Cada persona con la quel nos encontramos desea algo, ansía algo con toda el alma, eso que es « imprescindible» para cada quien.
Todos tenemos necesidades, pero de alguna manera todos somos guiados por una necesidad distinta.
Y es aquí cuando conocer cuál es la tuya puede apoyarte para ser, buscar y mantener a una buena pareja.
Si para ti lo más importante en la vida es la búsqueda de la certeza y el control, y me refiero al control de tus propias conductas, personas que te rodean, planes y circunstancias necesitas saber qué es predecible y tener agenda, saber a qué hora vas, a qué hora vienes, cuánto ganas o cuánto gastas.
El control es el faro que guía tu vida, si logras hacer las cosas tal como las plancaste, te sentirás bien. Personas descosas de estabilidad y certeza podrían a veces parecer tan enfocadas y competitivas en lograr sus objetivos que podrías confundirlas con alguien frío e indiferente. Pero no, solo están ocupando su tiempo y su energía en el logro, porque les da seguridad y la seguridad les da poder y control. Estas personas son muy confiables y emprendedoras, pero poco afectuosas.
¿Por qué?
Porque el logro «perfecto» está primero. Y crear relaciones cálidas y cercanas consume tiempo que no están dispuestas a entregar.
Si para ti lo más importante en la vida es el cambio, lo diferente, la novedad, variar, practicar varios deportes, tener varios grupos de amigos, diversos estilos de ropa, y variedad de todo aquello que se pueda, entonces estarás siempre abierto y flexible a lo que venga, no necesitarás una agenda porque sabes Auir.
Te parece maravilloso que alguien pueda, sin complicaciones, cambiar de planes y que eso no represente un caos.
Puedes disfrutar levantarte temprano, pero no para cumplir, sino para aprovechar cada minuto del día, con tus múltiples tareas y grupos; no te cuesta hacerte notar por la frescura de tu carácter, jocosidad y hasta inteligencia para manejar grupos y reuniones. Estas personas son muy divertidas, vibrantes y enriquecedoras, pero poco confiables.
¿Por qué?
Photo by Edward Eyer
Porque la diversión y el Auir están primero. Y no van a negociar ni a convertirse en personas predecibles, que vivan con una agenda a cuestas.
Si eres una persona para quien lo más importante en la vida son las relaciones que estableces con los otros el amor, el afecto dado y recibido, evitar el conflicto a toda costa, aún a costa de ti siempre pondrás a los demás primero, tratarás por todos los medios de que quienes estén a tu alrededor estén felices o al menos a gusto.
En muchos momentos de tu vida asumirás conductas sumisas con el fin de no perder a la gente que quieres y lo peor que podría pasarte en la vida es que alguien tenga una mala impresión de ti.
La mayoría de las veces evaluarás el valor de cada persona en función de cuánto tiempo tiene en tu vida y todos los recuerdos buenos que comparten.
Por esto se te hace muy difícil terminar con una amistad, aún cuando ya no te convenga.
Estas personas suelen ser muy amorosas y generosas, pero no honestas, porque mantener contentas a la mayor cantidad posible de personas cercanas está primero, en ocasiones se mentirán a sí mismos y a otros para lograr la perfecta armonía.
Si para ti lo más relevante en la vida es ser importante el tener la razón, saber cómo se hacen las cosas y que el mundo te escuche y respete, tendrás como tarea principal en la vida estudiarlo todo, estar documentado, hacer que tus decisiones tengan un fundamento racional y lógico, para así también poder convencer a quienes tienes alrededor y ganar la importancia que necesitas.
Si perteneces a este grupo de personas, el éxito, el logro y los veinte puntos no son tan importantes como que se reconozca ese éxito.
No vas orientado a completar la tarea perfecta, sino a que alguien reconozca, te aplauda y haga buenas críticas.
Es muy común sentirnos atraídos por personas con nuestras mismas necesidades emocionales, nos reconocemos en ese punto; qué delicia ha de ser para dos hambrientos del control.
Tener que estar juntos; imaginar agendas claras, cero sorpresas, planes concretados, relaciones estables con acuerdos específicos, pero…
podría tornarse una relación aburrida, seca, mecánica y demasiado predecible.
Probablemente necesitarás Auir, el afecto y el disfrute de la importancia que los otros estilos poseen. Lo mismo para dos adictos a la variedad y al cambio, estar juntos sería una explosión de pasión, de alegría, de torrentes de endorfinas, pero…
sería como una unión de dos adolescentes irresponsables y sin reglas: demasiado inestable e impredecible. Y dos amantes del amor, de evitar conflictos, tendrán una relación idílica, de fantasía y de arrumacos constantes, en la que ambos tendrán el tanque de afecto muy lleno, pero…
extremadamente sumisa, haciendo lo que sea para mantener esa estabilidad y linealidad afectiva.
Y por último, dos amantes de la importancia vivirán la maravilla de tener a alguien que les alabe y reconozca cada acción, se sentirán en la gloria del reconocimiento y de vivir con alguien que sabe hacer las cosas corectamente, pero….
demasiada perfección junta, con demasiada necesidad de «dime que valgo».
Lo ideal es amar a alguien que pueda apoyarnos para llenar nuestra necesidad, porque nos puede enseñar algo y ser un complemento para nosotros.
Y aquí es muy importante que entiendas que si tenemos necesidades distintas y sabemos que es ideal estar en relaciones con personas con una necesidad diferente a la nuestra, podemos ir haciendo una suerte de check list cuando queremos buscar una pareja o mejorar una relación ya existente.
Por ejemplo, si para mí lo más importante en la vida es el control, cuando estoy con una persona para quien lo más importante es la variedad, tengo que permitirle llenar esa necesidad.
Si estoy con alguien y conozco su necesidad e insisto en que no la viva, no estoy siendo una buena pareja.
¿Te reconoces como alguien que ama estar en control? ¿Te gusta pisar tierra, manejar tus agendas, el dinero? ¿Te identificas como al guía que ama divertirse, disfrutar? ¿Te gusta la variedad, el cambio, eres de esas personas que prueba muchísimas cosas diferentes en la cama? ¿Te identificas como alguien que ama las relaciones, tener muchos amigos, hacer el bien y evitar el conflicto a toda costa? ¿Hay dentro de ti una persona ética?, ¿para ti es importante la importancia, ser importante?
Esta necesidad tiene que ver con la forma en que aprendemos a ganar amor desde niños.
Una persona que ama estar en control y hacer las cosas perfectas, por ejemplo, aprende a ganar amor por las cosas que hace y que hace bien escuchas que alguien es chiquito y ya escribe, suma, resta; ese niño se dice a sí mismo «cuando soy perfecto y hago las cosas bien estoy en control de todo y me quieren».
Cuando tienes a alguien que necesita la variedad en su vida, vas a oír decir que desde pequeño practicaba básquet, natación, fútbol y todo lo hacía muy bien, porque él estaba cambiando todo el tiempo, era muy enérgico.
Mientras que de aquellos que aman el amor y las buenas relaciones, escucharás decir que eran niños «tan dulces, siempre daban besos, abrazos, interferían entre los amiguitos para acabar las peleas y compartían todo lo que tenían», pues esos niños saben que de esa forma los aman, que solo siendo así reciben amor.
Y si eres de los que ama ser una guía, ser importante y hacer todo con ética, escucharás que te describirían en tu infancia como a un niño que pasó a ser el hombre de la casa, el esposo de su mamá, o la esposa de su papá, el niño al que piden consejos y los sabe dar o así luce.
Cuando entendemos que ninguna necesidad es buena o mala, que ninguna es mejor que otra, y que esa fue la forma en la que aprendimos a ganar amor de niños, dejaremos de juzgarnos y de juzgar al otro.
No puedo dañar a alguien porque aprendió a ganar amor siendo variado o haciendo arrumacos. Solo puedo respetar nuestras diferencias y aprender de ellas.
Y si el otro es una combinación muy agresiva para nosotros, lo ideal sería salir de esa relación de pareja y buscar a alguien que nos complemente mejor.
Saber cuál es la necesidad humana más importante nos acercamucho a entender al otro desde la humildad.
La tarea de todos los seres humanos es poseer un poco de esas otras necesidades que no ansiamos Ilenar.
Te invito a observar desde hoy con el corazón abierto qué necesitas y qué necesita tu pareja desde el punto de vista emocional,
Te invito a descubrir quién eres y a aprender acerca de este niño o niña que aún vive dentro de ti. Aceptar que somos distintos es necesario.
ENTRE LINEAS
Photo by Ivan Samkov
4 años : Mi papá puede hacer de todo.
5 años : Mi papá sabe un montón de cosas.
8 años : Mi papá no lo sabe todo.
12 años : Oh, bueno, mi padre no sabe nada de eso.
14 años : No le hagas caso a mi papá
¡Es tan anticuado!
21 años : ¿Él? Por favor, está fuera de onda, no sabe.
25 años : Papá puede saber un poco de eso, pero de otra manera, ya tiene sus años.
30 años : No voy a hacer nada hasta hablarlo con papá.
40 años : Me pregunto cómo habría manejado esto papá.
50 años : Daría cualquier cosa por que papá estuviera aquí para poder hablar esto con él.
Lástima que no valoré su conocimiento, podría haber aprendido mucho de él.
