Confía En Dios

Por Ps. Maris Galindo

Hemos recorrido ya los primeros días del año 2024, un día más que nos acerca a la venida de nuestro Señor y Salvador ¡Jesucristo!. 

Para los creyentes es una noticia llena de esperanza y de gran emoción. Veremos al Creador del universo cara a cara. Es una noticia gloriosa y a la vez indescriptible. 

Sin embargo, muchas veces esta noticia se ve opacada cuando nos encontramos atravesando diversas pruebas y sufrimiento; muchos caen en el error de sentirse decepcionados pensando ¿por qué Dios permite tales aflicciones? y muchos, envueltos en su derrota y dolor se apartan de aquel que es Fiel y Verdadero. 

Desafortunadamente hay muchas enseñanzas erróneas que hacen creer que, al venir a Cristo, todo será “miel sobre hojuelas” piensan que con Dios de nuestro lado, seremos librados del dolor y del peligro de éste mundo; pero Dios no miente y Jesús en Juan 16:33 nos advierte de ello: “En este mundo van a sufrir “

“En el mundo tendremos aflicciones”, dolor, consecuencias de pecados… cuánta verdad…..pero hemos sido advertidos y debemos confiar en que podremos ser tocados por la dificultad pero no vencidos por ésta porque Cristo está con nosotros.

No pierdan la paz, para que en su avanzar en la fe no se desanimen.

Tenemos, además de la advertencia, un valioso recordatorio en la segunda parte del versículo: “pero confíen, tengan valor porque Yo he vencido al mundo.”

Nuestro Señor Jesucristo ha vencido a los poderes que gobiernan este mundo.

Dios ha preparado un estado eterno donde no habrá más aflicción, pero en esta tierra, Jesús nos dice: esto es difícil…..pero confíen.

Confíen aun cuando no entiendan Su plan, así como nos exhorta Max Lucado, predicador evangélico y reconocido escritor estadounidense.

La pregunta es:  ¿Cuánto confían en Dios?.

Confiar en Dios significa creer en su fidelidad en este mundo caído; significa que creemos en las promesas de Dios en todas las circunstancias, incluso cuando la evidencia parece ser lo contrario. 

El confiar en Dios es un elemento esencial de la fe verdadera y salvadora que mira a Dios y encuentra paz, fortaleza, satisfacción y mucho más en Él, y en todo lo que Él ha hecho, está haciendo y hará, ahora y para siempre en nosotros a través de Su Hijo Jesucristo.

Que su bendita palabra les exhorte y fortalezca si se encuentran pasando por diversas pruebas. Recuerden que todo pasará y que Dios ha preparado una morada eterna donde no habrá más llanto ni dolor. 

Salmo 62:5

Las Mujeres Tenemos Un Tema Con la Edad.

Por Inma Gómez

«Las MUJERES siempre tenemos la EDAD EQUIVOCADA…”

Según una investigación, publicada por la revista Harvard Business Review, “las mujeres lo tenemos muy complicado a cualquier edad para ocupar o MANTENERNOS en un puesto de responsabilidad:

1️⃣Si tiene menos de 40, el enemigo es LA FERTILIDAD y la falta de experiencia. 

2️⃣Entre 40 y 50, los enemigos son: Tu confianza y COMPETENCIA. Los empleadores se escudan en “que somos difíciles de tratar cuando estamos en la cima de nuestra experiencia profesional”.

3️⃣Si tienes más de 60, el enemigo es la falta de JUVENTUD. Se nos descarta por “ideas más frescas””.

Fuera del estudio…es INDISCUTIBLE que la mujer de hoy se enfrenta a una doble DISCRIMINACIÓN: la de género y la de la EDAD, que según datos publicados en la última Encuesta de Población Activa (EPA), el número de mujeres sénior DESEMPLEADAS era de 479.200 personas frente a 368.200 hombres.

Es EVIDENTE que ser una mujer MAYOR es PEOR de ser un hombre mayor, ya sufren discriminación POR SU EDAD con respecto a los varones y también con respecto a las mujeres JÓVENES. 

La consecuencia es la INVISILIZACIÓN del colectivo y de sus problemas en todos los ámbitos sociales. 

Quien más quien menos, ha tenido que PELEAR con ciertas CREENCIAS LIMITANTES, discriminatorias, sin BASE CIENTÍFICA, que se convierten en MUROS para alcanzar un puesto de trabajo.

A mi humilde entender, por mi experiencia, EXISTE una gran falta de SOLIDARIDAD  que se deja sentir especialmente en el plano LABORAL.

No podemos esperar a que OTROS, (sociedad o Institucione) NOS hagan el trabajo. 

El cambio DEBE empezar por NOSOTRAS, abandonado la PERVERSA, pero cómoda costumbre de ponerle EDAD y etiquetas limitantes a todo y a TODOS/AS.

Lo usamos como referente (erróneo muchas veces) para medir: la CAPACIDAD, la validez, incluso la BELLEZA…

Una mujer ES, VALE y MERECE a cualquier edad. Un hombre también.

TODOS y TODAS tenemos que seguir trabajando para romper con moldes, tópicos y PREJUICIOS que, en muchas ocasiones, NACEN dentro de nosotras.

“Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti primero”.

Ghandi

Qué opinas? Te leo

Inma Gómez 

Crónicas Bíblicas: Sara Parte 3 Fin

Por John Macarthur

SU PERSEVERANCIA A TRAVÉS DE AÑOS DE SILENCIO

Cuando nació Ismael, la Escritura dice que Abraham tenía ochenta y seis años (Génesis16.16). Los trece años más frustrantes en la vida de Sara fueron los que siguieron a este hecho. Seguía siendo estéril.

A esa altura tenía ochenta y nueve años y había vivido en Canaán durante veinticuatro años. Su marido estaba a punto de celebrar su cumpleaños número cien. Si su esperanza no estaba completamente destrozada, debe haber estado colgando de un hilo muy delgado.

Aquí es donde destaca la grandeza de la fe de Sara. Había abrigado esa esperanza durante tanto tiempo. Los años habían llegado y se habían ido. Ahora era una anciana, y sin importar cuán a menudo trataban ella y Abraham de concebir, la promesa todavía no se cumplía.

