Cuento, El Ángel.

Hans Christian Andersen 


Cada vez que muere un niño bueno, baja del cielo un ángel de Dios Nuestro Señor, toma en brazos el cuerpecito muerto y, extendiendo sus grandes alas blancas, emprende el vuelo por encima de todos los lugares que el pequeñuelo amó, recogiendo a la vez un ramo de flores para ofrecerlas a Dios, con objeto de que luzcan allá arriba más hermosas aún que en el suelo.


Nuestro Señor se aprieta contra el corazón todas aquellas flores, pero a la que más le gusta le da un beso, con lo cual ella adquiere voz y puede ya cantar en el coro de los bienaventurados. 


He aquí lo que contaba un ángel de Dios Nuestro Señor mientras se llevaba al cielo a un niño muerto; y el niño lo escuchaba como en sueños. Volaron por encima de los diferentes lugares donde el pequeño había jugado, y pasaron por jardines de flores espléndidas. 


-¿Cuál nos llevaremos para plantarla en el cielo? -preguntó el ángel. 
Crecía allí un magnífico y esbelto rosal, pero una mano perversa había tronchado el tronco, por lo que todas las ramas, cuajadas de grandes capullos semiabiertos, colgaban secas en todas direcciones. 


-¡Pobre rosal! -exclamó el niño-. Llévatelo; junto a Dios florecerá. 
Y el ángel lo cogió, dando un beso al niño por sus palabras; y el pequeñuelo entreabrió los ojos. 


Recogieron luego muchas flores magníficas, pero también humildes ranúnculos y violetas silvestres. 


-Ya tenemos un buen ramillete

-dijo el niño; y el ángel asintió con la cabeza, pero no emprendió enseguida el vuelo hacia Dios. Era de noche, y reinaba un silencio absoluto; ambos se quedaron en la gran ciudad, flotando en el aire por uno de sus angostos callejones, donde yacían montones de paja y cenizas; había habido mudanza: se veían cascos de loza, pedazos de yeso, trapos y viejos sombreros, todo ello de aspecto muy poco atractivo. 
Entre todos aquellos desperdicios, el ángel señaló los trozos de un tiesto roto; de éste se había desprendido un terrón, con las raíces, de una gran flor silvestre ya seca, que por eso alguien había arrojado a la calleja. 


-Vamos a llevárnosla -dijo el ángel

-. Mientras volamos te contaré por qué.


Remontaron el vuelo, y el ángel dio principio a su relato: 
-En aquel angosto callejón, en una baja bodega, vivía un pobre niño enfermo.

Desde el día de su nacimiento estuvo en la mayor miseria; todo lo que pudo hacer en su vida fue cruzar su diminuto cuartucho sostenido en dos muletas; su felicidad no pasó de aquí. Algunos días de verano, unos rayos de sol entraban hasta la bodega, nada más que media horita, y entonces el pequeño se calentaba al sol y miraba cómo se transparentaba la sangre en sus flacos dedos, que mantenía levantados delante el rostro, diciendo:

«Sí, hoy he podido salir». Sabía del bosque y de sus bellísimos verdores primaverales, sólo porque el hijo del vecino le traía la primera rama de haya. Se la ponía sobre la cabeza y soñaba que se encontraba debajo del árbol, en cuya copa brillaba el sol y cantaban los pájaros. 


Un día de primavera, su vecinito le trajo también flores del campo, y, entre ellas venía casualmente una con la raíz; por eso la plantaron en una maceta, que colocaron junto a la cama, al lado de la ventana.

Había plantado aquella flor una mano afortunada, pues, creció, sacó nuevas ramas y floreció cada año; para el muchacho enfermo fue el jardín más espléndido, su pequeño tesoro aquí en la Tierra.

La regaba y cuidaba, preocupándose de que recibiese hasta el último de los rayos de sol que penetraban por la ventanuca; la propia flor formaba parte de sus sueños, pues para él florecía, para él esparcía su aroma y alegraba la vista; a ella se volvió en el momento de la muerte, cuando el Señor lo llamó a su seno.

Lleva ya un año junto a Dios, y durante todo el año la plantita ha seguido en la ventana, olvidada y seca; por eso, cuando la mudanza, la arrojaron a la basura de la calle. Y ésta es la flor, la pobre florecilla marchita que hemos puesto en nuestro ramillete, pues ha proporcionado más alegría que la más bella del jardín de una reina. 


-Pero, ¿cómo sabes todo esto?

-preguntó el niño que el ángel llevaba al cielo. 
-Lo sé -respondió el ángel

-, porque yo fui aquel pobre niño enfermo que se sostenía sobre muletas. ¡Y bien conozco mi flor! 


El pequeño abrió de par en par los ojos y clavó la mirada en el rostro esplendoroso del ángel; y en el mismo momento se encontraron en el Cielo de Nuestro Señor, donde reina la alegría y la bienaventuranza.

Dios apretó al niño muerto contra su corazón, y al instante le salieron a éste alas como a los demás ángeles, y con ellos se echó a volar, cogido de las manos. Nuestro Señor apretó también contra su pecho todas las flores, pero a la marchita silvestre la besó, infundiéndole voz, y ella rompió a cantar con el coro de angelitos que rodean al Altísimo, algunos muy de cerca otros formando círculos en torno a los primeros, círculos que se extienden hasta el infinito, pero todos rebosantes de felicidad.

Y todos cantaban, grandes y chicos, junto con el buen chiquillo bienaventurado y la pobre flor silvestre que había estado abandonada, entre la basura de la calleja estrecha y oscura, el día de la mudanza.


FIN

LAS CARICIAS DE DIOS

Es difícil resumir esas alegrías rápidas que
tenemos durante la vida. Las alegrías fugaces
a las cuales muchas veces no le damos la
debida importancia……


Yo llamo a estos momentos

«Las caricias de
Dios»

No son fruto del azar.

Son caricias que Dios
nos regala, aun sabiendo que casi siempre las
atribuimos a la suerte.

Son las caricias de Dios:
El cariño inesperado de un hijo.

El dinero olvidado en la ropa.
El olor a comida antes de abrir la puerta de
casa.

El sueño que llega cuando lo necesitas.
Una solución que llega de repente.
Alguien que te hace un cumplido, sin saber
que estás escuchando.

Alguien que elogia a tu hijo.
Una fiebre que baja.
Un mostrador sin cola.
Un estacionamiento en la entrada.
Un vuelo tranquilo.
Pájaros cantando al amanecer.

Cuando nace lo que sembramos. La brisa del mar.
Cuando llega el padre.
Cuando pasa el dolor.
Cuando resuena un beso.
Cuando firman el contrato.
Cuando el abrazo aprieta.
Cuando el amor florece en el otoño/invierno
de la vida.
Cuando un amigo se cura.
Cuando la foto sale buena.
Cuando la mesa está puesta para la comida
familiar del domingo.
Cuando llega el depósito.
Cuando se va a la playa.
Cuando llama alguien especial.
Cuando el libro es bueno.
Cuando la compañía es buena.
Cuando sobra dinero.
Cuando el bebé se ríe.
Cuando dicen tu nombre con cariño.
Cuando la silla da a la ventana .

Por Maribel Dtres

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¿ Qué tipo de tierra eres ?

CONTENIDO CRISTIANO

“Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a Él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada (pisoteada, maltratada), y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.

Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.”

– Lucas 8:4-8

Analicemos rápidamente las ilustraciones de esta parábola:

  1. La semilla es la Palabra de Dios (“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” – 2 Timoteo 3:16-17) Dios nos presenta a todos Su Palabra, el Evangelio de Salvación, el Manual de Vida. Él anhela que lo conozcamos profundamente y quiere mostrarnos Su perfecto plan para cada uno de nosotros. La vida se disfruta más cuando la vives como el Creador la pensó.
  2. El sembrador es Jesucristo o alguien que predique Su Palabra. La obra redentora de Jesucristo está en acción constantemente, y nosotros, Sus hijos, debemos cumplir con el llamado de predicar las Buenas Noticias.
  3. El terreno es el corazón del hombre y su condición. Dios se encarga de sembrar la Palabra en nuestros corazones al momento de escucharla. Pero hay diferentes circunstancias, tanto internas como externas, que no permiten que la semilla llegue a crecer y a dar frutos.

