¿Sabes Los Beneficios De Caminar?

A veces pensamos que caminar es una pérdida de tiempo, pues podría estar haciendo otra cosa, perder el tiempo en 45 minutos, pero es una de las cosas terapéuticas que puedes hacer, que creo que no sabes los beneficios que ahora te voy a mencionar.

Te puede mencionar que caminar te ayuda a perder peso, a reducir el estrés, pero sabes cómo reduce el estrés, ahora te diré el por qué:

1. Cuando caminas reduces significativamente tus niveles de cortisol, incluso después de una caminata de 20 minutos. Cuando tienes niveles altos de cortisol tu cuerpo está en modo de adaptación, se está adaptando tu fisiología a tu entorno al estrés. Entonces cuando tu caminas apagas ese mecanismo, por lo que estás menos en modo del sistema simpático de lucha o huida. Y más en el parasimpático, es por eso por lo que te sientes más tranquilo y menos estresado.

Porque el cuerpo no está atrapado en este modo de reacción estrés, pues tiene niveles más bajos de cortisol y adrenalina.

2. Cuando tienes estrés y niveles altos de cortisol, tendrás una mejor creatividad, esto se relaciona con la resolución de problemas, porque para eso necesitas creatividad y cuando tienes estrés no eres bueno resolviendo tus problemas como lo serias si estuvieras más tranquilo, así que caminar te brinda este nuevo espacio, esta capacidad para ver las cosas de otra manera, te da un espacio entre tu y el problema.

3. Estarás menos ansioso, menos deprimido y tu estado de ánimo será mejor.

4. Las mitocondrias dentro de tus células, las fábricas de energía y la mayoría de las enfermedades asociadas a mitocondrias dañadas, lo llaman un problema con tu metabolismo y esto se relaciona con cuánto alimentan tus células con combustible y cómo obtienes oxígeno.

Cuando haces largas caminatas mejoras la calidad de las mitocondrias, las aumentas y estas se vuelven más eficientes para quemar combustible, en cuanto mejor funciones tus mitocondrias menos enfermedades tendrás.

5. Diversidad microbiana: el ejercicio en especial caminar aumenta la diversidad microbiana. Tendrás una mayor variedad de tipos de microbios, lo cual ayuda a fortalecer tu sistema inmunológico, mejorar tu digestión y aumentar tu energía.

6. Caminar mejora o aumenta tus antioxidantes endógenos¿Qué es endógeno? Es que  algo proviene del interior. En otras palabras, tu cuerpo puede crear antioxidantes y, cuando caminas, produces más de tus propios antioxidantes, lo que te ayudara a combatir radicales libres y prevenir problemas.

7. Caminar aumenta tus células asesinas naturales que forman la parte del sistema inmunológico, matan células cancerosas y virus.

8. Caminar mejora la sensibilidad a la insulina y la glucosa. Entonces si tienes resistencia a la insulina o problemas con la glucosa, el caminara mejora esto. Al punto en que puede disminuir la resistencia a la insulina lo cual ayudará con tus niveles de azúcar en la sangre. Si eres diabético o prediabético te ayudará.

Si te despiertas con niveles altos de azúcar, el caminar  quema esa azúcar. Esto ocurre durante los primeros 25 y 30 minutos, quemas todo ese exceso de azúcar que tienes. Luego empiezas a quemar grasa.

9. Cuando caminas tienes más oxígeno en tu sangre, pero no se trata de obtener más oxígeno en tu sangre. Se trata de lo que sucede entre tus células sanguíneas y tus células de tejido. Estás absorbiendo más oxigeno de esta saturación sanguínea. Incluso si haces un entrenamiento intenso en el que estás respirando con fuerza, piensas que estás recibiendo todo ese aire.

Es como tener una copa llena de agua y luego intentas agregar más agua, pero ya está llena y se desborda. Esto sucede cuando haces ejercicio intensamente, cuando respiras en exceso estás obteniendo todo este oxígeno, pero no se entrega en todos los tejidos. De hecho, probablemente sientas que debes respirar más fuerte para llevar másoxígeno a los tejidos.

Por lo que caminar es bueno para llevar el oxígeno profundamente a las células, porque no estás respirando en exceso.

No estás inundando tu cuerpo con demasiado oxígeno. Especialmente si respiras por la nariz pues obtendrás aproximadamente un 20% más, si estas caminando.

Y para las personas que caminan más rápido están generando ácido láctico y éste inhibe el oxígeno. Loque tiene tu sangre es que tiene ciertas cosas alcalinas llamadas bicarbonatos que ayudan a neutralizar ese acidoláctico bastante rápido. La química resultante de eso es H2O agua y dióxido de carbono, por lo que tu cuerpo obtiene CO2 a partir de este proceso.

10. La densidad ósea aumenta cuando caminas.

11. Reduces la inflamación y la rigidez, por el movimiento en general. Llevar este oxígeno a los tejidos ayudara a reducir la inflamación.

12. Mejora tu visión desde varias perspectivas. Primero, llega más oxígeno a tu cerebro y tu retina se extiende hacia tu globo ocular y mejoraras la sensibilidad a la insulina, lo que ayuda a tus ojos, tus riñones y tus nerviosos ya que ayuda con los niveles de azúcar en la sangre.

Dame Hijo Mío Tu Corazón.

Y aconteció andando el tiempo que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera y decayó su semblante.

Génesis 4:3-5

Los dos hijos de Adán y Eva se dedicaban a la agricultura. Abel criaba rebaños de ovejas y Caín cultivaba la tierra. Este era el trabajo más común en los tiempos antiguos.

Caín como era de esperarse ofreció al Señor los primeros frutos de su trabajo, (fruto de la tierra). Mientras que Abel ofreció el primogénito de sus ovejas.