Recuerda que papá sólo una vez lo vives.
Créditos al Autor
¡ Hola Bienvenido !
Roberta Sánchez Smith.
Te invito a leer otro artículo mío con el artículo:
Actualmente se ha confundido el propósito de Dios de vivir bajo autoridad y nos hemos ido a los extremos. Algunos ejercen autoritarismo y otros no ejercen ningún tipo de autoridad.
Dios nos llama a vivir bajo autoridad: Él es nuestra autoridad y ha investido de autoridad a personas dentro de las instituciones que ha establecido, como son: La familia, iglesia, estado, etc.
Los padres debemos ejercer esa autoridad con los hijos sin temor, porque lo hacemos como un agente de Dios, y es por eso por lo que debemos dirigirlos en nombre de Él y para bien de ellos.
Es muy importante encontrar el equilibrio en ser débiles y autoritarios. Dios nos llama a ejercer autoridad, no a lograr que tus hijos hagan lo que tú quieras por capricho.
El propósito de la autoridad en la vida de nuestros hijos, no consiste en mantenerlos bajo nuestro poder, sino en fortalecerlos para que tengan dominio propio al vivir libremente bajo la autoridad de Dios.
Como padres debemos ejercer autoridad, demandar obediencia, porque Dios los llama a obedecerle y honrarle. No como el jefe a esclavos, sino como alguien que verdaderamente los ama.
Photo by Ron Lach
“Los niños por lo general no se revelan contra la autoridad que es verdaderamente bondadosa y abnegada”
T. Tripp
El padre debe ser guía y ayudar al niño a entenderse a sí mismo y al mundo en el que vive; guiar al niño a que entienda no sólo de sus actos, sino el por qué. Esto no sólo se puede hacer mediante la instrucción, sino por el cuidado.
Se le debe ayudar, incluso, en sus pensamientos; ayudarle a aprender con sabiduría y discernimiento.
No sólo corrigiendo conducta, sino cuidando su corazón; que involucra sus pensamientos, sus emociones; que lo llevarán a elegir y a tomar decisiones.
Importante cuidar de manera tan cercana y estrecha, hasta que él descubra el significado y el propósito de su vida.
Los valores se aprenden.
“El que anda con sabios, sabio se vuelve”
Proverbios 13:20
Debemos ser padres sabios, guiarlos a vivir una vida de integridad hacia Dios y los demás. Cuidar su corazón, porque este dirige el rumbo de su vida
23Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
Proverbios 4:23
No sólo necesitamos dirigir la conducta de nuestros hijos, sino las actitudes de su corazón. Mostrarles no sólo el “qué” de sus errores, sino el “por qué”.
No sólo el “qué” externo de lo que hicieron mal sino el “por qué” interno de lo que hicieron. Que los motivó a hacer eso, y las consecuencias que esto puede provocar en su vida.
No sólo demos normas con autoritarismo, seamos sensibles en conocer lo que sucede en el interior de sus corazones; que está provocando esa conducta.
Ejerzamos autoridad sabia con respeto, amabilidad, atención y cuidado.
Oración
Photo by Criativithy
Padre celestial, quiero ofrecerte cada una de mis acciones del día de hoy y hoy quiero poner en tus manos el mes de noviembre que está empezando.
Permíteme reconocer que cada nuevo día es un hermoso regalo que llega cargado de oportunidades y dame la sabiduría para aprovechar cada instante.
Por favor recuérdame que la fe y el pensamiento tienen poder y que si siembro mis semillas hoy y las cuido con felicidad y buena actitud, muy pronto habré de tener una hermosa cosecha.
Amado Dios, en tus benditas manos encomiendo mi vida, la vida de mis seres queridos y te pido que nos llenes de tu gozo, de tu paz, de tu amor y de tu misericordia.
Por favor, que nunca nos falte el pan de cada día, conviértenos en un instrumento de tu paz y permítenos avanzar por sendas de dicha y prosperidad, porque solo Tú eres grande y solo Tú eres todo poderoso,
En el peor de los casos, las mujeres que amamos somos adictas a las relaciones, «hombreadictas» intoxicadas de dolor, miedo y anhelo.
Como si eso no fuera suficiente, es posible que los hombres no sean lo único a lo que estamos «enganchadas». A fin de bloquear nuestros sentimientos más profundos de la niñez, algunas también hemos desarrollado dependencias de sustancias adictivas.
En nuestra juventud o, más tarde, en la adultez, quizás hemos comenzado a abusar del alcohol o de otras drogas o, lo que es más típico en las mujeres que amamos demasiado, de la comida. Hemos comido en exceso o escasamente, o ambas cosas, para olvidar la realidad, para distraernos, y para insensibilizamos al vasto vacío emocional que hay en lo profundo de nuestro ser.
No todas las mujeres que aman también comen demasiado o beben demasiado o abusan de las drogas, pero para aquéllas que sí lo hacemos, nuestra recuperación de la adicción a las relaciones debe ir de la mano de nuestra recuperación de la adicción a la sustancia de la que abusamos.
He aquí la razón: cuanto más dependemos del alcohol, las drogas o la comida, más culpa, vergüenza, miedo y odio por nosotras mismas sentimos.
Cada vez más solas y aisladas, es posible que nos desesperemos por el consuelo que parece prometer una relación con un hombre.
Como nos sentimos pésimamente con nosotras mismas, queremos un hombre que nos haga sentir mejor.
Como no podemos queremos, necesitamos que él nos convenza de que somos dignas de ser amadas. Incluso nos decimos que con el hombre adecuado no necesitaremos tanta comida, tanto alcohol o tantas drogas.
Utilizamos las relaciones de la misma manera en que utilizamos nuestra sustancia adictiva: para alejar el dolor.
Cuando una relación nos falla, recurrimos con mayor frenesí a la sustancia de la que hemos abusado, nuevamente en busca de alivio. Se crea un círculo vicioso cuando la dependencia física con respecto a una sustancia se ve exacerbada por la tensión de una relación dañina, y los sentimientos caóticos engendrados por la adicción física intensifican la dependencia emocional con respecto a una relación. Utilizamos el hecho de estar sin un hombre o de estar con un hombre inapropiado para explicar y excusar nuestra adicción física.
A la inversa, nuestro uso continuo de la sustancia adictiva nos permite tolerar nuestra relación dañina insensibilizándonos al dolor y quitándonos la motivación necesaria para cambiar. Culpamos a una por la otra. Utilizamos una para enfrentar la otra y cada vez nos volvemos más dependientes de ambas.
Photo by Criativithy
Mientras estamos empeñadas en huir de nosotras mismas y evitar nuestro dolor, seguimos enfermas. Cuanto más tratamos y cuantas más vías de escape buscamos, más nos enfermamos al combinar adicciones con obsesiones.
A la larga descubrimos que nuestras soluciones se han convertido en nuestros problemas más graves.
Al necesitar mucho alivio y no encontrarlo, a veces podemos empezar a enloquecer un poco.
Mantenerte sana se se tiene que convertir en tu primera prioridad, pude ser que por lo difícil que es ese desafío y por la poca habilidad que posees tal ves para ello.
El hecho de llenar tu vida con un trabajo agradable, además de nuevas amistades e intereses, sea un proceso lento, paso por paso. es difícil encontrar el camino, el hecho de ser feliz, estar cómoda y en paz, teniendo que evitar rigurosamente el crear problemas que te permitirían sentir aquella locura ya conocida, busca una ayuda profesional que te ayude a entender y que te guie a tu sanidad.
Photo by Ayyub Jauro
Fin del mes de la prevención del suicidio.
María tuvo una infancia feliz. Jugaba en la calle con sus vecinos, iba a la escuela cerca de su casa y sus padres la adoraban.
Era la primera de una camada de cuatro hermanos María a los 22 años estudiaba derecho y la carrera le costaba mas de lo que ella pensó.
Se esforzaba por rendir pero las cosas no iban tan bien. Conoció a Juan en la facultad, se enamoró perdidamente y fue su primer hombre.
El la dejó de un día para el otro por su mejor amiga. Su gente trataban de animarla pero ella estaba escondida adentro de ella.
No tenía ganas de nada y su futuro lentamente empezó a no parecerle tan interesante.
Reprobó las materias que estaba cursando y a pesar de que sus padres la contenían, se sentía un fracaso.
El dolor psíquico que había comenzado como una leve angustia, se acrecentó a niveles insoportables.
María sonreía hacía afuera y hacía adentro, moría de a poco. Ese día le hizo la leche a su hermano menor sonriendo con tristeza lo abrazo profundamente.
Esperó a que la casa estuviera en silencio y dijo BASTA.
Murió a los 23 años. Esta es solo una historia corta y que desde ya no aborda la complejidad de la problemática del suicidio.
Pero ojalá sirva para recordarnos que debemos.
Y por lo mismo comprender que cada uno de nosotros puede hacer algo para evitarlo.
La Biblia no es un libro de sugerencias, sino de mandamientos. La obediencia a los mandamientos de Dios, es la clave para una vida feliz y de éxito.
¿Cuál es el gran mandamiento?
(Mat. 22:36-38) Si este es el “Gran Mandamiento”, tengo especialmente que obedecerlo. Muchos nos preguntaremos, ¿cómo puedo lograrlo? Es a través de la Biblia como conocemos a Dios.