En este pasaje, Jesús habla de cuatro tipos de personas representadas por cuatro tipos de terrenos. Vamos a estudiarlas:

  1. El terreno junto al camino: El corazón de esta persona es presa fácil para el enemigo, ya que está completamente expuesto y endurecido. Su confianza está puesta en él mismo, en los esfuerzos humanos, y no en lo que Dios puede hacer en su vida. Satanás se aprovecha de este corazón orgulloso para hacerle creer que no necesita a Dios. Pero hay esperanza. ¡Jesús puede romper el corazón de piedra!
  2. El terreno rocoso: El corazón de esta persona recibe la Palabra con gusto. Lamentablemente, se deja llevar por la emoción del momento y su convicción, o su raíz, no es profunda ni firme. Vienen los problemas y pierde la fe. Las pruebas nos pueden sacudir duro, pero también nos dejan ver nuestra verdadera relación con el Padre y qué tan afianzados estamos en Él. Son la perfecta oportunidad para crecer más como hijos de Dios.
  3. El terreno con espinos: El corazón de esta persona está completamente atraído por las cosas que el mundo ofrece. Y escucha la Palabra, pero no quiere morir a los deleites temporales que el mundo tiene que ofrecer (representados por los espinos). Y hay personas que tienen un pie en el mundo, y el otro con Dios. Y el Señor quiere que nos definamos… ¡O todo, o nada!
  4. El terreno bueno: El corazón de esta persona no sólo escucha y recibe la Palabra, sino que la retiene. Me llama la atención esta palabra: retener, conservar, guardar, recordar. Quien retiene la Palabra, quien vive la Palabra, da fruto con perseverancia. ¿Qué es la perseverancia? Firmeza o constancia en la manera de ser o de obrar. La vida cristiana es un compromiso absoluto. Una vida rendida a la Palabra da frutos. Dios nos llama a ser como un árbol plantado junto a un río, que da fruto, sus hojas no caen y todo lo que hace prospera (Salmo 1:3). Pero aquí hay una condición… Para ser como este árbol hay que vivir como dice el versículo 2: “…en la ley de Jehová está su delicia, y en Su ley medita de día y de noche.” No sólo hay que recibir la Palabra, hay que deleitarnos en ella. Encontrar en la Biblia el manual, la guía, la lámpara, la luz, la esperanza y la paz que tanto necesitamos en nuestras vidas.

Si te fijas, el común denominador entre estas cuatro personas es que todos escucharon la Palabra. Dios quiere que todos nos salvemos y por eso Su Palabra toca la puerta de cada corazón. Pero no todos los terrenos están dispuestos a recibir la semilla, nutrirla y dar fruto.

“El Señor no retarda Su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

2 Pedro 3:9

¿Qué tipo de tierra eres? ¿Qué vas a hacer con lo que Dios te ofrece? La vida con Jesús es todo un reto que algunos deciden tomar, pero en el que pocos deciden perseverar. 

Te ofrezco todos mis pensamientos, palabras y acciones de este día, Permíteme ser un humilde instrumento de tu obra y dame la dicha de compartir mis bendiciones con aquellos que más lo necesitan.

Me pongo en tus manos Señor y en tus manos también pongo la vida de mi familia y las personas que amo. Por favor cúbrenos con tu hermoso manto de luz y de amor, ilumina nuestro camino y guía nuestros pasos por senderos de dicha, triunfos y milagros.

Nuestros días solo son plenos y felices si Tú estás con nosotros, por favor nunca te apartes de nuestra vida.

Y si en algún momento tuviésemos que enfrentar pruebas o dificultades, te pido que nos des la fuerza y la fe necesarias para seguir adelante, y permítenos comprender que aquello que hoy parece una prueba, muy pronto habrá de convertirse en la base de una gran bendición.

Amado Dios,  que este será un día feliz, lleno de dicha y bendiciones, pues Tú estás a mi lado y donde Tú estas, nunca falta absolutamente nada, En el nombre de Jesús, Amén.

¡ Hola Bienvenidos !

Renata Vázquez S & Familia

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¿Por qué decimos estar solo?

Como todos ya nos estamos dando cuenta, cada vez es más difícil formar parejas sentimentales, las tendencias de matrimonios en el mundo, cada vez son menores, lo que abre el tema para realizar un análisis, los más pragmático que sea posible, sin entrar en ideologías determinas, solo tratar de explicar con datos históricos y estadísticos, donde estamos parados, y tratar de vislumbrar para donde nos dirigimos.

No se tiene una prueba especifica de cómo era exactamente la estructura social del Homo sapiens, desde hace 70 mil años aproximados de su aparición, ya que lamentablemente no existía la escritura.

Se sabe que convivio con el Neandertal aproximadamente 40 mil años. Por los restos encontrados de estos últimos, sabemos que eran 70% más fuertes que el Homo sapiens.

La teoría mas plausible de la desaparición de nuestros primos, por decir de alguna manera,es que el hombre los extermino, a pesar de que eran más fuertes, los hombres tenían una mayor capacidad de asociación e inteligencia. 

Lo anterior será una máxima en los imperios que han gobernado el mundo, cualquiera que aspire a una dominación, debe tener una capacidad de asociación muy amplia, lo que hoy en día se conoce como Network por decirlo de manera coloquial, y por otro lado la inteligencia, de lo anterior es testigo  la historia milenaria que tenemos.

Como he mencionado, no se tiene prueba de la concepción de pareja en la sociedad de los primeros hombres nómadas, una de las teorías que menciona Yuval Noah, es que muy seguramente la monogamia no existía, los niños eran educados por toda la tribu, aprendían de los diferentes expertos en cada uno de los oficios y actividades que se utilizaban para la supervivencia.

No es hasta la revolución agrícola (10 mil años a. de C.) que se necesitaba un heredero legitimo para conservar la tierra y bines en esta nueva vida sedentaria.

Por consiguiente, era imperante asegurar la línea de sangre, y se instituye la pareja de manera formal, ya sea por las leyes de Dios, o del hombre en su caso.

En todo el periodo anterior, el hombre sobre todas las cualidades que debe tener como persona en este rol de esposo, hay una que no puede ser opcional, debe ser proveer y proteger a su pareja.

Por otro lado, la mujer debía de traer al mundo a los hijos para asegurar la decendencia, además de poder cuidarlos, ya que como mamíferos, necesitamos un periodo de cuidados y educación para poder llegar cierta independencia. 

Este fue el pacto milenario de la preservación de la raza humana y la construcción de la familia en la sociedad. 

En esta estructura social, no podemos dejar a un lado lo que comentan las sagradas escrituras al respecto.

Recordemos que los estados carecían de fuerza para regular la vida diaria de cada uno de los seres humanos en el planeta, y ahí es donde la religión comienza a regular a una sociedad,

Mejor dos que uno, porque tienen mayor beneficio por su duro trabajo.

Eclesiastés 4:9

Porque el esposo es cabeza de su esposa, tal como cristo en cabeza del hombre. 

Efesios 5:23

 Lo anterior en el intento de dar una estructura social, con obligaciones y derechos.

Y luego entonces, tenemos la parte biológica, donde existe esta necesidad de proteger y ser protegido respectivamente, sin embargo las reglas del juego en este devenir de la humanidad están cambiando, porque lo único constante es el cambio, y este tema no puede ser la excepción.

Desde finales del siglo XIX, comenzara a ser una revolución en materia de mayores derechos por parte de las mujeres, y más aun, después de la segunda guerra mundial, se suman a las filas laborales de los países mas avanzados, seguidos por los demás posteriormente.

Para el hombre represento un 50% mas de competencia en el sistema laboral y económico, difícilmente en este siglo XXI, un solo hombre tiene la capacidad de manutención al 100% de una familia, por lo tanto, lo más común es que las mujeres también se sumen a esta parte cotidiana de la vida.  

Se rompe esta tendencia de proveedor y de ser provista, ya que el sistema laboral y económico cambio en un plazo muy corto, respecto a la parte milenaria que mantuvo el sistema, donde además la mujer tampoco necesariamente debe tener hijos, si así lo decide, o ser joven para poder ser elegida.