Aún y cuándo las dos eran ofrendas de lo mejor, Dios no aceptó las dos ofrendas con el mismo agrado, sólo le complació la ofrenda de Abel, pues la de Caín no la aceptó.
Aún y cuándo las dos eran ofrendas de lo mejor, Dios no aceptó las dos ofrendas con el mismo agrado, sólo le complació la ofrenda de Abel, pues la de Caín no la aceptó.

Muchos piensan que Dios aceptó la ofrenda de Abel, porque era una ofrenda de sangre (oveja o cabra). Mientras que la ofrenda de Caín fue rechazada porque eran frutos de la tierra, sin involucrar sangre. Y solo un sacrificio de sangre podía complacer a Dios.

Pero esto no era lo realmente importante, lo que importaba era que la ofrenda fuera acompañada de “FE”. En los libros de los Hebreos, se nos explica:

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas, y aun muerto hablaba por ella.

Hebreos 11:4 RVR 1960

Con esto podemos ver que la ofrenda de Caín representaba el esfuerzo de una religión sin vida, pero lo que realmente vio Dios en Abel fue su corazón lleno de fe y amor por complacerlo.

– Al principio un cordero fue sacrificado por un hombre.

– Después en la Pascua un cordero fue sacrificado por familia

– En el día de la Expiación un cordero era sacrificado por una nación.

– Y finalmente, con la venida de Jesús hubo un único cordero que quitó el pecado del mundo (Juan 1:29)

 JESÚS FUE Y ES EL ÚNICO SACRIFICIO PERFECTO DE DIOS

¿Cómo vas a presentar tu presentar tu ofrenda a Dios? ¿con un corazón lleno de fe? ¿pensando sólo en agradarle como lo hizo Abel?

¿vas a presentar una ofrenda esforzada, religiosa, sin vida?

AMADO DIOS

Me acerco hasta Ti y hoy más que todos los días mi corazón se engrandece de bondad y fortaleza, porque me siento muy feliz por tu amor, por tu paz, por tu presencia y por tus bendiciones. Te amo y siento que nunca quiero fallarte.

Gracias padre celestial por cuidar de mí, de mi familia y por todo aquello que Tú nos brindas sin límite ni reparo: gracias amado Dios por el agua, por el aire, por nuestros alimentos, por la salud y por tus maravillosas promesas.

Gracias también por esta nueva semana. Te pido que pongas tu sagrada luz sobre nosotros y nos cubras con tu bendición. A Ti elevo esta oración para que haya gozo, esperanza y paz en nuestras vidas.

Señor, empieza una nueva semana y hoy yo, lleno de fe y esperanza la pongo en tus manos. Te pido que nos guíes con tu misericordia, nos ampares con tu sabiduría y nos ayudes a cumplir con nuestras obligaciones y actividades de la mejor manera posible.

Por favor tómanos de la mano, ayúdanos a abrir caminos, a multiplicar las alegrías, a restar las tristezas, a alcanzar nuestros anhelos y construir una vida mejor en cada nuevo día. Gracias Padre santo por todo lo que me das, pues Tú mejor que nadie conoces las cosas que necesito y todo me lo entregas en el momento preciso y por las razones adecuadas.

Te pido también por aquellos que sufren, que están tristes o que enfrentan enfermedad. Por favor derrama tu bendición sobre el mundo y alivia las penas de esta humanidad que hoy te necesita más que nunca.

Amado Dios, en este instante me lleno de fe en Ti y te doy gracias por escuchar mi oración. Te pido que en esta semana que empieza seas luz en mi mente y sabiduría en cada una de mis decisiones. Abríganos en tu manto y líbranos siempre de todo mal, Amén.

Por Ma. Guanajuato González Castañales.

¡ Hola Bienvenido !

Mariant Peña Nava

NOTICIAS DEL REINO

TU PERIÓDICO DIGITAL

¿Temor A Nuevos Proyectos?

Por Eduardo A. Esparza Gaona.

¿ESTAMOS DISPUESTOS A SUPERAR NUESTRO TEMOR ANTE NUEVOS PROYECTOS?

«Nada en la vida debe ser temido, solo comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para que temamos menos.»

Marie Curie

Es común que cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas, nuestro instinto de supervivencia, el miedo, se haga presente en nuestras vidas.

Cuando nos enfrentamos a nuevos desafíos, constantemente nos sentimos paralizados por una cascada de pensamientos que nos limitan, impidiendo que tomemos acción.

Recientemente, una de mis alumnas que estaba a punto de graduarse compartió conmigo su deseo de continuar sus estudios. Sin embargo, el temor al fracaso y la preocupación por la posibilidad de no ser aceptada en la nueva universidad la frenaban.

Mencionaba que sabia que tenía las habilidades necesarias para poder ingresar y mantenerse en la facultad, pero algo muy dentro de ella le decía que no podría.

Todos hemos pasado por esos episodios de miedo, en los cuales algunas ocasiones hemos desistido por temor a no ser lo suficientemente inteligentes o tener las aptitudes necesarias para el reto que se avecina.

Algunos consejos para poder vencer el miedo son:

1. Identifiquemos nuestros miedos. 💪

2. Salgamos de la zona de confort. 🚪

3. Busquemos apoyo. 🤝

4. Cambiemos el diálogo interno. 💡

5. Establezcamos metas alcanzables. 🎯

Cada nuevo reto es una oportunidad para crecer, aprender y descubrir nuestro verdadero potencial. No dejemos que el miedo impida alcanzar nuestros sueños. 💫

¿Cuál es tu estrategia para superar los miedos ante nuevos desafíos?