El mundo tratará de evitar que los padres tomen su lugar como Dios lo planeó. Satanás ha orquestado todo un plan en contra de la familia. Nos ha hecho pensar que debemos buscar en los bienes materiales, llenar nuestras vidas y encontrar seguridad en lo económico; descuidando así a la familia.
Es importante que tanto el hombre como la mujer tomen su lugar de acuerdo al plan de Dios. Cuando recibimos la enseñanza de Dios, nos damos cuenta qué es necesario cambiar en aquellas áreas de nuestra vida, donde estamos equivocados.
Cuando tomamos nuestro lugar dentro del matrimonio, se vive en equilibrio, y los hijos también vivirán en equilibrio. En ocasiones, no entendemos, ni obedecemos lo que Dios planeó. El depender de Dios, y el obedecerle, nos abrirá las puertas del entendimiento.
Definitivamente, a los padres nos tocó enseñar.
Papá y mamá, enseñan a través de sus vidas; a través de sus valores, de sus objetivos, ¡y de su ejemplo!
La promesa de Dios, es la de proveernos y cubrir nuestras necesidades. La enseñanza de mamá era clara: del cielo caerá el alimento, aunque las circunstancias que te rodeen, no sean las propicias.
Hay quien le dedica más de 10 horas al trabajo, evitando así, llegar a casa temprano, y evitando la responsabilidad de amar, guiar y pasar tiempo con los hijos. Dios estableció un orden, y el respetarlo debe ser lo más importante dentro del matrimonio.
Dios en primer lugar, después, la pareja; luego los hijos, y al final, todo lo demás.
Photo by Noelle Otto
Al decidir colocar a Dios en primer lugar, hará que Él mismo se encargue de darle el lugar de importancia y correcto a todo lo demás. Quien hace esto, tendrá la gracia para llevar a cabo cada una de sus funciones con éxito, porque la gracia será el resultado de esta decisión.
Nuestros hijos no son el propósito del matrimonio, son la consecuencia.
La primera responsabilidad de los padres, es “amar a los hijos”. Satisfacer las necesidades de amor de los hijos, proporcionar afecto físico (abrazarlos, besarlos).
La segunda responsabilidad es “enseñarlos”. Enseñarles de todo; a caminar, comer, hablar, andar en bicicleta, a amar a Dios, etc.
La tercera responsabilidad es “corregirlos”. Esto no debe ser delegado sólo a mamá; esto es un error; ambos deben participar en la corrección de los hijos. Si no corregimos a nuestros hijos, no los estamos amando.
La corrección y los castigos se dan como resultado de una acción equivocada, y con amor, les enseñamos a través de la disciplina que hay consecuencias.
Enseñar, no es tarea fácil; implica trabajo, constancia, tiempo y sacrificio. La instrucción divina, es la de amar y disciplinar a nuestros hijos. (Efe. 6:4 y Col. 3:21)
Enseñar, implica “ejemplo”. La enseñanza requiere que los padres demos el ejemplo. No podemos enseñar lo que no vivimos. Nuestros hijos necesitan aprender a vivir, necesitan disciplina, autocontrol, carácter.
¿Cómo saber cuáles son las actitudes que pueden destruir sus vidas?
La palabra de Dios nos mostrará lo que debe ser corregido en sus vidas. Qué corregir, cómo corregir, en qué aspectos corregir. Dios nos lo mostrará.
Los mejores años para disciplinar a tus hijos es de 0 a 5 años. De 0 a 1 año, es el mejor tiempo. De 1 a 5 años, tenemos la oportunidad de formarlos. De 5 años en adelante, el niño ya está formado.
15La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él.
Proverbios 22:15
Habla de la necedad que traen nuestros hijos por naturaleza; y
17Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma.
Proverbios 29:17
es un mandamiento de Dios para corregir a tu hijo; obteniendo con esto, descanso y alegría.
La corrección va a provocar, autocontrol y disciplina.
6Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Poverbios 22:6
Instruir al niño en el camino en el que debe andar. Los hijos crecerán y permanecerán si los instruimos en el camino en el que deben andar. Instruir, excluye cualquier cosa que se oponga a la Biblia.
27Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas Que te hacen divagar de las razones de sabiduría.
Proverbio 19:27
A pesar de ser creyentes, traemos muchas cosas equivocadas en la cabeza. Hemos sido educados bajo el humanismo; y nuestra generación, ha sido afectada, engañada y saqueada.
8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
Filipenses 4:8
Nos muestra qué es lo que demos enseñar a nuestros hijos, todo lo bueno, todo lo honesto, todo lo puro, todo lo verdadero, todo lo amable, todo lo de buen nombre. Esto dará como resultado, vidas valiosas, que andarán en el camino correcto.
Al educar a nuestros hijos conforme a la Palabra de Dios, va implicar un costo: NUESTRA VIDA.
Pudiera parecer costoso, pero en realidad, sería costoso no obedecer.
No menosprecies la Palabra de Dios, en ella encontramos el manual de Dios. Le proveyó al hombre, para que, al obedecerle, sacara el máximo provecho.
Un hijo, es un acto de confianza de Dios al ponerlo en nuestras manos. Nosotros debemos entender el plan de Dios respecto a ese hijo, y enseñarlo, y guiarlo a cumplir ese plan.
Dios tiene un plan maravilloso y eterno. Educar a nuestros hijos bajo los principios cristianos no es una alternativa, tampoco es un lujo, ni siquiera algo bueno; es la Ley de Dios; la Ley que Él nos ordenó cumplir. Es el gran mandamiento de Dios.
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ORACIÓN
Que este día sea de bendición para los míos y para mí, que podamos entender que el amor tiene que hacerse presente en acciones, palabras y detalles.
Bendice todo mi esfuerzo por ser mejor cada día. Sabes que soy tuyo y que quiero vivir en felicidad.
Te alabo y te bendigo, a Ti acudo buscando Tu amor en este momento.
Gracias porque siempre me escuchas y estás a mi lado, a pesar de mis constantes abandonos,
Tú nunca me dejas y eres siempre fiel. Te amo y confío en Ti.
4Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. 5Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Salmo 139:4-5
Pablo sugirió que todos estos eventos habían sido orquestados por una buena razón de la Divina Providencia:
”Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor» (vv. 15-16, énfasis añadido).
Sin lugar a dudas, es difícil no ver la mano de Dios en la historia de Onésimo. La providencia dispuso todos los detalles para que se encontrara con Pablo en un lugar tan distante de Colosas. La gracia divina le atrajo hacia Cristo y transformó su vida y actitud por completo.
Y ahora bajo la guía del Espíritu Santo, Onésimo estaba regresando
para procurar reconciliarse con el amo a quien había defraudado. En
medio de todo aquello, el apóstol Pablo ganó a un amigo y afectuoso
siervo, sin mencionar el ánimo y la ayuda que recibió de Onésimo. Y
ahora Filemón estaba recuperando a su siervo, después de haberlo
prestado sin proponérselo a un querido amigo a quien anhelaba ayudar y servir, pero imposibilitado humanamente para hacerlo.
¡Sólo Dios! podía extraer tanto bien de un acto propio de la pecaminosidad humana! (cp. con Gn. 50:20; Ro. 8:28).
Pablo le pidió a Filemón no solamente que aceptara a Onésimo, sino también que lo restableciera. Más que simplemente colocarlo de nuevo en su antigua posición como esclavo, Pablo le pidió a Filemón que lo recibiera «no ya como esclavo, sino como más que un esclavo, como hermano amado» (v. 16).
Algunos han mal interpretado esta expresión, infiriendo que Pablo estaba solicitando la emancipación de Onésimo. Pero no hay ninguna razón para leer tal conclusión en la petición de Pablo. Como notamos anteriormente, los apóstoles no consideraban la gran comisión de nuestro Señor como una campana para liberar esclavos. En otra parte Pablo escribió:
Cada uno en el estado en que fue llamado, en el se quede. Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. – 1 Co. 7:20-22
No obstante, Pablo alentó a Filemón para que no recibiera a Onésimo como un simple esclavo, sino también como un hermano en Cristo. Pablo, quien estaba familiarizado con el compromiso de Onésimo con Cristo, sabía que el esclavo sería una valiosa fuente de gozo, ánimo y compañerismo para Filemón.
Costo
Bien sea que Filemón haya perdonado la deuda o no, Pablo estaba tan comprometido con ver cumplida esa reconciliación, que reiteró su promesa de pagar la deuda.
A fin de hacer de su oferta algo así como un contrato oficial, él firmó la promesa escribiendo de su puño y letra: «Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré» (v. 19). Normalmente Pablo dictaba sus cartas, y para asegurar su autenticidad, a menudo escribía un breve saludo de al final con su propia mano (véase Col. 4:18; 2 Ts. 3:17).
En este caso, la tradición de la iglesia primitiva dice que Onésimo fue quien actuó como amanuense de Pablo.
Entonces Pablo terminó dramáticamente la carta escribiendo: «Te lo debo». Así recalcó su gran deseo de reconciliación entre estos dos hermanos, y selló formalmente su promesa a Filemón con una garantía contractual de obligatorio cumplimiento.
