El taller de Dios en el matrimonio.

CONTENIDO CRISTIANO


Nuestros automóviles, al pasar los años, se ven en la necesidad de ajustes y reparaciones de ciertos daños, consecuencia del uso diario. Por lo cual, es necesario llevarlos a talleres especializados para su compostura.

Así nuestros matrimonios. Cada uno llega al taller de Dios de diferentes maneras. Algunos, sólo necesitan pequeños ajustes, pero otros, reparaciones completas.

Todos los matrimonios, necesitamos ser enseñados en cuanto a la relación de pareja, y, aunque tratemos de aparentar, nuestro hogar refleja lo que vivimos día a día, cada integrante de la familia.

Dios, quiere mostrarnos lo maravilloso que es el matrimonio, y lo que Él es capaz de hacer con un hogar y una familia que decide entregarle su vida a Dios. Hoy en día, las estadísticas nos muestran, que menos del 40 % de los matrimonios, no llegan a divorciarse.

Es muy triste observar el aumento de divorcios en las últimas décadas. Dios, creó el matrimonio para disfrutarlo, para que el amor entre la pareja se disfrute tal y como Dios lo planeó. Nosotros, podemos establecer nuestra relación matrimonial basada en lo falso, lo cual, seguramente nos llevará al fracaso.

Nada inicia con tantos sueños e ilusiones como el matrimonio; pero tampoco, nada fracasa tanto como la relación matrimonial. Es necesario preguntarnos, ¿por qué fracasa?

Porque no conocemos, ni comprendemos lo que es el amor. Desconocemos la verdad.

Ante todo, debemos entender que, todo lo que sembramos, lo cosecharemos (Gal. 6:7). Todo lo malo que hay en el matrimonio, surgió de la mente de satanás. Dios, es amor, satanás, es todo lo contrario.

Hoy, analizaremos las 3 fuentes que han inundado nuestros corazones de cosas equivocadas:

Ideas confusas, que el mundo nos dice acerca del amor y que son basura.

° Experiencias personales, que nos hacen creer que podemos aconsejar a los demás, con respecto al amor.

° Música, películas, series, programas de televisión, libros, revistas, etc. Que nos saturan la mente de mentiras en relación al amor.

Hoy, necesitamos que Dios limpie nuestra mente. La Biblia, es el único libro autorizado por Dios para hablarnos del amor, y del amor en la pareja. Es aquí, donde encontraremos lo que es verdadero. Si queremos restaurar nuestro matrimonio, debemos disponer nuestros corazones para entender y obedecer lo que Dios nos dice en Su Palabra.

Ante todo, debemos tomar en cuenta los siguientes principios:

1.El amor, es racional: Yo decido amar. La Biblia es un libro de amor; donde Dios, decidió amar a Su creación. Amar, es hacer lo mejor hacia la persona que decidí amar. El amor se demuestra; que no quede en sólo teoría. El amor, se demuestra con acciones.

2. El amor, no es fácil, ni sencillo: Tenemos que aprender a amar. Si hacemos lo que dicta nuestro corazón, dañaremos a nuestra pareja, ya que, por naturaleza, nuestro corazón es egoísta. (Prov. 16:9). Si hacemos, lo que nuestro corazón dice, sólo buscaremos lo nuestro.

3. El amor, yo lo controlo: El amor, no es algo incontrolable. Nosotros, tenemos la capacidad de decidir amar; cuándo, cómo, con qué intensidad. Cuando experimentamos el nuevo nacimiento en Cristo, Dios, derrama Su amor en nuestros corazones (Rom. 5:5). Los creyentes, tenemos la capacidad de amar como Dios quiere que amemos. Nuestras emociones, dañan nuestras relaciones.

4. Dejar de buscar que los demás nos amen: Dios, quiere que decida amar, y, en consecuencia, nuestra pareja responderá a ese amor, pues, el amor, cubrirá multitud de faltas. (Prov. 10:12).

5. Decidir dar seguridad y abrigo a nuestra pareja: La palabra de Dios, nos habla del matrimonio y cómo debemos satisfacer las necesidades de nuestra pareja. En la carta a los Efesios, el apóstol Pablo, da algunos consejos a los matrimonios de la iglesia, iniciando con el mandamiento de someterse unos a otros en el temor de Dios. (Efe. 5:21) En otras palabras, en cualquier relación humana (esposo-esposa, padres-hijos, esclavos-amos, etc.) hay un tercer partido incluido; Cristo mismo. Pablo, nos exhorta, a conducirnos en esas mismas relaciones, a la luz del mismo Espíritu de Cristo.

 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Efesios 5:23-28

Si amamos con este tipo de amor, los resultados serán maravillosos, como Dios lo planeó. La unión física, debe provocar la unión espiritual. Siempre pasar tiempo con Dios en pareja. (orar, leer la Biblia) traerá grandes bendiciones al matrimonio.

¡¡Con Dios, el matrimonio sí funciona!!

Amado Dios, mi fiel amigo y mi constante compañía: en esta mañana te doy gracias por concederme la oportunidad de vivir un día más bajo tus cuidados, bajo tu luz y tu bendición. No podría empezar esta jornada de otra manera que no sea agradeciendo por todas las cosas maravillosas que Tú haces por mí.

Gracias Señor por mi vida y por la vida de mis seres queridos, porque gozamos de buena salud, por el hogar que nos concediste, por los alimentos que nos brindas y gracias también por todas las veces que Tú obraste de manera anónima para mantener nuestra paz y nuestra bienandanza.

En esta mañana quiero entregarme confiadamente a Ti y poner en tus manos todas mis metas, mis obligaciones y mis compromisos.

Por favor ilumina mi senda y ayúdame a tomar buenas decisiones, permite que cada una de mis acciones nazca desde el amor y ayúdame a avanzar por la vida en bienestar y realización, esbozando una sonrisa sincera en mi rostro y compartiendo a cada instante lo mejor de mí.

Por Ma. Guanajuato Gonzalez Castañales.

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Mi Neta, ¿Qué son las brújulas?.

Por «Mike»

CONTENIDO CULTURA & ESTILO

Mi nombre es Miguel Pérez Ochoa

Gracias a cada uno de ustedes por escribirme a mi correo, miguel.perez@grupopozzeidon.com.mx es muy gratificante saber que es de su agrado total esta sección hecha con amor, pensando en ustedes, y con una reflexión que puedan aplicar en su vida cotidiana.

En este nuevo capítulo, y como se los prometí, la semana pasada, hablaremos de las brújulas.

Pero, ¿Qué son las brújulas?

Según la Real Academia de la Lengua Española, las brújulas son: “Instrumento consistente en una caja, en cuyo interior, una aguja imantada gira sobre un eje y señala el norte magnético, que sirve para determinar las direcciones de la superficie terrestre”.

Desde épocas antiguas, los navegantes que surcaban los 4 mares, utilizaban este artefacto para marcar su trayectoria en conjunto a la posición de las estrellas. Piratas, marineros y corsarios, confiaban su vida entera a estos instrumentos.

Actualmente, muchos medios de transporte las utilizan, desde un avión comercial, hasta una nave espacial de la NASA, debido a que, como ya comenté anteriormente, nos ubican en que lugar estamos y nos ayudan a trazar para dónde nos dirigimos.

¿Has sentido que no tienes un camino por el cuál andar y te sientes perdido? ¿Qué haces cuando eso ocurre? ¿Te ensimismas? ¿Te aíslas de todo? Esta postura es válida, conozco muchos casos que así lo hacen; es válido si crees que la gente no tiene por qué enterarse de tu situación, o qué puedes resolver por ti mismo, las situaciones que te asechan, pero, (y sí, ahí viene el gran pero, o mi juicio como tal) creo que es bueno tener una brújula a la mano, la cual, sería en estos casos una persona o un grupo de personas que te contengan, que te ayuden a ver cosas que no ves o no quieres ver.

En mi caso, en particular, mis brújulas principales se dividen en 2 grupos: mis padres, mamá y papá, que desde siempre han velado por mí y me han dado esa guía en los momentos que más lo he necesitado.

Me dan desde su experiencia, el punto clave o el panorama que no he visto o no estoy dispuesto a ver.

Hace poco, mi mamá me dijo algo muy sutil pero contundente, esas frases que ya sabemos, pero no queremos llevar a práctica, o simplemente les restamos peso. La frase va más o menos así, “Venimos a la vida a gozar, reír y vivirla como si no existiera un mañana, no te abrumes o atoches con problemas, pon límites, suéltalos y sigue tu camino”.

Seguramente querido lector lo has escuchado una y mil veces, pero, ¿cuántas veces lo has tomado en cuenta o lo has practicado? ¿Cuántas veces sigues enganchado con ese punto, que no tiene solución y le das vueltas y vueltas y sólo te torturas emocionalmente? Nos esclavizamos a ellos, y la piedra que cargamos es pesadísima, y por ende no nos permiten avanzar.