Crónicas Bíblicas: Eva, Su Humillación. Parte 3

Por John MacArtur

SU HUMILLACIÓN

En una cosa la serpiente tenía razón: comer el fruto prohibido abrió los ojos de Eva de modo que supo distinguir entre el bien y el mal.

Desafortunadamente, supo del mal experimentándolo, haciéndose participante voluntaria del pecado. En un momento, su inocencia había desaparecido. El resultado fue una vergüenza angustiante.

La Escritura describe esto en una forma algo pintoresca: «Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales» (Génesis 3.7).

Su famoso intento para hacerse ropa con hojas de higuera ilustra perfectamente la completa incompetencia del esfuerzo humano por tratar de cubrir la vergüenza. La religión, la filántropia, la educación, la autoestima, el perfeccionamiento, el mejoramiento y todos los demás intentos de la capacidad humana, no son capaces de suministrar el camuflaje para cubrir la desgracia y la vergüenza de nuestra condición de raza caída.

Todos los remedios combinados hechos por el hombre, no son más eficaces para quitar el deshonor de nuestro pecado, que el intento de nuestros primeros padres para ocultar su desnudez con hojas de higuera.

Ocultar nuestra vergüenza no soluciona el problema de la culpabilidad a los ojos de Dios. Peor aún, una expiación completa por la culpabilidad está muy lejos de la posibilidad de ser provista por hombres y mujeres caídos.

Eso fue lo que comprendieron Adán y Eva cuando sus ojos se abrieron al conocimiento del bien y del mal El Señor, por supuesto, sabía todo respecto del pecado de Adán antes que aun ocurriera.

No había ninguna posibilidad de ocultarle la verdad a Él, ni tenía que ir físicamente al jardín para saber lo que la primera pareja había hecho. Pero el Génesis cuenta la historia desde una perspectiva terrenal y humana. Lo que leemos en Génesis 3.8-13 es, en esencia, lo que Eva escuchó y vio: Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me dijiste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Es evidente que la vergüenza de nuestros primeros padres estuvo acompañada por una profunda sensación de miedo, temor y horror ante la perspectiva de tener que dar cuenta a Dios por lo que habían hecho. Por eso fue que trataron de esconderse.

Como las hojas de higuera, su escondite fue inadecuado para ocultarlos del ojo de Dios que todo lo ve. La respuesta de Adán refleja tanto su miedo como un profundo pesar. Pero no hay confesión. Adán pareciera haberse dado cuenta que no tenía sentido argumentar inocencia, pero tampoco hizo una confesión completa. Lo que trató de hacer fue echarle la culpa a otro.

Así es que apuntó con el dedo hacia quien estaba más cerca: Eva. También estaba implícita en las palabras de Adán («la mujer que me diste») una acusación contra Dios. Tan rápidamente corrompió el pecado la mente de Adán que en su afán de echarle la culpa a otro no dudó en hacer de Dios parte de su propio crimen.

Esto es tan típico de los pecadores que buscan justificarse, que la Epístola de Santiago en el Nuevo Testamento nos enseña expresamente: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido» (Santiago 1.13-14).

Adán, sin embargo, estaba tratando sutilmente de echar por lo menos algo de la culpa sobre Dios mismo. Pero Adán traspasó la mayor parte de la culpabilidad a Eva. El Señor respondió, no para argumentar con Adán, sino para confrontar directamente a Eva. Esto, obviamente, no indicaba que Adán quedaba fuera del problema. En lugar de eso, el Señor estaba dando a Eva una oportunidad para que confesara su participación.

Pero ella se limitó a echarle la culpa a la serpiente: «Y dijo la mujer: la serpiente me engañó y comí» (Génesis 3.13). Eso era verdad (1 Timoteo 2.14), pero la culpa de la serpiente no justificó su pecado. Una vez más, Santiago 1.14 nos recuerda que cada vez que pecamos, somos inducidos por nuestra propia lujuria.

No importa qué medios pueda usar Satanás para inducirnos al pecado ni cuán sutil sea su astucia, la responsabilidad del acto mismo siempre reside en el pecador y en nadie más. Eva no podía escapar a la rendición de cuentas de lo que había hecho transfiriendo la culpa.

Nótese, sin embargo, que Dios no siguió argumentando ni alargó el diálogo innecesariamente. Las propias palabras de Adán y Eva fueron suficientes para

condenarlos, a pesar de sus esfuerzos para evitar una confesión total. Todas sus excusas no fueron mejores para ocultar su culpabilidad que lo que habían sido las hojas de higuera. Así que en Génesis 3.14-19 el Señor pronuncia una maldición a los culpables dirigiéndose en primer lugar a la serpiente, luego a Eva y finalmente a Adán: Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

Revisar la maldición en forma exhaustiva podría consumir muchos capítulos. Requeriría más espacio que el disponible en éste. En lo que estamos principalmente interesados es, por supuesto, en cómo esta maldición se relaciona con Eva en particular. Note que la maldición tiene tres secciones. La primera es dirigida a la serpiente; la segunda a Eva y la tercera es para Adán.

Pero las tres partes se relacionan directamente con Eva. Para ver esto con más claridad, permítanme invertir el orden y empezar con la sección final, la dirigida a Adán. Recordemos que la maldición sobre Adán no estuvo dirigida solamente a él, sino que a toda la raza humana. Implicaba, además, cambios importantes en el medio ambiente terrenal.

De modo que la maldición sobre Adán tuvo implicaciones inmediatas y automáticas para Eva (y para también todos sus descendientes). La pérdida del paraíso y el cambio repentino en toda la naturaleza significaba que la vida cotidiana de Eva sufriría las mismas onerosas consecuencias que la vida de Adán.

