¿Cómo te relacionas con él? La mayoría de nosotros pensamos que hay dos opciones. La primera esa idea antigua: Dios es un tirano despiadado cuya ira hay que aplacar constantemente con un buen comportamiento y con sacrificios.
Y luego tenemos el concepto moderno de Dios: una fuerza espiritual a la que tenemos acceso en cualquier momento, sin tener que dar explicaciones. No obstante, Marcos nos cuenta una historia que muestra que acercarse a Dios significa algo totalmente distinto:
Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido.
De hecho, muy pronto se enteró de su llegada una mujer que tenía una niña poseída por un espíritu maligno, así que fue y se arrojó a sus pies. Esta mujer era extranjera, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara al demonio que tenía su hija. (Marcos 7:24-26)
La historia comienza con la misteriosa declaración de que Jesús fue a la región de Tiro y no quería que nadie lo supiera. ¿Qué está pasando? Jesús había estado todo el tiempo actuando en provincias judías, y como ese ministerio atraía a grandes multitudes, estaba agotado.
Así que Jesús dejó las provincias judías y fue a territorio gentil, Tiro, con el fin de descansar.
Pero no sirve de nada. Una mujer se entera de que ha llegado y valientemente se abre camino hacia Jesús. Aunque es sirofenicia, como Tiro está cerca de Judea conocía las costumbres judías Sabe que no tiene ninguna de los requisitos religiosos, morales y culturales para acercarse a un rabí judío; es sirofenicia, gentil, pagana y su hija tiene un espíritu inmundo.
Sabe que, según las pautas de la época, es impura y por lo tanto no puede acercarse a ningún judío devoto, mucho menos a un rabí.
Pero a ella no le importa. Entra en la casa sin que la hayan invitado, se arrodilla y empieza a suplicar a Jesús que expulse fuera el demonio que tiene su hija. El verbo rogar está en presente progresivo: continúa rogando. Nadie ni nada puede pararla. En el capítulo 15 del Evangelio de Mateo, en la narración paralela, los discípulos instan a Jesús a que la eche. Pero ella le está suplicando a Jesús, y no va a aceptar un no por respuesta.
¿Sabes por qué es así de atrevida? En este mundo hay cobardes, hay gente normal, hay héroes; y luego, están los padres. Cuando hablamos de los padres no hay escala de cobardía a valentía que valga; si tu hija está en peligro, haces lo que sea para salvarla. No importa que en el día a día seas tímido o lanzado: tu personalidad da igual. No te lo piensas dos veces, haces lo que haga falta. De esta manera, no es sorprendente que esta madre desesperada esté dispuesta a superar todas esas barreras.
¿Así que cuál es la respuesta de Jesús a esta mujer que se encuentra en el suelo suplicando? La historia continúa: «Deja que primero se sacien los hijos replicó Jesús- porque no está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros (Marcos 7:27)
A primera vista, parece un insulto. Vivimos en una sociedad en la que nos gustan los perros, pero en el Nuevo Testamento la mayoría de los perros eran carroñeros: salvajes, sucios, indecorosos. En esa sociedad no les gustaban los perros y llamar a alguien perro era un insulto terrible. En la época de Jesús. los judíos con frecuencia llamaban «perros» a los gentiles, ya que eran «‘inmundos».
Entonces, lo que le dice Jesús, ¿es tan solo un insulto? No, es una parábola. La palabra parábola significa «‘metáfora» «semejanza», y es lo que Jesús utiliza en esta ocasión. Una de las claves para entenderlo bien es que la palabra que Jesús emplea para decir «‘perros» es una palabra poco común.
Utiliza un diminutivo, un término que, en realidad, significa «cachorritos». Recuerda: la mujer es madre. Jesús le está diciendo: «Sabes cómo comen la familias: primero, los hijos comen a la mesa; y después, las mascotas también. Está mal romper ese orden. Los cachorritos no deben comer de la mesa antes de que lo hagan los hijos».
Si observamos la narración de Mateo de este episodio, ofrece una versión más larga de la respuesta de Jesús explicando su significado: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Jesús había centrado su ministerio en Israel por todo tipo de razones».
Fue enviado a Israel para mostrar que era el cumplimiento de las promesas que aparecen en las Escrituras, el cumplimiento de los profetas, sacerdotes y reyes, el cumplimiento del templo. No obstante, después de resucitar, de inmediato les dijo a los discípulos: «Id por todas las naciones». De este modo, sus palabras no son el insulto que en un principio parecían. Lo que le dice a la sirofenicia es: Por favor, entiéndelo, pero existe un orden. Primero iré a Israel; después, a los gentiles (otras naciones). Sin embargo, esta madre le contesta con una respuesta sorprendente: -Si. Señor respondió la mujer- , pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos. Jesús le dijo: -Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija. Cuando ella llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama. El demonio va había salido de ella. (Marcos 7:28-30)
La mujer dice en otras palabras: Si, Señor: Pero los cachorritos también comen de la mesa y yo he venido a por lo mío. Jesús le ha contado una parábola en la que le ha lanzado tanto un desafío como una oferta, y ella lo capta. Responde al desafío: «Vale, lo entiendo. No soy de Israel, no adoro al Dios de los israelitas.
Por lo tanto, no tengo sitio en la mesa. Lo acepto» ¿No es increíble? No se ofende, no defiende sus derechos. Dice: «Está bien. Puede que no tenga sitio en la mesa; sin embargo, en la mesa hay más que suficiente para todo el mundo y yo necesito mi parte ahora». Está manteniendo un pulso con Jesús de una forma totalmente respetuosa -, y no va a aceptar un no por respuesta.
Me encanta lo que esta mujer hace.
En las culturas occidentales no existe nada parecido a este tipo de asertividad. Solo reivindicamos nuestros derechos. No sabemos luchar a no ser que estemos defendiendo nuestros derechos nuestra dignidad y nuestra bondad diciendo: «Esto es lo que se me debe.»
Pero esta mujer no está haciendo eso. Ella está pidiendo aunque carece de derechos, algo a lo que no estamos nada acostumbrados. Es como si estuviera diciendo: «Señor, no te digo que me des lo que me merezco en base a mi bondad; lo que digo es que me des lo que no merezco en base a tu bondad. Y lo necesito ahora» Aceptar el desafío ¿Ves lo increíble que es que la mujer reconozca y acepte tanto el desafío como la oferta que ese desafío encierra?
Una buena traducción de la contestación de Jesús sería «Qué respuesta!» Otras posibles traducciones serían «Una respuesta maravillosa, increíble».
Jesús contesta su petición y sana a su hija. En su estudio de Marcos, el erudito bíblico James Edwards lo explica de manera maravillosa: Parece que ella entiende el propósito del Mesías de Israel mucho mejor que el pueblo de Israel. Su valor y persistencia son un testimonio de su confianza en las riquezas y la abundancia de Jesús: su provisión para los discípulos e Israel era lo suficientemente abundante como para que también hubiera para alguien como ella […]. ¡Qué ironía! Jesús busca por todos los medios enseñar a sus discípulos elegidos, pero son torpes y están atónitos; Jesús no parece tener intención de hablar con aquella mujer pagana, y después de una sola frase, ella entiende la misión de Jesús él la alaba (…].
;Cómo es posible? Esta mujer es la primera persona en Marcos que escucha y entiende una parábola de Jesús (…]. El hecho de que responda a Jesús haciendo referencia a la parábola, es decir en los términos en los que Jesús se dirige a ella, indica que es la primera persona en el Evangelio que escucha la palabra que Jesús tiene para ella.
De modo similar, Martín Lutero estaba asombrado impresionado con este encuentro, ya que es el evangelio en estado puro.
Esta mujer entendió el evangelio, que dice que eres mucho peor de lo que pensabas, pero al mismo tiempo eres más amado y aceptado de lo que nunca llegaste a imaginar.
Por una parte, no es demasiado orgullosa como para aceptar lo que el evangelio dice acerca de sus limitaciones. Acepta el desafío de Jesús. No se da la vuelta y dice: «; ¿Cómo te atreves a hablarme así por no ser judía? ¡No tengo por qué aguantarlo!»
Pero, por otra parte, la mujer tampoco insulta a Dios mostrándose demasiado desmoralizada como para poder aceptar su oferta. No sé si lo habías pensado alguna vez, pero existen dos maneras de no aceptar a Jesús como salvador.
Una es por ser demasiado orgulloso y tener un complejo de superioridad; es decir, no aceptar el desafío.
Y la otra manera es por un complejo de inferioridad, estar tan ensimismado en uno mismo que uno dice: «Soy tan horrible que Dios no puede amarme». Es decir, no aceptar su ofrecimiento. John Newton, un pastor cristiano, escribió una vez una carta a un hombre que estaba muy deprimido.
Esto es lo que le dijo: ¿Dices que te sientes abrumado por la culpa y porque no te sientes digno? Haces bien en recordar la maldad que hay dentro de ti; sin embargo, haces mal en dejar que eso te afecte como te está afectando, y te controle como te está controlando.