¿Cómo podríamos romper esas cadenas? ¿Cómo podríamos caminar con ese peso, sin que nos costara trabajo?

Otra frase que me orienta firmemente, es una que me dijo mi papá; en un viaje largo que hicimos a Morelia, mi papá me narraba que mi abuelo no fue un padre ejemplar, que el trato hacia a sus hijos, era muy rudo y denso, a lo que le repliqué que él actuó conforme a él lo educaron y él contestó, “si tu afirmación es correcta, yo tendría entonces que comportarme contigo como él lo hizo conmigo, y nunca lo he hecho, yo siempre he buscado ser lo más amoroso, comprensivo, comprometido y dedicado a ti y a tu hermano; creo que la idea es siempre da lo mejor de ti a quien realmente amas”

¡Puuuuuum! En ese momento me movió mi mundo, es una lección tan fuerte que justifica muchas de las cosas que me ha transmitido, y que sin querer he imitado y creído fervientemente durante toda mi vida.

El otro grupo, se conforma de mis amigos de toda la vida; amigos que conozco desde los 5 años, amistades de 30 años, amistades de 20 años, y algunos de 10…

Ellos me arropan, me cuidan y me dan guía, me cuentan que es lo que han hecho o harían en mi lugar; me dan ese confort, que en ocasiones necesito, y me mueven a cambiar mi forma de pensar o actuar para bien.

¿Tienes tus brújulas? ¿Tienes a esa gente que te orienta y te da ese norte que en ocasiones ocupamos?

Muchas gracias por leer “Mi Neta”, te espero la próxima semana para “Netear” más.

Puedes encontrarme en todas las redes sociales como @mikeperezochoa

Estoy cocinando nuevos proyectos, los cuales compartiré con cada uno de ustedes.

Y la Neta, nos leemos a la próxima.


La BONDAD

me visitó y me recordó ser
más gentil, indulgente y compasivo
conmigo mismo y los que me rodean.


La CONFIANZA me visitó y me recordó no ocultar ni suprimir mis dones y talentos para que los demás se sientan más cómodos, sino abrazar lo que me hace ser.

El ENFOQUE

me visitó y me recordó que
las inseguridades y juicios de otras
personas sobre mí no son mi problema y que debería redirigir hacia mi la atención que pongo en otros.

La LIBERTAD

me visitó y me recordó que
nadie tiene control sobre mi mentalidad, pensamientos y bienestar. Solo yo.

Y el AMOR

me visitó y me recordó que no
necesito buscarlo en otros porque se
encuentra dentro de mi.


La pérdida le hace creer que es imposible seguir
adelante. El único capaz de darle una nueva
oportunidad al amor cuando parece
extinguirse.

La PACIENCIA

me visitó y me recordó que
las cosas buenas tardan en llegar a buen
puerto y crecer lentamente con
estabilidad.
La PAZ me visitó y me recordó que puedo
permanecer en calma a través de las
tormentas de la vida, independientemente
del caos que me rodea.


La ESPERANZA me visitó y me recordó
que tiempos mejores están por venir y
siempre estaría allí para guiarme y
animarme.


La HUMILDAD me visitó y me recordó que
puedo lograrlo, no tratando de encogerme
y hacerme menos; sino al enfocarme en
servir al mundo y animar a los que me
rodean.


La BONDAD me visitó v me recordó ser

Autor Desconocido


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Un Nuevo Amanecer

Por Javier Peréz L.

Dios, ha sido bueno…Un año más, en el cual, iniciamos con nuevos proyectos, nuevos propósitos.

Un año, en el que, como muchos anteriores, nadie sabe qué pasará en el futuro no muy distante, ya que, recordamos, que después de la pandemia, las cosas cambiaron para muchas personas; unas se nos adelantaron, pero, con todo y eso, pudimos ver la mano de Dios en nuestras vidas.

17echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

Así como Dios nos cuidó y ayudó en años anteriores, así mismo lo hará en el transcurso de este. Quizás hoy en día sientas un poco de temor pensando en qué pasará el día de mañana, pero, déjame decirte algo.

Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé, por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.

Isaías 50:7

Si ponemos nuestra confianza en Dios, no seremos avergonzados. Dios ha sido bueno contigo y conmigo, y tiene una infinita misericordia con cada uno de nosotros, y tenlo por seguro, querido amigo lector, que Dios no nos dejará, ni desamparará.

Un nuevo amanecer…

Para retomar eso que dejaste pendiente…para abrazar algún ser querido, para retomar los sueños que algún día dejaste de lado. Decirle un te amo, un te quiero a tus hijos, a tus padres, a tu esposa (o).

No dejes pasar de largo…Este año, y mucho menos los 340, y cuenta los días, que son nuevas oportunidades que Dios nos da para ser mejores que ayer, y seguir rumbo hacia la meta de llegar a la estatura del varón perfecto, que es Cristo Jesús; y poder contemplar la grandeza y hermosura de nuestro Gran Dios.

Un nuevo amanecer…

Secara Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque, las primeras cosas, pasaron.

Apocalipsis 21:4

Dios, nos tiene grandes bendiciones, cosas nuevas para cuando estemos con Él. También aquí las tiene, sólo es cuestión de buscarlo y no dejar que nada nos aparte de su amor; y tenlo por seguro, que Dios, nos seguirá bendiciendo como hasta el día de hoy. Sólo, no dejes de confiar y verás llegar ese nuevo amanecer, cargado de esperanza, de luz y de mil y una oportunidades para continuar.

¡Recuerda un nuevo amanecer, en el cual, verás brillar cada día, la luz de Dios en tu vida y en tu familia!

Que este inicio de año, sea mejor que el pasado, y déjale todas tus cargas a Dios; y Él te prosperará y librará a ti y a tu familia, de todo mal.

¡¡Dios, es bueno todo el tiempo!!

Padre celestial, hoy abrí mis ojos a tu creación, tengo salud, tengo un techo, tengo ropa que me viste, tengo alimentos en mi mesa y una familia que amo y que me ama; por todo te doy gracias. En este nuevo día me despierto con mucha alegría para avanzar con fe y con pasión por el camino que me llevará a alcanzar mis más grandes anhelos y objetivos.

Cada nuevo día es una demostración de tu amor infinito hacia mí y por eso, aunque algunas veces me invada la incertidumbre y la tristeza, nunca desfalleceré en mi propósito de alcanzar la felicidad y ser una persona próspera y dichosa, pues eres Tú amado Señor quien dirige mis pasos, mi vida y mi destino.

Amado Dios, ¡Qué siempre se haga tu maravillosa voluntad en mi vida, pues confió en Ti y en tus grandes planes!

En este momento, lleno de fe en Ti y seguro que mi oración será escuchada, pongo en tus santísimas manos mi vida, mi destino, mis labores y las de mi familia y amigos.

Por Ma. Guanajuato G.

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Las Causas Del Pecado

Por Timothy Keller

CRÓNICAS BÍBLICAS



La confrontación de Jesús con los líderes religiosos de su época no aminoró. Marcos utiliza un episodio en el que Jesús y estos líderes discrepan sobre las leyes de limpieza, las leyes alimenticias y las normas que tenían que ver con la pureza ritual.

Es fácil pensar que la controversia respecto a estas leyes es algo del pasado, de interés en todo caso para los historiadores, pero que no tiene ningún tipo de relevancia hoy. Sin embargo, este texto trata varias cuestiones que son esenciales para la vida humana en cualquier cultura, en cualquier época.

Esto es lo que ocurrió:
Los fariseos y algunos de los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén se reunieron alrededor de Jesús, y vieron a algunos de sus discípulos que comían con manos impuras, es decir; sin habérselas lavado. (En efecto, los fariseos y los demás judíos no comen nada sin primero cumplir con el rito de lavarse las manos, ya que están aferrados a la tradición de los ancianos. Al regresar del mercado, no comen nada antes de lavarse.

Y siguen otras muchas tradiciones, tales como el rito de lavar copas, jarras y bandejas de cobre.) Así que los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús: «;Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los ancianos, en vez de comer con manos impuras? (Marcos 7:1-5)


Según las leyes mosaicas de limpieza, si tocabas un animal o ser humano muertos, si tenías una enfermedad infecciosa de la piel como forúnculos, sarpullido o úlceras, entrabas en contacto con el moho (en la ropa, artículos en casa o tu casa en sí misma), tenías cualquier tipo de flujo, o si comías carne de cualquier animal que se considerase inmundo, se te consideraba impuro ritualmente, contaminado, manchado, sucio.

Esto suponía que no podías entrar en el templo y, por lo tanto, no podías adorar a Dios con la comunidad. Estos limites tan estrictos parecen extremadamente duros, pero si lo piensas, no son tan raros como parece.

A lo largo de los siglos, se ha ayunado durante períodos especiales de oración. ¿Por qué? Porque ayuda a desarrollar sed de Dios.


Además, las personas de distintas confesiones se arrodillan para orar. ¿No es bastante incómodo hacerlo? Ayuda a desarrollar humildad espiritual.