El trabajo sería para ambos una carga, así como el sudor, las espinas y los cardos, y en última instancia, la realidad de la muerte sería parte de su vida. Así, la maldición sobre Adán cayó también sobre Eva. Es significativo, creo, que la sección más breve de la maldición sea la parte que trata con Eva directamente, contenida del todo en solo un versículo de la Escritura (v. 16), y con dos elementos. Una consecuencia directa de su pecado sería una multiplicación del dolor y el sufrimiento asociado al parto. Lo demás sería una lucha que tendría lugar en su relación con su marido.

En otras palabras, la maldición que se dirige a Eva en particular trata con las dos relaciones más importantes en las cuales una mujer naturalmente busca su mayor alegría: su marido y sus hijos.

La primera parte del versículo 16 es sencilla y directa: «Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos». Por supuesto, en primer lugar es el pecado el que trajo el dolor y la miseria al mundo. La expresión multiplicar tu dolor no sugiere que de todos modos pudo haber habido algún grado menor de angustia o aflicción en un Edén sin maldición. Es muy probable que incluso el parto habría sido tan sin dolor y tan perfecto como cualquier otro aspecto del paraíso. Pero esta forma de hablar simplemente reconoce que ahora, en un mundo caído, la tristeza, la pena y los dolores físicos serían parte y porción de la rutina diaria de la mujer. Y que, en el parto, el dolor y la angustia serían «multiplicados en gran manera», un incremento significativo sobre los infortunios normales de la vida diaria.

El acto de parir hijos, que originalmente tiene el potencial de traer el más puro tipo de alegría y felicidad, sería estropeado por agudos dolores y dificultades. La segunda parte del versículo es algo más difícil de interpretar: «Y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti».

Una luz nos aclara el significado de esa expresión comparándola con Génesis 4.7, que usa exactamente el mismo lenguaje y construcción gramatical para describir la lucha que sostenemos con el pecado: «El pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él». En otras palabras, el pecado desea adquirir dominio sobre usted, pero en lugar de eso, usted tiene que prevalecer sobre él. Génesis 3.16, usando el mismo lenguaje, describe una lucha similar que tendría lugar entre Eva y su marido. Antes que Adán pecara, su liderazgo era siempre perfectamente sabio, cariñoso y tierno.

Antes que Eva pecara, su sumisión era el modelo perfecto de mansedumbre y modestia. Pero el pecado cambió todo eso. Ahora se irritaría bajo la autoridad de Adán y desearía dominarlo. La tendencia masculina sería sofocarla de manera áspera o dominante. Así, vemos que las tensiones por los diferentes papeles de cada género llegan hasta nuestros primeros padres.

Es uno de los efectos inmediatos del pecado y la horrible maldición que trajo sobre nuestra raza. El paraíso fue completamente arruinado por el pecado y la gravedad de la maldición debe haber hecho añicos el corazón de Eva. Pero el juicio de Dios contra ella no fue totalmente duro e irremediable. Hubo una buena cuota de gracia aun en la maldición.

A los ojos de la fe, hubo rayos de esperanza que brillaron incluso a través de la nube del desagrado de Dios. Por ejemplo, Eva podría haber sido subordinada a la serpiente a quién tan tontamente le había hecho caso. Pero en cambio, quedó bajo la autoridad de su marido, que la amaba.

Podría haber sido completamente destruida, o destinada a vagar a solas en un mundo donde era muy difícil sobrevivir. En vez de eso, se le permitió permanecer con Adán, que continuaría cuidándola y sosteniéndola. Seguía siendo su compañera aunque su relación tendría ahora tensiones que no existían en el Edén.

Aunque con justicia podría haber sido hecha una marginada y una paria, conservó su lugar de esposa. En el peor de los casos, pudo habérsele prohibido incluso tener hijos. En lugar de eso, aunque la experiencia sería dolorosa y acompañada de aflicciones, todavía sería la madre de todos los vivientes. En efecto, el nombre que Adán le dio después de la maldición da testimonio de este hecho: «Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes» (Génesis 3.20). De hecho, la promesa de que Eva todavía daría a luz hijos, mitigó otro aspecto de la maldición. Esa simple expectativa contenía un rayo de la esperanza para toda la raza humana. Había una pista en la maldición misma que señalaba que uno de los propios descendientes de Eva podría, en última instancia, arrojar lejos el mal y disipar todas las tinieblas del pecado.

Por su desobediencia, Eva había puesto en movimiento a todo el mundo del mal; ahora, a través de su descendencia, proporcionaría un Salvador. Esta poderosa esperanza ya le había sido dada implícitamente en la parte de la maldición donde el Señor se dirige a la serpiente.

Audio Crónicas: Rut Parte 1

Por John MachArthur

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MariCarmen Lozada Armesto

El Hombre Más Sabio Que He Conocido.

Por José Saramago

«El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir». 

Discurso de aceptación del Premio ante la Academia sueca 1998

José Saramago:
El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.

Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea.

Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro.

En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.

Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta.

Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable.

Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: «José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera».


Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera.

Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba.

En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la vía lactea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea.

Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.

Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: «¿Y después?». Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas.

En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.
Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien.

Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: «No hagas caso, en sueños no hay firmeza».

Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras.

Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras:

«El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir». No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada.

Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.

¿ No Hay Tiempo Para Orar ?

Soy madre de hijos pequeños. En la universidad tengo mucho qué estudiar, la carga de trabajo me sobrepasa. Sirvo en un ministerio y siempre hay algo que hacer, etc.

¡Demasiado ocupados para orar!

Aunque las Escrituras exhortan a los creyentes a hacer de la oración la prioridad, como personas ocupadas, con frecuencia creemos estar exentos de este mandamiento. Seguramente Dios comprende que “eso no es práctico”.