Onésimo no tenía medios para pagar la deuda por sí mismo. Era un simple esclavo, para empezar. Además, desde su conversión en Roma, parece que estaba dedicado al servicio del apóstol Pablo (cp. W.11-13; Col. 4:9), y eso significaba que probablemente no había conseguido ninguna clase de trabajo remunerado.
Es muy posible que Pablo, por el otro lado, tuviera suficientes recursos económicos para pagar la deuda, gracias a que la iglesia de los filipenses había sido tan generosa con él en su tiempo de necesidad (p. Fil. 4:14-18).
No obstante, casi que usando una indirecta, Pablo le recordó a Filemón que él mismo le debía a Pablo una deuda impagable: «Por no decirte que aun tú mismo te me debes también» (v. 19).
Con todo derecho, si Filemón cargaba la deuda de Onésimo a la cuenta de Pablo, la deuda quedaría automáticamente cancelada porque Filemón tenía con Pablo una deuda muchísimo mayor. La deuda de Onésimo a Filemón podía medirse con cifras numéricas; la deuda de Filemón a Pablo era una obligación eterna y espiritual. Después de todo, Pablo era quien lo había llevado a conocer a Cristo. Esa era una deuda incalculable que Filemón jamás podría pagar.
Esta es una perspectiva que todo cristiano debería tener. Todos nosotros debemos nuestra misma existencia a la inmensurable gracia de Dios. Esa es una deuda que no podemos esperar ser capaces de pagar algún día. En ningún momento se justifica que le neguemos la gracia a los demás. Si nuestras ofensas eternas contra Dios han sido pagadas por Cristo,
¿acaso no podemos llevar sobre nuestros hombros la carga de una ofensa temporal que otra persona haya cometido contra nosotros? Este principio es el mensaje que Jesús quiere transmitir con la parábola sobre el siervo que no quería perdonar.
No hay ninguna duda de que el perdón cuesta mucho, y este episodio ilustra ese hecho. Pero el perdón más costoso de todos fue comprado con el sacrificio expiatorio de Jesucristo, y los que se benefician de ese gran regalo tienen todas las razones necesarias para perdonar a otros, a pesar del costo que ello implique. Cualquier ofensa que se haya cometido contra nosotros no es nada en comparación, sin importar cuán grande pueda parecer esa ofensa según los estándares humanos.
El resultado
¿Perdonó Filemón a Onésimo? Aunque las Escrituras no registran especificamente en qué terminó el incidente, hay varias razones para suponer que la respuesta de Filemón había sido conforme a todo lo que Pablo había esperado.
Por un lado, la epístola de Pablo llegó a estar incluida en el canon del Nuevo Testamento. Después de todo, ésta era una carta privada dirigida a Filemón, y es muy poco probable que él hubiera permitido que circulara entre las iglesias si él hubiera decidido rechazar la propuesta de Pablo.
Además, si Filemón era el hombre de carácter que Pablo representa, es impensable que hubiera desdeñado el consejo de Pablo. (Si él no fuera el hombre amoroso y piadoso que Pablo describió, entonces tendríamos un problema con la confiabilidad de las Escrituras.) Además, si Filemón no hubiera perdonado a Onésimo, es bastante improbable que la iglesia primitiva hubiese recibido la epístola en el canon sin que alguien protestara. Así que la misma presencia de esta epístola en el canon es una fuerte evidencia de que Filemón hizo lo que Pablo le solicitó.
Los registros históricos dicen que Pablo fue soltado de la prisión tal como lo esperaba (v.22). Sabemos que él viajo bastante en los años restantes de su vida, y si pudo cumplir sus planes, entonces habría regresado a Colosas para ver con sus propios ojos qué tan bien se habrían reconciliado mutuamente sus dos hijos en la fe.
Unas décadas más tarde, poco tiempo después de finalizado el primer siglo, Ignacio, uno de los primeros padres de la iglesia, escribió tres epistolas a la iglesia en Efeso. Las primeras dos de esas epístolas se refieren al pastor de Éfeso como «Onésimo, un hombre de amor indescriptible».
Es imposible decir si se trataba o no del mismo Onésimo.
Si es así, para entonces habría sido un hombre anciano, de por lo menos setenta años. Si era un otro Onésimo más joven, puede haber sido alguien nombrado en honor del viejo esclavo que había sido tan útil para el apóstol Pablo.
Solamente en el cielo se revelará toda la verdad sobre el final de la historia. Y allí vamos a aprender, estoy seguro, que los frutos de un simple acto de perdón tienen un alcance inimaginable. En este caso, mucho antes de que Filemón perdonara, ya estaban sembradas las semillas para una abundante cosecha de fruto espiritual, porque la breve carta de apelación de Pablo a Filemón llegó a estar en el Nuevo Testamento, donde continua retándonos a todos nosotros para que perdonemos a los demás como Cristo nos perdonó. Y para Pablo y Filemón y Onésimo, la reconciliación de esta relación rota habría sido uno de esos momentos sublimes cuando todos salen triunfantes:
Pablo porque tuvo parte en el gozo de reconciliar a dos queridos amigos suyos, Onésimo porque le fue perdonada una deuda impagable, y Filemón porque recibió las bendiciones eternas que vienen sobre aquel que perdona.
INDICE DE CRÓNICAS BÍBLICAS
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A leer Crónicas Bíblicas
Recogiendo una historia de los textos Bíblicos, narrado por Teólogos reconocidos narrada de una manera amena, apegada a la verdad con una doctrina sana. te dejo el enlace para que puedas leer estas diferentes historias no te la puedes perder.
La vida para nadie es fácil, muchas personas cargan con tristezas, malos sabores de boca, tantas incertidumbres, preocupaciones, tantas cosas que hacen que la gente se pierda de si misma.
Muchos en sus oraciones piden economía, que sean bendecidos que no les falte el trabajo etc. ¿pero cuando se le agradece a Dios por la vida que el nos da? no está mal pedirle a Dios bendición.
Sino por el contrario, ¡¡Dios es nuestro padre y el prometió que supliría todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria !!
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Filipenses 4:19 RVR1960
¡ No es malo ser bendecido por Dios !
Dios desea que seamos prosperados y no solo en la economía.
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.
3 Juan 1:2 RVER 1960
¡ En todo Dios quiere que seamos prósperos !
¿Entonces que es lo malo ?
Que no sabemos pedir…
Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Santiago 4:3 RVR1960
Photo by Polina Tankilevitch
Cómo hijos de Dios que somos debemos aprender a tener una buena relación con Dios, aprender a esperar el tiempo de Dios, quizás es difícil, pero amigo y querido lector, déjame decirte que Dios todo lo tiene bajo control, nada es antes y nada es después, quizás llevas tiempo esperando alguna respuesta, y puedas pensar y decir dentro de ti, Dios no me oye, ya se olvidó de mi, pero creeme que eso no es verdad, Dios siempre nos está cuidando y el desea que tú y yo seamos bendecidos.
Enséñame …
Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, Y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.
Salmo 119:33 RVR1960
Aquí la respuesta, si le pedimos a Dios que nos enseñe, que nos de entendimiento, ¡Él lo hará!
El rey Salomón en su tiempo le pidió sabiduría a Dios, y hasta el día de hoy ha sido la persona más sabía y rica de la tierra, después de Nuestro Amado Señor Jesús.
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.
Proverbios 1:7 RVR1960
Entonces debemos pedir sabiduría a Dios, y decirle que nos enseñe y nos cambie y quite cosas de nuestras vidas que nos estorban. y así poder tener una vida llena de bendiciones en todo.
Enséñame … más amor, más empatía, más humanidad, y más corazones sensibles y prestos a la voz de Dios.
Y si estás pasando una necesidad, Dios tiene el control de todo, ¡ y al que creé todo le es posible !
te dejo estás palabras para que las analices, y para que veas que Dios no se olvida de nadie. sino que Él desea es que seamos prosperados. ¡¡Bendiciones!!
SECCIÓN DE NOTICIAS
DEVOCIONAL
Uno de mis pasatiempos favoritos es confeccionar colchas, así que una amiga me dio un rompecabezas con imágenes de colchas.
Mientras ordenaba las piezas, encontré una pieza que tenía una forma tan extraña y un color tan peculiar, que pensé pertenecía a otro rompecabezas y que, por error, habían puesto la pieza en la caja. Puse la pieza a un lado y trabajé diligentemente en el rompecabezas, solo para descubrir que faltaba una pieza. Para mi sorpresa, la pieza que había apartado encajaba a la perfección y completaba el precioso cuadro.
Esto me hizo pensar en la voluntad de Dios para nosotros.
Al igual que la pieza extraña del rompecabezas, podemos sentir que no encajamos con quienes nos rodean.
No entendemos por qué Dios no cambia nuestra situación actual. Pero, así como esa pieza encaja perfectamente en el rompecabezas, nosotros encajamos perfectamente en el plan de Dios. Dios ve el cuadro completo mientras que nosotros podemos ver solo nuestra situación. Nos toca a nosotros permanecer fieles, sabiendo que nuestras vidas encajarán perfectamente en el plan maestro de Dios.
ORACIÓN DE HOY
Dios del cielo y de la tierra, ayúdanos a permanecer fieles a ti a pesar de cómo percibamos nuestras circunstancias. Gracias por tu Hijo quien nos da esperanza.