Sin embargo, la parte biológica cuesta más trabajo de que se modifique, por lo menos necesita mayor tiempo para cambiar el pensamiento de protección de un lado y de ser protegida, o, tampoco de ser joven o tener que dar descendencia necesariamente.

Lo anterior no va a desaparecer tan rápido, ya que llevo milenios de evolución biológica y social, y justo ahí es donde radica el reto de llevar las nuevas tendencias a otro nivel

Cualquiera de las partes puede ser proveedor de manera indistinta, en el caso de hombre debería de sentirse seguro de si mismo en caso de que te toque el papel de ser provisto y protegido por su pareja, y las mujeres tener la capacidad de tomar el papel de líder y cabeza de la familia, y ser felices de estos nuevos roles.

Además, el que tenga el poder económico, no debería abusar del que no lo tiene.

Las generaciones venideras serán testigos sobre los resultados de este cambio social, podemos concluir por todo lo anterior, que el proceso de reajuste tomara varias generaciones para que se concluya al 100%.

El libro de Inteligencia Emocional de Daniel Goleman cita lo siguiente,

“ Para los matrimonios americanos comenzó en 1890, alrededor del 10% terminaron en divorcio, para 1920 esto fue 18%, en 1950 la cifra alcanzo 30%, 1970 era del 50% y por ultimo para 1990 esta cifra alcanzaría cerca del 67%. Evidentemente este tema es multifactorial.

Mientras tanto, las generaciones actuales están optando por no casarse, o por el divorcio.

Todo lo anterior no es una opinión, es estadística simple, en ocasiones también cuesta trabajo tener relaciones de noviazgo. 

El siglo XXI esta en su primer parte, conforme avancen las décadas, tendremos un panorama más amplio, sobre todo serán más visibles los temas colaterales que se están generando.

Cuentan que un día se le ocurrió un juego en el que iban a participar una serie de niños de esa tribu, que consistía en una canasta llena de fruta cerca de un árbol y les dijo:


«Quienes lleguen más
rápido ganarán las frutas».

Cuando dio la señal
de empezar a correr, todos los niños se
observaron con mirada cómplice y se cogieron de las manos y corrieron juntos,
después se sentaron juntos a comer las frutas.


El antropólogo estaba sorprendido y lleno de
curiosidad por la forma de actuar de estos
niños, le preguntó a uno de ellos, por qué no había corrido para ganar la carrera y haberse quedado con todas las frutas, a lo que el niño respondió:

«UBUNTU,

¿Cómo puedo estar
contento si otros no lo están?».

Para los niños, el haber actuado así era lo normal, puesto que
en su cultura UBUNTU significa

«Yo soy, porque
todos somos»

Créditos al Autor

¡ Hola Bienvenido !

DAVID COLIN

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Economías Latinoamericanas en 2050

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Poder Eterno

CONTENIDO CRISTIANO

El mundo busca poder en lugares equivocados, tienen hambre de el.

Hay caminos que parecen de vida, pero su fin es de muerte.

El poder del mundo es limitado y el de Dios es ilimitado, es eterno.

Los hombres buscan este poder en sus trabajos y negocios, las mujeres en su belleza y actividades; ambos en sus relaciones sociales, y en sus capacidades, talentos y dones.

Ahí ponen su seguridad, sólo que un día esto, ya no puede estar, y esto puede traer temor, afán y angustia.

El perfecto amor, hecha fuera el temor, y es mejor el descanso en Dios, en su paz.

Hoy te invito a un encuentro con Él, para que tu vida no se pierda y encuentres vida eterna y plena.

Dios te dio a su hijo, no te pierdas y encuentres en Él, tu vida.

Es su Espíritu Santo que te guía a la verdad y te da poder. 

Es su palabra que te transforma. Tu mente que abre puertas, nadie puede cerrar.  

En el mundo hay grillas y chismes, y malos e injusticias que te hacen sentir inseguro, pero lo que Dios te da, nadie te lo podrá quitar.  

Por eso busca el poder en Él, en tener fe, en creerle, obedecerle y confiarle.

En la identidad de ser su hijo, en alabarlo y adorarlo, y no tener el ego en el trono, porque, ese es poder falso.

En el sistema del mundo eres esclavo y en su reino eres libre, busca primero su reino y todo te será añadido.

Que Dios esté en el trono de tu ser, y sea en sus fuerzas y mente de y no la tuya, ya que Él, es el camino.

Él será tu sustento, y no dependerás de recursos limitados.

Conocerás su carácter y Él te inspirará.

Y caminarás diferente, no serás impulsivo, porque tu pensar constante en Él, te dará su paz.

El Verdadero Poder, es entender claramente su palabra revelada, y es un conocimiento que te da su plan y propósito eterno, a ti y a los tuyos.

Que, gracias a Él, no nos equivocamos, y endereza nuestras veredas, y guía a decisiones de buen resultado y estables.

El que busca a Dios, haya la vida y la honra, y riquezas en humildad de aprender de Él.

La acción del Espíritu Santo se caracteriza por la alegría, el entusiasmo. Es el gozo de los discípulos de Emaús que sintieron _»arder su corazón»_ junto a Cristo y por eso salieron a comunicarlo a los demás: _»Es verdad, ¡el Señor resucitó!»_ (Lucas 24,34).

Todo el libro de los Hechos muestra con abundantes ejemplos lo que es esa poderosa evangelización _»en el Espíritu Santo»_. Vale la pena leerlo y dejarnos contagiar por ese gozo evangelizador.

Allí vemos cómo los evangelizadores estaban llenos de los dones del Espíritu para poder llegar a los demás.

Porque para la obra evangelizadora, y para cualquier otra tarea, el Espíritu derrama admirablemente multitud de dones que nos enriquecen para prestar un buen servicio a los hermanos (1 Corintios 12).

Es bueno pedirle al Espíritu Santo que nos haga descubrir nuestros propios dones todo lo que él nos ha regalado para servir a los demás.

Porque sería una pena desaprovechar esa riqueza.

Créditos al Autor

¡ Hola Bienvenidos !

Judy Cerezo Tapia

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Mas que Vencedores

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Crónicas Bíblicas: El propósito del Sr. Jesús, 2 Parte

Por Timothy Keller

Elías ha venido y se ha ido. » Y repite que está escrito que el Hijo del hombre tiene que sufrir mucho».

De la misma manera que la venida de Elías era un anuncio de la llegada del Señor, así, la ejecución de Elías (Herodes ordenó la decapitación de Juan el Bautista) es una
anuncio de la ejecución del Señor.


Cuando Jesús fue bautizado – lo vimos en el primer capítulo de Marcos, el espíritu descendió sobre él en forma de paloma, y le fortaleció para enfrentarse a Satanás en el desierto. Ahora el Padre le envuelve con su presencia, la luz y la gloria shekhina, para fortalecerle para la prueba aún mayor que le espera a medida que se dirige de manera decidida a su ejecución en la cruz.

Y a través de este acontecimiento, no solo fortalece a Jesús: Dios también está preparando a los discípulos para la prueba a la que se enfrentarán cuando su líder les sea arrebatado.

¿Alguna vez has tenido este tipo de experiencia? ¿Qué la compasión y el amor de otra persona te ayudara a enfrentarte a tu sufrimiento? ¿Qué la aprobación incondicional y el ánimo de alguien transformara tu miedo en determinación? ¿Qué un encuentro con la belleza hiciera que tu ansiedad se neutralizase y te diera esperanza? Y si recibieses ese tipo de ayuda con más frecuencia, ¿no serías diferente? ¿No te harían los problemas más sabio, más profundo y más fuerte en lugar de convertirte en alguien amargado, severo y triste? ¿No te haría el sufrimiento más compasivo en vez de volverte más cínico respecto a la naturaleza humana? ¿No te ayudaría el fracaso a ser más productivo en la vida? Por supuesto que sí.


Sin embargo, aquí está la gran pregunta: ¿Cómo vas a conseguir ese tipo de aprobación, de ánimo y de amor sin consumir a tus amigos y familia con tu necesidad? La respuesta para nosotros, así como lo fue para los discípulos, es adoración. La respuesta a la pregunta anterior es que tienes que adorar a Dios para poder acceder a su misma presencia.