¿Cómo podemos hacer de nuestra relación con Cristo la más alta prioridad en nuestra vida?

Muchas veces permitimos que la preocupación por las cosas de este mundo nos mantenga alejados de Dios.

Jesús contó a sus discípulos una parábola acerca del hombre rico que preparó una gran cena y envió a decir a los que habían sido invitados” vengan porque ya todo está preparado” (Lucas 14:17).

Pero cada uno dio una razón por la cual no les parecía práctico asistir, básicamente dijeron: “Tengo algo más importante que hacer, te ruego que me excuses”.

Nuestro Amante Redentor espera en la mesa del banquete, anhelando con impaciencia tener comunión con nosotros. Sin embargo, con cuánta frecuencia respondemos, “No puedo ir, tengo algo más importante que hacer, te ruego me excuses”

“! ¡Oh, que respuesta tan desgarradora!”

Es como si alguien nos estuviera llenando las manos con diamantes con valor incalculable y nosotros prefiriéremos tener un montón de piedras sin valor.

Con frecuencia, cuando batallo por mantener mis prioridades espirituales bajo control, pienso en la historia de María y Marta. Pareciera completamente poco práctico que Martha detuviera toda su excesiva actividad en la cocina y se sentara a los pies de Jesús, como lo estaba haciendo María.

Debió haber pensado:! Seguramente Jesús sabe   que simplemente no puedo dejar todo lo que estoy haciendo para pasar tiempo con Él. Y, sin embargo, Jesús le dijo a Marta:

“Marta, Marta, estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria” (Lucas 10:41-42) 

¿Qué era aquella “cosa” que Marta necesitaba?

Sentarse a los pies de Jesús y recibir su Palabra. Esa era la única manera como ella encontraría la fortaleza y gracia necesarias para hacer todo lo que había sido llamada a hacer.

La hospitalidad y servicio de Marta no era el problema, el problema era que trataba de hacerlo en sus propias fuerzas, no haciendo de Jesús su más alta prioridad. Y como resultado, Marta estaba exhausta y molesta,

“preocupada con todos los preparativos” (Lucas 10:40)

En realidad, ¿estamos demasiado ocupados para orar?

Tratar de servir a nuestras familias o de trabajar arduamente en nuestras tareas sin la fortaleza y el apoyo que viene de nuestro tiempo con Dios, rápidamente nos lleva al agotamiento y al estrés, como le sucedió a Marta.

Nuestra vida espiritual seria transformada si viviéramos conforme a este credo:

Dejemos a un lado todos nuestros “apuros y ajetreos” y decidamos hacer del tiempo con Dios nuestra más alta prioridad, aún durante las temporadas cuando no parezca que sea práctico.

¿Atrapada En La Edad?

Por Inma Gómez

“MUJERES de 40 y 50 ATRAPADAS… entre el trabajo, los hijos y los padres”.

Hoy es día de CELEBRACIÓN, pero también de reflexión.

Quiero HACER hincapié en la situación de muchas mujeres ATRAPADAS en la “generación sándwich” obligadas a dejar su trabajo para CUIDAR a hijos y padres

La trabajadora social Dorothy Miller acuñó el término en 1981 para definir a “ese grupo de mujeres estadounidenses de entre 40 y 50 años que se sentían como si estuvieran en MEDIO de dos REBANADAS de pan, una integrada por sus hijos y otra por sus padres, que demandaban su atención”.

La incorporación de la mujer al mundo laboral, ha DISPARADO aún más ese efecto al sumársele la RESPONSABILIDAD de acudir todos los días a su puesto de trabajo.

Hay mujeres que HACEN encaje de bolillos para poder CONCILIAR, pero otras se ven abocadas a dejar su trabajo, para poder enfrentar la situación con menos estrés y PRESIÓN.

Desde la PANDEMIA lo han hecho 1300000 mujeres. El dato, cuando menos llamativo, es para pararse PENSAR.

Sé muy bien lo que es SER mujer que trabaja 24/7/365:

1️⃣VIVE jornadas maratonianas.

2️⃣DUERME muy poco.

3️⃣ATIENDE, sobre todo, las NECESIDADES de los hijos de los padres enfermos: médicos, economía familiar, ayuda personal.

4️⃣CUMPLE su jornada laboral fuera de casa con eficiencia.

5️⃣No tiene tiempo LIBRE, NO se OCUPA de ella.

6️⃣VIVE inmersa en una asfixiante MARAÑA de responsabilidades.

Mis PADRES enfermaron cuando mis HIJAS no alcanzaban la década.

INTENTÉ conciliar con horarios más compatibles para atender a mis hijas y mis padres, pero se me NEGÓ TODO (y hablo de la Admón pública, no de la empresa privada ni de los hombres…)

De esos años recuerdo la PRESIÓN en el pecho con la que ya iniciaba mis JORNADAS , el estrés, la ansiedad…

Se van años MARAVILLOSOS a nivel personal y profesional, donde desapareces de ese “puzzle existencial” para estar para TODOS, y el TIEMPO no regresa.

La “invisibilizada” FRONTERA de los cuidados, sigue recayendo de manera informal en las FAMILIAS y, sobre todo, en la mujer. Por eso:

Unas dejan sus PUESTOS para “poder con todo”. Y otras siguen…pero el DESGASTE emocional y físico es brutal.

Administración, empresas, gobiernos, parejas…tomemos CONCIENCIA!

HOY celebramos merecidos LOGROS, pero este aún está PENDIENTE.

Qué opinas? Te leo

La Oración Construye Puentes.