Dices que es difícil entender cómo un Dios santo acepta a una persona tan terrible como tú. Al decir eso, demuestras que no solo tienes una pobre opinión de ti, que es correcto, sino que también tienes una pobre opinión de la persona, la obra y las promesas del Redentor; lo cual es incorrecto. Te quejas del pecado, pero miro tus quejas. Y están tan llenas de autojustificación, incredulidad, orgullo e impaciencia, que no son mucho mejor que los pecados más terribles de los que te quejas.
El negarse a buscarle, a perseguir su gracia, a aceptarla, a contentarse en ella es una manera de rechazar el amor de Dios igual a decir «Soy demasiado bueno para ello».
Una de las oraciones más hermosas que se han escrito en inglés es la oración de acercamiento a la Cena del Señor, escrita por Thomas Cranmer, que aparece en el primer Libro de Oración Común; se basa en esta historia de Marcos y, durante siglos, millones de personas la han hecho suya:
Nosotros no nos acercamos a esta tu mesa. Señor misericordioso, confiados en nuestra rectitud, sino en tus muchas y grandes misericordias. No somos dignos ni aun de recoger las migajas de debajo de tu mesa.
Mas tu eres el mismo Señor, siempre misericordioso por naturaleza. Cada vez que alguien ora esta oración, Cranmer le invita a ponerse en la piel de esta mujer y acercarse a Jesús con valentía, con determinación a pesar de saberse carente de todo derecho, para aceptar tanto la oferta como el desafío de la misericordia infinita de Dios.
Aceptar el regalo La mujer sirofenicia se acercó a Jesús con valentía, por su propia iniciativa. Sabía lo que quería y estaba decidida a conseguirlo. A veces, sin embargo, cuando nos acercamos a Jesús seguimos una trayectoria totalmente diferente; a veces nuestro primer encuentro con él parece casi accidental. Pero, de cualquier manera, Jesús nos conoce y nos da lo que necesitamos.
Tan pronto como Jesús se va de Tiro, Marcos escribe lo siguiente: Luego regresó Jesús de la región de Tiro y se dirigió por Sidón al mar de Galilea, internándose en la región de Decápolis.
Allí le llevaron un sordo tartamudo, y le suplicaban que pusiera la mano sobre él. Jesús lo apartó de la multitud para estar a solas con él, le puso los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva.
Luego, mirando al cielo, suspiró profundamente y le dijo: «¡Efatà!» (que significa: ¡Abrete!).
Con esto, se le abrieron los oídos al hombre, se le destrabó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo prohibía, tanto más lo seguían propagando.
La gente estaba sumamente asombrada, y decía: «Todo lo hace bien. Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» (Marcos 7:31-37)
Jesús hace una serie de cosas con el hombre sordomudo: lo toma a solas, le mete los dedos en los oídos, entonces le toca la lengua, toma su propia saliva y la pone en la lengua del hombre, mira hacia arriba, suspira y dice: «; Abrete! Puede que pienses:
«Típico. Jesús está haciendo los típicos rituales de un milagrero» Pero no es así. Recuerda que en cada uno de los milagros que hemos presenciado, como cuando calmó la tormenta, cuando resucitó a la hija de Jairo y cuando sanó a la hija de la sirofenicia, no hay ni aspavientos con los brazos, ni ningún hechizo, conjuros.
Es obvio que Jesús no tiene que realizar ningún ritual para reunir su poder. Lo que significa que Jesús hace todo esto no porque él lo necesite, sino porque el hombre lo necesita.
La respuesta de Jesús a la petición de la mujer es enigmática, críptica e incluso áspera. Con el sordomudo Jesús se comporta de manera extremadamente dulce. En el capítulo 11 del Evangelio de Juan, después de que Lázaro haya muerto, va a las dos hermanas Marta y María. Marta dice: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto», y Jesús la reprende.
Entonces aparece María y dice: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto», y Jesús llora con ella.
Las mismas palabras, pero no la misma respuesta. ;¿Por qué? Porque Jesús siempre te da lo que necesitas y además sabe mejor que tú qué es lo que necesitas.
Es el Consejero Admirable. Jesús se identifica de manera profunda con este hombre. Todo el proceso de tocarle orejas, la boca, es lenguaje de signos. Jesús le está diciendo: «Pongámonos ahí; no tengas miedo, yo voy a hacer algo para solucionar tu problema; ahora, miremos hacia a Dios».
Se adentra en el mundo cognitivo del hombre y usa el lenguaje no verbal, un lenguaje que él podía entender. Mira cómo lo separa de la multitud; ¿no sería mejor que todo el mundo lo viese?
Pero imagina a este hombre en su infancia. Seguro que siempre lo miraban como a un bicho raro.
Está sordo y, por eso, no puede hablar correctamente. Imagina cómo se han burlado de él durante toda la vida. Jesús lo sabe y se niega a convertir aquello en un espectáculo.
Se identifica con él en el plano emocional. No obstante, hay una identificación aún mayor, ya que hay un momento en el Jesús deja escapar un suspiro profundo. Una traducción mejor sería: «él gimió.» Un gemido es una expresión de dolor. ¿Por qué estaría Jesús sintiendo dolor?
Quizás fuese porque estaba unido emocionalmente al hombre, que ha vivido la marginación y el rechazo. Pero está a punto de sanarle. ¿Por qué Jesús no le sonría y le dice: «Ahora verás lo que voy a hacer por ti?
Lo que ocurre es que se está dando una identificación aún más profunda. Sanar a este hombre tiene un coste. Marcos así lo señala con la palabra que utiliza para «sordo y que hablaba con dificultad».
Emplea una palabra griega, moglilalos que solo se usa una vez más en toda la Biblia, en Isaías 35:5. Es una palabra poco común y Marcos no la usaría a menos que quisiera establecer una conexión con Isaías 35. El profeta Isaías dice acerca del Mesías:
«Sed fuertes, no tengáis miedo. Vuestro Dios vendrá […] con retribución divina vendrá a salvaros. Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo» (Isaías 35:4-6).
Lo que dice Marcos es: ¿Veis cómo se abren los ojos de los ciegos? ¿Veis que los sordos oyen, oís la lengua del mundo gritando de alegría?
Dios ha venido como Isaías prometía; Dios ha venido a salvarte. Jesucristo es Dios que ha venido a rescatarte. Jesús es el Rey.
Hay algo más sobre lo que Marcos quiere que reflexionen sus lectores. Isaías dice que el Mesías vendría a salvarnos «con retribución divina».
Sin embargo, Jesús no está atacando a la gente. No saca su espada. No ha tomado una posición de poder; sino que está repartiendo poder. No ha conquistado el mundo; sino que está sirviendo al mundo.
¿Dónde está la retribución de Dios?
Y la respuesta es que no vino a traer la retribución de Dios, sino a llevarla sobre sí. En la cruz, Jesús se identificó por completo con nosotros. En la cruz, el Hijo de Dios fue rechazado, expulsado de la mesa sin probar migaja, para que aquellos de nosotros que no éramos hijos de Dios fuésemos adoptados y aceptados en la familia de Dios.
Dicho de otro modo, el Hijo se convirtió en perro para que los cachorrillos pudiesen llegar a ser hijos e hijas que se sientan a la mesa.
Ahora sabes por qué puedes acercarte a Jesús porque Él se identificó con nosotros de ese modo tan radical. El Hijo se hizo perro que nosotros los perros pudiésemos acercarnos a la mesa, se hizo mudo para que nuestras lenguas cobraran vida para llamarle Rey.
No te automargines pensando que no puedes ser sanado. No seas orgulloso pensando que lo que el evangelio dice tus limitaciones no es verdad.
No te desmoralices pensando que el amor de Dios del que el evangelio habla no puede ser para ti.
y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.
GENESIS 4:3
Vamos a ver: La palabra “trajo” significa venir, acercarse, colocar, dar, depositar y presentar. Esto, quiere decir que, Caín vino a Dios, se acercó a Él, y trajo una ofrenda a Dios.
Esta historia, nos presenta detalles muy interesantes porque nos deja ver varios principios que observaremos a detalle.
Nosotros, como creyentes sabemos que podemos presentarnos delante de Dios con libertad, con confianza, pues somos sus hijos. Pero, también, debemos saber que lo que estamos trayendo y ofreciendo a Él, puede “NO” ser de bendición para nosotros, sino todo lo contrario, si no lo hacemos conforme a su voluntad.
De antemano, sabemos que Caín conocía a Dios, creía en Él, pero, la manera en cómo él debía acercarse a Dios, era distorsionada, así como, todos nosotros que queremos acercarnos a Dios haciendo nuestra voluntad y bajo nuestros propios lineamientos, siempre tomando en cuenta nuestro esfuerzo, y haciendo las cosas en nuestras propias fuerzas, queriendo que Dios vea todo lo que hemos hecho, sin tomar en cuenta que debemos de agradarle y darle a Él la Gloria, no a nosotros.