Tienes que tener claro lo que Dios ha hecho y está haciendo a través de Jesús. Tienes que experimentar un anticipo de la acogida y el abrazo que un día Dios te dará. De hecho, tienes que sentir lo que conoces del amor de Dios.


Una cosa es que te digan que alguien es muy atractivo. Lo crees, pero cuando por fin lo ves o la ves de cerca, exclamas lleno de asombro. ¿Qué ha ocurrido? ¿Te han dado más información? No; estás viviendo algo que ya sabías que era verdad.

Si alguien dice: «Este restaurante es increible; es el mejor», te puedes creer lo que te han dicho. Pero es cuando vas allí y pruebas la comida que te quedas con la boca abierta. ¿Te han dado más información?


No; simplemente estás viviendo algo que ya sabías que era verdad. Una cosa es saber que Dios, el glorioso Creador, te quiere, se preocupa por ti, te sostiene, pero otra cosa es experimentarlo, sentirlo.

Sea lo que sea que la vida te depare, necesitarás esos anticipos, esas muestras para alentarte y darte fuerzas en el camino.


La transfiguración no es solo un truco milagroso para convencer a los discípulos de la deidad de Jesús. Es una experiencia de adoración colectiva que van a necesitar para lo que les espera.


Un atisbo de gloria Entonces, ¿cómo podemos acceder a la presencia de Dios de
esa manera? ¿Cómo podemos experimentar esos anticipos?
Jesús y los discípulos apenas han bajado de la montaña cuando Jesús tiene la oportunidad de mostrarles cómo pueden llegar a la presencia de Dios.


Cuando llegaron donde estaban los otros discípulos, vieron que a su alrededor había mucha gente y que los maestros de la ley discutían con ellos. Tan pronto como la gente vio a Jesús, todos se sorprendieron y corrieron a saludarlo.
-¿Qué están discutiendo con ellos?
-les preguntó.
-Maestro
-respondió un hombre de entre la multitud, te he traído a mi hijo, pues está poseído por un espíritu que le ha quitado el habla. Cada vez que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos, cruje los dientes y se queda rígido.

Les pedí a tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no lo lograron.
(Marcos 9:14-18) Hay una gran discusión entre los maestros de la ley, la multitud
y los discípulos de Jesús que no subieron a la montaña. Están intentando exorcizar a un demonio y no está funcionando. El mal está presente y todo el mundo está confundido. La historia continúa:


-¡Ah, generación incrédula!
respondió Jesús- ¡Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Traedme al muchacho. Así que se lo llevaron.

Tan pronto como vio a Jesús, el espíritu sacudió de tal modo al muchacho que este cayó al suelo y comenzó a revolcarse echando espumarajos.


-¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? le preguntó Jesús al padre.
-Desde que era niño contestó. Muchas veces lo ha echado al fuego y al agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.


-¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible.
-¡Si creo! exclamó de inmediato el padre del muchacho.
¡Ayúdame en mi poca fe!

Al ver Jesús que se agolpaba mucha gente, reprendió al espíritu maligno.
Espíritu sordo y mudo -dijo te mando que salgas y que jamás vuelvas a entrar en él. El espíritu, dando un alarido y sacudiendo violentamente al muchacho, salió de él.

Este quedó como muerto, tanto que muchos decían: «Ya se murió.» Pero Jesús lo tomó de la mano y lo levantó, y el muchacho se puso de pie. Cuando Jesús entró en casa, sus discípulos le preguntaron en privado:
¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
-Esta clase de demonios solo puede ser expulsada a fuerza de oración-respondió Jesús. (Marcos 9:19-29)

Los discípulos estaban tratando de echar fuera un demonio. Pero lo habían intentado echar sin orar. ¡Qué arrogancia si pensaban que por sí mismos podían enfrentarse al mal y al sufrimiento del mundo!

Los discípulos intentaron sacar al demonio sin orar por la misma razón por la que no podían entender que Jesús tenía que morir; no veían lo débiles y orgullosos que eran.

Subestimaron el poder del mal en el mundo y en ellos mismos. También están allí los maestros de la ley, probablemente criticando. Solo hay una persona en toda esta escena que asume su debilidad, admite que no tiene manera de luchar contra el
sufrimiento y las dificultades a las que se enfrenta: el padre del chico.

Este hombre le pregunta a Jesús: «;Sanarás a mi hijo?» Y Jesús
dice: «Para el que cree, todo es posible». El padre contesta:
«; Si creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!»; que significa: «Lo intento, pero
tengo muchas dudas».
muy buenas noticias! A través de Jesús, no es la santidad perfecta la que nos abre el camino a la presencia de Dios, sino el reconocimiento de nuestra incapacidad y el arrepentimiento.


Jesús le pudo haber dicho al hombre: «Soy la gloria de Dios» en forma humana. Purifica tu corazón, confiesa todos tus pecados, deshazte de todas tus dudas y del doble ánimo. Una vez te hayas entregado Entonces Jesús sana al muchacho. Son muy buenas noticias! A través de Jesús, no es la santidad perfecta la que nos abre el camino a la presencia de Dios, sino el reconocimiento de nuestra incapacidad y el arrepentimiento.


Jesús le pudo haber dicho al hombre: «Soy la gloria de Dios en forma humana. Purifica tu corazón, confiesa todos tus pecados, deshazte de todas tus dudas y del doble ánimo. Una vez te hayas entregado a mí por completo y te hayas presentado con un corazón puro, entonces podrás pedir la sanidad que necesitas».


Pero eso no es lo que Jesús dice. El padre del muchacho reconoce: «No soy fiel, las dudas me corroen y no puedo reunir la fuerza necesaria para hacer frente a mis desafíos morales y espirituales. Pero ayúdame»

Reconocimiento de nuestra incapacidad, y no santidad. Esa es la fe que salva. Fe en Jesús en lugar de fe en uno mismo. Alcanzar la santidad perfecta es imposible, y si eso es lo que esperas, nunca te adentrarás en la presencia de Dios. Tienes que admitir que no eres santo y que necesitas ayuda. Cuando reconoces eso es cuando te estás acercando a Dios para adorar.

No obstante, no podemos dejar esta escena sin ser conscientes de lo que Jesús está a punto de perder. Por los siglos de los siglos ha vivido en gloria con el Padre. En la montaña hemos visto al Dios de la gloria envolviendo a Jesús; en la cruz le abandonará.

En la montaña hemos visto la vida que siempre ha llevado, rodeado y revestido con el amor y la luz de Dios, pero en la cruz estará desnudo en la oscuridad.


¿Por qué Jesús decidió pasar por todo eso? Lo hizo por nosotros. En la montaña Dios le dio fuerzas para su misión, para el sufrimiento infinito que iba a experimentar.

Dios nos puede capacitar de esa misma manera para enfrentarnos y superar nuestras propias pruebas. Puede que sepas que Dios te ama, pero a veces el Espíritu Santo te hace experimentar que sí es así.

En ocasiones vas a la montaña. A veces a través del Espíritu Santo puedes oír a Dios que te declara su amor incondicional, permanente e íntimo. Hay momentos en los que no solo sabes que Dios te ama sino que, en tu corazón, le oyes decir:

«Eres mi hija, eres mi hijo, y te amo. Haría lo que fuese, da igual lo que me costase, para no perderte; y lo he hecho»


Cuando has buscado a Dios con tu incapacidad, entonces has adorado. Y cada vez que sientas su abrazo, tu alma brillará un poquito más con el reflejo de su gloria, y estarás un poquito más preparado para enfrentarte a aquello que te depare la vida.

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Audio Crónicas: Jacob el Hermano de Jesús, 3 Parte

Por Timothy Keller

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Lourdes Salcedo Cárdenas

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Cuento Ruso. La mujer del boticario

La pequeña ciudad de B, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está lleno de silencio. Solo a lo lejos, en algún lugar seguramente fuera de la ciudad, suena el débil y ronco tenor del ladrido de un perro. El amanecer está próximo.

Hace tiempo que todo duerme. Tan solo la joven esposa del boticario Chernomordik, propietario de la botica del lugar, está despierta. Tres veces se ha echado sobre la cama; pero, sin saber por qué, el sueño huye tercamente de ella. Sentada, en camisón, junto a la ventana abierta, mira a la calle.