Así que los ritos de limpieza y los esfuerzos por permanecer limpios y lejos de la suciedad y la enfermedad que practicaban los religiosos tiempos de Jesús eran un tipo de ayuda visual que les permitía reconocer que eran impuros espiritual y moralmente y que no podían entrar en la presencia de Dios a no ser que se diera algún tipo de purificación espiritual.


Si te vas a reunir con alguien que es importante para ti, como por ejemplo una cita o una entrevista de trabajo importante, te lavas, te arreglas y te peinas. ¿Qué es lo que estás haciendo? Estás deshaciéndote de la suciedad, por supuesto. No quieres que haya en ti ni una mancha.

No quieres oler mal. Las leyes de limpieza encierran la misma idea. A no ser que estés limpio espiritual y moralmente, no puedes estar en la presencia de un Dios santo. Jesús no podría haber estado más de acuerdo con los líderes religiosos en el hecho de que ante Dios somos impuros, y así no podemos entrar en su presencia.

No obstante, Jesús difería de ellos en cuanto a cuál era la causa de esta impureza, y en cuanto a la manera de tratarla.

Marcos escribe: De nuevo Jesús llamó a la multitud. «Escuchadme todos dijo y entended esto: Nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina.» (Marcos 7:14-16)


Según Jesús, ya en nuestro estado natural no somos dignos de estar en la presencia de Dios. Hoy, la mayoría de la gente no acepta esta idea. Muchos dirían:
Antiguamente el ser humano pensaba que el mundo era un lugar terrorífico porque no entendían la manera en la que funciona la naturaleza y, entonces, crearon mitos que les ayudaban a explicar el mundo.

Querían sentir que tenían un mayor control sobre sus destinos. Inventaron absolutos morales y divinidades furiosas cuya ira había que aplacar.

Cuando algo iba mal, se debía a que los dioses no estaban contentos. Por lo tanto, en la antigüedad se actuaba por vergüenza y culpabilidad.

Hoy en día, hemos avanzado, y hemos dejado atrás esos absolutos morales. Nadie está seguro de lo que está bien y lo que está mal, nadie sabe con seguridad si Dios existe o no.

Tenemos que decidirlo por nosotros mismos, sin necesidad de basarnos en los criterios de otros. Además, creemos en los derechos humanos y en la dignidad de la persona. No vemos a la persona como un ser impuro, corrupto y malvado.

Creemos que las personas son, en sí, buenas.
Eso es lo que se dice hoy en día. Si hay un Dios, no creemos que sea una deidad trascendentalmente santa ante la cual somos culpables, por lo que estamos condenados.


Y aun así seguimos luchando con sentimientos profundos de culpabilidad y vergüenza. ¿De donde provienen?


Uno de los escritores más importantes del siglo XX
, el brillante y estrafalario Franz Kafka, desarrolla este problema en su libro El proceso.

Al principio de la historia, Josef K. lleva una vida normal, pero entonces le arrestan y le encarcelan. Nadie le dice qué es lo que hizo mal. ¿Por qué me detienen? ¿De qué se me acusa?

Nadie se lo dice. Va de una celda a otra, y después, de un juicio a otro. Nadie le explica nada. Todos se muestran poco comprensivos, y con tono severo le dicen: «Tienes que hablar con mi supervisor. Yo solo recibo órdenes»
Continua de juicio en juicio, de prisión en prisión. Nunca le dicen qué ha hecho mal.
Josef H. hace un recorrido por toda su vida. Quizás fuese por eso.

¿Me habrán detenido por ello? Hice aquello otro. No parece lo suficientemente terrible, pero quizás esto ha ocurrido…

Nunca lo descubre. Al final, uno de los guardias le apuñala y muere.
En uno de sus diarios Kafka escribió algo que muchos han visto como el tema de El Proceso: «Independientemente del sentimiento de culpa, el estado en el que nos encontramos es pecaminoso».


Es decir, vivimos en un mundo en el que no creemos en el juicio, no creemos en el pecado, pero a pesar de ello, sentimos que algo va mal en nuestro interior.

Kafka dio con algo importante. Aunque hemos dejado atrás las categorías de la Antigüedad, todavía sentimos de manera inevitable que si alguien examinase lo más profundo de nuestro ser, nos rechazaría.

Tenemos la sensación de que es mejor esconder nuestro verdadero yo o, al menos, controlar lo que otros saben de nosotros. Secretamente, creemos que no somos aceptables, que tenemos que demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que valemos, que merecemos la pena, que somos dignos de su amor.


¿Por qué siempre vivimos esforzándonos y diciendo «Si pudiese llegar a ese nivel, entonces estaría satisfecho»?

Y nunca lo estamos una vez llegamos a ese punto, y seguimos esforzándonos. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué algunos de nosotros no podemos soportar decepcionar a otros? Dará igual lo que pidan de nosotros, lo mucho que nos exploten o pisoteen, porque decepcionar a alguien es una forma de muerte.

¿Por qué nos preocupa tanto esa posibilidad? ¿De dónde vienen todas esas dudas sobre nosotros mismos? ¿Por qué tenemos tanto miedo al compromiso?
Básicamente, Kafka dice:
«No crees en el pecado, no crees en el juicio, y no crees en la culpabilidad; y sin embargo, te sientes sucio».

Quizás quieras expresarlo en términos psicológicos: Tengo un complejo, mis padres no me querían lo suficiente, soy una víctima, tengo problemas de autoestima.

Pero no podemos esconder que todos, de alguna forma, somos conscientes de que estamos sucios. Limpieza de fuera hacia dentro Y dice lo siguiente:
«Entonces [el Señor] me mostró a Josué, el sumo sacerdote, que estaba de pie ante el ángel del Señor»

El templo se dividía en tres partes: el patio exterior, el patio interior y el lugar santísimo.

El lugar santísimo estaba rodeado completamente por un grueso velo. Dentro estaba el arca de la alianza, encima se encontraba el propiciatorio, y la shekhina, el propio rostro y presencia de Dios, aparecían sobre el propiciatorio.

Era un lugar muy peligroso. En Levítico 16 Dios dice: «Si te acercas al propiciatorio, pon incienso y quémalo, ya que aparezco en la nube sobre el propiciatorio y no quiero que mueras»


La única persona que podía entrar en el lugar santísimo una vez al año era el sumo sacerdote de Israel en el Día de la Expiación, Yom Kipur.

Zacarías estaba teniendo una visión del centro del templo, en el lugar santísimo, y vio al sumo sacerdote Josué delante del Señor en el Yom Kipur.


En su predicación, Ray Dillard hizo uso de su conocimiento y explicó con todo detalle el gran número de preparaciones que tenían lugar antes del Día de la Expiación. Una semana antes, se aislaba al sumo sacerdote; se le llevaba fuera de su casa a un lugar
en el que estuviera completamente solo.

¿Por qué? Para que accidentalmente no tocase ni comiese nada impuro. Le llevaban comida no contaminada, se bañaba y preparaba su corazón. La noche antes del Día de la Expiación no dormía, pasaba toda la noche orando y leyendo la Palabra de Dios para purificar su alma. Después, en el Yom Kipur se bañaba de pies a cabeza y se vestía de lino blanco, puro, sin manchas.

Entonces entraba en el lugar santísimo y sacrificaba un animal a Dios como expiación, para pagar por sus propios pecados. Después salía, volvía a bañarse y le ponían otra túnica de lino. Volvía a entrar, esta vez para el sacrificio por los pecados de los sacerdotes.

Pero ahí no acababa todo. Salía por tercera vez y, de nuevo, se bañaba de arriba a abajo, le vestían con una nueva túnica de lino fino y entraba en el lugar santísimo para expiar el pecado de todo el pueblo. ¿Sabías que todo ese proceso se llevaba a cabo en público?

Jesús explica por qué no podemos deshacernos de esa sensación de impureza. La historia continúa:

Después de que dejó a la gente y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron sobre la comparación que había hecho. «¿Tampoco vosotros podéis entenderlo? les dijo- ¿No os dais cuenta de que nada de lo que entra en una persona puede contaminarla?»

Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y después va a dar a la letrina. Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos. (Marcos 7:17-19)


El lenguaje de Jesús en estas líneas es bastante gráfico. Ya comas alimentos limpios o inmundos irán desde la boca al estómago y, después, a la letrina. Nunca llegan al corazón. Nada que venga de fuera nos contamina.
Luego añadió:
«Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.

(Marcos 7:20-23) ¿Qué es lo que realmente anda mal en el mundo? ¿Por qué este mundo puede ser un lugar tan miserable? ¿Por qué hay tantos conflictos entre naciones, razas, tribus y clases? ¿Por qué las relaciones tienden a desgastarse y a fracasar?