Entonces, ¿cuál es la intención de La Bella y la Bestia? La aceptación. La aceptación es la antítesis de la negación y el control.
Es la voluntad de reconocer cuál es la realidad y dejarla tal como es, sin necesidad de modificarla.
En eso radica una felicidad que surge no de la manipulación de la gente o de las condiciones externas, sino del desarrollo de la paz interior, aun frente a los desafíos y dificultades.
Recuerde que, en el cuento de hadas, la Bella no tenía necesidad de que la Bestia cambiara.
Ella lo veía con realismo, lo aceptaba tal como era y lo apreciaba por sus buenas cualidades.
No trataba de convertir a un monstruo en un príncipe.
No decía: «Seré feliz cuando él ya no sea un animal.» No le tenía lástima por lo que era ni trataba de cambiarlo.
Y allí radica la lección. Debido a su actitud de aceptación, la Bestia fue liberada para convertirse en su verdadero yo.
El hecho de que su verdadero yo resultara ser un apuesto príncipe (y una pareja perfecta para la Bella) demuestra simbólicamente que ella fue recompensada con creces por practicar la aceptación. Su recompensa fue una existencia rica y plena, representada por su vida feliz por siempre jamás con el príncipe.
La verdadera aceptación de un individuo tal como es, sin tratar de cambiarlo mediante el aliento, la manipulación o la coacción, es una forma muy elevada del amor y, para la mayoría de nosotros, resulta muy difícil de practicar.
En el fondo de todos nuestros esfuerzos para cambiar a alguien hay un motivo básicamente egoísta, una creencia de que a través de ese cambio seremos felices.
No hay nada malo en desear ser felices, pero colocar la fuente de esa felicidad fuera de nosotros mismos, en las manos de otra persona, significa que evitamos nuestra capacidad y nuestra responsabilidad de modificar nuestra propia vida para bien.
Resulta irónico, pero esta misma práctica de la aceptación es lo que permite a otra persona cambiar si así lo desea.
Analicemos cómo funciona esto. Si la pareja de una mujer tiene un problema de adicción al trabajo, por ejemplo, y ella se queja y discute con él por las largas horas que pasa fuera de casa, ¿cuál es el resultado habitual?
El pasa el mismo tiempo o más lejos de ella, pues se siente justificado a hacerlo a fin de escapar de esos lamentos sin fin. En otras palabras, al regañar, quejarse y tratar de cambiarlo, ella en realidad le hace creer que el problema entre ellos no es su adicción al trabajo sino la forma en que ella lo fastidia; y, en efecto, su compulsión de cambiarlo puede llegar a ser un factor tan importante para la distancia emocional entre ellos como la compulsión de él al trabajo.
En sus esfuerzos por obligarlo a estar más cerca de ella, en realidad lo aleja más aun.
La adicción al trabajo es una alteración grave, como lo son todas las conductas compulsivas.
Sirve a un propósito en la vida de su esposo; éste puede ser protegerlo de la cercanía y la intimidad que él teme e impedir que surjan diversas emociones incómodas para él, principalmente la ansiedad y la desesperación.
(La adicción al trabajo es una de las maneras de evitarse a sí mismos que emplean con frecuencia los hombres que provienen de familias disfuncionales, tal como amar demasiado es uno de los principales medios de prevención utilizados por las mujeres provenientes de ese tipo de familias.)
El precio que ese hombre paga por esta prevención es una existencia unidimensional que le impide disfrutar gran parte de lo que ofrece la vida. Pero solamente él puede decidir si el precio es demasiado alto, y sólo él puede elegir tomar las medidas necesarias y correr los riesgos que se requieren para que él cambie. La tarea de su esposa no es enderezar la vida de su marido sino realzar la propia.
La mayoría de nosotros tenemos la capacidad de ser mucho más felices y plenos como individuos de lo que creemos.
A menudo, no reclamamos esa felicidad porque creemos que el comportamiento de otra persona nos lo impide.
Ignoramos nuestra obligación de desarrollamos mientras planeamos, maniobramos y manipulamos para cambiar a otro, y nos enfadamos, nos desalentamos y nos deprimimos cuando nuestros esfuerzos fracasan.
El intentar cambiar a otra persona es frustrante y deprimente, pero el ejercer el poder que tenemos para cambiar nuestra propia vida es vivificante.
Para que la esposa de un adicto al trabajo esté libre para vivir una vida plena, haga lo que haga su esposo, debe llegar a creer que el problema de él no es el suyo, y que no está en su poder ni es su deber ni su derecho cambiarlo.
Debe aprender a respetar el derecho que tiene él de ser quien es, aun cuando ella desee que sea distinto.
Al hacerlo, ella quedará libre: libre de resentimiento por la inaccesibilidad de él, libre de culpa por no ser capaz de cambiarlo, libre de la carga de tratar incansablemente de cambiar lo que no puede. Con menos resentimiento y culpa es probable que ella empiece a sentir más afecto hacia él por las cualidades que sí aprecia.
Cuando ella deje de tratar de cambiarlo y reencauce su energía al desarrollo de sus propios intereses, experimentará cierto grado de felicidad y satisfacción, sin importar lo que él haga.
A la larga ella quizá descubra que sus objetivos son suficientemente gratificantes y que puede disfrutar una vida plena y satisfactoria sola, sin mucha compañía de su esposo.
O bien, a medida que se vuelva cada vez menos dependiente de él para su felicidad, ella puede decidir que su compromiso con un hombre ausente no tiene sentido y puede decidir proseguir su vida sin el constreñimiento de un matrimonio insatisfactorio.
Ninguno de estos dos caminos es posible mientras ella necesite que él cambie para ser feliz.
Hasta que lo acepte tal como es, estará congelada en animación suspendida, esperando que él cambie para poder empezar a vivir su vida.
La adicción al trabajo es una alteración grave, como lo son todas las conductas compulsivas. Sirve a un propósito en la vida de su esposo; éste puede ser protegerlo de la cercanía y la intimidad que él teme e impedir que surjan diversas emociones incómodas para él, principalmente la ansiedad y la desesperación.
(La adicción al trabajo es una de las maneras de evitarse a sí mismos que emplean con frecuencia los hombres que provienen de familias disfuncionales, tal como amar demasiado es uno de los principales medios de prevención utilizados por las mujeres provenientes de ese tipo de familias.)
El precio que ese hombre paga por esta prevención es una existencia unidimensional que le impide disfrutar gran parte de lo que ofrece la vida. Pero solamente él puede decidir si el precio es demasiado
alto, y sólo él puede elegir tomar las medidas necesarias y correr los riesgos que se requieren para que él cambie. La tarea de su esposa no es enderezar la vida de su marido sino realzar la propia.
La mayoría de nosotros tenemos la capacidad de ser mucho más felices y plenos como individuos de lo que creemos.
A menudo, no reclamamos esa felicidad porque creemos que el comportamiento de otra persona nos lo impide. Ignoramos nuestra obligación de desarrollamos mientras planeamos, maniobramos y manipulamos para cambiar a otro, y nos enfadamos, nos desalentamos y nos deprimimos cuando nuestros esfuerzos fracasan.
El intentar cambiar a otra persona es frustrante y deprimente, pero el ejercer el poder que tenemos para cambiar nuestra propia vida es vivificante.
Para que la esposa de un adicto al trabajo esté libre para vivir una vida plena, haga lo que haga su esposo, debe llegar a creer que el problema de él no es el suyo, y que no está en su poder ni es su deber ni su derecho cambiarlo.
Debe aprender a respetar el derecho que tiene él de ser quien es, aun cuando ella desee que sea distinto.
Al hacerlo, ella quedará libre: libre de resentimiento por la inaccesibilidad de él, libre de culpa por no ser capaz de cambiarlo, libre de la carga de tratar incansablemente de cambiar lo que no puede.
Con menos resentimiento y culpa es probable que ella empiece a sentir más afecto hacia él por las cualidades que sí aprecia.
Cuando ella deje de tratar de cambiarlo y reencauce su energía al desarrollo de sus propios intereses, experimentará cierto grado de felicidad y satisfacción, sin importar lo que él haga.
A la larga ella quizá descubra que sus objetivos son suficientemente gratificantes y que puede disfrutar una vida plena y satisfactoria sola, sin mucha compañía de su esposo.
O bien, a medida que se vuelva cada vez menos dependiente de él para su felicidad, ella puede decidir que su compromiso con un hombre ausente no tiene sentido y puede decidir proseguir su vida sin el constreñimiento de un matrimonio insatisfactorio.
Ninguno de estos dos caminos es posible mientras ella necesite que él cambie para ser feliz.
Hasta que lo acepte tal como es, estará congelada en animación suspendida, esperando que él cambie para poder empezar a vivir su vida.
Cuando una mujer que ama demasiado se da por vencida en su cruzada de cambiar al hombre de su vida, entonces él queda solo para reflexionar en las consecuencias de su propio comportamiento.
Como ella ya no está frustrada ni infeliz, sino que cada vez se entusiasma más con la vida, se intensifica el contraste con la existencia de él.