En los tiempos de Jesucristo, había muchas personas que siguieron haciendo lo mismo, y eso lo vemos hasta el día de hoy; nos acercamos bajo nuestro propio criterio y deseos carnales, nunca a la manera de Dios.
Por eso, Jesús les dice a los fariseos en MATEO 15:8-9
Ustedes de labios me honran, más su corazón está lejos de mí.
La mayoría de nosotros somos como Caín. Nos acercamos a Dios con una conciencia equivocada, y trayendo a Dios lo que no le agrada.
Este principio es muy importante porque cada creyente debe saber cómo agradar a Dios, pues muchos como Caín, presentamos una ofrenda; que, lejos de agradarlo, puede despertar su ira y ser de castigo propio. Nuestra obediencia a su voluntad, debe ser lo primero que debemos hacer y conocer para no cometer errores.
Muchas veces, no tenemos ni idea de que Dios es tres veces SANTO, y si no conocemos su Santidad, nos presentaremos y traeremos a Él, pecado, que sólo será para perjuicio propio.
Caín trajo una ofrenda del fruto de la tierra, pero, Abel llevó una ofrenda diferente. Abel trajo al primogénito de sus ovejas, el más gordo, y más hermoso.
Los dos hermanos, sabían de antemano, que la ofrenda debía ser un cordero y no otra cosa. Sin embargo, Caín, trajo lo que quiso; en cambio, Abel, tuvo temor de Dios; sabía cómo agradarle a Dios. Abel, no hizo su voluntad, sino la de Dios. Fue reverente y respetuoso, pero, sobre todo, obediente con Él. Por eso, Dios vio con agrado a Abel y a su ofrenda.
Esta historia, debe ser para nosotros una meta a cumplir, siendo hijos de Dios, pues, debemos entender, que vamos a llevar una ofrenda para agradarle; primero, con nuestra persona, y después, con mi ofrenda, como lo hizo Abel.
Por la fe, Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual, alcanzó testimonio de que era justo, dando testimonio de sus ofrendas, y muerto aun habla por ellas.
HEBREOS 11:4
Se nos dice que Abel ofreció más excelente sacrificio que Caín, y eso lo hizo más justo a los ojos de Dios.
¿Cuántas veces escuchamos este pasaje y no tomamos en cuenta que lo que se nos está pidiendo es que presentemos lo que a Dios le agrada, y respetando SU voluntad? Sin embargo, escogemos lo que queremos y nos presentamos con irreverencia, por eso, cuando no recibimos lo que pedimos, nos enojamos con Él.
Hay gente insensata que arruina su vida ella misma, pero, luego le echa la culpa al Señor (PDT).
PROVERBIOS 10:3
Este pasaje, nos enseña mucho de cómo debemos caminar bajo las órdenes estrictas de Dios, y que no debemos pasar por alto SU autoridad. Queremos ser bendecidos, queremos respuesta a nuestras oraciones, queremos todo de Dios, pero, no recibimos porque no sabemos pedir, ni dar conforme a SU perfecta voluntad.
Debemos de estar en una obediencia y sometimiento a Dios y a sus mandamientos, por eso, es de gran importancia conocer más a Dios por medio de Su Palabra y obedecerla, sabiendo que estamos llevando ofrenda a nuestro REY SOBERANO, DUEÑO DEL CIELO, DE LA TIERRA, Y DE NUESTRA PROPIA VIDA.
La misma fe movió a Abel a llevar ofrenda grata, es la misma fe que nos debe mover a buscar Su sonrisa, serle agradables primero con nuestra vida y después con nuestra ofrenda.
¡¡Que Dios te bendiga y te guíe!!
Amado Dios, en este nuevo me despierto con muchísima alegría para darte gracias por el milagro de la vida, por todo aquello que me rodea, por la familia que me acompaña y por todas las bendiciones con las que Tú colmas mis días.
Gracias también porque me permites mantener la fe y ser feliz a pesar de las dificultades y gracias porque con este nuevo despertar mi espíritu se llena de esperanzas. Mi propósito de hoy es hacer el bien sin dudas ni angustia.
En este nuevo día me permitiré la dicha de vivir plenamente y cumpliré con todas mis obligaciones con amor y alegría, entregando a cada momento lo mejor de mí, porque sé que los grandes triunfos se obtienen a través de grandes esfuerzos.
Señor, te pido que nunca te apartes de mí, pues mis victorias y mis alegrías solo serán completas si Tú estás a mi lado.
Una familia disfuncional es aquella en que los miembros juegan roles rígidos y en la cual la comunicación está severamente restringida a las declaraciones que se adecuan a esos roles.
Los miembros no tienen libertad para expresar todo un espectro de experiencias, deseos, necesidades y sentimientos, sino que deben limitarse a jugar el papel que se adapte al de los demás miembros de la familia.
En todas las familias hay roles, pero a medida que cambian las circunstancias, los miembros también deben cambiar y adaptarse para que la familia siga siendo saludable.
De esa manera, la clase de atención materna que necesita una criatura de un año será sumamente inadecuada para un adolescente de trece años, y el rol materno debe alterarse para acomodarse a la realidad.
En las familias disfuncionales, los aspectos principales de la realidad se niegan, y los roles permanecen rígidos.
Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia individualmente y a la familia como grupo es más, cuando tales temas son prohibidos en forma implícita (se cambia el tema) o explícita (» ¡Aquí no se habla de esas cosas!») aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla.
Y eso deteriora severamente el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones.
Es ese deterioro básico lo que opera en las mujeres que aman demasiado. Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos repelen, porque no tenemos manera de evaluarlas en forma realista o auto protectora.
No confiamos en nuestros sentimientos, ni los usamos para guiamos. En cambio, nos vemos arrastradas hacia los mismos peligros, intrigas, dramas y desafíos que otras personas con antecedentes más sanos y equilibrados naturalmente evitarían. Y por medio de esa atracción nos dañamos más, porque gran parte de aquello hacia lo cual nos vemos atraídas es una réplica de lo que vivimos mientras crecíamos. Volvemos a lastimarnos una y otra vez.
Nadie se convierte en una mujer así, una mujer que ama, por casualidad. Crecer como miembro femenino de esta sociedad y en una familia así puede generar algunos patrones previsibles.
Las siguientes características son típicas de las mujeres , mujeres como yo y, tal vez, como tu.
1. Típicamente, tu provienes de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales.
2. Habiendo recibido poco afecto, tratas de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a hombres que parecen, de alguna manera, necesitados.
3. Debido a que tu nunca pudiste convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que usted ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor.
4. Como la aterra que la abandonen, hace cualquier cosa para evitar que una relación se disuelva.
5. Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si «ayuda» al hombre con quien usted está involucrada.
6. Acostumbrada a la falta de amor en las relaciones personales, tu estás dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacer.
7. Estás dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.
8. Tu amor propio es críticamente bajo, y en el fondo usted no cree merecer la felicidad. En cambio, cree que debe ganarse el derecho de disfrutar la vida.
9. Necesitas con desesperación controlar a sus hombres y sus relaciones, debido a la poca seguridad que experimentó en la niñez. Disimula sus esfuerzos por controlar a la gente y las situaciones bajo la apariencia de «ser útil».
10. En una relación, estás mucho más en contacto con su sueño de cómo podría ser que con la realidad de su situación.
11. Eres adicta a los hombres y al dolor emocional.
12.Es probable que tu estés predispuesta emocionalmente y, a menudo, bioquímicamente, para volverse adicta a las drogas, al alcohol y/o a ciertas comidas, en particular los dulces.
13. Al verte atraída hacia personas que tienen problemas por resolver, o involucrada en situaciones que son caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, usted evita concentrarse en su responsabilidad para consigo misma.
14. Es probable que tu tengas una tendencia a los episodios depresivos, los cuales trata de prevenir por medio de la excitación que proporciona una relación inestable.
15. No te atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por usted. Esos hombres «agradables» le parecen aburridos.
Si te identificas con algunos puntos de esta lista busca ayuda profesional que te ayude a ver tu identidad, valores, y tu realidad.
He visto a las mujeres más bellas del mundo, convertirse en diminutas sombras satisfaciendo los deseos de sus seres queridos.
He visto a las mujeres más inteligentes de la vida haciendo añicos sus argumentos frente al protagonismo de sus amantes.
He visto a mujeres con alas sacando lustre a los barrotes de las jaulas que les compran sus maridos.
Las he visto bajarse de la luna para vivir en la cueva de sapo de su amado. Las he visto superar el hambre, las guerras, la muerte y luego caer de rodillas frente al beso deshonesto. Las vi esconder su fuerza,
Las vi esconder su fuerza, maquillar su poder, frenar sus éxitos, masticando frustraciones ajenas, haciéndose cargo de necesidades impropias, cediendo, cediendo, cediendo tanto que sus cuerpos parecen desintegrarse, derretirse, desdibujarse, deshabitarse, estallar y recomponerse como un hueso tras el impacto de una bala.
