacionalismo que:

«exaltando la potencialidad de cada nación, favorece y estimula el odio de las naciones vecinas, a veces antagónicas por razones de concurrencia en la adquisición de materias primas o en la venta de productos».

Pedro Herranz,

LA GUERRA DEL PELOPONESO

Como luego ocurriría con frecuencia en siglos posteriores, la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) es la historia clásica de un poder que se consideraba a sí mismo como hegemónico regional en este caso Esparta, y su percepción de la amenaza que suponía el surgimiento con fuerza de un rival que aspiraba al dominio regional:Atenas.

El desarrollo de esta conflagración, relatada por el militar y escritor ateniense Tucídides en su libro Historia de la Guerra del Peloponeso, se ha analizado desde muy diversas perspectivas, desde la puramente militar estrategias, batallas, armamento, generales, combatientes, etc. al contexto político interno de cada ciudad participante en el conflicto y la situación de las relaciones regionales.

Pero quizá el aspecto menos abordado haya sido el económico, a pesar de que se puede considerar que es el factor clave subyacente en el surgimiento y evolución del enfrentamiento, además de ser también relevantes las consecuencias económicas de esta guerra.

Pues esta rivalidad geopolítica regional, tantas veces replicada luego a lo largo de la historia, en la que también entraban en liza dos sistemas de gobierno opuestos la democracia ateniense y la oligarquía espartana, estaba impulsada por la competencia económica. En el 445 a. C., Esparta y Atenas habían firmado la «paz de los 30 años». por la que los atenienses aceptaban que sus rivales siguieran siendo la potencia hegemónica en el Peloponeso mientras que, en compensación, a ellos se les permitía desarrollar su capacidad marítima.

Pero con el paso de los años, Esparta se dio cuenta de que Atenas estaba controlando los mercados mediterráneos, lo que permitía a esta ciudad ser cada vez más rica y poderosa.

Además, Atenas se servía de la Liga de Delos, creada en el 477 a. C. por el estadista ateniense Arístides con el propósito de hacer frente a las invasiones de los persas, lo que le confería una gran fortaleza dado que los integrantes de dicha confederación estaban formalmente comprometidos a proporcionar tropas, barcos y financiación a las campañas que Atenas, en su papel de líder, emprendiera para defender al resto de la coalición de los ataques persas.

En gran medida, el acierto ateniense había sido justamente construir esta alianza que le facilitaba el acceso a elevadas cantidades de dinero del fondo común, que a su vez le permitían su propio desarrollo social y político.

Hay que retroceder en el tiempo para comprender en su totalidad la situación de Atenas cuando entró en guerra con Esparta en el 431 a. C. Durante los primeros años de funcionamiento de la confederación de Delos, y a pesar de que algunos de sus miembros desconfiaran del creciente poder de Atenas y de su posición privilegiada en el seno de la coalición, en general abundaba el concierto, dado que todos los integrantes, en mayor o menor medida, se beneficiaban del comercio que fomentaban los atenienses.

Pero la cohesión dentro de esta Liga se fue deteriorando con el paso del tiempo, pues Atenas abusaba de su posición dominante para aumentar los impuestos a los otros miembros a los que había obligado a emplear su moneda con la justificación de mantener el adecuado dispositivo bélico.

En el 453 a. C., algunos de los miembros de esta coalición comenzaron a negarse a pagar los tributos que Atenas les imponía, a lo que habían respondido los atenienses con penalizaciones por los retrasos.

La Paz de Calias, ocurrida en el 449 a. C., por la que se ponía fin a las Guerras Médicas entre la Liga de Delos y el Imperio persa, llevó a la mayoría de los miembros de la coalición liderada por Atenas a plantearse su utilidad una vez desaparecida la razón que había motivado su origen.

Como quiera que los atenienses deseaban preservar la alianza que les otorgaba tanto poder, adoptaron la posición de convertir a sus antiguos socios en súbditos de un nuevo imperio.

De este modo, Atenas llegó a tener más de 250 tributarios, ejerciendo un absoluto dominio del comercio marítimo en la región.

En este proceso de desarrollo, Atenas necesitaba expansionar su comercio a fin de conseguir más ganancias para mantener los gastos sociales, que le permitían tener contenta a una población de donde extraía, principalmente de las clases más bajas, a los remeros para los navíos de la inmensa flota en la que se asentaba su fortaleza.

Para ello, sus objetivos se focalizaron en hacerse con las principales minas de oro y plata de los territorios adyacentes. En un principio, Esparta no veía como un peligro a su poder hegemónico el incremento del comercio de la Liga de Delos encabezada por Atenas.

Pero no sucedía lo mismo con algunos de los participantes en la Liga del Peloponeso, liderada por los espartanos, que viendo amenazada su economía empezaron a

poner trabas al comercio de los afiliados a Delos.

Esto llevó a que Atenas se planteara imponer algún tipo de bloqueo a las ciudades que le hacían la principal competencia. Uno de los grandes rivales económicos además de militar, por su potente flota de la Liga de Delos era Corinto, integrada en la rival Liga del Peloponeso.

Era una ciudad rica y su privilegiada posición le permitía controlar algunas de las principales rutas comerciales marítimas y terrestres.

Para Atenas llegó a convertirse en una auténtica obsesión, pues Corinto, exportadora de cotizados productos por todo el Mediterráneo, rivalizaba con los atenienses por copar el importante mercado siciliano, que llevaba asociado el dominio del mar Jónico.

Durante el trascurso de la guerra, una vez destruida la mayor parte de su flota y los territorios que controlaba en el estrecho de los Dardanelos (conocido en aquella época como el estrecho de Helesponto), Atenas ya no podía abastecerse de las mercancías provenientes del mar Negro especialmente cereales, que eran la base de la alimentación, teniendo esta circunstancia un peso trascendental en la derrota final de los atenienses, pues los espartanos la aprovecharon para, junto con otras maniobras encaminadas al mismo fin, imponer la pena del hambre a sus adversarios, abocándolos a la rendición.