Tiene una sensación de ahogo, está aburrida y siente tal desazón que hasta quisiera llorar. ¿Por qué…?

No sabría decirlo, pero un nudo en la garganta la oprime constantemente…

Detrás de ella, unos pasos más allá y vuelto contra la pared, ronca plácidamente el propio Chernomordik. Una pulga glotona se ha adherido a la ventanilla de su nariz, pero no la siente y hasta sonríe, porque está soñando con que toda la ciudad tose y no cesa de comprarle Gotas del rey de Dinamarca.

¡Ni con pinchazos, ni con cañonazos, ni con caricias, se le podría despertar!

La botica está situada al extremo de la ciudad, por lo que la boticaria alcanza a ver el límite del campo. Así, pues, ve palidecer la parte este del cielo, luego la ve ponerse roja, como por causa de un gran incendio. Inesperadamente, por detrás de los lejanos arbustos, asoma tímidamente una luna grande, de ancha y rojiza faz.

En general, la luna, cuando sale de detrás de los arbustos, no se sabe por qué, está muy azarada. De repente, en medio del silencio nocturno, resuenan unos pasos y un tintineo de espuelas. Se oyen voces.

“Son oficiales que vuelven de casa del policía y van a su campamento”, piensa la mujer del boticario.

Poco después, en efecto, surgen dos figuras vestidas de uniforme militar blanco. Una es grande y gruesa; otra, más pequeña y delgada. Con un andar perezoso y acompasado, pasan despacio junto a la verja, conversando en voz alta sobre algo. Al acercarse a la botica, ambas figuras retrasan aún más el paso y miran a las ventanas.

-Huele a botica -dice el oficial delgado-. ¡Claro… como que es una botica…! ¡Ah…! ¡Ahora que me acuerdo… la semana pasada estuve aquí a comprar aceite de ricino!

Aquí es donde hay un boticario con una cara agria y una quijada de asno. ¡Vaya quijada…! Con una como esa, exactamente, venció Sansón a los filisteos.

-Si… -dice con voz de bajo el gordo-. Ahora la botica está dormida… La boticaria estará también dormida… Aquí, Obtesov, hay una boticaria muy guapa.

-La he visto. Me gusta mucho. Diga, doctor: ¿podrá querer a ese de la quijada? ¿Será posible?

-No. Seguramente no lo quiere

-suspira el doctor con expresión de lástima hacia el boticario-. ¡Ahora, guapita… estarás dormida detrás de esa ventana…! ¿No crees, Obtesov?

Estará con la boquita entreabierta, tendrá calor y sacará un piececito. Seguro que el tonto boticario no entiende de belleza. Para él, probablemente, una mujer y una botella de lejía es lo mismo.

-Oiga, doctor… -dice el oficial, parándose-. ¿ Y si entráramos en la botica a comprar algo? Puede que viéramos a la boticaria.

-¡Qué ocurrencia! ¿Por la noche?

-¿Y qué…? También por la noche tienen obligación de despachar. Anda, amigo… Vamos.

-Como quieras.

La boticaria, escondida tras los visillos, oye un fuerte campanillazo y, con una mirada a su marido, que continúa roncando y sonriendo dulcemente, se echa encima un vestido, mete los pies desnudos en los zapatos y corre a la botica.

A través de la puerta de cristal, se distinguen dos sombras. La boticaria aviva la luz de la lámpara y corre hacia la puerta para abrirla. Ya no se siente aburrida ni desazonada, ya no tiene ganas de llorar, y solo el corazón le late con fuerza. El médico, gordiflón, y el delgado Obtesov entran en la botica.

Ahora ya puede verlos bien. El gordo y tripudo médico tiene la tez tostada y es barbudo y torpe de movimientos. Al más pequeño de estos le cruje el uniforme y le brota el sudor en el rostro. El oficial es de tez rosada y sin bigote, afeminado y flexible como una fusta inglesa.

-¿Qué desean ustedes? -pregunta la boticaria, ajustándose el vestido.

-Denos… quince kopeks¹ de pastillas de menta.

La boticaria, sin apresurarse, coge del estante un frasco de cristal y empieza a pesar las pastillas. Los compradores, sin pestañear, miran su espalda. El médico entorna los ojos como un gato satisfecho, mientras el teniente permanece muy serio.

-Es la primera vez que veo a una señora despachando en una botica -dice el médico.

-¡Qué tiene de particular! -contesta la boticaria mirando de soslayo el rosado rostro de Obtesov-. Mi marido no tiene ayudantes, por lo que siempre lo ayudo yo.

-¡Claro…! Tiene usted una botiquita muy bonita… ¡Y qué cantidad de frascos distintos..! ¿No le da miedo moverse entre venenos…? ¡Brrr…!

La boticaria pega el paquetito y se lo entrega al médico. Obtesov saca los quince kopeks. Trascurre medio minuto en silencio… Los dos hombres se miran, dan un paso hacia la puerta y se miran otra vez.

-Deme diez kopeks de sosa -dice el médico.

La boticaria, otra vez con gesto perezoso y sin vida, extiende la mano hacia el estante.

-¿No tendría usted aquí, en la botica, algo…? -masculla Obtesov haciendo un movimiento con los dedos-. Algo… que resultara como un símbolo de algún líquido vivificante…? Por ejemplo, agua de seltz. ¿Tiene usted agua de seltz?

-Si, tengo -contesta la boticaria.

-¡Bravo…! ¡No es usted una mujer! ¡Es usted un hada…! ¿Podría darnos tres botellas…?

La boticaria pega apresurada el paquete de sosa y desaparece en la oscuridad, tras de la puerta.

-¡Un fruto como este no se encontraría ni en la isla de Madeira! ¿No le parece? Pero escuche… ¿no oye usted un ronquido? Es el propio señor boticario, que duerme.

Pasa un minuto, la boticaria vuelve y deposita cinco botellas sobre el mostrador. Como acaba de bajar a la cueva, está encendida y algo agitada.

-¡Chis! -dice Obtesov cuando al abrir las botellas deja caer el sacacorchos-. No haga tanto ruido, que se va a despertar su marido.

-¿Y qué importa que se despierte?

-Es que estará dormido tan tranquilamente… soñando con usted… ¡A su salud! ¡Bah…! -dice con su voz de bajo el médico, después de eructar y de beber agua de seltz-. ¡Eso de los maridos es una historia tan aburrida…! Lo mejor que podrían hacer es estar siempre dormidos. ¡Oh, si a esta agua se le hubiera podido añadir un poco de vino tinto!

-¡Qué cosas tiene! -ríe la boticaria.

-Sería magnífico. ¡Qué lástima que en las boticas no se venda nada basado en alcohol! Deberían, sin embargo, vender el vino como medicamento. Y vinum gallicum rubrum… ¿tiene usted?

-Sí, lo tenemos.

-Muy bien; pues tráiganoslo, ¡qué diablo…! ¡Tráigalo!

-¿Cuánto quieren?

-¡Cuantum satis! Empecemos por echar una onza de él en el agua, y luego veremos. ¿No es verdad? Primero con agua, y después, per se.

-El médico y Obtesov se sientan al lado del mostrador, se quitan los gorros y se ponen a beber vino tinto.

-¡Hay que confesar que es malísimo! ¡Es un vinum malissimum!

-Pero con una presencia así… parece un néctar.

-¡Es usted maravillosa, señora! Le beso la mano con el pensamiento.

-Yo daría mucho por poder hacerlo no con el pensamiento -dice Obtesov-. ¡Palabra de honor que daría la vida!

-¡Déjese de tonterías! -dice la señora Chernomordik, sofocándose y poniendo cara seria.

-Pero ¡qué coqueta es usted…! -ríe despacio el médico, mirándola con picardía-. Sus ojitos disparan ¡pif!, ¡paf!, y tenemos que felicitarla por su victoria, porque nosotros somos los conquistados.

La boticaria mira los rostros sonrosados, escucha su charla y no tarda en animarse a su vez. ¡Oh…! Ya está alegre, ya toma parte en la conversación, ríe y coquetea, y por fin, después de hacerse rogar mucho de los compradores, bebe dos onzas de vino tinto.

-Ustedes, señores oficiales, deberían venir más a menudo a la ciudad desde el campamento -dice-, porque esto, si no, es de un aburrimiento atroz. ¡Yo me muero de aburrimiento!