Las he visto, las veo, yo también he sido, (soy) presa fácil y presa difícil de mandatos rancios y amores mediocres. Romperé el espejo todas las veces que haga falta y respetaré y esperaré paciente el día en que todas podamos vernos liberadas de tanta pena por nada.
Romperé el espejo todas las veces que haga falta y respetaré y esperaré paciente el día en que todas podamos vernos liberadas de tanta pena por nada.
Nuestros automóviles, al pasar los años, se ven en la necesidad de ajustes y reparaciones de ciertos daños, consecuencia del uso diario. Por lo cual, es necesario llevarlos a talleres especializados para su compostura.
Así nuestros matrimonios. Cada uno llega al taller de Dios de diferentes maneras. Algunos, sólo necesitan pequeños ajustes, pero otros, reparaciones completas.
Todos los matrimonios, necesitamos ser enseñados en cuanto a la relación de pareja, y, aunque tratemos de aparentar, nuestro hogar refleja lo que vivimos día a día, cada integrante de la familia.
Dios, quiere mostrarnos lo maravilloso que es el matrimonio, y lo que Él es capaz de hacer con un hogar y una familia que decide entregarle su vida a Dios. Hoy en día, las estadísticas nos muestran, que menos del 40 % de los matrimonios, no llegan a divorciarse.
Es muy triste observar el aumento de divorcios en las últimas décadas. Dios, creó el matrimonio para disfrutarlo, para que el amor entre la pareja se disfrute tal y como Dios lo planeó. Nosotros, podemos establecer nuestra relación matrimonial basada en lo falso, lo cual, seguramente nos llevará al fracaso.
Nada inicia con tantos sueños e ilusiones como el matrimonio; pero tampoco, nada fracasa tanto como la relación matrimonial. Es necesario preguntarnos, ¿por qué fracasa?
Porque no conocemos, ni comprendemos lo que es el amor. Desconocemos la verdad.
Ante todo, debemos entender que, todo lo que sembramos, lo cosecharemos (Gal. 6:7). Todo lo malo que hay en el matrimonio, surgió de la mente de satanás. Dios, es amor, satanás, es todo lo contrario.
Hoy, analizaremos las 3 fuentes que han inundado nuestros corazones de cosas equivocadas:
Ideas confusas, que el mundo nos dice acerca del amor y que son basura.
° Experiencias personales, que nos hacen creer que podemos aconsejar a los demás, con respecto al amor.
° Música, películas, series, programas de televisión, libros, revistas, etc. Que nos saturan la mente de mentiras en relación al amor.
Hoy, necesitamos que Dios limpie nuestra mente. La Biblia, es el único libro autorizado por Dios para hablarnos del amor, y del amor en la pareja. Es aquí, donde encontraremos lo que es verdadero. Si queremos restaurar nuestro matrimonio, debemos disponer nuestros corazones para entender y obedecer lo que Dios nos dice en Su Palabra.
Ante todo, debemos tomar en cuenta los siguientes principios:
1.El amor, es racional: Yo decido amar. La Biblia es un libro de amor; donde Dios, decidió amar a Su creación. Amar, es hacer lo mejor hacia la persona que decidí amar. El amor se demuestra; que no quede en sólo teoría. El amor, se demuestra con acciones.
2. El amor, no es fácil, ni sencillo: Tenemos que aprender a amar. Si hacemos lo que dicta nuestro corazón, dañaremos a nuestra pareja, ya que, por naturaleza, nuestro corazón es egoísta. (Prov. 16:9). Si hacemos, lo que nuestro corazón dice, sólo buscaremos lo nuestro.
3. El amor, yo lo controlo: El amor, no es algo incontrolable. Nosotros, tenemos la capacidad de decidir amar; cuándo, cómo, con qué intensidad. Cuando experimentamos el nuevo nacimiento en Cristo, Dios, derrama Su amor en nuestros corazones (Rom. 5:5). Los creyentes, tenemos la capacidad de amar como Dios quiere que amemos. Nuestras emociones, dañan nuestras relaciones.
4. Dejar de buscar que los demás nos amen: Dios, quiere que decida amar, y, en consecuencia, nuestra pareja responderá a ese amor, pues, el amor, cubrirá multitud de faltas. (Prov. 10:12).
5. Decidir dar seguridad y abrigo a nuestra pareja: La palabra de Dios, nos habla del matrimonio y cómo debemos satisfacer las necesidades de nuestra pareja. En la carta a los Efesios, el apóstol Pablo, da algunos consejos a los matrimonios de la iglesia, iniciando con el mandamiento de someterse unos a otros en el temor de Dios. (Efe. 5:21) En otras palabras, en cualquier relación humana (esposo-esposa, padres-hijos, esclavos-amos, etc.) hay un tercer partido incluido; Cristo mismo. Pablo, nos exhorta, a conducirnos en esas mismas relaciones, a la luz del mismo Espíritu de Cristo.
23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
Efesios 5:23-28
Si amamos con este tipo de amor, los resultados serán maravillosos, como Dios lo planeó. La unión física, debe provocar la unión espiritual. Siempre pasar tiempo con Dios en pareja. (orar, leer la Biblia) traerá grandes bendiciones al matrimonio.
¡¡Con Dios, el matrimonio sí funciona!!
Amado Dios, mi fiel amigo y mi constante compañía: en esta mañana te doy gracias por concederme la oportunidad de vivir un día más bajo tus cuidados, bajo tu luz y tu bendición. No podría empezar esta jornada de otra manera que no sea agradeciendo por todas las cosas maravillosas que Tú haces por mí.
Gracias Señor por mi vida y por la vida de mis seres queridos, porque gozamos de buena salud, por el hogar que nos concediste, por los alimentos que nos brindas y gracias también por todas las veces que Tú obraste de manera anónima para mantener nuestra paz y nuestra bienandanza.
En esta mañana quiero entregarme confiadamente a Ti y poner en tus manos todas mis metas, mis obligaciones y mis compromisos.
Por favor ilumina mi senda y ayúdame a tomar buenas decisiones, permite que cada una de mis acciones nazca desde el amor y ayúdame a avanzar por la vida en bienestar y realización, esbozando una sonrisa sincera en mi rostro y compartiendo a cada instante lo mejor de mí.
Gracias a cada uno de ustedes por escribirme a mi correo, miguel.perez@grupopozzeidon.com.mx es muy gratificante saber que es de su agrado total esta sección hecha con amor, pensando en ustedes, y con una reflexión que puedan aplicar en su vida cotidiana.
En este nuevo capítulo, y como se los prometí, la semana pasada, hablaremos de las brújulas.
Pero, ¿Qué son las brújulas?
Según la Real Academia de la Lengua Española, las brújulas son: “Instrumento consistente en una caja, en cuyo interior, una aguja imantada gira sobre un eje y señala el norte magnético, que sirve para determinar las direcciones de la superficie terrestre”.
Desde épocas antiguas, los navegantes que surcaban los 4 mares, utilizaban este artefacto para marcar su trayectoria en conjunto a la posición de las estrellas. Piratas, marineros y corsarios, confiaban su vida entera a estos instrumentos.
Actualmente, muchos medios de transporte las utilizan, desde un avión comercial, hasta una nave espacial de la NASA, debido a que, como ya comenté anteriormente, nos ubican en que lugar estamos y nos ayudan a trazar para dónde nos dirigimos.
¿Has sentido que no tienes un camino por el cuál andar y te sientes perdido? ¿Qué haces cuando eso ocurre? ¿Te ensimismas? ¿Te aíslas de todo? Esta postura es válida, conozco muchos casos que así lo hacen; es válido si crees que la gente no tiene por qué enterarse de tu situación, o qué puedes resolver por ti mismo, las situaciones que te asechan, pero, (y sí, ahí viene el gran pero, o mi juicio como tal) creo que es bueno tener una brújula a la mano, la cual, sería en estos casos una persona o un grupo de personas que te contengan, que te ayuden a ver cosas que no ves o no quieres ver.
En mi caso, en particular, mis brújulas principales se dividen en 2 grupos: mis padres, mamá y papá, que desde siempre han velado por mí y me han dado esa guía en los momentos que más lo he necesitado.
Me dan desde su experiencia, el punto clave o el panorama que no he visto o no estoy dispuesto a ver.
Hace poco, mi mamá me dijo algo muy sutil pero contundente, esas frases que ya sabemos, pero no queremos llevar a práctica, o simplemente les restamos peso. La frase va más o menos así, “Venimos a la vida a gozar, reír y vivirla como si no existiera un mañana, no te abrumes o atoches con problemas, pon límites, suéltalos y sigue tu camino”.
Seguramente querido lector lo has escuchado una y mil veces, pero, ¿cuántas veces lo has tomado en cuenta o lo has practicado? ¿Cuántas veces sigues enganchado con ese punto, que no tiene solución y le das vueltas y vueltas y sólo te torturas emocionalmente? Nos esclavizamos a ellos, y la piedra que cargamos es pesadísima, y por ende no nos permiten avanzar.
¿Cómo podríamos romper esas cadenas? ¿Cómo podríamos caminar con ese peso, sin que nos costara trabajo?