En cuanto a las consecuencias del final de la guerra, Atenas, una vez vencida y sometida militar y políticamente por Esparta, se encontró con la prosperidad económica de antes de la guerra completamente destruida y su impotencia para recuperarla.

El resto del Peloponeso fue igualmente afectado por el enorme desgaste económico que la contienda había exigido, adueñándose así la pobreza de los griegos.

Cabe destacar, entre otras consecuencias económicas, que buena parte de las ciudades de la Liga del Peloponeso tuvieron que pedir dinero prestado, sobre todo a los persas, lo que no deja de ser sorprendente pensando que en realidad eran estos los enemigos comunes de todos los griegos. En cierto modo, la economía les proporcionaba a los persas una victoria inesperada sobre sus históricos enemigos.

Situación durante la guerra del Peloponeso, Mar Mediterráneo Oriental y otros efecto colateral de la guerra fue el surgimiento de la piratería en los mares antes controlados por los navíos atenienses, lo cual entorpecía al ya muy debilitado comercio.

El importante número de muertos en los escenarios de confrontación también repercutió negativamente en una economía regional que entró en recesión por la falta de personas para trabajar el campo o reflotar los negocios.

Franz Karka A Los 40 Años

Que nunca se casó y no tuvo hijos, paseó por el parque de Berlín cuando conoció a una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Ella y Kafka buscaron la muñeca sin éxito.

Kafka le dijo que se reuniera con él allí al día siguiente y que volverían a buscarla. Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta «escrita» por la muñeca que decía «por favor no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras».

Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka. Durante sus reuniones, Kafka leyó las letras de la muñeca escritas cuidadosamente con aventuras y conversaciones que la niña encontró adorables. Finalmente, Kafka trajo la muñeca (compró una) que había regresado a Berlín.

«No se parece en nada a mi muñeca», dijo la niña. Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribió: «

Mis viajes me han cambiado». La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa. Un año después murió Kafka. Muchos años después, la niña ahora adulta encontró una carta dentro de la muñeca. 

En la minúscula carta firmada por Kafka estaba escrito:

 «Todo lo que amas probablemente se perderá, pero al final, el amor volverá de otra manera».

NOTICIAS DEL REINO

TU PERIÓDICO DIGITAL

Abrazar El Amor Insuperable Del Padre

Por George A. Wood y Brian Simmons

Un viaje de transformación En la vasta extensión del universo, donde innumerables fuerzas dan forma al tapiz de la existencia, una fuerza reina suprema: el amor.

El amor es un poder que a menudo elude la comprensión completa y abraza las luchas de nuestra comprensión. Pero cuando consideramos el amor de nuestro Padre Dios, encontramos un amor que trasciende toda comparación.

Él es el arquitecto de la creación, quien nos dio vida y nos ama de una manera que nuestra mente humana apenas puede comprender.

Este amor divino, este amor del Padre, supera cualquier conexión terrenal que hayamos conocido. Es un vínculo sagrado que refleja el vínculo inquebrantable entre un padre cariñoso y sus queridos hijos.

Lamentablemente, la ausencia del amor de un padre puede arrojar una larga sombra sobre nuestras vidas, afectando nuestra autopercepción, nuestra capacidad de confiar y nuestro sentido de autoestima.

Para muchos, el vacío dejado por un padre ausente deja una huella imborrable. Los padres ausentes pueden ensombrecer nuestra identidad, destrozar nuestra confianza y socavar nuestra autoestima.

Una persona compartió una narración conmovedora de cómo creció sin un padre, contando la angustia de sentirse no bienvenido ni amado.

La partida de su padre durante su infancia preparó el escenario para una vida de anhelo de aprobación, lo que lo llevó a luchar contra la adicción y a relaciones fracturadas.

Los ecos de su pasado continuaron resonando durante su edad adulta, mientras luchaba contra imágenes distorsionadas de sí mismo y una percepción sesgada del amor.

Sin embargo, en medio de las pruebas y tribulaciones de la vida, emerge una poderosa verdad. El corazón de nuestro Padre no conoce límites. Esta verdad brilla a través de la historia del hijo pródigo, donde el amor extravagante de un padre rompió las cadenas de culpa y vergüenza.

Misioneros, pastores, líderes y creyentes de todo el mundo y a lo largo de la historia comparten historias de vidas transformadas por el amor, a medida que el toque, el abrazo y la celebración del Padre se convierten en puntos de inflexión que reemplazan la autocondena con amor y afirmación.

“Prometo que nunca los dejaré indefensos ni los abandonaré como huérfanos; ¡volveré a ustedes!”

Juan 14:18 TPT

Es común que las personas lidien con conceptos erróneos sobre la naturaleza de Dios debido a heridas pasadas o condicionamientos religiosos.

Muchos pueden percibir a Dios como alguien severo, distante o rápido para castigar. Sin embargo, esta visión sesgada está lejos de ser descrita en las Escrituras.

El corazón de Dios, reflejado en la vida de Jesús, encarna el amor radical, el perdón y el anhelo de conexión. Cuando comprendemos que el amor de Dios es incondicional y refleja el ejemplo de Jesús, comenzamos a experimentar una metamorfosis en nuestra propia imagen y una confianza inquebrantable en el abrazo del Padre.

Lamentablemente, muchos de nosotros luchamos por comprender la verdadera naturaleza de Dios debido a heridas pasadas o influencias religiosas.

Podríamos percibir a Dios como distante o dispuesto a castigar, pero esta imagen sesgada difiere de la verdad de las Escrituras. El corazón de Dios, reflejado en Jesús, rebosa de amor radical, perdón y un profundo anhelo de tener una relación. Alinear nuestros corazones con esta realidad nos permite remodelar nuestra autopercepción y cultivar una confianza inquebrantable en el abrazo del Padre.

En las relaciones humanas, comunicamos amor a través de diversos lenguajes: palabras de afirmación, atención enfocada o contacto físico.

Curiosamente, el lenguaje del amor de Dios es la confianza.