Jesús dice que el problema somos nosotros. El problema es lo que sale de nuestro interior. Es el egocentrismo del corazón del hombre. De hecho, estas maldades que salen del corazón nos corrompen tanto, que más adelante Jesús les dice a los discípulos:


Si tu mano te hace pecar; córtatela. Más te vale entrar en la vida manco, que ir con las dos manos al infierno, donde el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te hace pecar; córtatelo.

Más te vale entrar en la vida cojo, que ser arrojado con los dos pies al infierno.
Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser arrojado con los dos ojos al infierno, donde «su gusano no muere y el fuego no se apaga» (Marcos 9:43-48)


El comportamiento pecaminoso (la referencia a la mano y al pie) y los deseos pecaminosos (la referencia al ojo) son como un fuego que estalla en nuestro salón de estar.

Digamos que un cojin del sofá se ha prendido. No te puedes quedar ahí sentado y decir: «Bueno, no se está quemando toda la casa; es solo un cojin».

Si no haces algo de inmediato con el cojin, toda la casa se puede venir abajo. El fuego siempre quiere más. No lo puedes mantener acorralado en una esquina. Al final, se extenderá.

El pecado actúa de la misma manera: nunca se queda en su sitio. Siempre provoca la separación de Dios, cuya consecuencia es un intenso sufrimiento, primero en esta vida y después en la siguiente.

A eso, la Biblia lo llama infierno. Es por eso que Jesús emplea la drástica imagen de la amputación. No podemos hacer concesiones.


Tenemos que hacer lo que sea para evitarlo: si nuestro pie nos hace pecar, tenemos que cortarlo. Si fuese nuestro ojo, habría que sacarlo.


Sin embargo, Jesús ha señalado que nuestro mayor problema, lo que hace que nos corrompamos, no es ni el pie ni el ojo; es el corazón.

Si el problema fuese el pie o el ojo, aunque la situación sería drástica, sería posible encontrar una solución. Pero no podemos arrancarnos el corazón.

No importa lo que hagamos, o lo mucho que lo intentemos, las soluciones externas no afectan al alma. Si limpiamos el exterior no servirá de nada, porque la causa de nuestros problemas actúa de adentro hacia fuera. Nunca podremos deshacernos de esa sensación de suciedad.


Como dijo Aleksandr Solzhenitsyn: «La línea que separa el bien del mal no pasa por los estados, ni por las clases, ni por los partidos políticos, sino que pasa por todos los corazones, por los corazones de todos los seres humanos. Una y otra vez la Biblia
nos muestra que el mundo no se divide en «los buenos» y «lOS malos».

Puede que haya «personas mejores» y «personas peores» pero no se puede establecer una división clara entre los buenos v los malos. A causa de nuestro pecado y egocentrismo, todos de algún modo hemos hecho que este mundo sea un lugar miserable y fracturado.

Sin embargo, todavía intentamos deshacernos de esa sensación por medio de medidas externas, intentando hacer algo que Jesús dice que era básicamente imposible.

Veamos algunos ejemplos.
Uno de ellos es la religión es sí misma: si no veo películas sucias, no participo de actividades poco recomendables y no me mezclo con mala gente, y si oro y leo la Biblia, si me esfuerzo al máximo por ser bueno, entonces Dios verá que soy digno de su atención y vendrá y sanará mi corazón.

El problema es que, como dijo Jesús, este modelo no sirve. Nunca eres lo suficientemente bueno.

Aunque oras y haces todo lo posible para ser bueno, tu corazón no cambia. Nunca estás lleno de amor, gozo y seguridad. En realidad, estás más preocupado porque no sabes si estás a la altura. Cuando algo va mal en tu vida, de inmediato te ves empujado a dudar:
«Pensé que estaba llevando una vida lo suficientemente buena. ¿Por qué ha dejado Dios que esto ocurra?»

Y nunca lo descubres. La religión no nos libra de la autojustificación, del egocentrismo, del ensimismamiento en uno mismo. En realidad, no fortalece el
corazón ni lo cambia.

Porque no actúa en el corazón. Los políticos también tienden a trabajar de fuera hacia dentro. En Gran Bretaña, justo después de la Segunda Guerra Mundial, la
cosmovisión de un gran número de teóricos de la política se desplomó debido a lo que había pasado durante la guerra. En 1952, poco antes de morir, C.M. Joad, un filósofo socialista que había sido ateo, publicó un libro titulado The Recovery of Belief.


En él hablaba de cómo había vuelto a creer en Dios. «Debido a que rechazamos la doctrina del pecado original, la izquierda política siempre volvíamos a decepcionarnos con la raza humana; estábamos decepcionados porque la gente no quería ser sensata [.]; decepcionados por el comportamiento de las naciones y los
políticos […]; sobre todo, decepcionados por el hecho recurrente de la guerra».

Para los intelectuales de la época, según Joad, el comportamiento tanto del pueblo como de los lideres eran inexplicables porque ya no creían en el pecado. Lord David Cecil dijo después del Holocausto: «La jerga de la filosofia del progreso nos enseñó a pensar que habíamos dejado atrás el estado salvaje y primitivo del hombre […]. Pero no lo hemos dejado atrás, porque está dentro de nosotros».


Dorothy Sayers, la escritora y poeta británica que también vivió en esa época, dijo que la Segunda Guerra Mundial fue un golpe terrible para la clase culta de Inglaterra, pues era una clase que «creía de forma optimista en la influencia civilizadora del progreso y la Ilustración’. Para el círculo de intelectuales, los atroces estallidos de ferocidad en los estados totalitarios. el incansable egoísmo la estúpida avaricia de la sociedad no eran […] solo escandalosos y alarmantes. Eran la negación total de todo aquello en lo que habían creído. Es como si el suelo de su universo hubiese desaparecido».


En su libro Creed or Chaos? (;Credo o Caos?) Sayers dijo que durante los siglos previos y aún antes, la política se había basado en la siguiente premisa: lo malo de la sociedad humana no estaba dentro del corazón humano. Se encontraba en las estructuras sociales, en la falta de educación. Se debía a que no estaban aplicando el conocimiento que la ciencia había proporcionado. Por lo tanto, si se cubrían esas lagunas, la sociedad humana podía alcanzar la grandeza. Sin embargo, la historia moderna está llena de personas desilusionadas que pensaron que el capitalismo nos haría mejores o que el socialismo nos haría mejores.

Lo que ocurre es que en cada uno de estos sistemas, los pecados del corazón del hombre se expresan de manera diferente.


La política es otro modelo de fuera hacia adentro que tampoco funciona.
Luego tenemos el mundo de la cultura popular.

Christina Kelly era una conocida editora de revistas para mujeres jóvenes.
Durante varios años trabajó para Elle Girl, YM, Jane y Sassy.


Hace unos años escribió un artículo más personal en el que preguntaba:
¿Por qué ansiamos ser como los famosos?

Esta es mi teoría. Ser humano significa sentirse intrascendente. Así que idolatramos a los famosos y buscamos ser como ellos. Nos identificamos con todas las cosas importantes que han hecho para poder escapar de nuestras propias vidas sin importancia.

Pero es ridiculo. Con la corriente que hay de famosos retocados a la perfección con implantes liposucciones, tienes que ser una fábrica de autoestima para no sentirte inferior ante ellos.

Así que los idolatramos porque nos sentimos intrascendentes, pero al hacerlo nos sentimos aún peor. Los convertimos en estrellas, sin embargo, su fama nos hace sentir insignificantes.

Como editora, estoy siempre metida en ese bucle. ¡No me extraña que me sienta destrozada al final del día! Su declaración es muy kafkiana. Ser humano significa sentirse intrascendente.

Cada uno de nosotros ha sentido en algún momento ese tipo de sensación inexplicable de intrascendencia, que somos impuros, que necesitamos demostrar quiénes somos.
La cultura popular nos dice:’ «Si, aquí tienes una manera de sentirte limpio: Sé guapo. Ten una piel impecable. Cambia tu aspecto. Adelgaza. Ten la apariencia de un famoso».

No obstante, Christina Kelly dice que a los famosos, su belleza no les libra de esa sensación de intrascendencia; mientras, el resto seguimos sintiéndonos mal porque no llegamos les llegamos a la suela del zapato. La apariencia exterior tampoco funciona. Quizás digas: «La religión no es lo mío, la política tampoco, y no me interesa la cultura popular.» Solo para mostrar que todos intentamos
«limpiarnos» de fuera hacia dentro y a nadie nos funciona, me voy a referir de manera breve al ministerio cristiano.


Veremos que nadie está a salvo. ¿Por qué la gente se dedica al ministerio? Por motivaciones nobles, ¿no? Hace unos años leí esta cita de Charles Spurgeon en un libro para estudiantes que se preparaban para el ministerio:
«No prediques el evangelio para salvar tu alma». Tenía alrededor de veinte años por aquel entonces y recuerdo que pensé: «¿Qué tipo de idiota intentaría salvar su
alma predicando el evangelio?»
Sin embargo, unos años después de trabajar en el ministerio, te empiezas a dar cuenta de que si tu iglesia va bien, crece y le caes bien a la congregación, te sientes muy bien (desproporcionadamente bien), y si la iglesia no va bien y no le caes bien a la gente, te sientes increiblemente mal
(desproporcionadamente mal).