-Lo creo -se espanta el médico-. ¡Una niña tan bonita! ¡Una maravilla así de la naturaleza, y en un rincón tan recóndito! ¡Qué maravillosamente bien lo dijo Griboedov! “¡Al rincón recóndito! ¡Al Saratov…!” Ya es hora, sin embargo, de que nos marchemos. Encantados de haberla conocido… encantadísimos… ¿Qué le debemos?

La boticaria alza los ojos al techo y mueve los labios durante largo rato.

-Doce rublos y cuarenta y ocho kopeks -dice.

Obtesov saca del bolsillo una gruesa cartera, revuelve durante largo tiempo un fajo de billetes y paga.

-Su marido estará durmiendo tranquilamente… estará soñando… -balbucea al despedirse, mientras estrecha la mano de la boticaria.

-No me gusta oír tonterías.

-¿Tonterías? Al contrario… Estas no son tonterías… Hasta el mismo Shakespeare decía: “Bienaventurado aquel que de joven fue joven…”

-¡Suelte mi mano!

Por fin, los compradores, tras larga charla, besan la mano de la boticaria e indecisos, como si se dejaran algo olvidado, salen de la botica. Ella corre a su dormitorio y se sienta junto a la ventana. Ve cómo el teniente y el doctor, al salir de la botica, recorren perezosamente unos veinte pasos. Los ve pararse y ponerse a hablar de algo en voz baja. ¿De qué? Su corazón late, le laten las sienes también… ¿Por qué…?

Ella misma no lo sabe. Su corazón palpita fuertemente, como si lo que hablaran aquellos dos en voz baja fuera a decidir su suerte. Al cabo de unos minutos el médico se separa de Obtesov y se aleja, mientras que Obtesov vuelve. Una y otra vez pasa por delante de la botica… Tan pronto se detiene junto a la puerta como echa a andar otra vez. Por fin, suena el discreto tintineo de la campanilla.

La boticaria oye de pronto la voz de su marido, que dice:

-¿Qué…? ¿Quién está ahí? Están llamando. ¿Es que no oyes…? ¡Qué desorden!

Se levanta, se pone la bata y, tambaleándose todavía de sueño y con las zapatillas en chancletas, se dirige a la botica.

-¿Qué es? ¿ Qué quiere usted? pregunta a Obtesov.

-Deme… deme quince kopeks de pastillas de menta.

Respirando ruidosamente, bostezando, quedándose dormido al andar y dándose con las rodillas en el mostrador, el boticario se empina hacia el estante y coge el frasco…

Unos minutos después la boticaria ve salir a Obtesov de la botica, lo ve dar algunos pasos y arrojar al camino lleno de polvo las pastillas de menta. Desde una esquina, el doctor le sale al encuentro. Al encontrarse, ambos gesticulan y desaparecen en la bruma matinal.

-¡Oh, qué desgraciada soy! -dice la boticaria, mirando con enojo a su marido, que se desviste rápidamente para volver a echarse a dormir-. ¡Que desgraciada soy! -repite.

Y de repente rompe a llorar con amargas lágrimas Y nadie… nadie sabe…

-Me he dejado olvidados quince kopeks en el mostrador -masculla el boticario, arropándose en la manta-. Haz el favor de guardarlos en la mesa.

Y al punto se queda dormido.

La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento…

Créditos al Autor

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Nuestros Sentimientos ¿Nos Pueden Dominar?

CONTENIDO CRISTIANO

En el interior del ser humano hay un corazón, el cual es asiento de las emociones que se viven día a día.

Nuestro corazón no debe ser la guía de nuestras vidas.

En relación a las emociones hay conceptos muy equivocados que hemos creído y aceptado a lo largo de nuestra vida. Por ejemplo, el amor ha sido manejado como un sentimiento,  pero si lo vemos desde el punto de vista de Dios, el amor no es un sentimiento, sino una forma de vivir y de actuar.

Dios nos ha dejado Su Palabra  como el manual supremo para guiar nuestras vidas.

Es importante que tomemos en cuenta que satanás trata de explotar nuestros sentimientos para apartarnos del amor de Dios.

Satanás personalmente se enfrentó al Señor Jesús en el inicio de su ministerio, buscando debilitar la humanidad de nuestro Señor, y así que no se cumpliera el plan de redención para el hombre.

Satanás apeló fundamentalmente a los sentimientos humanos de Jesucristo. Satanás conoce perfectamente el corazón humano, es por eso que usa los sentimientos de los hombres y mujeres en el mundo para cumplir sus propósitos. 

Hoy vamos a analizar las principales emociones que afectan y controlan nuestras vidas.:

Insatisfacción:

Cuando el Señor Jesús se encontraba en el desierto, había ayunado 40 días y 40 noches. Imaginemos su estado físico,  débil, hambriento.  

Sin embargo aparece Satanás apelando al sentimiento de la Insatisfacción (Mat.4:1-3)

El área más débil en ese momento en Jesucristo es la Insatisfacción. Satanás quería que nuestro Señor buscara llenar su Insatisfacción fuera de Dios.

Cuando nosotros nos apartamos de nuestra relación con Dios, (dejamos de orar, de leer, estudiar y obedecer la Palabra de Dios) crece dentro de nosotros una profunda Insatisfacción, la cual buscamos llenar con piedras, por ejemplo amistades, compras materiales, pasar tiempo en redes sociales,  gimnasios, etc., que al final nos llevan a sentir una profunda Insatisfacción. 

Lo único que puede llenar nuestras vidas, y vivir satisfechos es teniendo una profunda relación con Cristo. (Mat.4:4)

Jesucristo le contestó a Satanás con la Palabra de Dios. 

Si nosotros no nos alimentamos de las Escrituras,  nuestra vida seguirá insatisfecha. Nosotros debemos vivir sobre la base de cada palabra  que sale de la boca de Dios.

Saturémonos de la Palabra de Dios, crezcamos espiritualmente y vivamos conforme al plan de Dios para nuestras vidas.

La Biblia es el alimento más valioso que Dios dejó al hombre ya que es viva y eficaz (Heb.4:12)

Independencia:

Este sentimiento es tremendamente explotado en el mundo. Antes de conocer a Dios, vivimos tratando de independizarnos de Dios. Satanás tentó a Jesucristo en ésta área (Mat.4:5-7)

Aquí vemos como Jesucristo nos enseña a enfrentar las tentaciones usando la Palabra de Dios.

Pero, satanás también usó la Palabra de Dios,  pues él también la conoce perfectamente, pero siempre la cambia aumentando o quitando conceptos.

El punto del ataque de satanás  es generar dudas sobre la autenticidad, la veracidad y la fiabilidad de la Biblia. 

Satanás trató de sacar a Jesucristo  de los caminos de Dios. Cuando nosotros estemos enfrentados a ésta tentación de independencia,  debemos recurrir a Dios para que nos libre de ella. El vivir independientes de Dios es el no querer andar en Sus caminos, y esto sucede con muchos creyentes.

Satanás es más sutil de lo que imaginamos. A Jesucristo le gusta citar la Sagrada Escritura, y arma su defensa apelando a la Biblia. 

Orgullo o grandeza: (Mat.4:8-9)

El mundo vive para alcanzar metas del mundo. El mundo es demasiado atractivo, y satanás siempre está ofreciéndonos gloria y poder para apelar a nuestro orgullo.

Satanás le ofrece a Jesucristo la exaltación sin dolor, sin humillación sin sufrimiento.

Pero Jesucristo nuevamente cita la Palabra de Dios (Mat.4:10) La Escritura nos dice que nosotros no estamos para servir ni adorar a nadie más que a Dios.

Nosotros fuimos creados para tener una comunión íntima con Dios, adorarlo y servirlo. Esto es lo que realmente llenará nuestros corazones.

Autocompasión: (Mat.16:21-26)

Satanás se escondió tras el apóstol Pedro apelando a la autocompasión del Señor Jesús. 

Satanás quiere que dependamos de lo que sentimos, pero nosotros debemos aprender a depender de Dios y de Su Palabra.