Cuando confiamos en Dios, desmantelamos los muros de la sospecha y la culpa. Incluso en los momentos más oscuros de agonía e incertidumbre, poner nuestra fe en el amor de Dios puede abrir su corazón y desencadenar sus promesas en nuestras vidas.

Esta confianza se basa en la comprensión de que el amor de Dios no depende de nuestro desempeño, sino que sigue siendo una fuerza inmutable.

Así como los humanos comunican amor a través de diversos lenguajes como palabras de afirmación, atención o tacto, el lenguaje del amor de Dios es la confianza.

Extender nuestra confianza en Dios derriba los muros de la sospecha y la autocondena. Confiar en el amor de Dios, incluso en las profundidades del dolor y la incertidumbre, tiene el poder de abrir su corazón y hacer realidad sus promesas en nuestras vidas.

Esta confianza se basa en reconocer que el amor de Dios no depende de nuestros logros; es una fuerza constante e inmutable.

A través de este amor, se desarrolla la transformación, acelerando la curación y restaurando nuestra verdadera esencia. El impacto del amor del Padre es de gran alcance y se extiende más allá de los cambios superficiales. Tiene el poder de sanar, transformar y redefinir cada faceta de nuestra existencia.

El amor del Padre se extiende mucho más allá de los cambios superficiales. Posee el poder de acelerar la curación, remodelar la identidad y redefinir las relaciones.

A medida que profundizamos en el corazón del Padre y aceptamos nuestra condición de amados, el viaje hacia la curación da un salto cuántico.

El toque sanador del amor de Dios envuelve viejas heridas, traumas pasados y autopercepciones destrozadas. Esta transformación nos empodera para avanzar hacia la libertad, la gracia y la autenticidad, libres de las cadenas de la condenación y la inseguridad.

El Origen De La Cenicienta ¿ Lo Sabes?

La historia de la esclava Ródope, el origen en el antigüo Egipto del cuento de la Cenicienta..

El cuento de la Cenicienta llegó a nosotros por la factoría Disney, pero está basado en un cuento popular que, tanto los hermanos Grimm como el francés Perrault, recogieron en sus libros. Sin embargo, las raíces de la narración parecen estar mucho más alejadas en el tiempo.

La historia que originalmente se transmitiría de forma oral, fue registrada por escrito por primera vez por el geógrafo griego Estrabón en su obra Geographica (libro 17, 33).

La historia, cuento o leyenda de Ródope, aunque existen versiones muy diferentes, todos ellos sitúan los hechos en Egipto.

Esta es la versión más parecida al cuento que después se extendió por Europa. La protagonista se llama Ródope, que en griego significa “mejillas rosadas”. Ródope era una bella muchacha nacida en Grecia que había sido raptada por unos piratas y vendida como esclava en Egipto.

Su amo era un anciano, pero que no se enteraba mucho de lo que ocurría en su hogar y, por tanto, no sabía que las criadas que servían en su casa se reían de Ródope por el color de su cabello rubio y sus ojos verdes.

Además, la piel de las sirvientas era de un tono cobrizo, mientras que la de la esclava era muy pálida y sus mejillas se sonrojaban fácilmente con el sol. La apodaron Ródope y con ese nombre pasó a la historia.

Tenía como únicos amigos a los animales de la casa y de las orillas del Nilo, pues las otras chicas la hacían cargar con las tareas más pesadas. Un día su amo la vio bailando cuando se encaminaba al río y, asombrado por su talento, le regaló unas sandalias rojas y doradas para que llevara los pies cubiertos.

Lo que la convirtió en objeto de las envidias de las otras muchachas. Pasado un tiempo el faraón se hallaba en la ciudad de Menfis, convocó a todos sus súbditos a una gran fiesta.

El anciano, invitado llevó consigo a todas sus criadas, incluida Ródope, que se engalanaron para tan majestuoso acontecimiento. Pero cuando llegó el momento de salir, las criadas obligaron de forma cruel a Ródope a quedarse a terminar las tareas pendientes de la casa, de manera que perdió la oportunidad de ir a la gran fiesta del faraón.

Desolada, se acercó al río a ver a sus amigos los animales. Se descalzó para bañarse en el río y al dejar las sandalias en la orilla, un halcón se acercó volando y le robó una de ellas.

Lloró amargamente la pérdida, ese calzado era lo único de valor que la muchacha poseía, así que se volvió a la casa guardando la sandalia que le quedaba entre sus ropas. Ahora no le cabía duda de que las burlas de sus compañeras serían aún peores. Pero lo que ella ignoraba era que el halcón que le había robado la sandalia era el mismísimo dios Horus.

Mientras, en Menfis, el faraón observaba aburrido la fiesta, cuando el halcón depositó en su regazo la sandalia roja y dorada. Creyendo correctamente que era el propio Horus el que le enviaba una señal, recogió la sandalia y al instante se apoderó de él una curiosidad que sólo podría saciar si encontraba a su dueña.

Así que empezó a buscar a la dueña del bello calzado por todo Egipto. El faraón envió emisarios a todos los rincones de Egipto en busca de la propietaria de la sandalia. Él mismo viajó a lo largo del Nilo en su barca en busca de la doncella que tanto le obsesionaba. Así hasta que llegó un día a la casa donde vivía Ródope.

Al ver al faraón con la sandalia enseguida supieron que era la de ella, pero no lo dijeron y la esclava no se atrevió a acercarse a calzarse la sandalia porque las otras criadas obligaron a esconderse a la joven en unos juncos  y corrieron a probarse la sandalia, haciendo cola para probar suerte, pero a ninguna le valía.

Cuando acabó con todas, el faraón iba a marcharse cuando vio a Ródope escondida entre los juncos, la hizo acercarse y la invitó a probarse el zapato. La chica se la calzó y le enseñó la pareja que tenía guardada entre sus ropas, quedando claro que era su dueña.