Otra frase que me orienta firmemente, es una que me dijo mi papá; en un viaje largo que hicimos a Morelia, mi papá me narraba que mi abuelo no fue un padre ejemplar, que el trato hacia a sus hijos, era muy rudo y denso, a lo que le repliqué que él actuó conforme a él lo educaron y él contestó, “si tu afirmación es correcta, yo tendría entonces que comportarme contigo como él lo hizo conmigo, y nunca lo he hecho, yo siempre he buscado ser lo más amoroso, comprensivo, comprometido y dedicado a ti y a tu hermano; creo que la idea es siempre da lo mejor de ti a quien realmente amas”
¡Puuuuuum! En ese momento me movió mi mundo, es una lección tan fuerte que justifica muchas de las cosas que me ha transmitido, y que sin querer he imitado y creído fervientemente durante toda mi vida.
El otro grupo, se conforma de mis amigos de toda la vida; amigos que conozco desde los 5 años, amistades de 30 años, amistades de 20 años, y algunos de 10…
Ellos me arropan, me cuidan y me dan guía, me cuentan que es lo que han hecho o harían en mi lugar; me dan ese confort, que en ocasiones necesito, y me mueven a cambiar mi forma de pensar o actuar para bien.
¿Tienes tus brújulas? ¿Tienes a esa gente que te orienta y te da ese norte que en ocasiones ocupamos?
Muchas gracias por leer “Mi Neta”, te espero la próxima semana para “Netear” más.
Puedes encontrarme en todas las redes sociales como @mikeperezochoa
Estoy cocinando nuevos proyectos, los cuales compartiré con cada uno de ustedes.
Y la Neta, nos leemos a la próxima.
La BONDAD
me visitó y me recordó ser más gentil, indulgente y compasivo conmigo mismo y los que me rodean.
La CONFIANZA me visitó y me recordó no ocultar ni suprimir mis dones y talentos para que los demás se sientan más cómodos, sino abrazar lo que me hace ser.
El ENFOQUE
me visitó y me recordó que las inseguridades y juicios de otras personas sobre mí no son mi problema y que debería redirigir hacia mi la atención que pongo en otros.
La LIBERTAD
me visitó y me recordó que nadie tiene control sobre mi mentalidad, pensamientos y bienestar. Solo yo.
Y el AMOR
me visitó y me recordó que no necesito buscarlo en otros porque se encuentra dentro de mi.
La pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse.
La PACIENCIA
me visitó y me recordó que las cosas buenas tardan en llegar a buen puerto y crecer lentamente con estabilidad. La PAZ me visitó y me recordó que puedo permanecer en calma a través de las tormentas de la vida, independientemente del caos que me rodea.
La ESPERANZA me visitó y me recordó que tiempos mejores están por venir y siempre estaría allí para guiarme y animarme.
La HUMILDAD me visitó y me recordó que puedo lograrlo, no tratando de encogerme y hacerme menos; sino al enfocarme en servir al mundo y animar a los que me rodean.
Dios, ha sido bueno…Un año más, en el cual, iniciamos con nuevos proyectos, nuevos propósitos.
Un año, en el que, como muchos anteriores, nadie sabe qué pasará en el futuro no muy distante, ya que, recordamos, que después de la pandemia, las cosas cambiaron para muchas personas; unas se nos adelantaron, pero, con todo y eso, pudimos ver la mano de Dios en nuestras vidas.
17echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 5:7
Así como Dios nos cuidó y ayudó en años anteriores, así mismo lo hará en el transcurso de este. Quizás hoy en día sientas un poco de temor pensando en qué pasará el día de mañana, pero, déjame decirte algo.
Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé, por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.
Isaías 50:7
Si ponemos nuestra confianza en Dios, no seremos avergonzados. Dios ha sido bueno contigo y conmigo, y tiene una infinita misericordia con cada uno de nosotros, y tenlo por seguro, querido amigo lector, que Dios no nos dejará, ni desamparará.
Un nuevo amanecer…
Para retomar eso que dejaste pendiente…para abrazar algún ser querido, para retomar los sueños que algún día dejaste de lado. Decirle un te amo, un te quiero a tus hijos, a tus padres, a tu esposa (o).
No dejes pasar de largo…Este año, y mucho menos los 340, y cuenta los días, que son nuevas oportunidades que Dios nos da para ser mejores que ayer, y seguir rumbo hacia la meta de llegar a la estatura del varón perfecto, que es Cristo Jesús; y poder contemplar la grandeza y hermosura de nuestro Gran Dios.
Un nuevo amanecer…
Secara Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque, las primeras cosas, pasaron.
Apocalipsis 21:4
Dios, nos tiene grandes bendiciones, cosas nuevas para cuando estemos con Él. También aquí las tiene, sólo es cuestión de buscarlo y no dejar que nada nos aparte de su amor; y tenlo por seguro, que Dios, nos seguirá bendiciendo como hasta el día de hoy. Sólo, no dejes de confiar y verás llegar ese nuevo amanecer, cargado de esperanza, de luz y de mil y una oportunidades para continuar.
¡Recuerda un nuevo amanecer, en el cual, verás brillar cada día, la luz de Dios en tu vida y en tu familia!
Que este inicio de año, sea mejor que el pasado, y déjale todas tus cargas a Dios; y Él te prosperará y librará a ti y a tu familia, de todo mal.
¡¡Dios, es bueno todo el tiempo!!
Padre celestial, hoy abrí mis ojos a tu creación, tengo salud, tengo un techo, tengo ropa que me viste, tengo alimentos en mi mesa y una familia que amo y que me ama; por todo te doy gracias. En este nuevo día me despierto con mucha alegría para avanzar con fe y con pasión por el camino que me llevará a alcanzar mis más grandes anhelos y objetivos.
Cada nuevo día es una demostración de tu amor infinito hacia mí y por eso, aunque algunas veces me invada la incertidumbre y la tristeza, nunca desfalleceré en mi propósito de alcanzar la felicidad y ser una persona próspera y dichosa, pues eres Tú amado Señor quien dirige mis pasos, mi vida y mi destino.
Amado Dios, ¡Qué siempre se haga tu maravillosa voluntad en mi vida, pues confió en Ti y en tus grandes planes!
En este momento, lleno de fe en Ti y seguro que mi oración será escuchada, pongo en tus santísimas manos mi vida, mi destino, mis labores y las de mi familia y amigos.
La confrontación de Jesús con los líderes religiosos de su época no aminoró. Marcos utiliza un episodio en el que Jesús y estos líderes discrepan sobre las leyes de limpieza, las leyes alimenticias y las normas que tenían que ver con la pureza ritual.
Es fácil pensar que la controversia respecto a estas leyes es algo del pasado, de interés en todo caso para los historiadores, pero que no tiene ningún tipo de relevancia hoy. Sin embargo, este texto trata varias cuestiones que son esenciales para la vida humana en cualquier cultura, en cualquier época.
Esto es lo que ocurrió: Los fariseos y algunos de los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén se reunieron alrededor de Jesús, y vieron a algunos de sus discípulos que comían con manos impuras, es decir; sin habérselas lavado. (En efecto, los fariseos y los demás judíos no comen nada sin primero cumplir con el rito de lavarse las manos, ya que están aferrados a la tradición de los ancianos. Al regresar del mercado, no comen nada antes de lavarse.
Y siguen otras muchas tradiciones, tales como el rito de lavar copas, jarras y bandejas de cobre.) Así que los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús: «;Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los ancianos, en vez de comer con manos impuras? (Marcos 7:1-5)
Según las leyes mosaicas de limpieza, si tocabas un animal o ser humano muertos, si tenías una enfermedad infecciosa de la piel como forúnculos, sarpullido o úlceras, entrabas en contacto con el moho (en la ropa, artículos en casa o tu casa en sí misma), tenías cualquier tipo de flujo, o si comías carne de cualquier animal que se considerase inmundo, se te consideraba impuro ritualmente, contaminado, manchado, sucio.
Esto suponía que no podías entrar en el templo y, por lo tanto, no podías adorar a Dios con la comunidad. Estos limites tan estrictos parecen extremadamente duros, pero si lo piensas, no son tan raros como parece.
A lo largo de los siglos, se ha ayunado durante períodos especiales de oración. ¿Por qué? Porque ayuda a desarrollar sed de Dios.
Además, las personas de distintas confesiones se arrodillan para orar. ¿No es bastante incómodo hacerlo? Ayuda a desarrollar humildad espiritual.
Así que los ritos de limpieza y los esfuerzos por permanecer limpios y lejos de la suciedad y la enfermedad que practicaban los religiosos tiempos de Jesús eran un tipo de ayuda visual que les permitía reconocer que eran impuros espiritual y moralmente y que no podían entrar en la presencia de Dios a no ser que se diera algún tipo de purificación espiritual.
Si te vas a reunir con alguien que es importante para ti, como por ejemplo una cita o una entrevista de trabajo importante, te lavas, te arreglas y te peinas. ¿Qué es lo que estás haciendo? Estás deshaciéndote de la suciedad, por supuesto. No quieres que haya en ti ni una mancha.