Y eso es porque estás trabajando de fuera hacia dentro. Has asumido: «Si le caigo bien a la gente y dicen «¡Cuánto me has ayudado!», entonces Dios me amará y me amaré a mí mismo, y esa sensación de intranscendencia, de impureza, desaparecerá». Pero no desaparece. Hace muchos años leí en un libro la siguiente traducción de Romanos 1:17: «El que es justo a través de la fe vivirá» y casi oí una voz que decía: «Sí, y aquel que es justo a través de la predicación morirá cada domingo».
Vemos pues que todos intentamos limpiarnos a nosotros mismos, o tapar nuestra impureza compensándola con buenas obras.

Pero no va a funcionar. El profeta Jeremías lo explicó de forma muy gráfica: «Aunque te laves con lejía, y te frotes con mucho jabón, ante mí seguirá presente la mancha de tu iniquidad afirma el Señor omnipotente- » (Jeremías 2:22).

La limpieza de fuera hacia dentro no puede solucionar el problema del corazón
del hombre.

Limpieza de dentro hacia fuera A diferencia de Mateo, Lucas y Juan, Marcos casi nunca incluye observaciones o interpretaciones. Así que cuando hace algún comentario de ese tipo, es muy significativo. Y en esta historia hay uno:
«Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos.» No dice: «Jesús dijo que todos los alimentos eran limpios».


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Audio Crónicas: La Paciencia Del Sr. Jesús

Por Timothy Keller

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TU CUERPO, UN DISEÑO PERFECTO

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Desde muy joven, me surgió el interés por la comida, así que, me adentré en el mundo de la alimentación, estudié gastronomía, y desde hace casi 16 años, me dedico a la repostería.

Pero, en un punto de mi carrera profesional, me di cuenta de que, en medio de postres y azúcar, había algo que podía hacer para mejorar mi salud.

A pesar de dedicarme a este medio, siempre he sabido la importancia de vivir una vida balanceada, así que, no me quedé ahí y comencé a estudiar mucho acerca de nutrición, y no sólo lo que la ciencia dice, sino que, comencé a cuestionarme lo que Dios quiere para nosotros; y es de aquí de donde quiero partir.

Sabemos que estamos llamados a cuidar nuestro cuerpo, pero la mayoría de las veces, lo pensamos con base a lo que se ve en el exterior.

Hemos sido juzgados por un corte de pelo extravagante, un tatuaje, un piercing, fumar, etc.


Pero,¿cuántas veces nos hemos detenido a pensar, estoy honrando a mi cuerpo con lo que me estoy alimentando? 

Nuestro cuerpo, ha sido diseñado con un funcionamiento perfecto y muy complejo, único y maravilloso.

Creo firmemente, que Dios fue intencional en cada órgano, hueso, músculo, molécula, célula, etc, y nada debería operar fuera de su lugar. Pero, la realidad es que, vivimos en un mundo con imperfecciones; contaminación, malos hábitos, virus, bacterias, y demás, que deterioran directa o indirectamente nuestro cuerpo.

Así que, es aquí, donde entra nuestra responsabilidad. En lo que sí podemos tener control y dominio propio.

Y una de esas cosas, es en la alimentación y los buenos hábitos. De esta manera, sabremos que el diseño perfecto de Dios operará para lo que fue creado.

Cuidar de tu cuerpo, no es una cuestión de vanidad, sino de honra.

Quiero que sepas o recordarte que, Dios te quiere sano y fuerte.

¡Ese es su plan para ti! 

Mi intención es, a través de estos pequeños artículos, poderte ir compartiendo algunos tips de lo que hizo cambiar mi manera de relacionarme con los alimentos, y también ayudarte a aterrizarlo, compartiendo contigo recetas saludables y deliciosas.

“Nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida tal como Cristo lo hace por la iglesia.” 

Efesios 5:29 NTV

.

Hoy más que nunca se habla sobre los alimentos, olores y bebidas,  en el qué, dónde y con quién vamos a comer y beber.

Por eso los maridajes amoroso-culinarios arriesgados van acompañados de sensaciones y de una mística emoción que jamás se borra de la mente, de ahí que el amor vuele hasta ese instante, una y mil veces.

Demostrar amor a través de la comida va más allá de compartir los alimentos con alguien especial, alrededor de los alimentos existen diversos factores a través de los cuales las personas expresan su cariño.

Desde la elección y compra de los insumos para la preparación de la comida hasta el cómo arreglar la mesa, cada una de estas acciones lleva implícito el amor que se tiene por la persona con quien se va a disfrutar una comida.

Guillermina García C.

Lic. Mariana Cornejo L

Soy Mariana Cornejo lic en gastronomía (chef) y sommelier, desde hace muchos años me incline hacia la repostería y es mi pasión, pero a la vez siempre he buscado estar sana y comer sano; por lo que comencé a elaborar recetas de cocina saludable y en ese camino se me presento la oportunidad de escribir un libro y decidí hacerlo de lo que más me apasiona: la repostería y la cocina sana, así es como después de mucho acierto y error, escribí mi primer libro de repostería saludable, donde comparto además de recetas, muchos tips de repostería y algo de mi.

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UN NUEVO COMIENZO

Por Renata Vázquez Salcedo

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En la noche del 31 de diciembre, la mayoría de las personas nos pusimos objetivos para el año que estaba por comenzar.

Planeamos, visualizamos, establecimos distintas metas y prometimos cumplirlas. Todo esto se resume en buenas intenciones. Querer mejorar, crecer, y madurar como individuos, es algo bueno.

Con esto en mente, podemos empezar el nuevo año con el pie derecho. Pero, mientras van pasando las semanas, estas buenas intenciones se ven opacadas por los afanes de cada día.

Difícilmente, a lo largo del año podemos mantener esas promesas hechas al ritmo de las 12 campanadas.

¿Por qué sucede esto?

El ser humano podrá tener las mejores intenciones, pero, olvidamos que, por naturaleza, el mal está en nosotros. Pablo lo decía en su carta a los romanos:

“Yo sé que, en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual, lo hago”

ROMANOS 7:18-19

“He descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal”

Romanos 7:21

Por esta razón, terminamos los años con propósitos a la mitad, o completamente frustrados.

Como Pablo, intentamos hacer lo que es correcto, intentamos cambiar de hábitos, intentamos trabajar más, ganar más, ahorrar más. Queremos ser nuestra mejor versión. Pero, todo esto se ve frustrado cuando lo buscamos hacer en nuestras propias fuerzas.

Cuando sacamos a Dios de la ecuación, o simplemente, nunca lo incluimos, no podemos lograr todo aquello que nos proponemos.

Me dirás, “Yo sí he logrado la mayoría de mis objetivos por mi cuenta; sin ninguna necesidad de Dios” Pero, aquí nos topamos con una realidad que va mucho más allá de una simple meta alcanzada. Siempre queremos más; nunca estamos satisfechos.

Nada de lo que hagamos, por más bueno que sea, nos podrá hacer sentir completamente realizados. Todo en esta vida, es temporal, y aunque, nos pueda dar mucha felicidad y satisfacción en el momento, tarde o temprano, eso se va a acabar y nuevamente tendremos hambre y sed de lograr un objetivo más. Nuestra alma está sedienta de algo duradero, de agua viva, que nunca se agote.

“Jesús contestó:

-Cualquiera que beba de esta agua (el mundo, y todo lo que ofrece) pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna” Juan 4:13-14

Jesús, no sólo sacia nuestros corazones. La salvación que Él nos ofrece, quita nuestra sed. Y, una vez llenos, saciados; en paz con nuestro Creador; viviendo en un mismo Espíritu con el Padre, a través de Jesucristo, es cuando podemos llevar a cabo esos planes y propósitos que tanto queremos cumplir.

Y mejor aún, nuestras metas y propósitos pasan a otro nivel, dejando de ser egoístas y orgullosos; pasan a ser cristocéntricos.

“Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos –dice el Señor- Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues, así como los cielos están más altos en la tierra, así mis caminos están más altos en sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos”

Isaías 55:8-9

Quien produce en ti y en mí el querer como el hacer, por su buena voluntad, es quien terminará en nosotros la buena obra que empezó el día que nos reconciliamos con Él. Sus planes y propósitos para tu vida, son mucho más grandes y excelentes de lo que tú pudieras pensar y planear.

Es por eso, que te quiero alentar hoy, a que tu principal propósito de este año, sea conocer más a tu Padre.

Tú y yo, no tenemos nada que ofrecerle a un Dios santo, que ha sido demasiado bueno con nosotros. Todos nuestros logros y metas alcanzadas, no podrán ganarnos la salvación eterna. Separados de Él, no podemos lograr nada trascendente.