Por Santiago Moya

La oración es una poderosa herramienta que nos conecta con Dios y nos acerca a su voluntad para nuestras vidas.

A través de la oración, podemos comunicarnos con nuestro Padre celestial, expresarle nuestras necesidades, agradecerle por sus bendiciones y buscar su dirección en todo momento.

Pero pongo lo siguiente delante de ti, la oración construye puentes, es decir crea caminos donde no los hay, pone un camino delante de ti, para que llegues a tu sanidad, ala respuesta de Dios, a tu tierra prometida, a lo que Dios tiene para ti y para mí.

Cuando tu y yo oramos por alguien, cuando extendemos nuestro corazón y levantamos nuestra oración al cielo, por alguien más, tú y yo también somos parte de construir un puente, en la vida de los demás, y atreves de nuestra oración, poner camino delante de ellos para que lleguen a su salvación, para que lleguen de donde están a la voluntad de Dios.

Tu y yo somos producto de las oraciones de la gente que vino delante de nosotros, vivimos bajo la sombra, bajo la bendición de la oración que alguien más hizo por ti y por mi y que mejor ejemplo de ello que la oración que nuestro señor Jesús, hizo por nosotros.

11» Yo no voy a seguir en el mundo, pero ellos sí van a seguir en el mundo, mientras que yo me voy para estar contigo. Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo.

Juan 17:11 DHH

Hay oraciones que se extienden a través de generaciones, siendo de bendición para muchos, y tú y yo podemos ser parte de eso, construir puentes que duren más haya de nuestro tiempo, ¡que bendición!

La biblia nos da muchos versículos donde nos insta a orar, a interceder por otros.

Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones {y} acciones de gracias por todos los hombres

1 Timoteo 2:1

¨Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos¨

Efesios 6:18

En Filipenses 4:6-7, Nos dice que no debemos preocuparnos por nada, sino en todo, mediante oración y súplica, con acción de gracias, presentar nuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Esto nos enseña que la oración nos trae paz a nosotros y por los que oramos y nos ayuda a confiar en que Dios tiene el control de todas las situaciones.

La oración también nos ayuda a alinear nuestra voluntad y cómo y por qué orar por los demás conforme a la voluntad de Dios. Leemos:

Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan 5:14-15

Cuando oramos conforme a la voluntad de Dios, podemos confiar en que él nos escucha y nos concede lo que le pedimos, de forma que podemos construir puentes en nuestra vida y la de los demás.

Orar por que lo que nuestro padre quiere, orar por que es lo que convine, orar por que la oración construye puentes.

Crónica Bíblica: Eva, Termino De La Inocencia En El Jardín Del Edén. Parte 2

Por John MacArthur

Eva no era en modo alguno inferior a su marido, pero le fue dado, no obstante, un papel que estaba subordinado a su liderazgo. ¿Subordinado, aunque igual? Sí. Las relaciones dentro de la Trinidad ilustran perfectamente cómo puede funcionar el liderazgo y la sumisión entre iguales absolutos. Cristo no es en ningún sentido inferior al Padre.

«Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Colosenses2.9); ha existido eternamente «en la forma de Dios…. [e] igual a Dios» (Filipenses 2.6); «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10.30). El apóstol Juan deja esto tan claro cómo es posible: desde la eternidad, Jesús era con Dios y Él mismo era Dios (Juan 1.1-2).

Tres personas divinas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) constituyen el verdadero Dios de la Escritura. Los tres son completamente Dios y completamente iguales aun cuando el Hijo esté subordinado al Padre Jesús dijo: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre» (Juan 5.30).

«Porque yo hago siempre lo que le agrada» (Juan 8.29). El apóstol Pablo dibujó un claro paralelo entre la sumisión voluntaria de Jesús a su Padre y la sumisión voluntaria de una esposa a su marido: «Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo» (1 Corintios11.3).

Así que, si usted se pregunta, cómo dos personas que son realmente iguales, pueden tener una relación donde uno es cabeza y el otro se somete, no necesita mirar más allá de la doctrina de la Trinidad. Dios mismo es el modelo para tal relación. La creación de Eva establece un paradigma similar para la raza humana. Aquí está la suma de esto: hombres y mujeres, aunque iguales en esencia, fueron diseñados para funciones diferentes. Las mujeres no son, en ningún sentido, intelectual o espiritualmente inferiores a los hombres, pero fueron evidentemente creadas con propósitos distintos.

En la administración de la iglesia y la familia, la Biblia dice que las mujeres deben estar subordinadas a la autoridad de los hombres. Aun cuando la Escritura reconoce esto en un sentido totalmente diferente, las mujeres son exaltadas por encima de los hombres porque son la manifestación viva y palpitante de la gloria de una raza hecha a imagen de Dios (1 Corintios 11.7).

Ese era, precisamente, el lugar de Eva después de la creación y antes de la caída. Ella estaba bajo la dirección de su marido, si bien era en muchas maneras aún más gloriosa criatura que él, apreciada y alabada por él. Eran pareja y compañeros, labradores del Jardín.

Dios estableció a Adán como cabeza de la raza humana, y a Eva como responsable ante su marido. Lejos de consignarla a una esclavitud servil, o a un estado de doméstico sometimiento, esta fórmula la liberó completamente.

Este fue el paraíso verdadero, y Adán y Eva constituían un microcosmos perfecto de la raza humana, tal como Dios lo diseñó, Pero entonces el pecado todo lo arruinó. En forma trágica, Eva fue la puerta involuntaria a través de la cual el engañador logró el acceso para atacar a Adán.