El faraón exclamó que la haría su reina. Las sirvientas protestaron diciendo que era extranjera, a lo que él contestó que Ródope era la más egipcia de todas ya que sus ojos eran verdes como el rio Nilo, su pelo tenía el color del papiro y la piel tenía un tono tan rosado como la flor de loto. Así fue como se convirtió en reina de Egipto.

¿LOS MOMENTOS DIFÍCILES TAMBIÉN SON OPORTUNIDADES PARA CRECER? 🌦️

Los días nublados también tienen su propia luz; descubre la enseñanza que llevan consigo.»

Matshona Dhliwayo

Todos hemos tenido días en los que parece que el sol no salió para nosotros. Nuestros ánimos se van abajo y sentimos que el mundo se viene encima de nosotros.

En una ocasión, conversando con un compañero de trabajo, me señalaba que su día iba de mal en peor y que no veía la hora en que terminara. Se le veía frustrado y con un semblante de abatimiento.

Aquí algunos consejos para aprender en momentos adversos:

  1. Reflexionemos en calma: tomémonos un momento para reflexionar sobre lo que estamos experimentando. 🧘‍♂️
  2. Encontremos el propósito: preguntémonos a nosotros mismos, ¿qué propósito puede tener esta situación en nuestro crecimiento personal o profesional? 🤔
  3. Cultivemos la resiliencia: aprendamos a adaptarnos y superar los desafíos. 💪🏼

Los días difíciles pueden ser abrumadores y desalentadores, pero incluso en esos momentos de oscuridad, hay luz y aprendizaje.

¿Cuál fue la lección más valiosa que aprendiste de un día difícil?

Eduardo A.Esparza Gaona.

NOTICIAS DEL REINO

TU PERIÓDICO DIGITAL

Sigue Ardiendo

Por Ps. Santiago Moya

Creo que como cristianos, seguidores de Cristo, Dios nos llama a lugares de pacto, lugares donde se muestra Dios a nuestras vidas, lugares donde vamos delante de él, y experimentamos su poder, su palabra y sus promesa, lugares donde nos equipa y nos envía a cumplir nuestros propósitos en él, lugares donde son confirmados los llamados a servirle, y sobre todo, lugares donde somos envestidos con amor y poder.

Esto mismo le sucedió a Moisés, antes de ir y liberar al pueblo de Israel de su cautividad.

Moisés y la zarza ardiente

3 Un día, Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, y llevó las ovejas hasta el otro extremo del desierto hasta llegar a Horeb, la montaña de Dios. 2 Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía, 3 así que pensó: «¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza».

4 Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:

—¡Moisés, Moisés!—Aquí estoy —respondió.

5 —No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. 6 Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios.

7 Pero el Señor siguió diciendo:

—Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces y conozco bien sus penurias. 8 Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel. Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 9 Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas y he visto también cómo los oprimen los egipcios. 10 Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo.

Exodo 3: 3-10 NVI

Dios nos llama a ti y a mi para vivir para su gloria, nos llama por que ha escuchado las oraciones de la gente que te ama, de aquellos que han ido delante de nosotros preparando en camino, pagando el precio, de aquellos que busca alivio, nos llama por que ha escuchado los llantos y oraciones de las madres desesperadas que clama por las almas de sus hijos y de aquellos que claman por las almas y su destino eterno.

Nos llama a lugares santos, a su presencia donde no podemos esconder o disfrazar quien somos, para que en su presencia tu y yo soltemos todo lo que estorbe y toda paja sea consumida en nosotros, donde su fuego consumidor nos purificará, donde nos templara, donde conoceremos que él es quien es.

Leyendo el resto de capitulo, Moisés, levanta a Dios dudas, ¿Quien soy yo?, ¿Cómo me escucharán?, ¿Cómo sabrán que tu me envías?

Y si somos honestos todos dudamos de nosotros mismos,pensamos cosas como que no somos suficiente, ¡Mi pasado me descalifica!, ¡Yo no se!, ¿Cómo pudiera yo?, ¡Hay otros mas calificados!, incluso hay algunos de nosotros que dudamos que Dios, puede hacer algo con nosotros o en nuestras vidas, que lo puede hacer en todos los demás, pero no en mí.

Pero Dios, siendo Dios, le dice a Moisés, les dirás que yo te envió, les dirás que en mi nombre vas, les dirás que yo tengo mi mano sobre ti, que yo soy quien soy, el que siempre a sido el que siempre será.

Tu y yo tenemos que darnos cuenta, reconocer y aceptar, la soberanía de Dios sobre nuestras vidas, y el solo necesita y obra en corazones dispuestos, el utiliza vasijas rotas, y que es por su gracia y su por amor que podemos ser instrumentos de su amor, que el deposita su fuego y unción en nosotros, encendiéndonos, para que tu y yo seamos zarzas ardientes.

Para que el mundo sepa, que él ha escuchado a los que sufren, a los que claman por él, a los que necesitan de su amor. 

¡Sube al monte y acepta tu llamado!, puede ser que Dios te esté llamando o que ya estés en el monte, delante de Él, y ya sea que es la primera vez que vas delante de Él o ya hayas estado ahí, no dudes, Dios te está llamando a ese lugar de pacto, a ese lugar delante de su presencia y te preparará para cumplir tu propósito, así que recuerda.

La zarza sigue ardiendo, y está esperando a aquellos valientes que subirán a su monte, a su presencia, para ser contagiados por su fuego y poder.

¡ Hola Bienvenido !

Ps. Santiago Moyapp

NOTICIAS DEL REINO

TU PERIÓDICO DIGITAL

En Busca Del Tesoro Perdido «Beale»

EL ENIGMA DEL CÓDIGO BEALE: En Búsqueda del Tesoro Perdido 🔑

En las profundidades de la historia estadounidense, entre mitos y verdades, se encuentra el enigmático Código Beale, un misterio que ha cautivado a cazadores de tesoros y criptoanalistas por más de un siglo. Este conjunto de textos cifrados promete algo más que un rompecabezas: la ubicación de un tesoro enterrado, cuya existencia y contenido continúan siendo un enigma.