“Ciertamente, yo (Jesús) soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” Juan 15:5

Juan !5:5

Permanece en el único que puede llevarte a una vida plena y realmente feliz.

El único que puede transformar tu vida y darte verdadero propósito. Y estando en comunión con Él, cumple las promesas que hagas.

Una vez un Pastor que estaba predicando de la santidad por dentro y por fuera. Un hermano lo interrumpe y le pregunta al
Pastor,

¿cuando tu te vas a comer un plátano que es lo que te comes lo de adentro o lo de afuera?


Y el Pastor le respondió lo de adentro, luego el hermano le dijo: pues así Dios lo que viene a buscar es lo de adentro no lo
de afuera (El corazón).


El Pastor inmediatamente recibió palabra de parte de Dios y luego le pregunta el Pastor al hermano lo siguiente:

¿y tu cuando vas a comprar plátanos en que te fías en lo de adentro o en lo de afuera?

Y el hermano respondió, en lo de afuera.

Luego el Pastor le dice al hermano pues así dice la palabra de Dios en:
«1 Tesalonicenses 5:23:

LA SANTIDAD ES POR DENTRO Y POR FUERA

(tener un corazón limpio es importante pero vestir como hijos de Dios también es importante).

Crédito al Autor

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Renata Vázquez Salcedo y Familia

Ateísmo y la Biblia

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¿ Por qué mantener nuestro cerebro saludable?

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Nuestro cerebro es la máquina central de la maquina corporal.

Las funciones mentales básicas del cerebro en la psiquiatría se clasifican en 7 categorías:

1. Niveles de conciencia.

2. Reacciones emocionales.

3. Capacidad intelectual.

4. Contenido del pensamiento.

5. Patrones psicomotores.

6. Patrones psico sensoriales.

7. Lenguaje.

¿Sabías que nuestro cerebro está saturado de trabajo?

Existen hábitos de la vida diaria que dañan el cerebro.

Y estos hábitos pueden disminuir el número de neuronas, ya que ellas pueden llegar a morir.

Causas por las cuales mueren neuronas:

Falta de estimulación cerebral.

Falta de nutrientes.

Falta de oxígeno.

Consumo de tabaco.

Estrés, depresión y psicosis sin tratamiento.

Drogas y fármacos.

Todo lo que comprometa a la irrigación sanguínea al cerebro.

Dormir poco.

Personas que no desayunan, en periodos largos de vida.

Comer de más.

Comer excesivo de carbohidratos.

Contaminación del aire.

Dormir con la cabeza cubierta.

Estar expuestos a productos de limpieza.

Consumo de aspartame (por la fenilalanina).

Consumo de glutamato monosódico.

¿Cómo podemos mantener un cerebro sano?

1.- Tener una alimentación saludable:

Photo by Maarten van den Heuvel

Si tu consumes alimentos ultra procesados, como, harina, azúcar, grasa mala, mucha sal, colorantes, saborizantes, exceso de carbohidratos, refrescos, etc.

Estos productos van a inflamar tu cerebro. Puede que al principio no lo sientas, como, por ejemplo, un producto procesado, pero, poco a poco se irá inflamando, pues dichos productos tienen conservadores para que duren mucho tiempo y otros componentes.

Yo te recomiendo la dieta de 3X1, en donde puedes comer de todo, sólo tomando en cuenta tus 50 carbohidratos distribuidos en el día.

Si quieres saber más sobre esta dieta, tengo mi programa en línea: academia.sociedadiluminada.com

Deja de contar calorías y llega a tu peso Ideal.

¿Sabías que, más del 60% del peso seco del sistema nervioso y, concretamente el cerebro, está constituido por lípidos?

Los ácidos grasos omegas 3, tienen funciones importantes para el cerebro, ya que forman sus membranas celulares y también el omega 6, para la futura capacidad de aprender.

Se encuentran en, pescados azules (salmón, trucha, sardina, atún y arenque), nueces y aceites vegetales, como el girasol y soja orgánica.

El chocolate triptófano, es esencial para el cerebro, pues fabrica serotonina, que nos sirve para el estado de ánimo, la concentración y la calma.

También en las pepitas de girasol, avena, cebada, centeno, arroz integral, nuez, cacahuate, sésamo, ajonjolí, y en algunas frutas, y en menor cantidad en el huevo.
Huevo: contiene colina para fortalecer las neuronas, la cual viene en la vitamina B, fortalecen la memoria, la concentración y estimulan una buena irrigación.
También se encuentra en frutas y verduras, pescados, lácteos y frutos secos.
Leguminosas: Proteínas, ayudan a mejorar el rendimiento intelectual, la concentración, la agilidad mental, Hierro, y oxigena el cerebro.


Se encuentran en la carne roja, legumbres, pescado, lácteos, frutas y verduras verdes, tienen clorofila que aumenta el hierro.


Frutos secos: Oleaginosas, nos dan energía cerebral, concentración y la memoria.
Se encuentran en: frutos secos, aceite de oliva y el aguacate.


Plátanos: Aporta potasio.


El aguacate: Magnesio y vitaminas antioxidantes.


Los tomates tienen licopeno, un antioxidante que protege del daño celular del cerebro y los tres son vitaminas para agilidad mental.

1.- Mala hidratación

Recuerda que somos 70% de agua en el cuerpo, en los huesos 20%, células de grasa, ojos 80%, pulmones, piel, dientes, algunos contienen menos de agua, otros más, pero el cerebro tiene alrededor de un 80% de agua.

¿Qué pasa cuando no tomas el agua que tu cuerpo necesita? Se deshidrata todo tu cuerpo y empiezas a presentar estos síntomas:

*Migraña.

*Dolores de cabeza.

*Falta de concentración.

*Disminuye tu memoria.

¿Cuánta agua debo de consumir al día?

Tu peso entre 7. Un ejemplo 53/7= 7.5 vasos de agua durante el día.

Es agua simple, pues si tu consumes un jugo el cuerpo lo procesa como carbohidrato.

El agua genera una carga eléctrica en el cerebro, para que se puedan mover bien los químicos, la sangre y nutrientes para la limpieza del cerebro.

2.- Dormir Bien

Mientras duermes, el cerebro trabaja fuerte en la limpieza y afianza los conocimientos, experiencias del día para que sean aprendizajes.

Un buen descanso, donde no te levantas en la noche, para tener un sueño reparador y te despiertas bien, tranquilo, no con ganas de quedarte en la cama, sino dices, vamos empezar este día.

¿Sabías que el no dormir está asociado a varias enfermedades?

Aumenta la glucosa

Estrés en el cuerpo, el cual aumenta los niveles de glucosa en la sangre provocando inflamación en el cerebro y en el cuerpo.

Lo mejor es dormir entre 7 a 9 horas depende de cada persona.

3.- Hacer Ejercicio

El ejercicio ayuda al cerebro a liberar una sustancia antinflamatoria, te desinflama a nivel cerebral, mejora la circulación a nivel sanguíneo, se eleva la hormona de endorfina que te pone feliz y aumenta el metabolismo.

Por eso es importante cuidar nuestra salud cerebral para evitar enfermedades como:

*Alzheimer.

*Demencia Senil.

*Depresión.

Yo les recomiendo el consumo de la Cúrcuma:

*Insecticida.

*Bactericida.

*Anti inflamatoria.

*Anti alérgico.

*Ayuda al cáncer.

Ojo: No tomar durante el embarazo o si tomas anticoagulantes.

LÍNEAS PARA VIVIR

  1. Te quiero no por quien eres, sino por quien
    soy cuando estoy contigo.
  2. Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar.
  3. Solo porque alguien no te ame como tú
    quieres, no significa que no te ame con todo su ser.
  4. Un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón.
  5. La peor forma de extrañar a alguien es
    estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
  6. Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa.
  7. Puedes ser solamente una persona para el
    mundo, pero para una persona tú eres el mundo.
  8. No pases el tiempo con alguien que no esté dispuesto a pasarlo contigo.

Por Gabriel García Márquez

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EN UN LUGAR SECRETO

Por Xatziri García Arano

CONTENIDO CRISTIANO

No tengo muchos recuerdos de mi infancia. Creo que fue porque hubo muchas situaciones difíciles en ella y de alguna manera, mi mente bloqueó tanto lo bueno, como lo malo.

Sin embargo, recuerdo que mi lugar favorito en el mundo, era el rancho de mi abuela.

Este rancho, se encontraba a más de una hora del pueblo más cercano. Tenía caballos, vacas, gallinas y sus pollitos, pavos reales, cerdos, borregos, y hasta un burro.

También, había muchos árboles con diversos frutos; para mí era un paraíso. Podía andar descalza y enlodarme sin preocupaciones mientras cortaba ciruelas de uno de sus árboles, en compañía de mis primos.

Nuestras madres, nos bañaban cerca del pozo con agua que se calentaba con el fuerte sol del verano jarocho y comíamos cosas deliciosas hechas por mi abuela, mi madre y mis tías.