La mayoría de las mujeres se habría rendido mucho antes. Una mujer menos firme habría perdido la esperanza de ver cumplida la promesa de Jehová y se habría volcado al paganismo. Pero se nos recuerda otra vez que Sara «creyó que era fiel quien lo había prometido» (Hebreos 11.11).

Esto es lo que la hizo tan extraordinaria. Finalmente, cuando Abraham tenía noventa y nueve años, el Señor se hizo presente otra vez y una vez más renovó el pacto. Fue una muy importante reposición del pacto. El pasaje es largo, y no hay suficiente espacio aquí para analizarlo en detalle, pero el Señor otra vez reiteró y amplió las promesas esenciales que había hecho a Abraham.

Cada vez que vinieron las promesas, éstas fueron más grandes: «He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes» (Génesis 17.4). No solo «una gran nación»; no simplemente descendientes tan numerosos como las estrellas o el polvo, sino «muchas naciones».

A este hombre envejecido que se las había arreglado para procrear solo a un hijo (y eso por los medios menos honorables), Dios le dijo: «Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti » (Génesis 17.6). Fue también en este punto que Dios dio su nombre a Abraham, cambiándolo por su nombre de nacimiento, Abraham (17.5). Abraham significa «padre eminente»; Abraham, «padre de muchas naciones».

El Señor extendió también el pacto abrahámico a las demás generaciones, haciendo de toda la región de Canaán «una heredad perpetua» para Abraham y sus descendientes para siempre (17.7-8).

Finalmente, Dios dio a Abraham la señal de la circuncisión, con instrucciones de cómo practicarla (17.10-14). La circuncisión fue la señal y el sello formal del pacto. Todo lo concerniente a este pacto estaba ahora en su lugar. Significativamente, al comienzo del capítulo, Jehová se reveló a Abraham con un nuevo nombre: «Dios todopoderoso», El Shaddai en hebreo (17.1).

El nombre deliberadamente exaltaba la omnipotencia de Dios. Después de oír esta promesa tantas veces, Abraham debe haberse preguntado si alguna vez vería al hijo que encarnaba su cumplimiento. El nombre era un recuerdo sutil para Abraham de que nada era imposible para Dios. Habiendo dicho esto, el Señor se concentró en Sara. Por primera vez en el relato, Él específicamente incluye a Sara por nombre en las promesas del pacto: «Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reves de pueblos vendrán de ella» (Génesis17.15-16).

Quitando el pronombre posesivo («mi»), el Señor estaba eliminando el aspecto limitante de su nombre, puesto que ella iba a ser ancestro de muchas naciones. No hay indicación de que Sara estuviera presente oyendo esto; el contexto sugiere que no fue así. Podemos tener la certeza que fue Abraham quien se lo dijo la primera vez. Note su reacción:« Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?» (Génesis17.17)

Probablemente en esa risa hubo más alivio y alegría que incredulidad. Podemos comprender el asombro de Abraham, matizado con una pizca de incertidumbre. Pero no lo confundamos con la incredulidad. En Romanos 4.20-21, el apóstol Pablo habla de esto mismo, y dice que Abraham tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Abraham también clamó a Dios para que no se olvidara de Ismael, en ese momento de trece años y sin duda amado por su padre. «Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti» (Génesis 17.18).

El Señor inmediatamente reiteró la promesa concerniente a Sara: «Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él» (v. 19).

La promesa del pacto tendría su cumplimiento en el hijo de Sara, no en el de Agar (Gálatas 4.22-28).

Todavía el Señor tenía una cosa más que decir: «Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrarán, y haré de él una gran nación. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene (Génesis 17.20-21).

Desde el principio había aquí una promesa con fecha fija, que garantizaba a Sara su lugar en el pacto. Con eso, la entrevista estaba terminada, y la Escritura dice: «Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham» (v. 22).

Abraham debe haber buscado de inmediato a Sara para contarle lo que el Señor le había dicho. Cualquiera haya sido su reacción, ella sin duda comprendió que Abraham había creído en la promesa, porque se circuncidó de inmediato y también cada varón en su familia «nacido en la casa o comprado como extranjero» (vv. 23-27)

SU FELICIDAD POR EL CUMPLIMIENTO DE LA PROMESA

La próxima vez que el Señor apareció ante Abraham, uno de sus propósitos expresos fue renovar la promesa a favor de Sara de modo que ella pudiera escucharla con sus propios oídos. Génesis 18 describe cómo el Señor visitó a Abraham acompañado de dos ángeles. Abraham los vio de lejos, y (quizás aún antes que se diera cuenta quiénes eran) Sara empezó los preparativos de una comida para ellos. Les ofreció «un poco de agua… (v), y un bocado de pan», pero en realidad les preparó un medio becerro ofreciéndoles un verdadero banquete (Génesis18.4-8).

La buena voluntad de Sara para atender a los huéspedes minuciosamente y con tan poca anticipación es una de las pruebas de su sumisión a Abraham que el apóstol Pedro destaca como modelo de esposa. Pedro escribió: «Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor» (1 Pedro 3.5-6).

Este fue el primer ejemplo que a Pedro se le vino a la mente. De hecho, mientras Sara es presentada siempre como sumisa a Abraham, Génesis 18.12 es el único lugar del Antiguo Testamento donde se refiere a él como «mi señor». Mientras estaban comiendo, los hombres preguntaron, «¿Dónde está Sara, tu mujer?» (Génesis 18.9) «Aquí, en la tienda», respondió Abraham sugiriendo que sabía que ella lo alcanzaba a oír.

La Escritura describe los detalles de la conversación que siguió: Entonces dio: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rio, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo seria dado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído (Génesis 18.10-15).

La risa de Sara (igual que antes la de Abraham) parece haber sido una exclamación de gozo y de asombro más que de duda. Incluso cuando el Señor pregunta, «¿Por qué Sara se río?», ella lo niega.

Esa negación fue motivada por el temor. Estaba asustada porque no se había reído en voz alta, sino «dentro de sí». Tan pronto como se dio cuenta que este desconocido tenía tan seguro y minucioso conocimiento de su corazón, supo al instante, y sin ninguna duda, que aquello era del Señor. El año siguiente fue un año difícil y muy atareado para Abraham y Sara. Fue el año en que Dios destruyó a Sodoma y Gomorra (Génesis 18.16-19.29).