La historia comienza en 1820, cuando Thomas J. Beale, un aventurero cuya veracidad histórica es tan misteriosa como los códigos que llevan su nombre, supuestamente descubrió un vasto tesoro compuesto de oro, plata y piedras preciosas en algún lugar del oeste de Estados Unidos. Beale y su grupo de compañeros, preocupados por la seguridad de su hallazgo, decidieron enterrar el tesoro y crear los códigos para asegurar su ubicación.

El Código Beale consta de tres textos cifrados: el primero describe la ubicación exacta del tesoro, el segundo detalla su contenido y valor, y el tercer código revela los nombres y direcciones de los 30 hombres a quienes Beale confió el secreto.

Sin embargo, el misterio se profundiza ya que, de estos tres códigos, solo el segundo ha sido descifrado, revelando la descripción del tesoro pero no su ubicación.

El desciframiento del segundo texto fue posible gracias a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

Utilizándola como clave, cada número en el texto cifrado correspondía a una palabra en la Declaración, revelando así el mensaje oculto. Sin embargo, los intentos de aplicar este mismo método a los otros dos códigos han resultado infructuosos, dejando a los entusiastas y expertos en un laberinto de teorías y especulaciones.

A lo largo de los años, el Código Beale ha generado una fascinación duradera, impulsando a muchos a la búsqueda del tesoro.

Esta obsesión ha llevado a expediciones en diversas áreas, especialmente en Bedford County, Virginia, donde muchos creen que el tesoro está enterrado. Sin embargo, estas búsquedas han sido en vano, y la falta de evidencia concreta ha llevado a algunos a cuestionar la autenticidad de los códigos y la existencia misma del tesoro.

El Código Beale no es solo un desafío para los cazadores de tesoros, sino también para los criptoanalistas y amantes de los enigmas.

Representa uno de los códigos no resueltos más famosos del mundo, un recordatorio de que algunos misterios pueden permanecer sin resolver, desafiando nuestra comprensión y fascinación por lo desconocido.

En el mundo moderno, donde la información es abundante y accesible, el Código Beale se erige como un testamento a los secretos aún ocultos, invitando a cada nueva generación a intentar descifrar sus misterios.

Ya sea visto como una leyenda, un elaborado engaño o una promesa de riquezas incalculables, el Código Beale sigue siendo un símbolo de la eterna búsqueda humana por descubrir lo inexplorado y resolver lo inexplicable.

El Mejor Propósito Para Este Año.

Cómo todos los años siempre nos hacemos varios propósitos, queremos hacer dieta, ya compramos libros para leer y te puedo mencionar una larga lista de estos propósitos seguidos de grandes sueños y logros que esperamos que este año tenga, pero,

¿cuántos de nosotros hemos considerado esta práctica a la luz de nuestra vida cristiana?.

De antemano sabemos que podemos mejorar nuestra salud y hasta nuestra economía, pero; hay alguna razón bíblica que nos diga que debemos ponernos estas metas para el año nuevo?.

La Biblia no nos dice que lo hagamos, pero hay muy buenas razones para planear nuestras metas, siempre y cuando vayan acompañados de la oración y de la lectura de la Palabra para saber que nos dice Dios al respecto.

Y una de las principales causas que nos motiven debe ser que todo es “ PARA LA GLORIA DE DIOS”, ¿porque?, porque nada es nuestro, todo lo que tenemos es prestado, todo le pertenece a Dios y nosotros somos mayordomos de sus bienes.

Si pues coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacerlo todo para la gloria de Dios.

1 Corintios 10:31 RVR1960

Porque de Él y para El son todas las cosas, a Él sea la gloria por los siglos Amén.

Romanos 11:36 RVR1960

Un mayordomo no solo usa los bienes, sino que los mejora, los aumenta y hace crecer todo lo que el dueño le ha encomendado.

Dios es un Dios de orden y nos disciplina a través de estos propósitos, si son para bien los concede, pero si los niega también es para nuestro bien.

Somos llamados a trabajar, porque es en este medio donde Dios nos prospera y disciplina, y así también prospera a nuestro prójimo, como verás todos salimos beneficiados.

Así que, pon tus propósitos siempre en las manos de Dios:

El ser humano hace planes, pero la Palabra final la tiene el Señor. vs. 3; Pon en manos del Señor todas tus obras y tus proyectos se cumplirá.

Proverbios 16:1 y 3 NVI

AMADO DIOS

Hoy me acerco hasta Ti para decirte que nunca me cansaré de darte las gracias por todas las bendiciones y los hermosos regalos con los que Tú colmas mi vida. Tú eres un Dios bueno, grande y misericordioso y a cada instante puedo sentir tu maravillosa presencia conmigo a donde quiera que yo vaya.

Señor, hoy más que nunca te pido que me guíes y me protejas, pues Tú conoces mi vida, mis anhelos, mis temores y también mis necesidades. Por favor susurrarme palabras de fuerza y sabiduría, tómame de la mano y llévame por aquel camino que debo seguir, pues yo confío plenamente en Ti y en tus planes y acepto con alegría cada uno de los propósitos que tienes para mí.

Padre amado, en esta oración también quiero poner en tus brazos a mi hogar y a mi familia y te pido que seas Tú llenándonos de amor y entendimiento para actuar en tu tiempo perfecto y de acuerdo a tus designios.

Permítenos cumplir con nuestras obligaciones con gozo y alegría y si por algún motivo tuviésemos que superar una situación difícil, ayúdanos a recordar que atrás de lo que hoy parece una prueba siempre aguarda una hermosa bendición. Por favor, danos fuerza de voluntad y carácter para poder hacer de cada día, un gran día en tu nombre.

Te pido también por las necesidades físicas, materiales y espirituales de cada uno de nosotros, bendícenos en esta jornada y sé nuestro amoroso proveedor, pues si Tú estás a nuestro lado, absolutamente nada habrá de faltarnos.

Amado Dios, en este nuevo día pongo en tus manos mi ser, mis sueños y aquellas necesidades que Tú muy bien conoces, y sé que Tú guardaras cada uno de mis pasos y preservándome libre de todo mal, porque tu amor y tu bondad no conocen límites, Amén.