El puede elegir luchar por desembarazarse de su obsesión y llegar a ser más accesible física y emocionalmente. O quizá no. Pero sea lo que fuere lo que él decida hacer, al aceptar al hombre de su vida exactamente como es, una mujer queda en libertad, de una forma o de otra, para vivir su propia vida…
con felicidad por siempre jamás.
Entonces él queda solo para reflexionar en las consecuencias de su propio comportamiento.
Como ella ya no está frustrada ni infeliz, sino que cada vez se entusiasma más con la vida, se intensifica el contraste con la existencia de él.
El puede elegir luchar por desembarazarse de su obsesión y llegar a ser más accesible física y emocionalmente.
O quizá no. Pero sea lo que fuere lo que él decida hacer, al aceptar al hombre de su vida exactamente como es, una mujer queda en libertad, de una forma o de otra, para vivir su propia vida…
con felicidad por siempre jamás.
REFLEXIÓN
Photo by Te lensFix
«Deja que las cosas se rompan, deja de esforzarte por mantenerlas pegadas.Deja que la gente se enoje. Deja que te critiquen, su reacción no es tu problema.
Deja que todo se derrumbe, y no te preocupes por el después.
¿A dónde iré? ¿Qué voy a hacer?
Lo que está destinado a irse se irá de todos modos.
Lo que tenga que quedarse, seguirá siendo.
Lo que se va siempre deja espacio para algo nuevo, esa es la ley universal.
Y nunca pienses que ya no hay nada bueno para ti, solo que tienes que dejar de contener lo que hay que dejar ir.»
También podríamos decir el reino de la luz contra el reino de las tinieblas, el espíritu contra la carne, etc. Todos son importantes, pero más importante es ver que estamos en una constante lucha por nuestros pensamientos. ¿En dónde los estamos colocando? ¿O en qué estamos pensando más?
Muchas veces para justificarnos, le echamos la culpa al enemigo (diablo o satanás), pero nos siempre es así.
En primer lugar, sabemos que SATANAS no puede luchar delante de Dios por el poder, porque desde el principio él fue vencido, y el poder nunca ha sido suyo.
En segundo lugar, la batalla siempre ha sido por la verdad, pues SATANAS ha influido siempre en la iglesia, ¡y esa influencia ha sido a base de mentira!
El Apóstol Pablo nos deja claro en Romanos 1:25; porque ellos cambiaron la verdad por la mentira.
Y nosotros también podemos cambiar la verdad de Dios por la mentira desde el momento en que ponemos algo antes que Él.
Creamos ídolos y los abrazamos, dándoles el primer lugar; pero cuando abrazamos a ese ídolo o ídolos, perdemos la bendición y la protección de Dios; dejas de vivir en paz y al final perdiste la batalla; te autodestruyes y luego te enojas con Dios.
Vemos que la mentira desde Génesis trajo esclavitud porque SATANAS lo primero que atacó en Eva fue su mente a través del engaño; por eso vino JESÚS EN CARNE, para deshacer la mentira, porque JESÚS es la verdad personificada; en cambio, SATANAS es la fuente de mentira:
él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él, cuando habla mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso, padre de mentira.
Juan 8:44
La carencia de la verdad, depende de cuantas mentiras haya yo guardado en mi mente; y peor aún, si las estoy creyendo.
Photo by Baurzhan Kadylzhanov
SATANAS me presenta la mentira y yo decido creerla y guardarla. ¿Entonces, dónde radica la tentación de SATANAS? En la mentira, por ejemplo:
La mentira que tú crees cuando compras algo de marca para tener identidad, lo que sea.
La mentira que yo digo: mis mentiras, Salmo 116:11; todo hombre es mentiroso.
La mentira en todas las áreas educativas hoy en día: Igualdad de género, derecho al aborto, etc.
La mentira acerca del status: Éxito, realización, felicidad a costa de lo que sea.
Bueno, pues todo esto se lleva a cabo, primeramente, en tu mente desde el principio; y es por eso que SATANAS gana cada día terreno, porque cada día nos presenta la mentira como un bien moral, y hasta se legaliza. Todo esto es para que tú te empoderes y seas más que los demás. De ahí surgen las competencias entre hombre y mujer y peor aún, dentro del matrimonio, por eso tanto divorcio.
En pocas palabras: LA VERDAD LIMPIA (Biblia).
LA MENTIRA ENSUCIA.
Tenemos tres fuentes de batalla:
1.- La carne.
2.- El mundo.
3.- SATANAS.
¡Pero el lenguaje de guerra principal, es la carne, o sea, tu mente = YO!
Y aquí es donde enfrentamos la batalla; una batalla entre dos reinos; tu mente contra tu espíritu. Dios quiere tu mente y SATANAS quiere tu mente. ¿Por qué? Porque tu mente es la que tiene acceso a tu vida, porque es la que gobierna todo de ti.
Por ello dice Dios: Amarás al Señor tu Dios con toda tu mente. Un creyente refleja cómo piensa, por eso debemos pensar bíblicamente, pues estamos acostumbrados a pensar que, si los demás no piensan como nosotros, nos enojamos; pensamos que sólo nosotros estamos bien, y que siempre tenemos la razón.
Pues como piensa dentro de sí, así es él.
Proverbios 23:7
Es por eso que Dios nos pide que lo amemos con toda nuestra mente, con nuestro razonamiento, con nuestro sentimiento, que le amemos en cada decisión que tomemos, y que llenemos nuestra mente de Él.
¿Ahora puedes ver dónde radica el problema? ¡En tu mente!
Francés Schaeffer dijo: LA PÉRDIDA DE LA VICTORIA OCURRE SIEMPRE EN EL MUNDO DE LA MENTE.
Como conclusión:
Una mente carnal no puede tener pensamientos santos. La mente te lleva, a deprimirte, a tener miedo, envidia, enojo, etc. Y todo esto no es de Dios. Nuestros pensamientos deben ser confrontados todos los días y a todas horas.
he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe, por lo demás me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor juez justo en aquel día y no sólo a mí, sino también a los que aman su venida.
Timoteo 4:7
Si anhelas y amas su venida, lucha por tu mente. ¡Es así como realmente se gana la batalla!
¡Dios te bendiga y te dé la victoria!
DEVOCIONAL
Photo by Pixabay
DIOS ES NUESTRO REFUGIO
En el verano de 2022, una tormenta pasó por nuestra zona dejándola devastada. Nuestra casa no se salvó, el techo sufrió graves daños y requirió una reparación importante. Fue una etapa difícil para muchos en nuestra comunidad.
La fuerza del impacto de la tormenta nos dejó a todos en una completa indefensión, pero siempre confiando en el Señor.
ORACIÓN
Bondadoso Dios, gracias por proteger nuestras vidas con tu paz y por darnos luz en medio de la oscuridad. Como Jesús nos enseñó, oramos:
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno» (Mateo 6:9-13, NVI).
Desde el principio Dios tuvo un plan para su pueblo elegido, lo llevo a Egipto para multiplicarlos y fructificarlos pero Faraón se interpuso en los planes de Dios y esclavizo a Israel porque tuvo miedo de que el pueblo siguiera creciendo y se levantará en guerra.
De esta misma forma pasa en la actualidad, tenemos un enemigo que quiere estropear los planes de Dios en tu vida porque te tiene miedo, él sabe lo que eres capaz de hacer y por esta razón tratará esclavizarte:
y ¿Cómo lo hará?
Ocultará tu identidad. Muchas personas viven en esclavitud porque no saben quiénes son para Dios.
Alejará la Verdad. Hay personas que viven engañadas y no tiene revelación del plan original de Dios, que es una libertad y vida plena.
Nuestro enemigo usará el mundo y la carne para esclavizarte, haciéndote pensar que sólo puedes vivir como esclavo, influyendo con ideas que hacen que te acostumbres a vivir mal, pensando que es normal y que todos viven igual; pero como hijo de Dios no puedes vivir así, no es normal la pobreza, ni la enfermedad, ni la separación familiar ¡No te acostumbres a vivir mal!
Así como Israel se había acostumbrado a su esclavitud, pues durante generaciones vio que tenían que trabajar y servir a faraón; no fue hasta que clamaron a Dios por libertad que Él implemento un plan liberarlos.
Los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.”
Exodo 2:23
Si tú quieres vivir la libertad de Dios primero debes reconocer tu condición de esclavitud, es decir, ¿Qué te está alejando de Dios? ¿Qué no te permite vivir en plenitud? O peor aún ¿A qué situación ya te acostumbraste a vivir, sabiendo que no está bien? Con humildad debes reconocer cuáles son tus cadenas y qué te ha esclavizado, porque sólo hasta este momento podrás clamar por la ayuda de Dios. Lamentablemente la mayoría de nosotros no nos damos cuenta de nuestra esclavitud hasta que empieza a lastimarnos o a lastimar a las personas que nos rodean.
No dejes que sea demasiado tarde. Identifica que te está esclavizando y clama por la ayuda de Dios, que Él te va a responder.
Photo by Julian Jagtenberg
Dios usó a un hombre para liberar a su pueblo, un hombre que ya se había dado cuenta que Israel vivía esclavizado, Moisés.
Que había hecho una acción correspondiente para liberar al pueblo, pero no fue hasta que Dios lo llamo que le dio las indicaciones específicas para obrar a favor de la Libertad de Israel.
Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo;
Exodo 3:10-12
De esta manera Dios te enviará a vencer a tu opresor, tendrás que ser valiente para enfrentar a tu faraón, aquello que te tiene esclavizado y te ha alejado de la voluntad de Dios; talvez como Moisés tendrás dudas de cómo hacerlo y dudarás de ti preguntando
¿quién soy para enfrentarlo?
Pero ese no debería ser tu enfoque, porque lo que realmente importa es que EL GRAN YO SOY estará contigo. No importa quien seas, ni lo que hayas hecho, no importa tu edad ni lo que hayas vivido, lo que IMPORTA ES QUE DIOS VA CONTIGO, Él te hará vencer.
Esta es la verdadera Libertad, caminar en la absoluta presencia de Dios, sin ningún obstáculo entre tú y Él. Estando en su presencia serás guiado, amado y vivirás confiadamente. Jehová libero a su pueblo para poder estar con ellos, para proveer, proteger y bendecirlos. Dios te hace libre porque quiere cuidar de ti.
SECCIÓN DE NOTICIAS
ORACIÓN
Photo by Jacob Colvin
Señor, gracias por la vida, gracias por este nuevo amanecer.
Gracias por hacerme consciente de tu presencia protectora.
Te abro mi corazón y te suplico que lo llenes de todo lo que necesito para seguir adelante.
Necesito amor, paz, serenidad, fuerza, salud, ánimo y capacidad de servicio.
Tú conoces mis problemas, las dificultades que tengo que afrontar y los desencuentros que tengo.
Tú sabes de las heridas que hay en mi corazón, nada te es oculto, por eso quiero pedirte que reine tu amor, que tu paz me inunde.
Que tu consuelo me ayude a perdonar y que tu misericordia me llene de fortaleza en todo momento.
Vengo a tu presencia para que me llenes de Ti, para que fortalezcas mi corazón y llenes de vida nuevamente mi ser entero.
Te suplico que me ayudes a comprender que necesito saber comunicarme con aquellos que amo, que sea consciente que sólo tendré buenas relaciones con las personas que amo si soy capaz de expresar con serenidad y tranquilidad lo que quiero decirles.
La gracia del Señor Jesucristo esté contigo, Amén. 🙏🏻
Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.
Filemón 17-18
Las Escrituras enseñan en todas partes que aquellos quienes han sido perdonados tienen mucha mayor obligación de perdonar a otros (Mt. 18:23-35; Ef. 4:32: Col.3:13). Los cristianos deben caracterizarse en onces por un espíritu perdonador.
Algunas veces se hace referencia al perdón de Dios para los pecadores como un perdón vertical. El perdón del pecador hacia los demás es un perdón horizontal. En los siguientes capítulos, vamos a examinar varios pasajes de las Escrituras que tratan acerca del perdón horizontal y analizaremos la cuestión de cómo debemos perdonarnos unos a otros.
Empezamos con un vistazo a uno de los libros más cortos en todo el Nuevo Testamento.
La epístola a Filemón es también la más breve y mas personal de todas las obras inspiradas escritas por Pablo. Aunque la palabra perdón nunca aparece en el libro, es todo el tema de la epístola.
Es un estudio de caso excelente acerca de cómo debería operar el perdón en la vida de todo revente. También ilustra gráficamente la manera en que la gracia puede reconciliar una relación rota y restaurar al ofensor.
EL REPARTO DE PERSONAIES
El drama detrás de esta pequeña epístola es conmovedor: un acto especial de la providencia juntó las vidas de tres hombres: un esclavo fugitivo, el afrentado dueño del esclavo, y un piadoso apóstol. Estos hombres eran enormemente diferentes uno del otro, excepto en un sentido: todos ellos eran creyentes en Jesucristo y por lo tanto miembros del mismo cuerpo (1 Co.12:12-14).
Sin embargo, antes de convertirse en cristiano, Onésimo (el esclavo) había escapado de la casa de su amo y se había fugado hacia Roma. Roma era un refugio para esclavos fugitivos porque allí podían mezclarse entre la vasta población y evitar ser detectados. De algún modo, Onésimo se encontró en Roma con el apóstol Pablo, quien estaba bajo arresto domiciliario mientras esperaba un juicio basado en acusaciones falsas de sedición. Los detalles de su encuentro no están en las Escrituras, pero es claro que Onésimo se convirtió en cristiano como resultado del ministerio del apóstol (Flm. 10).
Filemón era el dueño de esclavos a quien Onésimo había ofendido. El también había llegado a la fe en Cristo por medio del ministerio de Pablo, posiblemente años atrás, durante el tiempo que Pablo pasó en Éfeso (Hch. 18-20; cp. 19:26). Filemón era propietario de la casa donde se reunía la iglesia de Colosas (FIm. 2; p. Col. 4:17).
Parece haber sido un hombre acaudalado e influyente, en el extremo opuesto del espectro social con respecto a Onésimo. Sin embargo era un devoto cristiano, considerado por Pablo como un «colaborador nuestro» (Flm. I). Onésimo también se convirtió en un amigo apreciado, consiervo y colaborador del apóstol Pablo, sirviendo personalmente a Pablo durante el encarcelamiento del apóstol en Roma, cuando muchos otros cristianos tenían miedo de que los asociaran con Pablo debido a que serían estigmatizados y posiblemente perseguidos (p. 2 Ti. 1:8; 4:10-16).
LA TRAMA
Tanto Pablo como Onésimo debieron haber estado muy indecisos en cuanto a que el esclavo regresara a donde su amo. Pablo inclusive afirmó que para él enviar de vuelta a Onésimo era como enviarse a sí mismo (Flm. 12).
Pero Onésimo necesitaba buscar el perdón de su amo por el mal que le había hecho. Onésimo era culpable bajo la ley romana de crímenes bastante serios. Había defraudado a su amo al fugarse, lo cual constituía un crimen equivalente al robo.
Bien puede ser que también haya robado dinero, porque Pablo se ofreció a devolverle a Filemón todo lo que podía deberle el esclavo (v. 18).
En Roma ser un esclavo fugitivo era una cuestión grave. Si Onésimo hubiera sido capturado por batidores de esclavos, podría haber sido encarcelado, vendido por fianza o incluso asesinado.
Es posible que por esa misma razón, Pablo hubiera esperado un tiempo para enviar a Onésimo de vuelta a Filemón, hasta que alguien pudiera escoltarlo. Esa oportunidad se dio cuando llegó el momento de enviar a Tíquico a Efeso y Colosas con las epístolas que Pablo escribió para las iglesias que estaban allá. La epístola de Pablo a los Colosenses presentaba a Onésimo en esa iglesia, la cual sería a partir de ese momento su iglesia madre.
Pablo se refirió a Onésimo como «amado y fiel hermano, que es uno de vosotros» (Col. 4:9).
La presencia de Tíquico garantizaba en cierto grado la seguridad de Onésimo en el viaje de regreso a Colosas; pero desde una perspectiva humana, el retorno a la casa de Filemón implicaba un significativo riesgo personal para Onésimo.
Bajo la ley romana, Filemón tenía toda la potestad de castigar a un esclavo fugitivo como le pareciera conveniente. Grandes cantidades de esclavos romanos eran torturados y muertos por ofensas muchísimo más leves.
Como una práctica estándar, los esclavos fugitivos eran marcados con una letra F (del la-un Jugitivus) sobre sus frentes, para que les fuera imposible esconderse si llegaran a fugarse de nuevo.
Lo mínimo era que a un esclavo fugitivo recibiera fuertes azotes. (En el siglo anterior al tiempo de Pablo, se había silenciado una famosa revuelta de esclavos dirigida por Espartaco, y desde ese entonces la ley romana fue especialmente despiadada con los esclavos que se rebelaran contra sus amos.)
No obstante, Onésimo regresó a donde su amo de buena gama y aparentemente sin vacilación. Eso demuestra que su fe era genuina.
LA CARTA
La epístola de Pablo a Filemón fue sellada sin duda y entregada a Tíquico para llevarla en su viaje, al lado de las epístolas a los Efesios y Colosenses.
La carta es una amable invitación a Filemón, recordándole su deber de perdonar, y una petición de extrema misericordia hacia Onésimo. Muestra con mayor claridad en todo el Nuevo Testamento la nobleza del corazón de Pablo, y su amor por la misericordia.
Es claro que era el perdón lo que estaba en la mente de Pablo mientras escribía todas las tres cartas que llevaba Tíquico. La epístola a los Efesios incluye esto: «Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» (4:32).
Y en la epístola a los Colosenses amplía sobre el mismo pensamiento: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonadnos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros» (3:12-13)
Esos versículos sintetizan precisamente el mensaje que Pablo quería darle a Filemón en particular. Habiendo desarrollado un cálido afecto por Onésimo, el añoraba verle reconciliado con Filemón, cuya amistad y apoyo Pablo también atesoraba.
La epístola a Filemón es única en los escritos paulinos por varias razones. En primer lugar, es la única carta inspirada que se escribe a un individuo que no fuera pastor, y es el único de los escritos inspirados de Pablo que trata asuntos puramente personales.
Es decir, no fue dada como instrucción para la iglesia en general, aunque en efecto si instruye a todos los cristianos sobre la importancia del perdón.