Y durante ese mismo tiempo, Abraham viajó hacia el sur otra vez, esta vez a la nación gobernada por Abimelec, rey de Gerar. Sara, aunque ahora de noventa años, todavía era lo suficientemente hermosa para agitar las pasiones de un rey. Lo que había ocurrido en Egipto veinticinco años antes volvió a suceder.

Abraham trató de presentar a Sara como su hermana, y Abimelec, prendado de su belleza, comenzó a perseguirla. Pero Dios protegió a Sara, advirtiéndole a Abimelec en un sueño que era la esposa de Abraham (Génesis 20.3).

La Escritura subraya el hecho de que Dios no permitió que Abimelec la tocara (20.6), para que no hubiera ninguna duda respecto del niño que ella pronto daría a luz. Abimelec, quien se asustó mucho cuando Jehová se le apareció en sueños, fue gentil con Abraham y con Sara. Fue pródigo en regalos para Abraham y le dijo: «He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca» (Génesis 20.15).

A Sara le dijo: «He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos» (Génesis 20.16) Según la Escritura, inmediatamente después de ese incidente, visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho (Génesis 21.1-2). Sara le puso por nombre Isaac, que quiere decir «risa». Y dijo: «Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo» (21.6).  

Así ella confesó la risa que anteriormente había tratado de negar. Aquí se nos da una fascinante mirada introspectiva al verdadero carácter de Sara por el hecho que ella vio humor genuino en la forma como Dios la trataba. «¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez» (v.7)

A pesar de sus ocasionales estallidos de humor y su batalla con el desaliento, Sara era, por lo general, una mujer afable. Después de esos largos años de amarga frustración, todavía podía apreciar la ironía y disfrutar de la comedia de llegar a ser madre en la vejez. Ahora se realizaba la ambición de su vida y el recuerdo de años de amarga decepción desapareció rápidamente de su vista. Dios había sido fiel en verdad.

SU DUREZA PARA TRATAR A ISMAEL

Sara tiene un papel principal en solo un episodio más narrado en la Escritura. Por lo que sabemos de esa cultura, Isaac fue destetado definitivamente cuando ya un niño de unos dos o tres años.

La Escritura dice: «E hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac» (21.8). Era una ocasión para celebrar. Pero algo pasó que fue la gota que rebalsó el vaso de Sara en su larga lucha por aceptar a Agar como concubina de su esposo. Vio a Ismael burlándose de Isaac (v.9).

La Escritura no dice por qué se burlaba Ismael. Probablemente haya sido por alguna causa insignificante e infantil. Como cualquier padre lo podría confirmar, tal comportamiento no tiene nada de extraño en un niño de la edad de Ismael.

No tendría más de catorce años en esa fecha, recién saliendo de la niñez para entrar en la adolescencia, lo bastante mayor para ser responsable de sus actos pero no para ser sabio. Pero fue demasiado para que Sara lo soportara. Inmediatamente dijo: «Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo» (v.10).

Para Abraham, toda la alegría de la fiesta se esfumó en un instante. Después de todo, Ismael era su hijo primogénito. Lo amaba de verdad. Recuerde su primera súplica al Señor: «Ojalá Ismael viva delante de ti» (Génesis 17.18). ¿Estaba siendo Sara demasiado severa?.

En realidad, no. En la práctica, cualquier mujer forzada a compartir su marido con una concubina respondería a la situación del mismo modo. Ella era la verdadera esposa de Abraham. Agar era una intrusa.

Además, de acuerdo con la promesa de Dios mismo, Isaac era el verdadero heredero de Abraham, prometido por Dios para ser aquel por medio del cual la promesa tendría su pleno cumplimiento. Las cosas se enredaron más allá de la medida para Ismael, al estar en posición de alegar el derecho de primogénito por sobre el verdadero heredero nombrado por Dios para suceder a Abraham. Cuanto más permaneciera Ismael en tal condición, más era una amenaza al propósito de

Dios para Abraham. Así que, lo que puede parecer a primera vista como una reacción extrema no fue sino otra prueba de la gran fe de Sara en la promesa divina. Dios mismo confirmó la sabiduría de su demanda: «Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia» (21.12). Ismael no fue de ningún modo abandonado. El Señor prometió hacer de él también una gran nación, «porque es tu descendencia» (v.13).

En consecuencia, se apareció a Ismael y a Agar en su apuro y prometió cubrir todas sus necesidades (v.14-21). Además, entre Ismael e Isaac se mantuvo algún tipo de relación familiar porque cuando Abraham murió, ambos hijos enterraron a su padre al lado de Sara (Génesis 25.9-10).

El apóstol Pablo usa la expulsión de Agar como una ilustración del conflicto entre la ley y la gracia. Lo llama «una alegoría» (Gálatas 4.24), pero no debemos pensar que con ello está negando los hechos históricos que cuenta el Génesis.

En vez de eso, los está tratando como tipología o, mejor aún, como una lección de vida. Agar, la sierva, representa la esclavitud del legalismo; es decir, el intento por ganar el favor de Dios por medio de las obras. Sara, la esposa fiel, representa la perfecta libertad de la gracia.

Pablo recuerda a los creyentes de Gálatas, «Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa» (v.28), salvados por gracia, no esperando ser salvados por las obras. «Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora» (v.29).

Tal como Ismael se burlaba de Isaac, así los falsos maestros de Galacia perseguían a los fieles creyentes. ¿La conclusión de Pablo? «Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre» (v.30).

A pesar de lo brutal que parezca, hay un principio espiritual crucial, muy necesario y positivo en la expulsión de Agar e Ismael. Simboliza la verdad importante que el tipo de religión dependiente del esfuerzo humano (simbolizada por la trama carnal que

concibe a Ismael como un cumplimiento artificial de la promesa de Dios), completamente incompatible con la gracia divina (simbolizada por Isaac, el verdadero heredero). Y las dos se oponen una a la otra, de manera que ni siquiera pueden permanecer juntas.