Por Ma. Guanajuato González Y Castañales

¡ Hola Bienvenida !

Mariant Peña Nava

NOTICIAS DEL REINO

TU PERIÓDICO DIGITAL

Crónicas Biblicas: Sara, La Esposa De Abraham. Parte 2

Por John MacArthur

SU VIAJE A LA TIERRA DE LA PROMESA

Al parecer, Dios le habló a Abraham cuando todavía era un hombre joven que vivía en Ur, diciéndole: « Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Génesis 12.1).

Abraham obedeció y Hebreos 11.8 expresamente lo elogia por su obediencia: «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba».

Pero el viaje era largo y lento. Pareciera que Abraham no se separó de inmediato de su familia y de la casa de su padre. En vez de eso, llevó a su padre consigo. Es posible que al principio se haya sentido algo reticente a cortar de inmediato los lazos familiares. De hecho, por el modo como la Escritura relata la primera etapa del movimiento desde Ur de los Caldeos, pareciera que el padre de Abraham, Taré, todavía estaba actuando como cabeza de toda la familia: «Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí» (Génesis 11.31).

Evidentemente, Taré estaba todavía a cargo. La Escritura lo presenta como el jefe del viaje, con Abraham, Sara y Lot tras él. Pero la primera etapa del viaje los llevó hasta Harán, aproximadamente unos 1.100 kilómetros hacia el noroeste, siguiendo el curso del Eufrates. Quizás Taré era demasiado viejo para seguir viajando. No sabemos cuánto tiempo Abraham y Sara se quedaron en Harán.

Pero no continuaron sino hasta que murió Taré, algún tiempo después. La Escritura dice que Taré tenía más de doscientos años cuando murió, y Abraham era de setenta y cinco cuando finalmente partió de Harán hacia la tierra prometida. Eso quiere decir que Sara tenía sesenta y cinco, justo la edad en que la mayoría de las personas piensa que es la ideal para jubilarse.

Sara de ninguna manera era joven, siquiera para el esquema de la era patriarcal, cuando las personas vivían mucho más tiempo y permanecían ágiles, sanos y vigorosos aún pasados los sesenta.

La vida de un nómada podía ser difícil para alguien de sesenta y cinco. Y sin embargo no hay ninguna señal de que ella se mostrara reticente o de mala voluntad para ir con Abraham a una tierra que ninguno de ellos había visto jamás. De hecho, lo que sabemos de Sara nos indica que lejos de quejarse, fue con Abraham con entusiasmo, ansiosa y gustosamente.

Era absoluta y totalmente devota de su marido. Sabiendo que Dios quería hacerlo padre de una gran nación, su mayor anhelo era dar a luz al niño que pondría en acción todo ese proceso.

Al dejar Harán después de enterrar a su padre, Abraham aún tenía una enorme caravana. La Escritura nos dice que, «Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron» (Génesis 12.5).

Este relato sugiere que la etapa final del viaje para Canaán fue sin interrupciones. Fueron 563 kilómetros a pie (más de mil seiscientos kilómetros desde Ur). Con una caravana grande, avanzando entre ocho y diez millas como promedio diario, el viaje entre Harán y Canaán debe haber durado aproximadamente unas seis o siete semanas.

Al parecer, Abraham no se detuvo sino hasta haber llegado a Betel, una área fértil con abundantes manantiales Su primer acto allí fue levantar un altar de piedra. En ese momento, el Señor se le apareció. Amplió su promesa original, añadiendo que daría toda la tierra que lo rodeaba a sus descendientes.

Y, aunque Abraham y Sara permanecieron como nómades y errantes por el resto de sus días, este lugar y altar representó su ancla. (Este fue el mismo lugar donde su nieto, Jacob, sería visitado por Jehová después, y donde tuvo el famoso sueño

con una escalera que llegaba hasta el cielo.) Pero las circunstancias forzaron a Abraham a seguirse moviendo hacia el sur. «Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra» (Génesis 12.10).Allí fue donde, por primera vez, Abraham trató de hacer pasar a Sara como su hermana.

Hizo esto por temor de que si el faraón sabía que ella era su esposa, lo mataría para obtener a Sara. Aquí vaciló la gran fe de Abraham. Sucumbió por miedo a los hombres. Si él hubiera simplemente confiado en Dios, el Señor habría protegido a Sara (como lo hizo de todos modos).

Pero la Escritura dice que aún antes de entrar en Egipto, Abraham discutió con Sara sobre los peligros de este lugar para un hombre con una mujer hermosa. «Cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida» le dijo (Génesis 12.12). Y así, ante la sugerencia de Abraham, ella aceptó pasar como su hermana (v.13). Los motivos de Abraham fueron egoístas y cobardes, y la escena refleja una seria debilidad en su fe. Pero la dedicación de Sara para con su marido es, no obstante, loable y Dios la honró por eso.

Los guardias la vieron, le advirtieron al faraón de su presencia y la llevaron al palacio. La Escritura dice que el faraón demostró favor por su «hermano» Abraham, a causa de Sara, prodigándole ganados, al parecer con la expectativa de pedir su mano en matrimonio (v. 16). Mientras tanto, por la providencia de Dios, el faraón no la violó (v. 19). Y para asegurarse que no lo hiciera, el Señor hirió su casa con «grandes plagas» (v. 17). De algún modo el faraón descubrió la razón de las pestes, y confrontó a Abraham por este engaño, expulsando al patriarca y a su esposa de Egipto (Génesis12.19-20). No obstante, preocupado por asuntos más urgentes, no hizo daño a ninguno de ellos, y cuando Abraham dejó Egipto, la predilección del faraón por Sara hizo de él un hombre muy rico (Génesis 13.22). Él y Sara volvieron a Betel, «al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová» (Génesis 13.4).

De ahora en adelante, el Señor mismo sería su morada. Juntos habitarían como extranjeros «en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas… porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos11.9-10).