Y el hecho de que fue definitivamente incluida en el canon de las Escrituras significa que fue distribuida a las iglesias para la edificación de todos. Pero es posible que así lo haya dispuesto Filemón. Pablo había dirigido la epístola únicamente a él y a los de su casa.
En segundo lugar, y aún más extraordinario, esta es la única de las epístolas de Pablo donde empequeñece, en lugar de afirmar, su autoridad apostólica. Y hace esto por una muy buena razón. Su objetivo es apelar a Filemón para que perdone con libertad, y no presionarlo para que perdone ante la fuerza de su autoridad: «para que tu favor [el deFilemón] no fuese como de necesidad, sino voluntario» (v. 14).
La epístola era deliberadamente un recurso de apelación, más que una orden, como Pablo le dijo a su amigo: «Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor» (vv.8-9).
Pablo, renunciando conscientemente a ejercer su autoridad sobre Filemón, apeló más bien a su amor mutuo (v 9), al sentido de compañerismo espiritual de Filemón con Pablo (v.17), y a la propia gran deuda de Filemón hacia Pablo, quien le había conducido a Cristo (v. 19).
La carta no está dirigida únicamente a Filemón, sino también a Apia( quien debió haber sido la esposa de Filemón) y Arquipo (sin duda el hijo de ambos; cp. Col. 4:17). De este modo Pablo apeló a toda la familia para que dieran un ejemplo de perdón a la iglesia que se reunía en su hogar (v. 2).
LA APELACIÓN
Aparentemente Pablo conocía a Filemón. El apóstol había sido el instrumento escogido por Dios para llevar a Filemón a Cristo. Los dos eran amigos de hacia mucho tiempo y se habían servido mutuamente.
Tenían otros amigos cercanos en común. Por ejemplo, Epafras, el antiguo pastor de Filemón en la iglesia de Colosas, era compañero de prisiones de Pablo en Roma (v.23).
Pablo tenía una gran confianza en el carácter de Filemón, y por esa razón le hizo una apelación con tanta ternura a su amigo, en lugar de sencillamente darle una orden con el peso de su autoridad apostólica.
La reputación de Filemón como un cristiano piadoso y afectuoso estaba evidentemente difundida. Había llegado tan lejos como Roma, ya que Pablo escribe, «porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos» (v. 5).
Tal amor hacia los santos es característico de todos los cristianos verdaderos. El apóstol Juan escribió: «Nosotros sabemos que hemos de pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos» (1 jn 3:14).
El amor de los unos por los otros es el resultado que se espera de un conocimiento de Dios: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor« (1Jn. 4:7-8).
Es claro entonces, que alguna medida de amor por los hermanos está presente en todo creyente. Pero el amor de Filemón era extraordinario. El era renombrado por su gran amor hacia los hermanos. Pablo mismo era consolado y animado por lo que él había escuchado sobre el afecto de Filemón por los santos.
El escribió: «Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos» (Flm. 7).
En otras palabras, mostrar amor a los santos era el ministerio por el que Filemón era bien conocido. Su hospitalidad y amor hacia el pueblo de Dios era un rasgo predominante de su carácter, y todos podían verlo.
No solamente había abierto su casa para la iglesia en Colosas, sino que estaba especialmente dedicado a la tarea de controlar los corazones de sus hermanos creyentes (v. 7).
La palabra griega que se traduce como «confortados» en el versículo 7 es anapauo, un término militar empleado para describir a un ejército que descansa después de una larga jornada. El ministerio de Filemón entre los santos tenía el efecto de rejuvenecer y vigorizar a los creyentes de la iglesia primitiva en medio de sus múltiples luchas y persecuciones.
No hay nada en el relato bíblico que sugiera que Filemón fuera un anciano o maestro en la iglesia. Parece haber sido un laico ejerciendo un ministerio de apoyo, hospitalidad y ánimo.
Pero el desbordamiento de amor de su corazón era legendario. Esas virtudes fueron la base para la apelación a Pablo en favor de Onésimo. Aunque Onésimo había abandonado la casa de Filemón como un esclavo fugitivo, estaba regresando como un hermano en Cristo. La relación esclavo-amo iba a ser rebasada por una relación completamente nueva.
Onésimo y Filemón se habían convertido en hermanos espirituales, y Pablo sabía que Filemón podría reconocer el deber que esto imponía sobre él, porque en Cristo «ya no hay esclavo ni libre… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gá.3:28)
He aquí el corazón de la apelación de Pablo a Filemón: Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mi nos es útil, el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.
Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad. sino voluntario.
Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como es mayormente para mi, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. – VV. 8-16
La apelación de Pablo a Filemón contrasta fuertemente con su manera de abordar los temas en sus demás epistolas.
Aquí él no apela a principios doctrinales o a la ley divina, sino al amor que Filemón tiene hacia los hermanos (v.9). Puesto que Onésimo era ahora un hermano en Cristo, Pablo sabía que Filemón estaría naturalmente inclinado a demostrarle su amor.
Pablo empleó un acercamiento similar con los corintios cuando procuraba animarlos a dar. El apeló a cada persona para que diera con un corazón dispuesto: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Co.9:7).
Una apelación forzosa a cumplir un deber sin duda que habría sido efectiva, pero la recompensa por escoger con gusto y alegría la obediencia es mucho más abundante, y Pablo no quería privarlos a ellos de esa recompensa. De manera similar, en su tratamiento de Filemón, Pablo estaba tan seguro de la disposición de su amigo para hacer lo correcto, que no vio la necesidad de emplear tácticas de brazo fuerte.
¿Acaso Filemón tenía el deber de perdonar? Sí. Negarse a perdonar a Onésimo habría sido una desobediencia a la clara enseñanza de Cristo (cp. Lc. 17:4; Mt. 6:15).
Retener el perdón es también una violación de la ley moral eterna de Dios. Jesús, ampliando el sexto mandamiento («No matarás», Ex. 20:13), enseñó que la prohibición de matar en el decálogo también se aplica al enojo y a un corazón vengativo:
Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. – Mt. 5:22-24
De manera que Cristo no solamente condenó el enojo y las palabras hirientes, sino que también le asignó a cada creyente el deber de procurar la reconciliación cuando sabemos que un hermano se ha apartado de nosotros por alguna ofensa que hayamos cometido.
Eso implica una disposición a confesarnos culpables cuando nos hayamos equivocado, y una disposición a perdonar cuando hemos sido ofendidos. Sin importar si somos la parte ofendida o la parte que ofende, debemos buscar activamente la reconciliación, y eso siempre involucra una disposición a perdonar.
Si alguien piensa que este deber se cumple únicamente con hermanos en la fe, recuerde el segundo gran mandamiento: «Amarás … a tu prójimo como a ti mismo» (Lc. 10:27). En respuesta a la pregunta de «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús contó la parábola del buen samaritano, incluyendo de esta manera a los más despreciados y apartados en el circulo de aquellos a quienes debemos amar como nos amamos a nosotros mismos.
Amar a otros como nos amamos a nosotros mismos es algo que implica directamente el deber de perdonar. Esto consiste en negarse a guardar rencores, a buscar una reivindicación cuando la ofensa es personal en contra de nosotros, y una disposición a hacer disponible un perdón pleno y completo para todos los que lo pidan.
No significa que tengamos que voltear la mirada cuando vemos que alguien está en pecado. Pero en el caso de un hermano arrepentido, como Onésimo lo estaba, no hay justificación de ninguna clase para denegar el perdón. Filemón habría pecado si hubiera hecho eso.
Consideremos lo siguiente: un pecado contra nosotros siempre implica un pecado más grave contra Dios.
El adulterio de David con Betsabé, por ejemplo, fue un pecado cometido contra ella. Fue el pecado contra su esposo, Urías (a quien David envió a una muerte segura). Fue un pecado contra la familia de rías, ahora despojados de un ser querido. Fue un pecado contra la familia de David, quienes tuvieron que cargar por generaciones con las consecuencias de su acto y fue un pecado contra toda la nación de Israel, porque ella había puesto su confianza en David como su rey, como su ejemplo y líder espiritual. No obstante en el Salmo 51, la gran oración de arrepentimiento de David, él dice (v. 4): «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos», como si los pecados cometidos contra las demás personas no fueran siquiera dignos de mencionarse.
Palidecían en comparación al pecado de David en contra de Dios, y él quería asegurarse que Dios supiera que él así lo entendía. No era que David tuviera un corazón duro o indiferente ante sus pecados contra las personas.
Esos pecados eran enormes, incluían la muerte de Urías, el robo de su esposa, el descrédito a la pureza nacional de Israel, las mentiras dichas a casi todos, y una multitud de otras ofensas.
Pero por grandes que fuesen sus pecados contra otras personas, el pecado contra Dios era infinitamente mayor. Y Dios era por lo tanto el primero a quien David acudió para pedir perdón. Dios era el único que importaba en un sentido eterno.
Si Dios perdonaba a David, entonces David podía buscar el perdón de los demás y podía buscar la manera de hacer restitución donde fuera posible.
Pero como la ofensa contra Dios era la más grande, fue la primera cosa que tenía que atenderse.
Restauración
Pablo sugirió que todos estos eventos habían sido orquestados por una buena razón de la Divina Providencia: ”Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor» (vv. 15-16, énfasis añadido).
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