LA FELICIDAD DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Después que Agar hubo sido expulsada, Sara regresó a una vida sana y monógama con su amado marido y su hijo, Isaac, que era un constante recuerdo para Sara y Abraham de la incondicional fidelidad de Dios. Hasta donde podemos saber, los restantes años los vivieron con alegría y paz. Sara no aparece en la descripción bíblica ni siquiera cerca de Abraham para el sacrificio de Isaac. Todo el hecho es solo representado como una prueba de la fe de Abraham.

Sara parece haber sido mantenida totalmente al margen de esto hasta que hubo concluido. Ocurrió en la región de Moriah (Génesis 22.2). (En generaciones posteriores, la ciudad de Jerusalén rodeó el área conocida como Moriah, y el monte, en el corazón de la ciudad, tue el sitio exacto donde de acuerdo con 2 Crónicas 3.1 estaba situado el templo). Moriah estaba aproximadamente a setenta kilómetros de Beerseba, donde Abraham residía en ese entonces (Génesis 21.33-34). En todo caso, la fe de Sara ya había sido muy probada.

Ella había demostrado desde mucho antes su confianza total en la promesa de Dios. Y el sello de la aprobación de Dios sobre ella está contenido en aquellos pasajes del Nuevo Testamento que la reconocen por su fidelidad constante.

A decir verdad, en la misma manera como la que el Nuevo Testamento retrata a Abraham como el padre espiritual de todos los que creen (Romanos 4.9-11; Gálatas 3.7), a Sara se la presenta como la madre espiritual y el antiguo arquetipo de todas las mujeres fieles (1 Pedro 3.6).

Lejos de tomar en forma aislada esos ejemplos memorables donde Sara actuó muy mal, la celebra como el verdadero prototipo de una mujer adornada con «el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible» (1 Pedro 3.4) Ese es el adecuado epitafio para esta mujer realmente extraordinaria.

Audio Crónica: SARA Parte 2

Por Jhon Macarthur

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MariCarmen Lozada Armesto

Audio Crónicas: Sara, La Esposa de Abraham Parte 1

POR JOHN MACARTHUR

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MARIANT PEÑA NAVA

TU PERIÓDICO DIGITAL

Dominio Y Control Mundial: La Guerra Del Peloponeso

Por Pedro Baños

Nada es grande ni pequeño salvo por comparación.

JONATHAN SWIFT

En un constante estado de comparación en que, para que un Estado predomine, el de al lado debe ser inferior, es lógico que exista una estrategia para debilitar y empobrecer al vecino y/o enemigo que ha tocado en suerte.

A lo largo de la historia han sido muchos los procedimientos a los que los Estados han recurrido para mantener así su estatus. Un ejemplo palmario es la aplicación de la Doctrina Monroe.

Se invocó por primera vez a finales de la década de 1840 y fue a partir de 1850 cuando empezó a tomar sentido, llevándose a la práctica a finales del siglo XIX y principios del XX con acciones como la apropiación del canal de Panamá y la guerra de Cuba.

El objetivo no era otro que extender la influencia por el continente americano a la vez que se buscaba debilitar los imperios europeos no aliados, ya en decadencia, y que constituían el verdadero enemigo de Estados Unidos.

Por su parte, Gran Bretaña entró en la Primera Guerra Mundial, entre otros motivos, porque Alemania había construido una formidable flota que ponía en riesgo el dominio británico de los mares, algo que Londres no se podía permitir pues afectaba directamente a su preponderancia en el comercio marítimo.

Así lo entendía Bernhard Bülow, quien opinaba que, antes de la Primera Guerra Mundial, Inglaterra tenía dos motivos de inquietud, uno industrial y otro colonial, que obligaban a los ingleses a mirar a Alemania como su competidora y su rival. La oposición que encontró España para entrar en la Unión Europea por parte de Francia era una maniobra encaminada a mantener la posición de primacía francesa en Europa respecto a los productos agrícolas.

A los franceses les preocupaba que España les hiciera sombra con productos más competitivos al entrar en el mercado común y no tener aranceles.

Aunque no prosperó, se observa claramente una relación de vecindad en la que Francia quería seguir predominando económicamente.

En nuestros días, Estados Unidos considera que su vecino molesto es México. A Washington le interesa una cierta estabilidad del país vecino, pero no que evolucione tanto que llegue a convertirse en un fuerte competidor.

México, con 125 millones de habitantes (a los que hay que añadir otros 35 millones de mexicanos o de origen mexicano que viven en Estados Unidos) tiene una tasa de crecimiento demográfico de un 50 % superior a la estadounidense,puede convertirse en pocos años en una de las diez economías más potentes del mundo, pasando de la manufactura a la producción industrial de alta tecnología, y encima con grandes reservas de petróleo y un floreciente turismo.

Por si fuera poco, los salarios en México llegan a ser diez veces inferiores a los estadounidenses, según sus diferentes sectores, por lo que la competencia es feroz.

Esta puede ser la razón de que el actual presidente norteamericano, Joe Biden, haya anunciado cambios en las relaciones comerciales entre ambos países. No se ha de olvidar el siempre excluyente nacionalismo que:

«exaltando la potencialidad de cada nación, favorece y estimula el odio de las naciones vecinas, a veces antagónicas por razones de concurrencia en la adquisición de materias primas o en la venta de productos».

Pedro Herranz,

LA GUERRA DEL PELOPONESO

Como luego ocurriría con frecuencia en siglos posteriores, la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) es la historia clásica de un poder que se consideraba a sí mismo como hegemónico regional en este caso Esparta, y su percepción de la amenaza que suponía el surgimiento con fuerza de un rival que aspiraba al dominio regional:Atenas.

El desarrollo de esta conflagración, relatada por el militar y escritor ateniense Tucídides en su libro Historia de la Guerra del Peloponeso, se ha analizado desde muy diversas perspectivas, desde la puramente militar estrategias, batallas, armamento, generales, combatientes, etc. al contexto político interno de cada ciudad participante en el conflicto y la situación de las relaciones regionales.

Pero quizá el aspecto menos abordado haya sido el económico, a pesar de que se puede considerar que es el factor clave subyacente en el surgimiento y evolución del enfrentamiento, además de ser también relevantes las consecuencias económicas de esta guerra.