Esto resume mejor que ningún otro relato la vida terrenal que Sara heredó cuando decidió por fe seguir a su marido: todas las contrariedades terrenales fueron mitigadas por la promesa de bendición eterna.

SU ANHELO POR LA BENDICIÓN PROMETIDA

Recuerde: Abraham y Sara provenían de un entorno urbano. No eran, como se presume comúnmente, nómades o beduinos que deambularon de allá para acá y de aquí para allá durante toda su vida porque era lo único que conocían.

Mantenga en mente que no partieron de viaje sino hasta cuando Abraham estaba en la mitad de los setenta y Sara era solo una década menor. La vida errante no era algo a lo que Sara estuviese acostumbrada; era algo que debió aprender a aceptar.

¿Qué fue lo que dio energía a la buena voluntad de Sara para dejar por completo su entorno familiar, romper los lazos con su familia y comprometerse a una vida errante sin raíces? Nótese la naturaleza de la vasta promesa de Dios a Abraham: «Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás b a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra» (Génesis 12.2-3).

Esa es la primera pista oficial que tenemos del pacto abrahámico, una promesa formal de Dios para con Abraham y su descendencia para siempre. La promesa de Dios era incondicional y literalmente ilimitada en el alcance de su bendición. Dios bendice a Abraham, haciéndolo a la vez a él una bendición para todo el mundo (Gálatas 3.9-14). Pero la bendición prometida tenía implicaciones eternas.

En otras palabras, la redención del pecado y los medios de la salvación del juicio divino eran parte y fondo de la promesa (Gálatas 3.8, 16-17). Sara comprendió esa promesa. De acuerdo con la Escritura, lo creyó. Sabemos sin discusión, desde una perspectiva neotestamentaria, que el pacto de Dios con Abraham, fue una afirmación de la misma promesa mesiánica que Dios, ya había hecho a Eva en el jardín, cuando le dijo que su simiente aplastaría la cabeza de la serpiente. Como Cristo es la Simiente de la mujer que derrota a la serpiente, Él es también la Simiente de Abraham mediante la cual todo el mundo sería bendecido. Pablo escribió: «Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo» (Gálatas 3.16).

Esta misma promesa es el tema central que se extiende a través de toda la Escritura, desde Génesis 3, a su cumplimiento final en los últimos capítulos del libro de Apocalipsis.

Abraham fue el conducto humano a través del cual, el mundo vería la grandeza del plan redentor de Dios. Él comprendió eso. Sara también lo comprendió y lo aceptó. «Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido» (Hebreos 11.11).

Pero, a pesar de su fe, ella sabía desde una perspectiva humana que los muchos años de esterilidad se cernían como una amenaza para la satisfacción de la promesa de Dios. Sara debe haber ponderado esto constantemente, y con el tiempo, el peso de su carga iba en aumento. Pero Dios se guardó de darle razones para su esperanza. En Génesis 15.7-21, Jehová repitió y amplió su promesa a Abraham, ratificando formalmente el pacto.

Es significativo que el versículo 12 dice que un sueño profundo cayó sobre Abraham; entonces el Señor por su propia mano llevó a cabo la ceremonia del pacto. (A propósito, la palabra hebrea usada en el versículo 12 es la misma que describe el «profundo sueño» en el que cayó Adán cuando el Señor le sacó la costilla para hacer a Eva.) Este detalle sobre el sueño de Abraham se da para destacar que el pacto fue totalmente incondicional. El acuerdo fue la promesa unilateral de Dios a Abraham acerca de lo que El, Jehová, haría. No hubo ninguna demanda, ni de Abraham, ni de Sara. Fue un pacto completamente unilateral. Si Sara se hubiera dado cuenta de esa verdad y la hubiera aceptado, su pesada carga le habría sido quitada en un instante.

SU DESATINO EN EL CASO AGAR

En lugar de eso, Sara asumió la responsabilidad de idear un plan que era tan desacertado y tan carnal, que haría que lo lamentara por el resto de sus días. Como era previsible, las consecuencias malignas de ese acto tuvieron increíbles repercusiones de largo alcance.

Claramente, algunas de las tensiones que vemos hoy en Medio Oriente, tienen sus raíces en el audaz truco de Sara, para tratar de inventar una solución humana a su dilema. Tratando de ser justos, tenemos que reconocer que desde un punto de vista puramente humano, es comprensible que Sara perdiera las esperanzas. Habían pasado diez infructuosos años desde que Abraham y Sara habían llegado a Canaán (Génesis 16.3).

Sara tenía ahora setenta y cinco años, era posmenopáusica, y aún sin hijos. Si Dios planeaba hacerla la madre del heredero de Abraham, ¿por qué no lo había hecho ya? Era natural que pensara que Dios estaba reteniendo sus hijos deliberadamente. Como de hecho lo fue.

Cuando vino el tiempo para que su promesa se cumpliera, nadie pudo negar que ésta era efectivamente la obra de Dios. Su plan era que Sara tuviera su primer niño en la vejez, una vez que se hubiera agotado toda posibilidad natural del cumplimiento de la profecía, y después que todas las razones terrenales para la esperanza estuvieran totalmente muertas.

Así, Jehová desplegaría su poder. Pero cuando consideró sus circunstancias, Sara concluyó que un tipo de paternidad sustitutiva sería la única solución posible para su problema. Si la promesa de Dios a Abraham iba a cumplirse, Abraham tenía que procrear hijos por cualquier medio. Así Sara tomó para sí, la tarea de idear el cumplimiento de la promesa divina.

Inconscientemente asumió el papel de Dios. Sara tenía una criada llamada Agar, que había adquirido durante su estada en Egipto. Sara pensó que puesto que ella era su dueña, si Abraham procreaba un niño en Agar, éste sería de hecho un niño suyo. «Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai» (Génesis 16.2).