No quieres oler mal. Las leyes de limpieza encierran la misma idea. A no ser que estés limpio espiritual y moralmente, no puedes estar en la presencia de un Dios santo. Jesús no podría haber estado más de acuerdo con los líderes religiosos en el hecho de que ante Dios somos impuros, y así no podemos entrar en su presencia.
No obstante, Jesús difería de ellos en cuanto a cuál era la causa de esta impureza, y en cuanto a la manera de tratarla.
Marcos escribe: De nuevo Jesús llamó a la multitud. «Escuchadme todos dijo y entended esto: Nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina.» (Marcos 7:14-16)
Según Jesús, ya en nuestro estado natural no somos dignos de estar en la presencia de Dios. Hoy, la mayoría de la gente no acepta esta idea. Muchos dirían: Antiguamente el ser humano pensaba que el mundo era un lugar terrorífico porque no entendían la manera en la que funciona la naturaleza y, entonces, crearon mitos que les ayudaban a explicar el mundo.
Querían sentir que tenían un mayor control sobre sus destinos. Inventaron absolutos morales y divinidades furiosas cuya ira había que aplacar.
Cuando algo iba mal, se debía a que los dioses no estaban contentos. Por lo tanto, en la antigüedad se actuaba por vergüenza y culpabilidad.
Hoy en día, hemos avanzado, y hemos dejado atrás esos absolutos morales. Nadie está seguro de lo que está bien y lo que está mal, nadie sabe con seguridad si Dios existe o no.
Tenemos que decidirlo por nosotros mismos, sin necesidad de basarnos en los criterios de otros. Además, creemos en los derechos humanos y en la dignidad de la persona. No vemos a la persona como un ser impuro, corrupto y malvado.
Creemos que las personas son, en sí, buenas. Eso es lo que se dice hoy en día. Si hay un Dios, no creemos que sea una deidad trascendentalmente santa ante la cual somos culpables, por lo que estamos condenados.
Y aun así seguimos luchando con sentimientos profundos de culpabilidad y vergüenza. ¿De donde provienen?
Uno de los escritores más importantes del siglo XX, el brillante y estrafalario Franz Kafka, desarrolla este problema en su libro El proceso.
Al principio de la historia, Josef K. lleva una vida normal, pero entonces le arrestan y le encarcelan. Nadie le dice qué es lo que hizo mal. ¿Por qué me detienen? ¿De qué se me acusa?
Nadie se lo dice. Va de una celda a otra, y después, de un juicio a otro. Nadie le explica nada. Todos se muestran poco comprensivos, y con tono severo le dicen: «Tienes que hablar con mi supervisor. Yo solo recibo órdenes» Continua de juicio en juicio, de prisión en prisión. Nunca le dicen qué ha hecho mal. Josef H. hace un recorrido por toda su vida. Quizás fuese por eso.
¿Me habrán detenido por ello? Hice aquello otro. No parece lo suficientemente terrible, pero quizás esto ha ocurrido…
Nunca lo descubre. Al final, uno de los guardias le apuñala y muere. En uno de sus diarios Kafka escribió algo que muchos han visto como el tema de El Proceso: «Independientemente del sentimiento de culpa, el estado en el que nos encontramos es pecaminoso».
Es decir, vivimos en un mundo en el que no creemos en el juicio, no creemos en el pecado, pero a pesar de ello, sentimos que algo va mal en nuestro interior.
Kafka dio con algo importante. Aunque hemos dejado atrás las categorías de la Antigüedad, todavía sentimos de manera inevitable que si alguien examinase lo más profundo de nuestro ser, nos rechazaría.
Tenemos la sensación de que es mejor esconder nuestro verdadero yo o, al menos, controlar lo que otros saben de nosotros. Secretamente, creemos que no somos aceptables, que tenemos que demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que valemos, que merecemos la pena, que somos dignos de su amor.
¿Por qué siempre vivimos esforzándonos y diciendo«Si pudiese llegar a ese nivel, entonces estaría satisfecho»?
Y nunca lo estamos una vez llegamos a ese punto, y seguimos esforzándonos. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué algunos de nosotros no podemos soportar decepcionar a otros? Dará igual lo que pidan de nosotros, lo mucho que nos exploten o pisoteen, porque decepcionar a alguien es una forma de muerte.
¿Por qué nos preocupa tanto esa posibilidad? ¿De dónde vienen todas esas dudas sobre nosotros mismos? ¿Por qué tenemos tanto miedo al compromiso? Básicamente, Kafka dice: «No crees en el pecado, no crees en el juicio, y no crees en la culpabilidad; y sin embargo, te sientes sucio».
Quizás quieras expresarlo en términos psicológicos: Tengo un complejo, mis padres no me querían lo suficiente, soy una víctima, tengo problemas de autoestima.
Pero no podemos esconder que todos, de alguna forma, somos conscientes de que estamos sucios. Limpieza de fuera hacia dentro Y dice lo siguiente: «Entonces [el Señor] me mostró a Josué, el sumo sacerdote, que estaba de pie ante el ángel del Señor»
El templo se dividía en tres partes: el patio exterior, el patio interior y el lugar santísimo.
El lugar santísimo estaba rodeado completamente por un grueso velo. Dentro estaba el arca de la alianza, encima se encontraba el propiciatorio, y la shekhina, el propio rostro y presencia de Dios, aparecían sobre el propiciatorio.
Era un lugar muy peligroso. En Levítico 16 Dios dice: «Si te acercas al propiciatorio, pon incienso y quémalo, ya que aparezco en la nube sobre el propiciatorio y no quiero que mueras»
La única persona que podía entrar en el lugar santísimo una vez al año era el sumo sacerdote de Israel en el Día de la Expiación, Yom Kipur.
Zacarías estaba teniendo una visión del centro del templo, en el lugar santísimo, y vio al sumo sacerdote Josué delante del Señor en el Yom Kipur.
En su predicación, Ray Dillard hizo uso de su conocimiento y explicó con todo detalle el gran número de preparaciones que tenían lugar antes del Día de la Expiación. Una semana antes, se aislaba al sumo sacerdote; se le llevaba fuera de su casa a un lugar en el que estuviera completamente solo.
¿Por qué? Para que accidentalmente no tocase ni comiese nada impuro. Le llevaban comida no contaminada, se bañaba y preparaba su corazón. La noche antes del Día de la Expiación no dormía, pasaba toda la noche orando y leyendo la Palabra de Dios para purificar su alma. Después, en el Yom Kipur se bañaba de pies a cabeza y se vestía de lino blanco, puro, sin manchas.
Entonces entraba en el lugar santísimo y sacrificaba un animal a Dios como expiación, para pagar por sus propios pecados. Después salía, volvía a bañarse y le ponían otra túnica de lino. Volvía a entrar, esta vez para el sacrificio por los pecados de los sacerdotes.
Pero ahí no acababa todo. Salía por tercera vez y, de nuevo, se bañaba de arriba a abajo, le vestían con una nueva túnica de lino fino y entraba en el lugar santísimo para expiar el pecado de todo el pueblo. ¿Sabías que todo ese proceso se llevaba a cabo en público?
Jesús explica por qué no podemos deshacernos de esa sensación de impureza. La historia continúa:
Después de que dejó a la gente y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron sobre la comparación que había hecho. «¿Tampoco vosotros podéis entenderlo? les dijo- ¿No os dais cuenta de que nada de lo que entra en una persona puede contaminarla?»
Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y después va a dar a la letrina. Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos. (Marcos 7:17-19)
El lenguaje de Jesús en estas líneas es bastante gráfico. Ya comas alimentos limpios o inmundos irán desde la boca al estómago y, después, a la letrina. Nunca llegan al corazón. Nada que venga de fuera nos contamina. Luego añadió: «Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.
(Marcos 7:20-23) ¿Qué es lo que realmente anda mal en el mundo? ¿Por qué este mundo puede ser un lugar tan miserable? ¿Por qué hay tantos conflictos entre naciones, razas, tribus y clases? ¿Por qué las relaciones tienden a desgastarse y a fracasar?
Jesús dice que el problema somos nosotros. El problema es lo que sale de nuestro interior. Es el egocentrismo del corazón del hombre. De hecho, estas maldades que salen del corazón nos corrompen tanto, que más adelante Jesús les dice a los discípulos:
Si tu mano te hace pecar; córtatela. Más te vale entrar en la vida manco, que ir con las dos manos al infierno, donde el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te hace pecar; córtatelo.
Más te vale entrar en la vida cojo, que ser arrojado con los dos pies al infierno. Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser arrojado con los dos ojos al infierno, donde «su gusano no muere y el fuego no se apaga» (Marcos 9:43-48)
El comportamiento pecaminoso (la referencia a la mano y al pie) y los deseos pecaminosos (la referencia al ojo) son como un fuego que estalla en nuestro salón de estar.
Digamos que un cojin del sofá se ha prendido. No te puedes quedar ahí sentado y decir: «Bueno, no se está quemando toda la casa; es solo un cojin».