Todas las mañanas, despertábamos con el sonido de las aves y el mugir de las vacas. Solíamos salir corriendo para ver cómo eran ordeñadas las vacas; era increíble poder tocar a los becerros y darles sus biberones.

Algunos, incluso, aprovechaban para tomarse un vaso de leche recién ordeñada, no era mi caso, pero eran buenos tiempos.

Hace unos días, meditaba en mí y acerca de que cuán difícil he sido en determinadas situaciones.

Todos tenemos áreas de oportunidad que mejorar, y es en las situaciones difíciles, que sale a relucir de qué estamos hechos, y en algunos casos, estamos hechos de enojo, frustración, etcétera.

No me malinterpretes, quiero decir que, cuando sentimos dolor, todos sin excepción, sentimos emociones que nos dañan o dañan a otros, como el enojo, la ira, la envidia, por mencionar algunas.

Y entonces, me di cuenta de que, por lo regular tiendo a aislarme y no hablar con nadie, eso a la larga se ha convertido en enojo e irritabilidad, lo que me ha hecho reaccionar a ciertas situaciones de una manera inadecuada.

Justo ese día, algo había sucedido, y para mi asombro, debo decirte que mi actuar no fue para nada como solía serlo. Si, recuerdo haberme molestado, pero, ¿sabes?

No levante la voz, no entre en pánico, simplemente deje ir la falta; si es que se podía catalogar como falta. 

Fue revelador entender la razón, justo ese día había estado en la presencia de Dios, platicando con Él, acerca de las situaciones difíciles en mi vida y de cómo me sentía, llore en su regazo y Él me consoló, me lleno de su amor.

Resulta que al acudir al lugar secreto algo cambio en mí; el enojo se fue, la frustración también, y todo fue remplazado por su paz y su amor.

Filipenses 4:7 RVR1960 dice:

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Verás, cuando yo sólo soy yo, puedo no ser una persona muy correcta, pero cuando voy al lugar secreto y permito que Dios haga su obra en mí, me transformo en una persona mucho más amorosa y entendida, porque su paz cuida de mis pensamientos y mi corazón. Recuerda,

“porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Lucas 6:45

Recordarás. que comencé este articulo platicándote acerca de mi lugar favorito en mi infancia, pero no te dije que por lo regular era una niña berrinchuda, insegura y solitaria, pero algo cambiaba cuando llegaba al rancho de mi abuela, me volvía una niña feliz que era capaz de pensar en los demás y de interactuar adecuadamente con las personas.

Lo mismo sucede con el lugar secreto, es el lugar donde puedes estar seguro y completamente amado, aunque no seas la mejor persona todo el tiempo, aun cuando cometas errores, es ahí, donde Dios te va a cambiar en lo profundo de tu corazón y pensamientos, donde dejarás la inseguridad, el temor, el dolor, la amargura, la ansiedad.

Evidentemente, es un proceso, no significa que de la noche a la mañana serás otra persona, pero, sí continuas, Dios promete no dejarte igual. Génesis 28:15:

“He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”.

Amado Dios, hoy me levanto, tengo salud, tengo vida, tengo miles de bendiciones y miles de razones para darte gracias.

Te agradezco por el descanso que me has otorgado y por permitirme ver la luz de un nuevo amanecer. Te doy gracias de corazón por la comida que pones en mi mesa, por el techo que me protege y por cada una de las personas que amo.

Padre celestial, inicio esta oración pidiéndote que hoy camines a mi vera y alejes de mi todo mal y peligro. Por favor guía mi andar y haz que en el camino que recorra no dé un solo paso en falso. Tú serás la verdad que me oriente a lo largo de estas horas y la energía y fuerza que necesito para afrontar cada reto.

Por favor dame valor, paz, sabiduría y hazme un instrumento de tu obra. Permíteme ser comprensivo, paciente y bueno; toma mi mano y guíame por la senda que me lleva a alcanzar mis sueños y concédeme la dicha de vivir una vida plena, prospera y abundante.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.

¡ Hola Bienvenido !

Xatziri García Arano

LA PERDIDA

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Crónicas Bíblicas: Jacob el Hermano de Jesús Parte 3 y Ultima.

Por Timothy Keller

CRONICAS BÍBLICAS

ESCRITOR DE LA BIBLIA

Aunque hay varios hombres llamados Jacobo [o Santiago] en el Nuevo Testamento, solo dos fueron lo suficientemente prominentes como para considerarles autores de una carta con tanta autoridad como la Epístola de Santiago. La primera posibilidad, Santiago el hijo de Zebedeo y hermano de Juan, era el conocido discípulo y apóstol de Jesús. Sin embargo, como murió a manos de Herodes Agripa I antes de que se escribiera esta epístola (cp. Hechos 12.2), no puede ser el autor.

Esto nos lleva a pensar que Jacobo, el hermano de Jesús y líder de la iglesia en Jerusalén, sea el único candidato posible para la autoría, y el peso de la evidencia respalda esta conclusión. Su relación con Jesús y la iglesia en Jerusalén sitúa a Santiago en una posición única de autoridad espiritual, haciéndole encajar como autor de este libro canónico.

Además, existe una cantidad de paralelismos lingüísticos únicos entre el discurso de Jacobo en Hechos 15 y el contenido de la epístola, que los liga fuertemente a los dos. Y la evidencia de los líderes cristianos en la historia de la iglesia primitiva confirma que creían que Santiago, el hermano de Jesús, es el autor.

La epístola se escribió a los creyentes judíos que habían huido de Jerusalén, probablemente en respuesta a la persecución instigada por Herodes alrededor del año 44 A.D. La carta no menciona los eventos de Hechos 15 ni el Concilio de Jerusalén, lo cual sugiere que se escribió antes del 49 A.D. Así, Santiago probablemente escribió esta carta de mitad a finales de la década del año cuarenta, haciéndola con ello el primer libro del Nuevo 

Testamento en escribirse, con Gálatas como segundo (a comienzos de la década del año 50).

Incluso una lectura rápida de la Epístola de Santiago evidencia su fuerte énfasis en la aplicación: una característica que refleja el corazón pastoral de su autor. Es más, de esta carta podemos discernir al menos cinco rasgos de carácter notables sobre Santiago mismo.

En primer lugar, Santiago era un hombre de verdadera humildad. Esto es evidente porque, aunque era el hijo de María, hermanastro de Jesús, y el líder de la iglesia en Jerusalén, comenzó su carta describiéndose a sí mismo simplemente como «siervo [literalmente esclavo] de Dios y del Señor Jesucristo» (Santiago 1.1).

No mencionó sus relaciones familiares ni su prominente posición en Jerusalén. Al contrario, enfatizó que era esclavo de Dios y del Señor Jesús. Qué sorprendente testimonio, ¡especialmente como hermano menor! En el Antiguo Testamento, el término esclavo de Dios se consideraba un título de honor y un privilegio.

Hombres tan destacados como Abraham, Moisés, Josué, David y Elías, recibieron este nombre, indicando su consagrada devoción y servicio sacrificial al Señor. Al asumir este título, Santiago se identificaba a sí mismo con aquellos cuyo valor y honor no procedían de ellos, sino de aquel a quien se sometían.

En segundo lugar, Santiago era un hombre justo. De hecho, se le conoce en la historia de la iglesia como «Santiago el justo».

De forma apropiada, el tema de la vida justa invade toda su epístola. En solo cinco capítulos intercala cincuenta imperativos, mandando repetidamente a los lectores que reciban una vida de obediencia sumisa a Dios y a su Palabra.

Su carta subraya la aplicación de la verdad, enfatizando el fruto espiritual que debería caracterizar la vida de todo verdadero creyente. Como pastor, Santiago había visto los devastadores efectos del orgullo, la ira, el egoísmo, el favoritismo, el materialismo y la división en la iglesia. Escribió para advertir a sus lectores que evitaran esas trampas cargadas de pecado.

En tercer lugar, Santiago era un pastor amoroso. Aparece como un hombre de gran compasión y solidaridad, especialmente con los pobres y desamparados.

No mostró tolerancia con el favoritismo en la iglesia, sino que procuró la unidad en el cuerpo de Cristo. La iglesia, escribió, debiera ser un lugar de convivencia de ricos y pobres, en la que las necesidades de cada uno son suplidas y la comunicación está caracterizada por la sabiduría celestial. Debe haber unidad, al someterse los creyentes a sus ancianos y orar fielmente unos por otros. Veía la iglesia como un grupo de personas que debieran amarse humildemente unos a otros. Incluso se refirió a ellos como sus «amados».

En cuarto lugar, Santiago era un hombre de la Palabra y de oración (cp. Hechos 6.4). Su maestría con las Escrituras se ve en el hecho de que su breve epístola contiene cuatro citas directas del Antiguo Testamento y más de cuarenta alusiones al mismo.

También incluye varios paralelismos con el Sermón del Monte, haciéndose así eco de las enseñanzas de Jesús.