Pues esta rivalidad geopolítica regional, tantas veces replicada luego a lo largo de la historia, en la que también entraban en liza dos sistemas de gobierno opuestos la democracia ateniense y la oligarquía espartana, estaba impulsada por la competencia económica. En el 445 a. C., Esparta y Atenas habían firmado la «paz de los 30 años». por la que los atenienses aceptaban que sus rivales siguieran siendo la potencia hegemónica en el Peloponeso mientras que, en compensación, a ellos se les permitía desarrollar su capacidad marítima.

Pero con el paso de los años, Esparta se dio cuenta de que Atenas estaba controlando los mercados mediterráneos, lo que permitía a esta ciudad ser cada vez más rica y poderosa.

Además, Atenas se servía de la Liga de Delos, creada en el 477 a. C. por el estadista ateniense Arístides con el propósito de hacer frente a las invasiones de los persas, lo que le confería una gran fortaleza dado que los integrantes de dicha confederación estaban formalmente comprometidos a proporcionar tropas, barcos y financiación a las campañas que Atenas, en su papel de líder, emprendiera para defender al resto de la coalición de los ataques persas.

En gran medida, el acierto ateniense había sido justamente construir esta alianza que le facilitaba el acceso a elevadas cantidades de dinero del fondo común, que a su vez le permitían su propio desarrollo social y político.

Hay que retroceder en el tiempo para comprender en su totalidad la situación de Atenas cuando entró en guerra con Esparta en el 431 a. C. Durante los primeros años de funcionamiento de la confederación de Delos, y a pesar de que algunos de sus miembros desconfiaran del creciente poder de Atenas y de su posición privilegiada en el seno de la coalición, en general abundaba el concierto, dado que todos los integrantes, en mayor o menor medida, se beneficiaban del comercio que fomentaban los atenienses.

Pero la cohesión dentro de esta Liga se fue deteriorando con el paso del tiempo, pues Atenas abusaba de su posición dominante para aumentar los impuestos a los otros miembros a los que había obligado a emplear su moneda con la justificación de mantener el adecuado dispositivo bélico.

En el 453 a. C., algunos de los miembros de esta coalición comenzaron a negarse a pagar los tributos que Atenas les imponía, a lo que habían respondido los atenienses con penalizaciones por los retrasos.

La Paz de Calias, ocurrida en el 449 a. C., por la que se ponía fin a las Guerras Médicas entre la Liga de Delos y el Imperio persa, llevó a la mayoría de los miembros de la coalición liderada por Atenas a plantearse su utilidad una vez desaparecida la razón que había motivado su origen.

Como quiera que los atenienses deseaban preservar la alianza que les otorgaba tanto poder, adoptaron la posición de convertir a sus antiguos socios en súbditos de un nuevo imperio.

De este modo, Atenas llegó a tener más de 250 tributarios, ejerciendo un absoluto dominio del comercio marítimo en la región.

En este proceso de desarrollo, Atenas necesitaba expansionar su comercio a fin de conseguir más ganancias para mantener los gastos sociales, que le permitían tener contenta a una población de donde extraía, principalmente de las clases más bajas, a los remeros para los navíos de la inmensa flota en la que se asentaba su fortaleza.

Para ello, sus objetivos se focalizaron en hacerse con las principales minas de oro y plata de los territorios adyacentes. En un principio, Esparta no veía como un peligro a su poder hegemónico el incremento del comercio de la Liga de Delos encabezada por Atenas.

Pero no sucedía lo mismo con algunos de los participantes en la Liga del Peloponeso, liderada por los espartanos, que viendo amenazada su economía empezaron a

poner trabas al comercio de los afiliados a Delos.

Esto llevó a que Atenas se planteara imponer algún tipo de bloqueo a las ciudades que le hacían la principal competencia. Uno de los grandes rivales económicos además de militar, por su potente flota de la Liga de Delos era Corinto, integrada en la rival Liga del Peloponeso.

Era una ciudad rica y su privilegiada posición le permitía controlar algunas de las principales rutas comerciales marítimas y terrestres.

Para Atenas llegó a convertirse en una auténtica obsesión, pues Corinto, exportadora de cotizados productos por todo el Mediterráneo, rivalizaba con los atenienses por copar el importante mercado siciliano, que llevaba asociado el dominio del mar Jónico.

Durante el trascurso de la guerra, una vez destruida la mayor parte de su flota y los territorios que controlaba en el estrecho de los Dardanelos (conocido en aquella época como el estrecho de Helesponto), Atenas ya no podía abastecerse de las mercancías provenientes del mar Negro especialmente cereales, que eran la base de la alimentación, teniendo esta circunstancia un peso trascendental en la derrota final de los atenienses, pues los espartanos la aprovecharon para, junto con otras maniobras encaminadas al mismo fin, imponer la pena del hambre a sus adversarios, abocándolos a la rendición.

En cuanto a las consecuencias del final de la guerra, Atenas, una vez vencida y sometida militar y políticamente por Esparta, se encontró con la prosperidad económica de antes de la guerra completamente destruida y su impotencia para recuperarla.

El resto del Peloponeso fue igualmente afectado por el enorme desgaste económico que la contienda había exigido, adueñándose así la pobreza de los griegos.

Cabe destacar, entre otras consecuencias económicas, que buena parte de las ciudades de la Liga del Peloponeso tuvieron que pedir dinero prestado, sobre todo a los persas, lo que no deja de ser sorprendente pensando que en realidad eran estos los enemigos comunes de todos los griegos. En cierto modo, la economía les proporcionaba a los persas una victoria inesperada sobre sus históricos enemigos.

Situación durante la guerra del Peloponeso, Mar Mediterráneo Oriental y otros efecto colateral de la guerra fue el surgimiento de la piratería en los mares antes controlados por los navíos atenienses, lo cual entorpecía al ya muy debilitado comercio.

El importante número de muertos en los escenarios de confrontación también repercutió negativamente en una economía regional que entró en recesión por la falta de personas para trabajar el campo o reflotar los negocios.

Franz Karka A Los 40 Años

Que nunca se casó y no tuvo hijos, paseó por el parque de Berlín cuando conoció a una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Ella y Kafka buscaron la muñeca sin éxito.

Kafka le dijo que se reuniera con él allí al día siguiente y que volverían a buscarla. Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta «escrita» por la muñeca que decía «por favor no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras».

Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka. Durante sus reuniones, Kafka leyó las letras de la muñeca escritas cuidadosamente con aventuras y conversaciones que la niña encontró adorables. Finalmente, Kafka trajo la muñeca (compró una) que había regresado a Berlín.

«No se parece en nada a mi muñeca», dijo la niña. Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribió: «

Mis viajes me han cambiado». La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa. Un año después murió Kafka. Muchos años después, la niña ahora adulta encontró una carta dentro de la muñeca. 

En la minúscula carta firmada por Kafka estaba escrito:

 «Todo lo que amas probablemente se perderá, pero al final, el amor volverá de otra manera».

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Abrazar El Amor Insuperable Del Padre

Por George A. Wood y Brian Simmons

Un viaje de transformación En la vasta extensión del universo, donde innumerables fuerzas dan forma al tapiz de la existencia, una fuerza reina suprema: el amor.

El amor es un poder que a menudo elude la comprensión completa y abraza las luchas de nuestra comprensión. Pero cuando consideramos el amor de nuestro Padre Dios, encontramos un amor que trasciende toda comparación.

Él es el arquitecto de la creación, quien nos dio vida y nos ama de una manera que nuestra mente humana apenas puede comprender.

Este amor divino, este amor del Padre, supera cualquier conexión terrenal que hayamos conocido. Es un vínculo sagrado que refleja el vínculo inquebrantable entre un padre cariñoso y sus queridos hijos.

Lamentablemente, la ausencia del amor de un padre puede arrojar una larga sombra sobre nuestras vidas, afectando nuestra autopercepción, nuestra capacidad de confiar y nuestro sentido de autoestima.

Para muchos, el vacío dejado por un padre ausente deja una huella imborrable. Los padres ausentes pueden ensombrecer nuestra identidad, destrozar nuestra confianza y socavar nuestra autoestima.

Una persona compartió una narración conmovedora de cómo creció sin un padre, contando la angustia de sentirse no bienvenido ni amado.

La partida de su padre durante su infancia preparó el escenario para una vida de anhelo de aprobación, lo que lo llevó a luchar contra la adicción y a relaciones fracturadas.

Los ecos de su pasado continuaron resonando durante su edad adulta, mientras luchaba contra imágenes distorsionadas de sí mismo y una percepción sesgada del amor.

Sin embargo, en medio de las pruebas y tribulaciones de la vida, emerge una poderosa verdad. El corazón de nuestro Padre no conoce límites. Esta verdad brilla a través de la historia del hijo pródigo, donde el amor extravagante de un padre rompió las cadenas de culpa y vergüenza.

Misioneros, pastores, líderes y creyentes de todo el mundo y a lo largo de la historia comparten historias de vidas transformadas por el amor, a medida que el toque, el abrazo y la celebración del Padre se convierten en puntos de inflexión que reemplazan la autocondena con amor y afirmación.

“Prometo que nunca los dejaré indefensos ni los abandonaré como huérfanos; ¡volveré a ustedes!”

Juan 14:18 TPT

Es común que las personas lidien con conceptos erróneos sobre la naturaleza de Dios debido a heridas pasadas o condicionamientos religiosos.

Muchos pueden percibir a Dios como alguien severo, distante o rápido para castigar. Sin embargo, esta visión sesgada está lejos de ser descrita en las Escrituras.

El corazón de Dios, reflejado en la vida de Jesús, encarna el amor radical, el perdón y el anhelo de conexión. Cuando comprendemos que el amor de Dios es incondicional y refleja el ejemplo de Jesús, comenzamos a experimentar una metamorfosis en nuestra propia imagen y una confianza inquebrantable en el abrazo del Padre.

Lamentablemente, muchos de nosotros luchamos por comprender la verdadera naturaleza de Dios debido a heridas pasadas o influencias religiosas.

Podríamos percibir a Dios como distante o dispuesto a castigar, pero esta imagen sesgada difiere de la verdad de las Escrituras. El corazón de Dios, reflejado en Jesús, rebosa de amor radical, perdón y un profundo anhelo de tener una relación. Alinear nuestros corazones con esta realidad nos permite remodelar nuestra autopercepción y cultivar una confianza inquebrantable en el abrazo del Padre.

En las relaciones humanas, comunicamos amor a través de diversos lenguajes: palabras de afirmación, atención enfocada o contacto físico.

Curiosamente, el lenguaje del amor de Dios es la confianza.

Cuando confiamos en Dios, desmantelamos los muros de la sospecha y la culpa. Incluso en los momentos más oscuros de agonía e incertidumbre, poner nuestra fe en el amor de Dios puede abrir su corazón y desencadenar sus promesas en nuestras vidas.

Esta confianza se basa en la comprensión de que el amor de Dios no depende de nuestro desempeño, sino que sigue siendo una fuerza inmutable.

Así como los humanos comunican amor a través de diversos lenguajes como palabras de afirmación, atención o tacto, el lenguaje del amor de Dios es la confianza.

Extender nuestra confianza en Dios derriba los muros de la sospecha y la autocondena. Confiar en el amor de Dios, incluso en las profundidades del dolor y la incertidumbre, tiene el poder de abrir su corazón y hacer realidad sus promesas en nuestras vidas.

Esta confianza se basa en reconocer que el amor de Dios no depende de nuestros logros; es una fuerza constante e inmutable.

A través de este amor, se desarrolla la transformación, acelerando la curación y restaurando nuestra verdadera esencia. El impacto del amor del Padre es de gran alcance y se extiende más allá de los cambios superficiales. Tiene el poder de sanar, transformar y redefinir cada faceta de nuestra existencia.

El amor del Padre se extiende mucho más allá de los cambios superficiales. Posee el poder de acelerar la curación, remodelar la identidad y redefinir las relaciones.

A medida que profundizamos en el corazón del Padre y aceptamos nuestra condición de amados, el viaje hacia la curación da un salto cuántico.

El toque sanador del amor de Dios envuelve viejas heridas, traumas pasados y autopercepciones destrozadas. Esta transformación nos empodera para avanzar hacia la libertad, la gracia y la autenticidad, libres de las cadenas de la condenación y la inseguridad.