Si no haces algo de inmediato con el cojin, toda la casa se puede venir abajo. El fuego siempre quiere más. No lo puedes mantener acorralado en una esquina. Al final, se extenderá.
El pecado actúa de la misma manera: nunca se queda en su sitio. Siempre provoca la separación de Dios, cuya consecuencia es un intenso sufrimiento, primero en esta vida y después en la siguiente.
A eso, la Biblia lo llama infierno. Es por eso que Jesús emplea la drástica imagen de la amputación. No podemos hacer concesiones.
Tenemos que hacer lo que sea para evitarlo: si nuestro pie nos hace pecar, tenemos que cortarlo. Si fuese nuestro ojo, habría que sacarlo.
Sin embargo, Jesús ha señalado que nuestro mayor problema, lo que hace que nos corrompamos, no es ni el pie ni el ojo; es el corazón.
Si el problema fuese el pie o el ojo, aunque la situación sería drástica, sería posible encontrar una solución. Pero no podemos arrancarnos el corazón.
No importa lo que hagamos, o lo mucho que lo intentemos, las soluciones externas no afectan al alma. Si limpiamos el exterior no servirá de nada, porque la causa de nuestros problemas actúa de adentro hacia fuera. Nunca podremos deshacernos de esa sensación de suciedad.
Como dijo Aleksandr Solzhenitsyn:«La línea que separa el bien del mal no pasa por los estados, ni por las clases, ni por los partidos políticos, sino que pasa por todos los corazones, por los corazones de todos los seres humanos. Una y otra vez la Biblia nos muestra que el mundo no se divide en «los buenos» y «lOS malos».
Puede que haya «personas mejores» y «personas peores» pero no se puede establecer una división clara entre los buenos v los malos. A causa de nuestro pecado y egocentrismo, todos de algún modo hemos hecho que este mundo sea un lugar miserable y fracturado.
Sin embargo, todavía intentamos deshacernos de esa sensación por medio de medidas externas, intentando hacer algo que Jesús dice que era básicamente imposible.
Veamos algunos ejemplos. Uno de ellos es la religión es sí misma: si no veo películas sucias, no participo de actividades poco recomendables y no me mezclo con mala gente, y si oro y leo la Biblia, si me esfuerzo al máximo por ser bueno, entonces Dios verá que soy digno de su atención y vendrá y sanará mi corazón.
El problema es que, como dijo Jesús, este modelo no sirve. Nunca eres lo suficientemente bueno.
Aunque oras y haces todo lo posible para ser bueno, tu corazón no cambia. Nunca estás lleno de amor, gozo y seguridad. En realidad, estás más preocupado porque no sabes si estás a la altura. Cuando algo va mal en tu vida, de inmediato te ves empujado a dudar: «Pensé que estaba llevando una vida lo suficientemente buena. ¿Por qué ha dejado Dios que esto ocurra?»
Y nunca lo descubres. La religión no nos libra de la autojustificación, del egocentrismo, del ensimismamiento en uno mismo. En realidad, no fortalece el corazón ni lo cambia.
Porque no actúa en el corazón. Los políticos también tienden a trabajar de fuera hacia dentro. En Gran Bretaña, justo después de la Segunda Guerra Mundial, la cosmovisión de un gran número de teóricos de la política se desplomó debido a lo que había pasado durante la guerra. En 1952, poco antes de morir, C.M. Joad, un filósofo socialista que había sido ateo, publicó un libro titulado The Recovery of Belief.
En él hablaba de cómo había vuelto a creer en Dios. «Debido a que rechazamos la doctrina del pecado original, la izquierda política siempre volvíamos a decepcionarnos con la raza humana; estábamos decepcionados porque la gente no quería ser sensata [.]; decepcionados por el comportamiento de las naciones y los políticos […]; sobre todo, decepcionados por el hecho recurrente de la guerra».
Para los intelectuales de la época, según Joad, el comportamiento tanto del pueblo como de los lideres eran inexplicables porque ya no creían en el pecado. Lord David Cecil dijo después del Holocausto: «La jerga de la filosofia del progreso nos enseñó a pensar que habíamos dejado atrás el estado salvaje y primitivo del hombre […]. Pero no lo hemos dejado atrás, porque está dentro de nosotros».
Dorothy Sayers, la escritora y poeta británica que también vivió en esa época, dijo que la Segunda Guerra Mundial fue un golpe terrible para la clase culta de Inglaterra, pues era una clase que «creía de forma optimista en la influencia civilizadora del progreso y la Ilustración’. Para el círculo de intelectuales, los atroces estallidos de ferocidad en los estados totalitarios. el incansable egoísmo la estúpida avaricia de la sociedad no eran […] solo escandalosos y alarmantes. Eran la negación total de todo aquello en lo que habían creído. Es como si el suelo de su universo hubiese desaparecido».
En su libro Creed or Chaos? (;Credo o Caos?) Sayers dijo que durante los siglos previos y aún antes, la política se había basado en la siguiente premisa: lo malo de la sociedad humana no estaba dentro del corazón humano. Se encontraba en las estructuras sociales, en la falta de educación. Se debía a que no estaban aplicando el conocimiento que la ciencia había proporcionado. Por lo tanto, si se cubrían esas lagunas, la sociedad humana podía alcanzar la grandeza. Sin embargo, la historia moderna está llena de personas desilusionadas que pensaron que el capitalismo nos haría mejores o que el socialismo nos haría mejores.
Lo que ocurre es que en cada uno de estos sistemas, los pecados del corazón del hombre se expresan de manera diferente.
La política es otro modelo de fuera hacia adentro que tampoco funciona. Luego tenemos el mundo de la cultura popular.
Christina Kelly era una conocida editora de revistas para mujeres jóvenes. Durante varios años trabajó para Elle Girl, YM, Jane y Sassy.
Hace unos años escribió un artículo más personal en el que preguntaba: ¿Por qué ansiamos ser como los famosos?
Esta es mi teoría. Ser humano significa sentirse intrascendente. Así que idolatramos a los famosos y buscamos ser como ellos. Nos identificamos con todas las cosas importantes que han hecho para poder escapar de nuestras propias vidas sin importancia.
Pero es ridiculo. Con la corriente que hay de famosos retocados a la perfección con implantes liposucciones, tienes que ser una fábrica de autoestima para no sentirte inferior ante ellos.
Así que los idolatramos porque nos sentimos intrascendentes, pero al hacerlo nos sentimos aún peor. Los convertimos en estrellas, sin embargo, su fama nos hace sentir insignificantes.
Como editora, estoy siempre metida en ese bucle. ¡No me extraña que me sienta destrozada al final del día! Su declaración es muy kafkiana. Ser humano significa sentirse intrascendente.
Cada uno de nosotros ha sentido en algún momento ese tipo de sensación inexplicable de intrascendencia, que somos impuros, que necesitamos demostrar quiénes somos. La cultura popular nos dice:’ «Si, aquí tienes una manera de sentirte limpio: Sé guapo. Ten una piel impecable. Cambia tu aspecto. Adelgaza. Ten la apariencia de un famoso».
No obstante, Christina Kelly dice que a los famosos, su belleza no les libra de esa sensación de intrascendencia; mientras, el resto seguimos sintiéndonos mal porque no llegamos les llegamos a la suela del zapato. La apariencia exterior tampoco funciona. Quizás digas: «La religión no es lo mío, la política tampoco, y no me interesa la cultura popular.» Solo para mostrar que todos intentamos «limpiarnos» de fuera hacia dentro y a nadie nos funciona, me voy a referir de manera breve al ministerio cristiano.
Veremos que nadie está a salvo. ¿Por qué la gente se dedica al ministerio? Por motivaciones nobles, ¿no? Hace unos años leí esta cita de Charles Spurgeon en un libro para estudiantes que se preparaban para el ministerio: «No prediques el evangelio para salvar tu alma». Tenía alrededor de veinte años por aquel entonces y recuerdo que pensé: «¿Qué tipo de idiota intentaría salvar su alma predicando el evangelio?» Sin embargo, unos años después de trabajar en el ministerio, te empiezas a dar cuenta de que si tu iglesia va bien, crece y le caes bien a la congregación, te sientes muy bien (desproporcionadamente bien), y si la iglesia no va bien y no le caes bien a la gente, te sientes increiblemente mal (desproporcionadamente mal).
Y eso es porque estás trabajando de fuera hacia dentro. Has asumido: «Si le caigo bien a la gente y dicen «¡Cuánto me has ayudado!», entonces Dios me amará y me amaré a mí mismo, y esa sensación de intranscendencia, de impureza, desaparecerá». Pero no desaparece. Hace muchos años leí en un libro la siguiente traducción de Romanos 1:17: «El que es justo a través de la fe vivirá» y casi oí una voz que decía: «Sí, y aquel que es justo a través de la predicación morirá cada domingo». Vemos pues que todos intentamos limpiarnos a nosotros mismos, o tapar nuestra impureza compensándola con buenas obras.