Hay que decir NO a nuestros sentimientos,  al «YO»: Mientras satanás nos dice «ten compasión de ti mismo», Jesucristo nos dice: «Si quieres encontrar tu vida, necesitas perderla»(Mat.10:39)

El Espíritu Santo es Dios. Por eso podemos dirigirnos a él con estas hermosas palabras de los Salmos:

«Señor, qué precioso es tu amor. Por eso los humanos se cobijan a la sombra de tus alas, se sacian con tu hermosura y calman la sed en el torrente de tus delicias» (Salmo 36,8-9). 

«Dios mío, yo te busco, mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela como una tierra reseca y sedienta… Tu amor vale más que la vida, mis labios te adoran. Yo quiero bendecirte en mi vida y levantar mis manos en tu nombre. Y mi alma se empapará de delicias y te alabará mi boca con cantos jubilosos… Me lleno de alegría a la sombra de tus alas. Mi alma se aprieta contra ti, y tú me sostienes» (Salmo 63,2-9).

«Señor, en ti me cobijo, no dejes que me quede confundido. Recóbrame con tu amor, líbrame» (Salmo 31,2).

«Es bueno darte gracias, Señor, y cantar a tu nombre, anunciar tu amor por la mañana y tu fidelidad cada noche» (Salmo 92,2-3). Todo en el nombre de Jesús, Amén.

Por Ma. Guanajuato González

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Promesas

Por Javier Pérez Lara


Las promesas de Dios son siempre fieles, quizás en este momento estés pasando una situación difícil, o estás preocupado por todo lo que vemos que pasa a nuestro al rededor, pero recuerda está promesa de parte de Dios para tu vida y la mía.

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.

Salmos 34:7 RVR1960



Él cuidara de tu familia y la mía, y nos defenderá de todo aquello que quiera cuásar algún daño, sin importar el mal tiempo en nuestro entorno, recuerda que los que confían en Jehová no seremos avergonzados.

Las promesas de Dios para nuestras vidas, son de bendición.

Y quizás tú puedas decir, nos se han cumplido esas promesas, pero tranquilo, así como Dios le prometió a al padre de la Fe que es Abraham que su descendencia sería como las estrellas y la arena de el mar, así también lo cumplirá en tu vida y la mía.



De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

Génesis 22:17 RVR1960




Solo tenemos que confiar y creer en el autor y consumador de la Fe, que es nuestro amado Dios.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1 RVR1960



Solo basta con creer y declarar que las cosas van a suceder, sin dudar.

Sin importar lo que hay en todo nuestro entorno, Dios hará y te dará lo que Él a prometido para tu vida y tu familia mi querido amigo (a) lector y todo es en su tiempo, no antes ni después .

Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:31 RVR1960



Él da fuerzas al cansado, y las renueva como las águilas , solo es cuestión de esperar y confiar, y cuando menos lo esperes el abra hecho su perfecta obra en tu vida.

Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

S. Mateo 21:22 RVR1960

Si en este día estas atravesando una situación difícil tranquilo, confía y pide en oración a Dios creyendo en que las cosas ya están hechas y el hará y actuará a tu favor, solo no desesperes.

Y recuerda que no es en nuestros tiempos, sino en el tiempo perfecto de Dios.

Las promesas de Dios a nuestras vidas llevan un tiempo, y ese tiempo es para aprender a creer y confiar plenamente en Dios, y si a ayudado una vez, créeme está no será la excepción. Solo confía en Dios y a su tiempo verás que todo copera para bien. 



Dios te bendiga hoy y siempre y que su luz te haga prosperar en tu vida, en tu camino y en tu familia.

¿Si él está contigo quién contra ti ?

Las promesas de Dios son siempre amén .

Después de invocar la presencia del Espíritu, trato de imaginar ese fuego infinito de amor que se convierte en viento impetuoso.

Quizás me provoque temor tanto dinamismo.

Entonces pido al Espíritu que destruya ese temor que me paraliza.

Todos buscamos tener algunas seguridades, y nos aferramos a esas costumbres que nos hacen sentir firmes.

De ese modo renunciamos al cambio, a la esperanza, al futuro.

El Espíritu quiere desinstalarnos porque nos quiere vivos, no muertos en vida.

Por eso, en su presencia, me hago las siguientes preguntas:

¿No será que el Espíritu está queriendo cambiar algo en mi vida y yo me resisto?

¿No será que he renunciado a tener nuevos amigos, a iniciar cosas nuevas, a cambiar algo, porque tengo miedo de desinstalarme, de perder mi comodidad, porque me aferro a mis propios planes con uñas y dientes y no estoy disponible para la novedad del Espíritu?

¿Siento que el estilo de vida que estoy llevando me permite levantarme cada día como si fuese una nueva aventura en el Espíritu?

¿O me levanto simplemente para sobrevivir, para cumplir, para soportar la existencia?

En el nombre de Jesús, Amén.

Por Ma. Guanajuato González

¡ Hola Bienvenidos !

Te invito a leer otro artículo mío:

Un Nuevo Amanecer

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Crónicas Bíblicas: El Propósito del Sr. Jesús Primera Parte

Por Timothy Keller

En cuanto Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, el foco de atención cambia. Al comienzo del libro dije que la primera parte del Evangelio de Marcos se centra en quién es Jesús, y la segunda, en su propósito, en lo que vino a hacer.

En la primera parte vemos que es tanto Dios como un hombre, el Rey eterno. Es perdón, descanso, poder y amor sin límites. Sin embargo, en este momento de la vida de Jesús, los lectores del Evangelio aún tienen muchas preguntas sobre lo que ha venido a hacer y la manera en la que lo hará.

Pero en cuanto Pedro dice «Tú eres el Cristo», Jesús de inmediato explica que tiene que morir. A partir de este momento, Jesús hablará constantemente de su muerte y sufrimiento, y lo hará de maneras que los discípulos encontrarán muy difíciles de
aceptar.

Así que la segunda mitad del Evangelio de Marcos nos mostrará por qué la cruz era necesaria y qué logró Jesús en ella. Lo que parecía una historia de triunfo, cada vez se asemeja más a una tragedia.

Ahora que Jesús ha comenzado a dar más detalles acerca de su misión, también habla de manera más explícita sobre lo que significa seguirle. En la primera parte de Marcos, ha llamado a varias personas para que le sigan, pero ahora está definiendo de forma clara las implicaciones de seguirle. Así como él va a llevar una cruz, nosotros tenemos que hacer lo mismo. Y de la misma manera que en su vida la cruz y la gloria están unidas, lo mismo va a ocurrir en nuestras vidas.

Este es el tema que se nos presenta en la segunda parte de Marcos, que comienza así:
Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó a una montaña alta, donde estaban solos. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Su ropa se volvió de un blanco resplandeciente como nadie en el mundo podría blanquearla.

Y se les aparecieron Elías y Moisés, los cuales conversaban con Jesús. Tomando la palabra, Pedro le dijo a Jesús:

– Rabí, ¡qué bien que estemos aquí! Podemos levantar tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía qué decir; porque todos estaban asustados. Entonces apareció una nube que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado. ¡Escuchadle!» De repente, cuando miraron a su alrededor; no vieron a nadie más que a Jesús. (Marcos 9:2-8)


Siglos antes de este episodio, según el libro de Éxodo en el Antiguo Testamento, Dios bajó al Monte Sinaí en una nube. La voz de Dios habló desde la nube y todo el mundo estaba aterrado Moisés fue a la cumbre de la montaña, donde suplicó poder ver la
gloria de Dios:

Muéstrame tu gloria; tu infinita grandeza y tu belleza imaginable. Y Dios respondió: «Cuando mi gloria pase, te pondré en una hendidura de la roca y te cubriré con mi mano, hasta que haya pasado, pero mi rostro no lo verás, pues nadie puede verme y seguir con vida» (Éxodo 33:18-23).

Moisés no pudo ver la gloria de Dios directamente. Sin embargo, el simple hecho de estar cerca fue suficiente para que la cara de Moisés brillara por el reflejo de la gloria de Dios.