Este fue el primer caso de bigamia registrado en la Escritura que involucra a un hombre justo. El verdadero primer bígamo del relato bíblico fue Lamec (Génesis 4.19), un descendiente malo de Caín. (No confundir con el otro Lamec de Génesis 5.25-29 padre de Noé y descendiente por la línea de Set. Ante la sugerencia de su esposa, Abraham tomó una concubina. «Y Sarai mujer de Abram tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio por mujer a Abram su marido» (Génesis 16.3).

Esto constituyó un lamentable precedente para el patriarca de la nación que se iba a crear. En las próximas generaciones, Jacob sería engañado por su tío al casarlo tanto con Lea como con Raquel (29.23-31); David tomaría concubinas (2 Samuel 5.13); y Salomón llevaría la poligamia a un extremo casi increíble llegando a mantener un harén de más de mil mujeres (1 Reves 11.1-3).

No obstante, el diseño de Dios para el matrimonio fue desde el principio la monogamia. «Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne» (Mateo 19.4-5, énfasis añadido). Del mismo modo, Pablo aclaró cuál es, para Dios, el ideal del matrimonio: «Cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido (1 Corintios 7.2, énfasis añadido).

La desobediencia a ese precepto siempre ha tenido consecuencias funestas. La poligamia en el corazón de David lo llevó a pecar con Betsabé. Los flirteos maritales de Salomón destruyeron y dividieron su reino (1 Reyes  11.4).

Nada bueno ha venido nunca del quebrantamiento del principio monógamo «una sola carne». La unión de Abraham con Agar ciertamente no es la excepción. Tan pronto como Agar concibió, Sara supo que había sido un grave error.

Agar se puso arrogante e irrespetuosa con Sara: «Y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora» (Génesis 16.4). Aquí, entonces, vemos el primer estallido del temperamento de Sara. «Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo» (Génesis 16.5).

Es cierto que Sara estaba siendo irracional. Todo este plan sórdido fue, después de todo, su gran idea. Sí. Como cabeza espiritual de la familia, Abraham debió haber rechazado el plan de Sara, pero a pesar de eso no podía echársele toda la culpa a él. Por otro lado, era cierto que Agar provocaba a Sara deliberadamente. Su trato insolente para con su señora no tenía excusa. Sin duda, Agar sabía muy bien el extremo dolor que sentía Sara por su esterilidad. Ahora estaba de adrede poniendo sal en la herida. Puesto que Agar era la criada y Sara la señora, ésta era la más descarada clase de atrevimiento deliberado. Una sección del libro de Proverbios trata precisamente esta situación: Por tres cosas se alborota la tierra, Y la cuarta ella no puede sufrir:Por el siervo cuando reina; por el necio cuando se sacia de pan; por la mujer odiada cuando se casa; y por la sierva cuando hereda a su señora (Proverbios 30.21-23).

La verdad, sin embargo, es que cada participante en este asunto fue culpable y todos terminaron cosechando el amargo fruto que habían sembrado. Abraham reconoció la legitimidad de la queja de Sara. Podría haber sido sabio para actuar como arbitro y buscar una solución justa para ambas mujeres. Pero dada la disposición de Sara en ese momento, hizo lo que la mayoría de los maridos haría y dejó que Sara se las arreglara con Agar a su modo. «Y respondió Abram a Sarai: He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella lo que bien te parezca» (Génesis 16.6).

Para comprender la extrema frustración de Sara, sigamos a Agar por un momento. Note primero que aunque Sara trató con crueldad a su sierva, el Señor mostró gracia extrema para con esta. El Angel del Señor la buscó. Con toda probabilidad, éste no era ningún ángel creado, sino una manifestación visible de Jehová mismo en forma angelical o humana. (Me inclino a pensar que este ángel era en realidad el Hijo de Dios pre encarnado. Encontramos al mismo ángel varias veces en el Antiguo Testamento, incluyendo Génesis 22.11-18; Éxodo 3.2-5 y 1 Reyes 19.5-7.) Nótese que se dirigió a Agar en primera persona, como Jehová, y no en tercera persona, como un mensajero angelical que hablaba sobre lo que Jehová haría. Sus palabras para Agar fueron gentiles y llenas de misericordia.

Primero le preguntó de dónde venía y hacia dónde iba. Se refirió a ella directamente como «Agar, sierva de Sarai», para dejar muy en claro quien era y recordarle su deber. Luego, para hacer esto explícito, cuando Agar respondió con sinceridad, el Ángel le dijo: «Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano» (Génesis 16.9).

Como criada obligada legalmente, no tenía derecho a huir, por lo que tuvo que volver y obedecer en humildad. El Ángel, entonces, hizo una promesa asombrosa, que Agar jamás habría pensado en solicitar: «Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud» (Génesis 16.10). Proféticamente, le describía a su hijo no nacido, diciendo que lo llamaría Ismael y que sería fiero viviendo en medio de sus hermanos (16.12). Ella, en cambio, lo reconoció por un nombre único: «El-Roi» o «el Dios que ve», en referencia al ojo omnisciente que la siguió y la vio incluso cuando trató de esconderse (16.13).

Piense en esto, sin embargo: Sara nunca había recibido tal promesa de Dios. La fe de Sara residía en las promesas que Dios había hecho a Abraham. Es más, Sara nunca había sido nombrada en el pacto que Dios hizo con Abraham.

Dios ya había confirmado su promesa a Abraham al menos en tres ocasiones: Primero, le dijo que sería el padre de una gran nación (12.3); luego, le prometió que su simiente sería tan numerosa como el polvo de la tierra: «Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada » (Génesis 13.16).

Cuando Abraham recordó al Señor que todavía carecía de un legítimo heredero, Dios volvió a prometer que la simiente de Abraham sería de tal cantidad como las estrellas delcielo (15.1-6). En ninguna de esas ocasiones Dios dijo expresamente que Sara sería la madre de la nación en cuestión.

Esa era su esperanza y su expectativa. Pero el episodio con Agar muestra que la esperanza de Sara estaba empezando a decaer. Se estaba desalentando gradualmente.

TU PERIÓDICO DIGITAL

Audio Crónicas: MIRIAM La Hermana De Moises

Por John MacArtur