Pero no va a funcionar. El profeta Jeremías lo explicó de forma muy gráfica: «Aunque te laves con lejía, y te frotes con mucho jabón, ante mí seguirá presente la mancha de tu iniquidad afirma el Señor omnipotente- » (Jeremías 2:22).
La limpieza de fuera hacia dentro no puede solucionar el problema del corazón del hombre.
Limpieza de dentro hacia fuera A diferencia de Mateo, Lucas y Juan, Marcos casi nunca incluye observaciones o interpretaciones. Así que cuando hace algún comentario de ese tipo, es muy significativo. Y en esta historia hay uno: «Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos.» No dice: «Jesús dijo que todos los alimentos eran limpios».
Desde muy joven, me surgió el interés por la comida, así que, me adentré en el mundo de la alimentación, estudié gastronomía, y desde hace casi 16 años, me dedico a la repostería.
Pero, en un punto de mi carrera profesional, me di cuenta de que, en medio de postres y azúcar, había algo que podía hacer para mejorar mi salud.
A pesar de dedicarme a este medio, siempre he sabido la importancia de vivir una vida balanceada, así que, no me quedé ahí y comencé a estudiar mucho acerca de nutrición, y no sólo lo que la ciencia dice, sino que, comencé a cuestionarme lo que Dios quiere para nosotros; y es de aquí de donde quiero partir.
Sabemos que estamos llamados a cuidar nuestro cuerpo, pero la mayoría de las veces, lo pensamos con base a lo que se ve en el exterior.
Hemos sido juzgados por un corte de pelo extravagante, un tatuaje, un piercing, fumar, etc.
Pero,¿cuántas veces nos hemos detenido a pensar, estoy honrando a mi cuerpo con lo que me estoy alimentando?
Nuestro cuerpo, ha sido diseñado con un funcionamiento perfecto y muy complejo, único y maravilloso.
Creo firmemente, que Dios fue intencional en cada órgano, hueso, músculo, molécula, célula, etc, y nada debería operar fuera de su lugar. Pero, la realidad es que, vivimos en un mundo con imperfecciones; contaminación, malos hábitos, virus, bacterias, y demás, que deterioran directa o indirectamente nuestro cuerpo.
Así que, es aquí, donde entra nuestra responsabilidad. En lo que sí podemos tener control y dominio propio.
Y una de esas cosas, es en la alimentación y los buenos hábitos. De esta manera, sabremos que el diseño perfecto de Dios operará para lo que fue creado.
Cuidar de tu cuerpo, no es una cuestión de vanidad, sino de honra.
Quiero que sepas o recordarte que, Dios te quiere sano y fuerte.
¡Ese es su plan para ti!
Mi intención es, a través de estos pequeños artículos, poderte ir compartiendo algunos tips de lo que hizo cambiar mi manera de relacionarme con los alimentos, y también ayudarte a aterrizarlo, compartiendo contigo recetas saludables y deliciosas.
“Nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida tal como Cristo lo hace por la iglesia.”
Efesios 5:29 NTV
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Hoy más que nunca se habla sobre los alimentos, olores y bebidas, en el qué, dónde y con quién vamos a comer y beber.
Por eso los maridajes amoroso-culinarios arriesgados van acompañados de sensaciones y de una mística emoción que jamás se borra de la mente, de ahí que el amor vuele hasta ese instante, una y mil veces.
Demostrar amor a través de la comida va más allá de compartir los alimentos con alguien especial, alrededor de los alimentos existen diversos factores a través de los cuales las personas expresan su cariño.
Desde la elección y compra de los insumos para la preparación de la comida hasta el cómo arreglar la mesa, cada una de estas acciones lleva implícito el amor que se tiene por la persona con quien se va a disfrutar una comida.
Guillermina García C.
Lic. Mariana Cornejo L
Soy Mariana Cornejo lic en gastronomía (chef) y sommelier, desde hace muchos años me incline hacia la repostería y es mi pasión, pero a la vez siempre he buscado estar sana y comer sano; por lo que comencé a elaborar recetas de cocina saludable y en ese camino se me presento la oportunidad de escribir un libro y decidí hacerlo de lo que más me apasiona: la repostería y la cocina sana, así es como después de mucho acierto y error, escribí mi primer libro de repostería saludable, donde comparto además de recetas, muchos tips de repostería y algo de mi.
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En la noche del 31 de diciembre, la mayoría de las personas nos pusimos objetivos para el año que estaba por comenzar.
Planeamos, visualizamos, establecimos distintas metas y prometimos cumplirlas. Todo esto se resume en buenas intenciones. Querer mejorar, crecer, y madurar como individuos, es algo bueno.
Con esto en mente, podemos empezar el nuevo año con el pie derecho. Pero, mientras van pasando las semanas, estas buenas intenciones se ven opacadas por los afanes de cada día.
Difícilmente, a lo largo del año podemos mantener esas promesas hechas al ritmo de las 12 campanadas.
¿Por qué sucede esto?
El ser humano podrá tener las mejores intenciones, pero, olvidamos que, por naturaleza, el mal está en nosotros. Pablo lo decía en su carta a los romanos:
“Yo sé que, en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual, lo hago”
ROMANOS 7:18-19
“He descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal”
Romanos 7:21
Por esta razón, terminamos los años con propósitos a la mitad, o completamente frustrados.
Como Pablo, intentamos hacer lo que es correcto, intentamos cambiar de hábitos, intentamos trabajar más, ganar más, ahorrar más. Queremos ser nuestra mejor versión. Pero, todo esto se ve frustrado cuando lo buscamos hacer en nuestras propias fuerzas.
Cuando sacamos a Dios de la ecuación, o simplemente, nunca lo incluimos, no podemos lograr todo aquello que nos proponemos.
Me dirás, “Yo sí he logrado la mayoría de mis objetivos por mi cuenta; sin ninguna necesidad de Dios” Pero, aquí nos topamos con una realidad que va mucho más allá de una simple meta alcanzada. Siempre queremos más; nunca estamos satisfechos.
Nada de lo que hagamos, por más bueno que sea, nos podrá hacer sentir completamente realizados. Todo en esta vida, es temporal, y aunque, nos pueda dar mucha felicidad y satisfacción en el momento, tarde o temprano, eso se va a acabar y nuevamente tendremos hambre y sed de lograr un objetivo más. Nuestra alma está sedienta de algo duradero, de agua viva, que nunca se agote.
“Jesús contestó:
-Cualquiera que beba de esta agua (el mundo, y todo lo que ofrece) pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna” Juan 4:13-14
Jesús, no sólo sacia nuestros corazones. La salvación que Él nos ofrece, quita nuestra sed. Y, una vez llenos, saciados; en paz con nuestro Creador; viviendo en un mismo Espíritu con el Padre, a través de Jesucristo, es cuando podemos llevar a cabo esos planes y propósitos que tanto queremos cumplir.
Y mejor aún, nuestras metas y propósitos pasan a otro nivel, dejando de ser egoístas y orgullosos; pasan a ser cristocéntricos.
“Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos –dice el Señor- Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues, así como los cielos están más altos en la tierra, así mis caminos están más altos en sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos”
Isaías 55:8-9
Quien produce en ti y en mí el querer como el hacer, por su buena voluntad, es quien terminará en nosotros la buena obra que empezó el día que nos reconciliamos con Él. Sus planes y propósitos para tu vida, son mucho más grandes y excelentes de lo que tú pudieras pensar y planear.
Es por eso, que te quiero alentar hoy, a que tu principal propósito de este año, sea conocer más a tu Padre.
Tú y yo, no tenemos nada que ofrecerle a un Dios santo, que ha sido demasiado bueno con nosotros. Todos nuestros logros y metas alcanzadas, no podrán ganarnos la salvación eterna. Separados de Él, no podemos lograr nada trascendente.
“Ciertamente, yo (Jesús) soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” Juan 15:5
Juan !5:5
Permanece en el único que puede llevarte a una vida plena y realmente feliz.
El único que puede transformar tu vida y darte verdadero propósito. Y estando en comunión con Él, cumple las promesas que hagas.
Una vez un Pastor que estaba predicando de la santidad por dentro y por fuera. Un hermano lo interrumpe y le pregunta al Pastor,
¿cuando tu te vas a comer un plátano que es lo que te comes lo de adentro o lo de afuera?
Y el Pastor le respondió lo de adentro, luego el hermano le dijo: pues así Dios lo que viene a buscar es lo de adentro no lo de afuera (El corazón).
El Pastor inmediatamente recibió palabra de parte de Dios y luego le pregunta el Pastor al hermano lo siguiente:
¿y tu cuando vas a comprar plátanos en que te fías en lo de adentro o en lo de afuera?
Y el hermano respondió, en lo de afuera.
Luego el Pastor le dice al hermano pues así dice la palabra de Dios en: «1 Tesalonicenses 5:23:
LA SANTIDAD ES POR DENTRO Y POR FUERA
(tener un corazón limpio es importante pero vestir como hijos de Dios también es importante).