Ahora, siglos más tarde, nos encontramos en lo más alto de otra montaña y, de nuevo, la gloria. Ese resplandor deslumbrante hace que la ropa de Jesús sea de un
«blanco resplandeciente como nadie en el mundo podría blanquearla». Tenemos una montaña, una voz que sale de una nube, e incluso Moisés que aparece. ¿Se repite otra vez lo que ocurrió en el Monte Sinaí? No, porque se produce un cambio brusco. Moisés reflejó la gloria de Dios de la misma manera que la luna refleja la luz del sol. Pero Jesús produce la gloria insuperable de Dios, pues emana de Él. Jesús no apunta a la gloria de Dios como Elías, Moisés y los demás profetas;

Jesús es la gloria de Dios en forma humana. El autor del libro de Hebreos lo explica de la siguiente forma: «El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es» (Hebreos 1:3)


En este episodio ocurre algo más que no tuvo lugar en el Monte Sinaí: Pedro, Jacobo y Juan están en la presencia de Dios y aun así, no mueren.
En el Monte Sinaí, Dios bajó en una nube. Se llamaba «la gloria shekhina « ¿Recuerdas que se encontraba en el lugar santísimo donde el sumo sacerdote expiaba los pecados del pueblo de Israel?

Dios hablaba desde la nube; era su presencia al natural, y los israelitas sabían que era mortal. Cuando Dios dijo a Moisés:
«Nadie puede verme y seguir con vida», estaba diciendo que hay una brecha infinita entre Dios y la humanidad.


«No podéis aguantar la realidad de quién soy», dice Dios, «no podéis soportar
la presencia de mi santidad, de mi gloria. Os destruiría
» Esta es la razón por la que aquí, en la cima de la montaña donde Jesús se «transfigura» (esta escena se conoce como la transfiguración), Pedro tiene miedo.

Tiene tanto miedo que, según Marcos, no sabe ni lo que dice. Pedro balbucea: «Rabí, ¡qué bien que estemos aquí! Podemos levantar tres tiendas: una para ti, otra
para Moisés y otra para Elías».
Lo cierto es que resulta una propuesta desconcertante, así que vamos a examinarla.


La palabra que se ha traducido por tiendas en realidad es la palabra griega que significa tabernáculo o tienda. Después de que la gloria de Dios bajase al Monte Sinaí, el pueblo hebreo construyó un tabernáculo. ¿Por qué?

La mayoría de las religiones reconocen que existe una gran brecha de algún tipo entre la deidad y la humanidad. Por lo tanto, muchas religiones tienen templos (o
tabernáculos) con sacerdotes, sacrificios y rituales que transforman tu conciencia o te quitan tu pecado, que sirven de intermediarios y protegen al ser humano de la presencia divina. En realidad, Pedro está diciendo es:


«Necesitamos un tabernáculo, unos rituales que nos protejan de la presencia de
Dios».
Justo después de la intervención de Pedro, aparece una nube que envuelve a Jesús, Moisés y Elías. Y desde la nube de gloria shekhiná, Dios dice: «Este es mi Hijo amado. ¡Escuchadle!»


Están en la mismísima presencia de Dios. Y a pesar de ello, Pedro, Jacobo y Juan no mueren. ¿Cómo puede ser así? Aquí está la respuesta:


«De repente, cuando miraron a su alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús»

Es la forma que Marcos encuentra para decir que Moisés se ha ido, Elías se ha ido, y Jesús no es solo el Dios que está al otro lado de la brecha; Jesús también es el puente para cruzar ese abismo. Jesús es capaz de dar lo que Elías no pudo dar, lo que Moisés no pudo dar, lo que nadie más pudo ofrecer.

A través de Jesús, podemos cruzar la brecha hacia la verdadera realidad, podemos entrar en la danza. Jesús es el templo y el tabernáculo que termina con todos los templos y tabernáculos, porque es el sacrificio que acaba con todos los sacrificios, el
sacerdote definitivo que señala el camino a todos los sacerdotes.

Cuando la nube baja, los discípulos no solo no mueren, sino que están rodeados y abrazados por el resplandor de Dios. Oyen a Dios Padre hablar de su amor por su Hijo, igual que cuando Jesús fue bautizado al comienzo del Evangelio de Marcos. Entonces, de repente, la nube se va y se quedan allí parados, acostumbrándose
de nuevo a la oscuridad de la montaña, en estado de shock, de
asombro.

Jacobo, Pedro y Juan han experimentado la adoración. La adoración es un reflejo de aquello que nuestros corazones anhelan, lo sepamos o no. Lo buscamos en el arte, en las relaciones románticas, en los brazos de nuestros amantes, en nuestra familia. En su famoso sermón «El Peso de la Gloria», C.S. Lewis dice:


La sensación de que en este universo somos tratados como extranjeros, la esperanza que albergamos de ser acogidos, de encontrar respuesta, de tender un puente sobre el abismo que hay entre nosotros y la realidad es todo parte de nuestro inconsolable secreto. Desde este punto de vista la promesa de la gloria se torna pertinente en grado sumo para nuestro deseo más profundo. Pues «gloria » significa buena relación
con Dios, ser acogido por El, recibir respuesta sobre la verdadera realidad de las cosas. La puerta a la que hemos estado llamando durante toda la vida finalmente se abrirá. […] La nostalgia sentida durante toda la vida, el anhelo de reunirnos en el universo con algo de lo que ahora nos sentimos separados, de estar tras la puerta que siempre hemos visto desde fuera no es, pues, una mera fantasía neurótica, sino el más fiel reflejo de nuestra situación real. [.] Ahora nos hallamos fuera del mundo; en el lado errado de la puerta. […] Pero las hojas del Nuevo Testamento suenan con el rumor de que no siempre será así. Algún día -¡Dios lo quiera!- nos permitirá entrar.


La adoración no consiste solo en creer. Antes de subir a la montaña, Pedro, Jacobo y Juan ya creían en Dios. Y Pedro ya había declarado: «Tú eres el Cristo». Pero ahora lo habían sentido.


La presencia de Dios los ha envuelto. Han visto una muestra de lo que Lewis dice que todos anhelamos: poder ver el rostro de Dios y sentir su abrazo.
La muerte de la gloria Imagina la escena posterior, cuando el eco de la voz de Dios ya
ha desaparecido. Los discípulos debían tener un sin fin de preguntas que hacerle a Jesús.

Marcos cuenta lo que ocurre a continuación: Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre se levantara de entre los muertos. Guardaron el secreto, pero discutían entre ellos qué significaría eso de «levantarse de entre los muertos». ¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elias tiene que venir primero? -le preguntaron. Sin duda
Elias ha de venir primero para restaurar todas las cosas respondió Jesús

– .. Pero entonces, ¿cómo es que está escrito que el Hijo del hombre tiene que
sufrir mucho y ser rechazado?
Pues bien, os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron todo lo que quisieron, tal como está escrito de él. (Marcos 9:9-13)


Cuando bajan de la montaña, Jesús les ordena a los discípulos: «Hasta después de la resurrección, no contéis a nadie lo que ha ocurrido». ¿Por qué? El significado completo de este episodio solo sería evidente después de la resurrección, ya que la transfiguración es un atisbo, un anticipo, de la resurrección (y de la segunda venida, del regreso de Jesús para restaurar el mundo al final de los tiempos, profetizado en el libro del Apocalipsis).

Por otro lado, hasta que no tuviera lugar la resurrección, ¿quién iba a creerles?
Aunque una cosa sí está clara. Al hablar de la resurrección en este momento, Jesús de nuevo está anunciando su muerte.


Recuerda que cuando Jesús les dijo: «Soy el Mesías, pero voy a sufrir y morir», Pedro le reprendió. De nuevo, Pedro y los otros se resisten, pero en esta ocasión son más cautelosos: «¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero?«
preguntan.


El libro de Malaquías, en el Antiguo Testamento, profetizó que Elías regresaría antes del gran Día del Señor, cuando Dios vendría y restauraría el mundo. Así que los discípulos están diciendo: «Eh, acabamos de ver a Elías ahí arriba. ¡El día del Señor debe estar cerca! ¿Por qué nos hablas de morir? ¡Elías está aquí!’.

Y Jesús los deja por los suelos:
«Yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron todo lo que quisieron, tal como está escrito de él’. Lo que Jesús está diciendo es: «El Elías al que se refería el profeta era
Juan el Bautista, y él ha sufrido y ha muerto. Elías ha venido y se ha ido».

Continuara.

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