El Origen De La Cenicienta ¿ Lo Sabes?

La historia de la esclava Ródope, el origen en el antigüo Egipto del cuento de la Cenicienta..

El cuento de la Cenicienta llegó a nosotros por la factoría Disney, pero está basado en un cuento popular que, tanto los hermanos Grimm como el francés Perrault, recogieron en sus libros. Sin embargo, las raíces de la narración parecen estar mucho más alejadas en el tiempo.

La historia que originalmente se transmitiría de forma oral, fue registrada por escrito por primera vez por el geógrafo griego Estrabón en su obra Geographica (libro 17, 33).

La historia, cuento o leyenda de Ródope, aunque existen versiones muy diferentes, todos ellos sitúan los hechos en Egipto.

Esta es la versión más parecida al cuento que después se extendió por Europa. La protagonista se llama Ródope, que en griego significa “mejillas rosadas”. Ródope era una bella muchacha nacida en Grecia que había sido raptada por unos piratas y vendida como esclava en Egipto.

Su amo era un anciano, pero que no se enteraba mucho de lo que ocurría en su hogar y, por tanto, no sabía que las criadas que servían en su casa se reían de Ródope por el color de su cabello rubio y sus ojos verdes.

Además, la piel de las sirvientas era de un tono cobrizo, mientras que la de la esclava era muy pálida y sus mejillas se sonrojaban fácilmente con el sol. La apodaron Ródope y con ese nombre pasó a la historia.

Tenía como únicos amigos a los animales de la casa y de las orillas del Nilo, pues las otras chicas la hacían cargar con las tareas más pesadas. Un día su amo la vio bailando cuando se encaminaba al río y, asombrado por su talento, le regaló unas sandalias rojas y doradas para que llevara los pies cubiertos.

Lo que la convirtió en objeto de las envidias de las otras muchachas. Pasado un tiempo el faraón se hallaba en la ciudad de Menfis, convocó a todos sus súbditos a una gran fiesta.

El anciano, invitado llevó consigo a todas sus criadas, incluida Ródope, que se engalanaron para tan majestuoso acontecimiento. Pero cuando llegó el momento de salir, las criadas obligaron de forma cruel a Ródope a quedarse a terminar las tareas pendientes de la casa, de manera que perdió la oportunidad de ir a la gran fiesta del faraón.

Desolada, se acercó al río a ver a sus amigos los animales. Se descalzó para bañarse en el río y al dejar las sandalias en la orilla, un halcón se acercó volando y le robó una de ellas.

Lloró amargamente la pérdida, ese calzado era lo único de valor que la muchacha poseía, así que se volvió a la casa guardando la sandalia que le quedaba entre sus ropas. Ahora no le cabía duda de que las burlas de sus compañeras serían aún peores. Pero lo que ella ignoraba era que el halcón que le había robado la sandalia era el mismísimo dios Horus.

Mientras, en Menfis, el faraón observaba aburrido la fiesta, cuando el halcón depositó en su regazo la sandalia roja y dorada. Creyendo correctamente que era el propio Horus el que le enviaba una señal, recogió la sandalia y al instante se apoderó de él una curiosidad que sólo podría saciar si encontraba a su dueña.

Así que empezó a buscar a la dueña del bello calzado por todo Egipto. El faraón envió emisarios a todos los rincones de Egipto en busca de la propietaria de la sandalia. Él mismo viajó a lo largo del Nilo en su barca en busca de la doncella que tanto le obsesionaba. Así hasta que llegó un día a la casa donde vivía Ródope.

Al ver al faraón con la sandalia enseguida supieron que era la de ella, pero no lo dijeron y la esclava no se atrevió a acercarse a calzarse la sandalia porque las otras criadas obligaron a esconderse a la joven en unos juncos  y corrieron a probarse la sandalia, haciendo cola para probar suerte, pero a ninguna le valía.

Cuando acabó con todas, el faraón iba a marcharse cuando vio a Ródope escondida entre los juncos, la hizo acercarse y la invitó a probarse el zapato. La chica se la calzó y le enseñó la pareja que tenía guardada entre sus ropas, quedando claro que era su dueña.

El faraón exclamó que la haría su reina. Las sirvientas protestaron diciendo que era extranjera, a lo que él contestó que Ródope era la más egipcia de todas ya que sus ojos eran verdes como el rio Nilo, su pelo tenía el color del papiro y la piel tenía un tono tan rosado como la flor de loto. Así fue como se convirtió en reina de Egipto.

¿LOS MOMENTOS DIFÍCILES TAMBIÉN SON OPORTUNIDADES PARA CRECER? 🌦️

Los días nublados también tienen su propia luz; descubre la enseñanza que llevan consigo.»

Matshona Dhliwayo

Todos hemos tenido días en los que parece que el sol no salió para nosotros. Nuestros ánimos se van abajo y sentimos que el mundo se viene encima de nosotros.

En una ocasión, conversando con un compañero de trabajo, me señalaba que su día iba de mal en peor y que no veía la hora en que terminara. Se le veía frustrado y con un semblante de abatimiento.

Aquí algunos consejos para aprender en momentos adversos:

  1. Reflexionemos en calma: tomémonos un momento para reflexionar sobre lo que estamos experimentando. 🧘‍♂️
  2. Encontremos el propósito: preguntémonos a nosotros mismos, ¿qué propósito puede tener esta situación en nuestro crecimiento personal o profesional? 🤔
  3. Cultivemos la resiliencia: aprendamos a adaptarnos y superar los desafíos. 💪🏼

Los días difíciles pueden ser abrumadores y desalentadores, pero incluso en esos momentos de oscuridad, hay luz y aprendizaje.

¿Cuál fue la lección más valiosa que aprendiste de un día difícil?

Eduardo A.Esparza Gaona.

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Sigue Ardiendo

Por Ps. Santiago Moya

Creo que como cristianos, seguidores de Cristo, Dios nos llama a lugares de pacto, lugares donde se muestra Dios a nuestras vidas, lugares donde vamos delante de él, y experimentamos su poder, su palabra y sus promesa, lugares donde nos equipa y nos envía a cumplir nuestros propósitos en él, lugares donde son confirmados los llamados a servirle, y sobre todo, lugares donde somos envestidos con amor y poder.