SU TENTACIÓN

Génesis 2 termina con una descripción sucinta de la inocencia en el Jardín del Edén: «Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban» (v. 25). Génesis 3 presenta entonces al tentador, una serpiente. Evidentemente, se trata de Satanás quién se manifiesta así en forma de un reptil, aunque la Biblia no identifica a esta criatura como Satanás oficialmente hasta el libro de Apocalipsis (12.9; 20.2). Satanás era un ángel que había caído en pecado.

Isaías 14.12-15 y Ezequiel 28.12-19 relatan el fin de una magnífica criatura angelical descrita como el más grande y más glorioso de todos los seres creados. Ese solo puede ser Satanás. La Escritura no nos dice exactamente cuándo se produce la caída de éste ni en qué circunstancias ocurrió. Pero debe haber sido durante los eventos descritos en Génesis 2, porque al final de Génesis 1. toda la creación, incluyendo el universo visible y el mundo espiritual, estaba completa, inmaculada e intachable. «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno en gran manera» (Génesis 1.31; énfasis del autor).

Pero luego, en Génesis 3.1. encontramos a la serpiente. La cronología del relato parece sugerir que transcurrió un tiempo muy breve entre el término de la creación, la caída de Satanás y la tentación de Eva.

Podrían haber sido solamente algunos días, o quizás unas horas. En todo caso, no debe haber pasado mucho tiempo entre una cosa y otra. Adán y Eva todavía no habían procreado, A decir verdad, ésta es indudablemente una de las razones principales por las que el tentador no perdió tiempo engañando a Eva y provocándola para hacer pecar a su marido Quería asestar un ataque a la cabeza de la raza humana antes de que ésta tuviera la oportunidad de multiplicarse.

Si podía engañar a Eva y causar la caída de Adán en ese momento, podría sabotear a toda la humanidad en un acto mortal de traición contra Dios. He aquí el relato bíblico completo de Génesis 3.1-7:.

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella.

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Satanás vino a Eva disfrazado. Esto ejemplifica la manera sutil que usó para engañarla. Se le apareció para asaltarla en forma astuta cuando no estaba acompañada por Adán. Como vaso frágil, lejos de su marido, pero cerca del árbol prohibido, no podía estar en una posición más vulnerable.

Nótese que lo que le dijo la serpiente era parcialmente cierto. Comer del fruto abriría sus ojos a la comprensión del bien y del mal. En su inocencia, Eva era susceptible a las medias verdades y a las mentiras del diablo Las palabras iniciales de la serpiente en el versículo 1 pusieron el tenor para todos sus tratos con la humanidad: «¿Conque Dios os ha dicho…?»

El escepticismo está implícito en este cuestionamiento. Este es su clásico modus operandi. Satanás cuestiona la Palabra de Dios, sugiriendo incertidumbre acerca del significado de sus declaraciones, planteando dudas sobre la veracidad de lo que Dios ha dicho, insinuando sospechas sobre los motivos que están detrás de los propósitos secretos de Dios, o expresando aprensión sobre la sabiduría de su plan. Tuerce el significado de la Palabra de Dios: «¿Conque Dios os ha dicho: no comáis de todo árbol del huerto?»

En realidad, Dios había dado la orden como una declaración positiva: «Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Génesis 2.16-17).

La serpiente puso la orden en sentido negativo («no comerán de todo árbol…»), haciendo que la expresión de generosidad auténtica sonara como mezquindad. Deliberadamente estaba debilitando la calidad y el mandato de Dios. Es posible que Eva se haya enterado de esa única restricción por medio de su marido, y no directamente de Dios. Génesis 2.16-17 señala que Dios hizo esa prohibición previa a la creación de ella, en un momento en que Adán era el único receptor.

Esto coincide perfectamente con la verdad bíblica de que Adán es el representante y la cabeza de toda la raza humana.

Dios lo responsabilizó directamente. La instrucción y protección de Eva eran su responsabilidad como cabeza de familia. Por consiguiente, cuánto más lejos estuviera ella de su lado, más expuesta estaba.

En la dicha inocente del Edén, por supuesto, Eva no tenía conciencia de que existía un peligro como ése. Incluso si (como parece que fue) la serpiente la descubrió mirando el árbol, no estaba pecando en ningún modo. Dios no le prohibió a la pareja mirar el árbol.

Contrariamente a la declaración de Eva en Génesis 3.3, Dios no les había prohibido que tocaran el árbol. Ella exagera los rigores de la restricción de Dios. Note que Satanás también minimizó la gravedad de la advertencia de Dios, suavizando el tono decidido de la certeza divina absoluta («El día que de él comieres, ciertamente morirás» [Génesis 2.17]) al lenguaje de una mera posibilidad («Para que no muráis» Génesis 3.3).

En este punto, sin embargo, ella parece más aturdida y confundida que otra cosa. No hay razón para suponer que distorsionaba los hechos a propósito. Es posible que para protegerla, para poner una valla alrededor del peligro, Adán haya aconsejado a Eva que no «tocara» el fruto prohibido.

En ningún caso, Eva estaba haciendo nada malo con solo mirarlo. De hacerlo, lo haría por curiosidad natural. Pero Satanás aprovechó la oportunidad para engañarla y de allí tentar a Adán.

La segunda vez que la serpiente habla con Eva cita incorrectamente la Palabra de Dios con el fin de causar un efecto siniestro. Esta vez contradice mecánicamente lo que Dios había dicho a Adán.

Lo que Dios le dijo a Adán fue «el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Génesis 2.17). La réplica de Satanás a Eva fue exactamente lo opuesto: «No moriréis». Luego Satanás siguió confundiendo a Eva con su versión sobre lo que les sucedería si comían: «Dios sabe que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal».

Esta era otra verdad parcial. Si Eva comía, sus ojos estarían abiertos al conocimiento del bien y del mal. En otras palabras, perdería su inocencia. Pero encerrada en esas palabras está la mayor de todas las mentiras.