Exhortó a sus lectores a escuchar y obedecer la Palabra, y a no ser oidores olvidadizos. Su compromiso con la oración se enfatiza tanto al comienzo como al final de su carta.

En el capítulo 1, enseña a sus oyentes a pedirle a Dios sabiduría en medio de las pruebas. En el capítulo 5, una vez más en el contexto de la enfermedad y las pruebas, les exhorta a orar como lo hizo Elías, con la confianza de que «la oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5.16).

Algunos relatos antiguos informan que Santiago mismo oraba tanto, ¡que sus rodillas se volvieron callosas como las de los camellos!

En quinto lugar, Santiago era teólogo. En su única carta, proporcionó una teología del sufrimiento, una teología del pecado favoritismo, el materialismo y la división en la iglesia. Escribió para advertir a sus lectores que evitaran esas trampas cargadas de pecado.

 y la tentación, una teología de la caída, una teología del mundo demoniaco, una teología de la ley y la fe, una teología de la iglesia y una teología de Dios y Cristo. Presentó a Cristo como la fuente de sabiduría, aquel ante quien todos los hombres y las mujeres se humillan, aquel que controla la historia y el destino humano, el Rey venidero y el gran Médico.

Además enfatizó que Dios es un Dios, el Creador del mundo, la fuente de justicia, el objeto de la adoración, la guía a la verdadera sabiduría, el rey soberano, el enemigo del pecado y la mundanalidad, el líder de los ejércitos celestiales, el juez de todo y el compasivo receptor de aquellos que se arrepienten.

Aunque solo tiene cinco capítulos, la carta contiene tanto verdades profundas como aplicación personal. Su tono es personal y a la vez pastoral, como esperaríamos de su autor. Santiago era un hombre que practicaba lo que predicaba y que guió con amor a esa generación inicial de creyentes en Jerusalén a hacer lo mismo.

¿SANTIAGO CONTRA PABLO?

Deberíamos terminar la historia de Santiago en este punto, pero no podemos. ¿Por qué? Porque la Epístola de Santiago ha sufrido innecesarios y a la vez fuertes ataques de la crítica durante los años.

Aunque Santiago, junto a Pedro y los otros apóstoles, afirmó claramente en el Concilio de Jerusalén el evangelio de gracia que predicaban Pablo y Bernabé, algunos escépticos han sugerido que, en realidad, Santiago y Pablo estaban en desacuerdo en su teología del evangelio.

La controversia se centra en el tema de la fe. Pablo, en Romanos 3.28, explicó que «el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley».

Reiteró esta misma verdad en Efesios 2 y Tito 3. Pero en Santiago 2.24, Santiago termina diciendo que «el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe».

A primera vista, parece que Pablo y Santiago están enseñando verdades opuestas. Entonces, ¿cómo deben entender los creyentes esta aparente contradicción?

La tensión se alivia de inmediato cuando nos damos cuenta de que Pablo estaba discutiendo la esencia raíz de la justificación (en cuanto a la posición del creyente ante Dios), mientras que Santiago estaba hablando de la evidencia resultados de la justificación (en la vida del creyente después de la conversión).

Por un lado, los pecadores son salvos por gracia mediante la fe en Cristo solamente.

Ese era el punto de Pablo, y Santiago estaba de acuerdo con él (cp. Santiago 1.17–18). De hecho, ese fue el asunto que se resolvió en el Concilio de Jerusalén en Hechos 15. Por otro lado, quienes son verdaderamente salvos demostrarán en sus vidas frutos del arrepentimiento; si sus vidas no tienen fruto, su profesión de fe es falsa.

Ese era el punto de Santiago y Pablo coincidió con eso (véase Romanos 6.1, 15). Pablo y Santiago estaban perfectamente de acuerdo el uno con el otro, tan solo estaban enfatizando dos lados de la misma realidad: fe y su fruto. Como explicó Pablo en Efesios 2.8–10:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Al enfatizar tanto la f e como los frutos del arrepentimiento ambos, Pablo y Santiago, estaban haciéndose eco de las enseñanzas de Jesús. El enfoque de Pablo en la fe volvía a reiterar la verdad de Mateo 5.3: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos».

Como le dijo el Señor a Nicodemo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3.16).

El énfasis de Santiago en el fruto tenía el sonido de Mateo 7.21: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos».

Unos cuantos versículos antes, Jesús describió la conducta humana con estas palabras: «Por sus frutos los conoceréis… Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos» (Mateo 7.16– 17).

Repito: no hay discrepancia entre los escritos de Pablo y de Santiago.

Pablo declaró que las obras de justicia no nos pueden salvar. Santiago dijo que si no hay obras de justicia, no hemos sido salvos.

En otras palabras, tanto Santiago como Pablo veían las buenas obras como la prueba de la salvación, no como el medio para salvarse. Su encuentro en Hechos 15 y 21 confirma el hecho de que cualquier supuesta contradicción entre ellos existía solo en la mente de los escépticos.

UN HÉROE INCONCEBIBLE

De varias formas, podríamos esperar que el hermanastro de Jesús fuera un líder influyente en la iglesia primitiva. Después de todo, creció como parte de esa familia tan privilegiada.

Sin embargo, en el caso de Santiago, su familiaridad con Jesús fue durante mucho tiempo el mayor obstáculo para su salvación.

Como sus vecinos de Nazaret, Santiago estaba lleno de incredulidad y menosprecio cuando su hermanastro mayor afirmó ser el Mesías.

Su escepticismo no se debía a alguna imperfección que hubiera visto en el carácter de Jesús, sino más bien a la normalidad de la infancia de este. Quizá Santiago había albergado resentimiento y celos, probablemente en base a los agudos contrastes existentes entre él y su hermano mayor. Esos sentimientos de envidia llegaron a su máxima expresión cuando Jesús se hizo una figura pública popular.

Pero el Señor tenía planes para Santiago. En un acto de gracia divina después de su resurrección, Jesús se apareció personalmente a Santiago. En ese acto de profunda misericordia,

 Cristo disipó la duda de Santiago y su escarnio, y fue radicalmente transformado. Cuando aparece en el libro de los Hechos, es un hombre sin menosprecio, y se ha convertido en un adorador de Jesús como su Señor y Salvador. Finalmente, la amorosa lealtad de Santiago a Jesús fue tan fuerte que dio su vida como mártir, en vez de negar a su hermano como su Señor.

Cuando la iglesia estaba dando sus primeros pasos, se le confió a Santiago la vital función de liderazgo. A medida que se producía la transición, de una iglesia predominantemente judía a una principalmente gentil, y a medida que los apóstoles ministraban de un sitio a otro, se hizo necesario un líder fuerte que aportara sabiduría y estabilidad a los ancianos de la iglesia en Jerusalén. Santiago, con el poder del Espíritu, hizo eso.

En su ministerio y sus escritos, a Santiago a veces se le sitúa en una posición contraria al apóstol Pablo. Sin embargo, en realidad ambos están contendiendo por las mismas verdades. A lo largo de la historia de la iglesia, la mayor amenaza teológica para la institución se ha producido a través de los ataques contra la verdadera esencia del evangelio.

Ese fue el principal tema de la Reforma protestante. Es una batalla que se sigue librando aún en la actualidad. Fue el mayor debate doctrinal de la iglesia primitiva, y Santiago resalta como héroe por aportar un liderazgo piadoso en medio de esa crítica batalla, y afirmar con osadía el evangelio de gracia, declarando al mismo tiempo que el Espíritu Santo producirá obras justas en las vidas de las personas que son verdaderamente salvas.

Comenzamos este capítulo preguntando cómo habría sido crecer con Jesús. En la otra cara de la moneda, podríamos señalar que en la eternidad pasada Jesús mismo decidió quiénes serían sus hermanos y hermanas.

Como Creador (Juan 1.3), predeterminó la familia en la que viviría durante treinta años. De hecho creó a Santiago como su hermanastro menor, habiéndole escogido también soberanamente para ser su hermano espiritual (cp. Hebreos 2.11).

Jesús incluso diseñó a Santiago con las cualidades que necesitaría para poder darle a la iglesia en Jerusalén su primer pastor principal (véase Efesios 4.11).

El Señor creó, llamó, salvó y equipó a Santiago con la utilidad necesaria para manifestar su gloria, y hace lo mismo con todos los creyentes (Romanos 8.29).

Como Santiago, todos estuvimos llenos de menosprecio y odio hacia Dios en algún momento, pero si hemos llegado a aceptar la fe salvadora en Cristo, nosotros también hemos sido perdonados y equipados para un servicio espiritual.

La gracia, a través de la fe en Cristo, ha asegurado totalmente nuestra salvación. Ahora, al igual que Santiago enfatizó en su epístola, debemos ponerle pies a nuestra fe, viviendo fielmente en una sumisa obediencia a la Palabra de Dios.

Viviendo así, nuestra propia historia servirá para honrar al Señor Jesús, que no se avergonzó de hacernos parte de su familia (véase Romanos 8.16–17). 

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