Esto mismo le sucedió a Moisés, antes de ir y liberar al pueblo de Israel de su cautividad.

Moisés y la zarza ardiente

3 Un día, Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, y llevó las ovejas hasta el otro extremo del desierto hasta llegar a Horeb, la montaña de Dios. 2 Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía, 3 así que pensó: «¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza».

4 Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:

—¡Moisés, Moisés!—Aquí estoy —respondió.

5 —No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. 6 Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios.

7 Pero el Señor siguió diciendo:

—Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces y conozco bien sus penurias. 8 Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel. Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 9 Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas y he visto también cómo los oprimen los egipcios. 10 Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo.

Exodo 3: 3-10 NVI

Dios nos llama a ti y a mi para vivir para su gloria, nos llama por que ha escuchado las oraciones de la gente que te ama, de aquellos que han ido delante de nosotros preparando en camino, pagando el precio, de aquellos que busca alivio, nos llama por que ha escuchado los llantos y oraciones de las madres desesperadas que clama por las almas de sus hijos y de aquellos que claman por las almas y su destino eterno.

Nos llama a lugares santos, a su presencia donde no podemos esconder o disfrazar quien somos, para que en su presencia tu y yo soltemos todo lo que estorbe y toda paja sea consumida en nosotros, donde su fuego consumidor nos purificará, donde nos templara, donde conoceremos que él es quien es.

Leyendo el resto de capitulo, Moisés, levanta a Dios dudas, ¿Quien soy yo?, ¿Cómo me escucharán?, ¿Cómo sabrán que tu me envías?

Y si somos honestos todos dudamos de nosotros mismos,pensamos cosas como que no somos suficiente, ¡Mi pasado me descalifica!, ¡Yo no se!, ¿Cómo pudiera yo?, ¡Hay otros mas calificados!, incluso hay algunos de nosotros que dudamos que Dios, puede hacer algo con nosotros o en nuestras vidas, que lo puede hacer en todos los demás, pero no en mí.

Pero Dios, siendo Dios, le dice a Moisés, les dirás que yo te envió, les dirás que en mi nombre vas, les dirás que yo tengo mi mano sobre ti, que yo soy quien soy, el que siempre a sido el que siempre será.

Tu y yo tenemos que darnos cuenta, reconocer y aceptar, la soberanía de Dios sobre nuestras vidas, y el solo necesita y obra en corazones dispuestos, el utiliza vasijas rotas, y que es por su gracia y su por amor que podemos ser instrumentos de su amor, que el deposita su fuego y unción en nosotros, encendiéndonos, para que tu y yo seamos zarzas ardientes.

Para que el mundo sepa, que él ha escuchado a los que sufren, a los que claman por él, a los que necesitan de su amor. 

¡Sube al monte y acepta tu llamado!, puede ser que Dios te esté llamando o que ya estés en el monte, delante de Él, y ya sea que es la primera vez que vas delante de Él o ya hayas estado ahí, no dudes, Dios te está llamando a ese lugar de pacto, a ese lugar delante de su presencia y te preparará para cumplir tu propósito, así que recuerda.

La zarza sigue ardiendo, y está esperando a aquellos valientes que subirán a su monte, a su presencia, para ser contagiados por su fuego y poder.

¡ Hola Bienvenido !

Ps. Santiago Moyapp

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En Busca Del Tesoro Perdido «Beale»

EL ENIGMA DEL CÓDIGO BEALE: En Búsqueda del Tesoro Perdido 🔑

En las profundidades de la historia estadounidense, entre mitos y verdades, se encuentra el enigmático Código Beale, un misterio que ha cautivado a cazadores de tesoros y criptoanalistas por más de un siglo. Este conjunto de textos cifrados promete algo más que un rompecabezas: la ubicación de un tesoro enterrado, cuya existencia y contenido continúan siendo un enigma.

La historia comienza en 1820, cuando Thomas J. Beale, un aventurero cuya veracidad histórica es tan misteriosa como los códigos que llevan su nombre, supuestamente descubrió un vasto tesoro compuesto de oro, plata y piedras preciosas en algún lugar del oeste de Estados Unidos. Beale y su grupo de compañeros, preocupados por la seguridad de su hallazgo, decidieron enterrar el tesoro y crear los códigos para asegurar su ubicación.

El Código Beale consta de tres textos cifrados: el primero describe la ubicación exacta del tesoro, el segundo detalla su contenido y valor, y el tercer código revela los nombres y direcciones de los 30 hombres a quienes Beale confió el secreto.

Sin embargo, el misterio se profundiza ya que, de estos tres códigos, solo el segundo ha sido descifrado, revelando la descripción del tesoro pero no su ubicación.

El desciframiento del segundo texto fue posible gracias a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

Utilizándola como clave, cada número en el texto cifrado correspondía a una palabra en la Declaración, revelando así el mensaje oculto. Sin embargo, los intentos de aplicar este mismo método a los otros dos códigos han resultado infructuosos, dejando a los entusiastas y expertos en un laberinto de teorías y especulaciones.

A lo largo de los años, el Código Beale ha generado una fascinación duradera, impulsando a muchos a la búsqueda del tesoro.

Esta obsesión ha llevado a expediciones en diversas áreas, especialmente en Bedford County, Virginia, donde muchos creen que el tesoro está enterrado. Sin embargo, estas búsquedas han sido en vano, y la falta de evidencia concreta ha llevado a algunos a cuestionar la autenticidad de los códigos y la existencia misma del tesoro.

El Código Beale no es solo un desafío para los cazadores de tesoros, sino también para los criptoanalistas y amantes de los enigmas.

Representa uno de los códigos no resueltos más famosos del mundo, un recordatorio de que algunos misterios pueden permanecer sin resolver, desafiando nuestra comprensión y fascinación por lo desconocido.

En el mundo moderno, donde la información es abundante y accesible, el Código Beale se erige como un testamento a los secretos aún ocultos, invitando a cada nueva generación a intentar descifrar sus misterios.

Ya sea visto como una leyenda, un elaborado engaño o una promesa de riquezas incalculables, el Código Beale sigue siendo un símbolo de la eterna búsqueda humana por descubrir lo inexplorado y resolver lo inexplicable.