Es la misma falsedad que todavía da de comer al orgullo carnal de nuestra raza caída, y que corrompe cada corazón humano; esta ficción malvada que ha dado a luz a cada una de las religiones falsas en la historia de la humanidad; el mismo error que nació de la perversidad de Satanás mismo; es, por lo tanto, la mentira que subyace en todo el universo del mal: «Seréis como Dios» (v. 5).

Comer la fruta no haría a Eva como Dios. La haría (y la hizo) más parecida al diablo: caído, corrupto, y condenado. Pero Eva fue engañada. «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría (v. 6).

Note los deseos naturales que colaboraron en la confusión de Eva: Su necesidad física (era bueno para comer); su sensibilidad estética (era agradable a los ojos) y su curiosidad intelectual (era deseable para la sabiduría).

Son todos impulsos buenos, legítimos y saludables a menos que el objeto del deseo sea pecaminoso, en cuyo caso la pasión natural pasa a ser lujuria. De eso nunca puede resultar algo bueno. Así nos dice el apóstol Juan: «Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo» (1 Juan 2.16).

Eva comió y luego le dio de comer a su marido. La Escritura no indica si Adán encontró a Eva cerca del fruto prohibido o si ella fue y lo encontró a él. De cualquier modo, por la acción de Adán, y de acuerdo a Romanos 5.12, «el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron». Esto es lo que se conoce como la doctrina del pecado original.

Es una de las doctrinas más importantes y fundamentales de la teología cristiana y, por lo tanto, digna del esfuerzo para ser comprendida en el contexto de la historia de Eva. A veces, la gente se pregunta por qué fue tan determinante para la humanidad el fracaso de Adán, y por qué la Escritura trata su desobediencia como el medio por el cual, el pecado entró en el mundo.

Porque, se argumenta, después de todo fue Eva quien comió el fruto prohibido primero; fue ella quien sucumbió a la tentación original, permitiéndose a sí misma ser atraída por un llamado de lujuria, desobedeciendo el mandato de Dios.

¿Por qué, entonces, se considera la falta de Adán el pecado original? Recuerde, antes que nada, que 1 Timoteo 2.14 dice: «Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión».

El pecado de Adán fue deliberado y voluntario en una manera diferente al de Eva. Es cierto que ella fue engañada, pero Adán escogió con pleno conocimiento participar, en una rebelión deliberada contra Dios, compartiendo la fruta que Eva le ofrecía. Hay, sin embargo, una razón aún más importante por la que el pecado de Adán, más bien que el de Eva, permitió la caída de toda la humanidad.

Y es porque en la posición única de Adán como cabeza de la familia original, y como tal líder de toda la raza humana, su autoridad tenía una importancia especial. Dios trataba con él como una especie de delegado legal que se representaba a sí mismo, a su esposa y a toda su descendencia ante Dios.

Por tanto, cuando Adán pecó, lo hizo como nuestro representante ante Dios. Cuando cayó, caímos con él. Por eso es que, precisamente, la Escritura nos enseña que nacemos pecadores (véase Génesis 8.21; Salmos 51.5; 58.3), y que compartimos la culpa y la condena de Adán (Romanos 5.18).

En otras palabras, contrariamente a lo que muchas personas asumen, no caemos desde un estado de inocencia completa al pecado individualmente, sino que Adán, que estaba actuando como un agente y apoderado de la raza humana, lanzó a toda la humanidad, de una vez, en el pecado. En las palabras de Romanos 5.19, «Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores». Todos los descendientes de Adán fueron condenados por su acción. Por eso se dice que la raza humana es culpable debido a lo que hizo Adán, y no por lo que hizo Eva. Es imposible entender el sentido de la doctrina del pecado original y aun de la Escritura como un todo si ignoramos este principio esencial.

En un contexto absolutamente determinante, aun la verdad del Evangelio depende de esta idea de autoridad representativa. La Escritura dice que la autoridad de Adán sobre la raza humana es un paralelo exacto de la dirección de Cristo sobre la raza redimida (Romanos 5.18: 1 Corintios15.22).

Del mismo modo que ese Adán, como nuestro representante, acarreó la culpabilidad sobre nosotros, Cristo quitó esa culpabilidad de su pueblo llegando a ser su autoridad y representante. Se presentó como su apoderado ante el tribunal de justicia divino y pagó el precio de su culpabilidad ante Dios. Jesús también hizo todo lo que Adán dejó de hacer, rindiendo obediencia a Dios de parte de su pueblo.

Por lo tanto, «así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos» (Romanos 5.19). En otras palabras, la justicia de Cristo es contada como nuestra, porque tomó su lugar como la autoridad representativa de todos los que confían en El. Esto es, en una palabra, el Evangelio.

No se crea, sin embargo, que porque el pecado de Eva no fue tan deliberado ni tan trascendental como el de Adán, se le puede eximir de culpabilidad. El pecado de Eva fue extremadamente pecaminoso, y sus acciones demostraron que fue plena y voluntariamente cómplice de Adán en su desobediencia. (Dicho sea de paso, en un modo similar, todos nosotros demostramos por nuestros propios actos que la doctrina del pecado original es perfectamente justa y razonable.

Nadie puede legítimamente pretender eximirse de la culpabilidad que pesa sobre la raza humana, alegando que es injusto pagar por el comportamiento de Adán.

Nuestros propios pecados demuestran nuestra complicidad con él. El pecado de Eva la sometió a la desaprobación de Dios. Perdió el paraíso del Edén y heredó en su lugar una vida de dolor y frustración. La maldición divina contra el pecado se centró en ella de un modo particular.

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